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En este numero:

- A DEFENDER LA LIBRE EXPRESIÓN DE RADIO SANTA MARÍA
- Insunza, el gobierno y el "compromiso" con la causa del agua. Por Cesar Correa, Rodrigo Mundaca y Rodrigo Faúndez
- Vergüenza, se murió el chacal y con su grado de general y otros textos...

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A Nicanor Parra

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Artefacto

Nicanor Parra libro Le Monde Diplomatique ¿Qué es la globalización?


Recuerdos de diálogos anti poéticos (enviado por Marcos Garcia de la Huerta)

“No puede haber poesía después de Auschwitz” había sentenciado Theodor Adorno. No puede haberla después del Goulag y el Holocausto; ¿Tendrá que ser post poesía, entonces, la anti poesía? La otra manera de entender el “anti” de la poesía es que ella abandone el tono oracular y preste oídos a las palabras del habla común, a los dichos de la gente. Nicanor anotaba todo eso con la prolijidad del arqueólogo que reúne los fragmentos de mundos subterráneos, y la convicción de que se puede crear un discurso propio con los giros del habla común, dejando el lenguaje tal cual, como recomienda Wittgenstein; no es necesario hablar como ventrílocuo del absoluto.

“Estoy encantado con Portales”, confesó una vez, en una de las charlas de pasillo que solíamos tener en la casona del Departamento de Estudios Humanísticos o en su espacioso jardín. Seguro que su admiración por Portales no era por los mismos motivos de la historia oficial, que lo glorifica como el héroe civil del Estado y el fundador de la “República en forma”. ¿Estás leyendo sus cartas? Pregunto “Sí, su epistolario muestra a un personaje fenomenal, nada que ver con los politicastros y payasos sin circo, que nos joden la pita”. Lo que le atrajo del Ministro fue, desde luego, su lenguaje deslenguado y directo, incluso cuando se refiere a las cuestiones más delicadas; también su desenfado a veces iracundo, que podía fulminar adversarios y, sobre todo, su debilidad por la zamacueca, sus fugas clandestinas al otro lado del Mapocho delataban su gusto por la parranda y, al mismo tiempo, su aversión por el Chile oficial, sobrepoblado de figurones y pavos reales.

“Estoy leyendo a Nietzsche”, confió en otra ocasión. Y ¿qué lees? “Ecce homo, el anti-Cristo” responde. Pero esa obra la escribió cuando estaba perdiendo el juicio, protesto. (Carcajada): “eso es justamente lo que a mí me interesa, lo que dice cuando habla sin el corset” (¿de la razón?) ¿Se ha destacado suficientemente la relación de la anti poesía con el teatro del absurdo? Nicanor parece un gran maestre del contrasentido y la paradoja; los emplea como dispositivo de una ironía metódica. Se le ha reprochado, que de tanto negarlo todo, termina sin comprometerse con nada. ¿Con qué tendencia política se identifica usted? Le preguntaron más de una vez “Me defino como un anarquista renovado”, respondió imperturbable.

En los días siguientes al Golpe, nuestra torpe ingenuidad nos inclinaba a pensar que un régimen con esas hechuras estaba condenado a desaparecer pronto, y en una de esas conversaciones ocasionales nunca banales, Nicanor nos corrige, esta vez, muy serio: “No; tienen para rato, mucho rato, y la mano viene muy dura”. No es que él dispusiera de información especial, era un presagio, atribuible a su sapiencia de viejo zorro; él observaba la política con cierto desasimiento, más que distancia, era su inteligencia y sensibilidad lo que le permitía anticiparse a los hechos.

Otro diálogo con el anti poeta se produjo con ocasión de la visita de Borges a Chile. Uno de los lugares de encuentro con Borges fue, precisamente, el Departamento de Estudios Humanísticos de la “U”. Si mal no recuerdo, Nicanor tampoco asistió, pero seguramente por razones distintas a las de otros como yo. Borges acababa de hacer declaraciones que en esa época cayeron como misiles y se ha dicho que eso pudo costarle el Nobel. Recuerdo solo un ejemplo: Chile era “la espada al cinto de América”. El “cinto” era una metáfora con historia; la empleó Millán Astray al irrumpir en Salamanca. “Cuando escucho la palabra cultura me echo instintivamente la mano al cinto en señal de quién vive”. Nada que ver, se dirá, pero en la poética del imaginario, el “cinto” se asocia a cinturón, látigo, castigo. Borges tuvo tiempo para enmendarse, aunque infructuosamente: “Los militares argentinos en su vida han escuchado el silbido de una bala”, los “altos mandos lucen sus pechos entorchados de medallas otorgadas por ellos mismos, en reconocimiento de su inmortal asedio a la Casa Rosada”. No le valió de nada.

Mientras Borges dictaba su charla a los colegas, Nicanor comenta con algunos de nosotros el significado de esa visita. En un momento, pensando en la simetría de las dictaduras en nuestro Continente con las de Europa del Este, Parra lanza la pregunta (retórica, pues sabía de sobra la respuesta): Dime, por favor, “¿Qué diferencia hay entre una dictadura de derecha y una de izquierda?” No lo sé, respondo. Pregúntaselo a un empresario o tal vez a Corbalán (Secretario General del PC) Un segundo de sorpresa y la carcajada característica. Sin quererlo, yo le había dado una respuesta parriana. La anti poesía es, entre otras cosas, anti ideología: denuncia y desconstruye la pura teoría en nombre del sentido común.

La risa de Nicanor merecería comentario aparte. “Me atrevería a establecer una jerarquía entre los filósofos, según la calidad de su risa”, decía Nietzsche. Si esto fuera válido también para poetas, sin duda habría que poner a Nicanor en lo más alto.

Última anécdota: Nicanor se manifiesta admirativo de la belleza de una mujer que solía frecuentar nuestro reducto académico, y teatraliza el efecto de su presencia con un gesto de alzamiento del antebrazo, siguiendo el movimiento con un silbido suficientemente expresivo. Nadie podía dudar que a sus sesenta y tantos años, él se mantuviera vigoroso, no solo de espíritu; se le solía ver acompañado de alguna admiradora que podría ser su hija y hasta su nieta, sobradamente. Pero lo interesante del asunto, son sus salidas y desmadres. No era ese el tipo de conversaciones que uno sostiene con colegas, sobre todo al interior del templo, pero Nicanor era un especialista del desborde, un experto en dejarle a uno atónito con algún desplante. Los “artefactos” pueden leerse como un compendio de sus desplantes.

¿Había algún motivo para esta singular e –imagino- inusual desenvoltura?

Es posible que sean muchos o, simplemente, un distintivo de su temperamento; pero un episodio ocurrido hace mucho, en el antiguo Pedagógico, quizá tenga que ver con una simpatía hacia algunos de nosotros que, casi por azar, fuimos sus alumnos. No está de más recordarlo, porque muestra otra arista de la personalidad del anti poeta. En este caso, se trata de su extraordinaria generosidad y apertura con sus alumnos. No tenía exigencia alguna de orden reglamentario, de dictarnos un curso a solo dos alumnos que lo requeríamos, sin embargo, imperiosamente para completar el currículo; en mi caso, para poder cumplir con una beca en Francia, y algo parecido le ocurría a mi amigo Octavio Tinsly. La administración nos sugirió, como solución de emergencia, hablar el asunto con Nicanor, pues el profesor encargado del curso se hallaba enfermo e imposibilitado. “Bueno, nos responde Nicanor, les dicto el curso a ustedes dos siempre que sea acá arriba”. Así lo hicimos y durante un año subimos a su casa de La Reina en los faldeos cordilleranos. El curso versó sobre la fundación de la física matemática. Por supuesto, dictado en forma nada convencional, entre poleas, garruchas y cabrestantes, planos inclinados y caídas libres improvisadas artesanalmente. Nos dio a leer el Diálogo de dos nuevas ciencias de Galileo; ni una palabra sobre el conflicto con la Iglesia y la Inquisición, solo nos habló de mecánica y física clásica, intentando ponerse y ponernos en la óptica y perspectiva que debió tener el propio Galileo.

Para Nicanor, Violeta era la niña de sus ojos; creo que mi relato entusiasta y hasta algo patriotero de algunos pormenores de la exposición que su hermana realizó en el Louvre, incluida la reseña destacada de ella que apareció en la edición dominical de Le Monde, agregado a la expectación que despertó esa exposición en la colonia de artistas latinoamericanos - París estaba repleto de ellos-, tuvo también algún efecto. Un relato en vivo y de primera mano, de ese momento estelar de su adorada “Viola”, terminó por inclinar la balanza. Además, el mencionado curso de física en la casa de La Reina, tuvo algo que ver en esto. Sin él, nuestras carreras se habrían prolongado un año más y eso, de seguro, nos habría costado la beca o algo peor. Nicanor fue nuestro ángel salvador; creo que la corriente de reconocimiento y gratitud que eso provocó en nosotros, pudo haber sido el comienzo de esa cercanía y de la comunicación natural que se daba cada vez que nos topábamos en el gran jardín de la casona de la calle República, como si esos encuentros evocaran esas tardes en las que nos reuníamos en otro jardín, el de los faldeos cordilleranos, para hablar de física y de Galileo.


Nicanor Parra y el “Show de los Libres”. Por Eda Cleary

Cuando en 1994 invitaron a Nicanor Parra al conocido programa de televisión nacional de Chile “El Show de los Libros” ideado por el escritor Antonio Skármeta, el antipoeta comenzó disparando fuerte y elaboró uno de sus conocidos “artefactos” para rendir “un pequeño homenaje” al programa en “unos términos más o menos particulares”. Primero escribió sobre una pizarra “ EL SHOW DE LOS LIBROS”. Inmediatamente debajo de esta frase procedió a escribir: “EL SHOW DE LOS LIBRES”.

Luego encerró estas dos frases en un rectángulo y “para evitar todo autoritarismo que es el vicio más negro de toda disquisición lingüística” le agregó el personaje de los artefactos, típicos ya de Nicanor Parra, con un cuerpo en forma de corazón, piernas y brazos lanzando una flecha al artefacto, ya que no era Parra quien homenajeaba sino que este singular monito como expresión del hombre común que piensa.

La palabra “LIBRE”, dijo, “me interesa mucho”, planteando así una interesante interrogación al concepto subyacente del “Show de los Libros”.

El “Show de los libros” fue un programa que durante toda su salida al aire (1992-2004) fue ampliamente celebrado por las autoridades e instituciones de la Concertación. Recibió múltiples premios nacionales, regionales e internacionales y su autor, Antonio Skármeta, gozó por ello de mucha popularidad, sobre todo entre sus iguales.

Ese programa se transmitió en el pick de la borrachera neoliberal cultural en Chile que promovió la elite duopólica, y que también concordaba con la predominancia de esta ideología a nivel mundial. A nivel nacional, los valores principales eran el éxito material individual, el apoliticismo, la desmemoria histórica, la férrea defensa de la privatización de la educación, el IVA al libro y el rechazo sistemático al pensamiento crítico con muy pocas excepciones. El ambiente cultural oficial se encontraba en el pináculo de la superficialidad, sobre todo en televisión nacional , desde donde se mostraba el Chile de la “chacota” con toda naturalidad, la onda “bacán” de la farándula llena de entrevistas sobre los gustos culinarios, de moda, de decoración y tiempo libre de una serie de personajes políticos, del arte y de la vida pública. Todo era color y “buena onda” en el Chile privatizado.

Es justamente en este marco, donde el “Show de los Libros” logró aparecer como un “producto televisivo novedoso”, supuestamente dirigido al público interesado en “cultura”, pero sobre todo, a todos aquellos que no se habían percatado lo “entretenido” que podía ser comprar y leer un libro tal como se podía tomar Coca Cola o comprarse un par de zapatillas Nike. Skármeta aparecía en la pantalla con una amplia sonrisa vistiendo como director de circo , claro que en smoking y no en tenida con brillos, para que no se fuera a pensar que se trataba de un “circo pobre” de algún “barrio popular”. Este era un circo de gente educada que quería llevar la cultura a la “gente”. Skarmeta dirigía la música de fondo del show con dos palillos a la manera de director de orquesta agitando sus brazos de afuera hacia adentro, sonriendo siempre, y la cámara enfocaba en primera plana la linda cara de la joven actriz Amaya Forch con sus ojitos claros pestañeando como una hada madrina portando unas especies de varitas mágicas ordenadas como una flor y con libros en las puntas. Era, sin duda, la convicción, que el fomento de la lectura pasaba por el mercado y por supuesto por las “adecuadas” políticas de marketing para presentar el producto en cuestión , en este caso el libro, con el fin de promoverlo a través de estrategias de venta como cualquier otro producto de consumo. Es decir asociar el libro con las sonrisas, la entretención y el poder adquisitivo para adquirirlos.

Nicanor, con su agudeza intelectual, accedió a la invitación del programa, y de inmediato puso el acento en la libertad y en el pensamiento crítico. Se permitió pronunciar en el programa televisivo cultural estrella de la transición su rechazo al “vicio negro” del autoritarismo de cualquier especie. Así dejó una tarea para la casa válida hasta el día de hoy, pues el “Show de los LIBROS” solo podía ingresar a un “artefacto” de Nicanor si se complementaba también con el “SHOW DE LOS LIBRES”.

Eda Cleary, enero de 2018.


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Se fue un grande. Nicanor Parra fue parte de mi inspiración cuando chica. Eramos vecinos de él en La Reina y generosamente nos dejaba jugar debajo de los sauces que era terreno de nadie entre las dos parcelas, pero en que él había puesto un rústico living de rocas: una roca medio lisa que hacía de mesa de centro, y rocas al rededor que hacían de sillas, así como monolitos, pero a escala humana. Jugábamos con otros vecinos a ser la reina y el rey con acompañantes al rededor de este maravilloso comedor de pura piedra debajo de los sauces. Los dejo con la pintura "Debajo de los sauces" (2012), que pinté recordando esos maravillosos momentos de mi niñez
Andrea Jadresic

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Nicanor (por Alex Ibarra)

Como tu hermana fuiste un árbol lleno de pajaritos cantores aunque los tuyos fueron dodecafónicos ígneos como el pájaro de fuego.

Tu muerte nos enseñó que los inmortales solo puede ser nombre de filme o de pizzería con faina.

Te enfrentaste a la muerte a duelo en varios de tus versos como en varios filmes de nuestra época que también ya está pasando al ver mis arrugas negras en el espejo.

Lector de Wittgenstein extraviado, llegaste al silabario del Tractatus sin su segunda lección que pregona los juegos de lenguaje de los que bastante supiste.

No causaste solo risas te reíste del burgués antes de que los burgueses academicistas compraran tu ataúd desmedido y abrumado en parafernalia.

Fuiste más radical con eso de las 500 horas semanales del profesional explotado que se consuela con la alegría de los jóvenes que aprenden a leer y que víctimas de la injusticia solo conocerán de otros mundos leyendo.

Alex Ibarra


A Nicanor Parra por Gustavo Gac-Artigas.

5 de septiembre de 1914 - 23 de enero del 2018

Murió el poeta
Falso.
Murió un gran poeta
Falso.
Los poetas no mueren
desaparecen en un verso.

103 años se demoró Nicanor en su travesía por este mundo
y esta madrugada no dijo como otro,
voy y vuelvo,
nos dijo,
me quedo,
me quedo y no vuelvo.

La negra Ester está bailando una cueca con Nicanor
Viola, la viola eterna le da la bienvenida
Pablo le ofrece Isla Negra
Las cruces echó a volar
sus campanas
el dolor de Chile no cabe en la página vacía.

No es un tiempo de silencio
es un tiempo de fiesta
de alegría
de dar 103 pasos por el poema
y regresar a la eternidad.

Gustavo Gac-Artigas.
Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE).

 
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