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Reivindicando a José Carlos Mariátegui (filósofo e intelectual de América Latina) Por Elías Parra

Da para pensar que el gran intelectual peruano, José Carlos Mariátegui, el Amauta (14. junio 1894 † 16. abril 1930) -Amauta del quechua: hamawt’a, ’maestro’, como también es conocido en su país.

Mariátegui ya en los años 20 desde Lima hubo escrito y dado señales claras sobre un marxismo distinto, diferente a cualquiera experiencia política marxista que hubo sido expresada y/o que uno pueda conocer hoy en la actualidad. -Aunque en América Latina tenemos países en procesos revolucionarios hoy, aún quizás no hay una declaración especialmente mariateguista, ni un fomento de las orientaciones intelectuales o filosóficas del Amauta con claridad, al parecer “la contingencia quita en general el finalismo revolucionario”diría Mariátegui.- Tampoco se equivoca Mario Vargas Llosa cuando lo alaba y lo propone, a Mariátegui como un “enorme intelectual, de una gran cultura” en las distintas charlas en universidades españolas y de América Latina que él ha dado. Me pareció relevante haber mencionado a Vargas Llosa, quien a pesar de su conservadurismo político, rescata al Amauta, y esto habla bien de Mariátegui.

Distinción del Marxismo de Mariátegui

El marxismo que plantea Mariátegui es muy diferente al marxismo dogmático u ortodoxo cerrado, que uno podría haber creído ver o conocer, incluso en modelos que pueden haber hoy mismo. Como también los que por ejemplo uno encuentra en los libros de historia sobre el Siglo XX de Europa, Asia o de América Latina, y o que se mantienen en algunos discursos políticos de defensas políticas contemporáneas. Por eso con este texto o con estos ensayos que se correlacionaran con este, sobre Mariátegui, quiero recuperar, dar mi sencillo reconocimiento y recomendar encarecidamente la lectura de toda la obra del Amauta, a que se revise su inmenso legado y se pueda construir desde allí, una estructura trascendental necesaria y más amplia, espiritual. En Mariátegui hay orientación intelectual y podemos encontrar desde algunos de sus textos más antiguos, la comprobación de la gran e inmensa cultura de él, para construir unos de los discursos más fascinantes y atingentes que se puedan encontrar en intelectuales o pensadores de América Latina hoy.

Influencia de la Cultural Occidental en Mariátegui

La influencia de la alta cultura en la perspectiva del marxismo de Mariátegui, encontrada en toda la obra del Amauta, donde la acumulación de citas y comparaciones con los más variados autores y filósofos europeos van esclareciendo la tesis mariateguista. Con esto el Amauta describe, postula y define a un marxismo muy superior y mucho más elevado, desprejuiciado e incluyente, que el visto en el reflejo o experiencias marxista-comunista en países como la RDA o China. Evidentemente su tesis es más elevada también que su contraparte, la experiencia del Capitalismo salvaje que es imperante hoy, pero ampliamente!

Mariátegui planteó un marxismo-cultural-ilustrado, que no es comparable tampoco con el intento maoísta en el totalitarismo de Mao y su marxismo de revolución- cultural china, donde hubo opresión cultural y excesos, por ejemplo cuando Mao persiguió al taoísmo y toda esa cultura teológica y de creencias populares de sabiduría originaria milenaria de una manera brutal.

Por tanto propongo que el marxismo de Mariátegui sea un marxismo distinto, aunque aún en proceso también ”nuestro.”

El espíritu hegeliano en la Filosofía de Mariategui

Mariátegui profundiza lo que ya conoce y trae desde el Perú, la Filosofía, en sus andanzas por Europa. El descubre y compara a Hegel cuando plantea que en la Filosofía de Hegel hay elementos fundantes del Marxismo - paralelamente también al “Marxismo Mariateguista”-. El Amauta plantea que la amplia “libertad espiritual hegeliana” no limita al marxismo a su aspecto únicamente metafísico materialista o fisicalista (como le dicen hoy al materialismo), cuando en su marxismo rectifica que : "Es siempre, en el fondo, el viejo reproche hecho a los marxistas, a quienes se acusa de ser, moral y metafísicamente, materialistas. Nada más falso; el materialismo histórico no impide en ningún modo el más alto desarrollo de lo que Hegel llamaba el espíritu libre o absoluto; es por el contrario, su condición preliminar." - acotaba en Ètica y Socialismo . Defensa del Marxismo, 1930.

Mariátegui no toma entonces a esa alta cultura occidental-europea en su reflexión, solo como un elemento que categoriza, o un ente colonizador -pero en lo absoluto- o manipulador paternalista tampoco, sino principalmente es crítico de la utilización de la cultura y el arte como un justificativo de egolatría y exclusión social de todo tipo.

Recuperación de la Tradición de los tradicionalistas

Una de las características de Mariátegui es que integró, en su “argumentativa marxista”, para construir en su análisis una tesis marxista, ocupó conceptos que normalmente han sido apropiados y mal-utilizados por la oligarquía, la derecha y los conservadores en general. Mariátegui no se equivoca cuando se da cuenta de esta sostenida y testaruda avanzada conservadora y sale a reivindicar para sí la Tradición. El Amauta clarifica, por ejemplo cuando contradice y reclama en sus textos, que el concepto de Tradición debe ser rescatado y restaurado del mal uso desde el entorno conservador de los tradicionalistas y dice: “Estas palabras merecen ser solícitamente recalcadas y explicadas. Desde que las he escrito, me siento convidado a estrenar una tesis revolucionaria de la tradición. Hablo, claro está, de la tradición entendida como patrimonio y continuidad histórica” - reafirmó en “Heterodoxia de la tradición (1927).”

Así Mariátegui criticaba al “tradicionalismo burgués”, que por un lado se sabe o se da por sabido que este quiere tener, o tiene un sesgo esencial, una característica particular de la aristocracia o de la oligarquía. No obstante Mariátegui también incluyo de manera diferenciadora por ejemplo a los tradicionalistas que se desenvuelven en distintos escenarios y ambientes culturales, entes de cultura. Por ejemplo él crítica este “formato, esta aptitud” de los tradicionalistas, expresando que muchos intelectuales, medios intelectuales y artistas buscan encarecidamente vivir en una suerte de “torre de marfil” (que es la idea de vivir a parte), resguardados de manera sectaria frente a la realidad real, para resguardar su íntima voluntad, tal cual uno ve normalmente en todos los conservadores en general. Ese “torremarfilismo tradicionalista” agregaría, que uno puede ver con más claridad en general en muchos artistas, o intelectuales, acota la idea de que estos actores sociales buscan morar en una “torre de marfil” como para resistir al crudo presente, a la cruda realidad apelando exclusivamente a la experiencia de su pasado romántico, cuestión que según el Amauta es reaccionaria.

Con esta idea, Mariátegui re-orienta y declara que la Tradición no es, ni debe ser una realidad inamovible, cerrada en una simbología del pasado, o una construcción cultural fantasmagórica. Critica a toda la constelación del tradicionalismo y plantea una recuperación de esto, quizás para postular a una discusión a cerca de si falta o no una “revolución cultural” donde estos puntos se esclarezcan. Para hacer esto Mariátegui tampoco encierra sus argumentos en una alta cultura occidental europea que esté llena de prejuicios limitantes y sectaristas, sino simplemente con el saber sobre la cultura ampliamente. Destaca su encomiable capacidad de escribir y de percibir tendencias estéticas y corrientes revolucionarias e influirlas con su autoestímulo y con su brillante inteligencia acumulada de su experiencia, que también lo llevó a escribir una basta bibliografía. Mariátegui fue un escritor marxista. Por otro lado tampoco se entiende, ni es paternalista como ocurre en algunos medios locales, o en discursos intelectualoides actuales, no hace de la alta cultura una “torre de marfil”, sino toma los factores y extensiones -de la tradición- cuales él percibe y estudia profundamente, sin hacer de esto un nicho, o un tópico netamente excluyente o cerrado partidista, como lo hacen normalmente agentes de la cultura y la política conservadora criolla o criollista.

Conclusión

Me vale la pena reivindicar a José Carlos Mariátegui, en la idea que su tesis deba ser profundamente estudiada y revisada hoy, cuando varios actores sociales y movimientos políticos van construyendo con retazos históricos su presente y su sentido de ser a futuro, y estos podrían encontrar en Mariátegui una fuente cercana y fidedigna para poder construir en coherencia, y proponer un sistema político y cultural lógico, que logre rescatar lo ya trabajado acumulado y escrito por el Amauta y lo utilice en el buen sentido. También para que se retome la experiencia y la gran tesis iluminadora sobre la cultura, el arte, la política y la tradición desde fuera de la “torre de marfil.” Entonces concluyo en esta primer texto; “no habría por que ponerse al nivel de la exigencia ni a la altura del chauvinismo conservador de los tradicionalistas,” y quedarse estancado. Sino por el contrario ampliar, anchar , engrosar la cultura en sentido hegeliano-mariateguista, sin un prejuicio burgués, ni solo basado en una coyuntura que esconde la razón, y que quita en general el finalismo revolucionario.

Elías Parra / infopolitic01@gmail.com
Frankfurt am Main. 7.1.2018 Alemania

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