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ARCHIVO: El movimiento Gülen y la modernización de Turquía

Tras el Golpe de Estado fallido, del pasado 15 de julio de 2016 en Turquía, el presidente Erdogan endureció aún más su autoritarismo y lanzó una represión no solo contra los golpistas sino contra toda la oposición, incluyendo los sindicatos, las fuerzas de izquierda, los kurdos y también contra el movimiento Gülen. Para explicar qué es este movimiento reproducimos un texto publicado en Le Monde Diplomatique en marzo de 2014:

Sus miembros lo llaman Hizmet (“el servicio”); los medios de comunicación turcos, Cemaat (“la comunidad”). Vasto y poderoso grupo social de base religiosa, el movimiento Gülen fue fundado en los años 1970 por Fethullah Gülen, un importante pensador místico de tradición sufí (1) que reside en los Estados Unidos, donde se lo conoce y se lo aprecia. En 2008, figuraba entre los “intelectuales más influyentes del mundo” designados por la revista norteamericana Foreign Policy.

En Turquía, la opinión pública está dividida en lo que concierne a la naturaleza y a los objetivos del movimiento. Sus partidarios lo glorifican tanto como lo diabolizan sus adversarios. Es cierto que es muy discreto acerca de su funcionamiento, lo cual puede resultar de una estrategia deliberada, pero se explica también por otros factores. Desde su creación fue reprimido por el Estado kemalista, en particular por el Ejército, y Gülen tuvo que instalarse en los Estados Unidos en 1999 para evitar la cárcel. Por otro lado, está constituido por un conjunto de redes descentralizadas y transnacionales, sin estructura jerárquica. El pensamiento de Gülen, expuesto en sus libros y en sus escasas declaraciones públicas o entrevistas, es lo que cohesiona e inspira a sus miembros. Se ha comparado a menudo a los gülenistas con los jesuitas, con los cuales mantienen excelentes relaciones, pero también con los misioneros protestantes, con el Opus Dei e incluso con los francmasones.

¿Son un mero actor de la sociedad? ¿El movimiento Gülen tiene que ver con la “religión civil” (“civil religion”), concepto utilizado por la sociología norteamericana para designar movimientos de base religiosa que se dedican a actividades seculares en el seno de la sociedad? (2) ¿O bien persigue una finalidad oculta ? Aunque no tiene actividades políticas directas, ejerce una influencia real, esencialmente a la hora de defender sus intereses, dados su poder y sus medios económicos.

El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, del que Gülen fue aliado entre 2002 y 2011, echó mano sin reservas de esta influencia: utilizó magistrados y policías gülenistas para poner fin a la tutela militar sobre la vida política, antes de acusar al movimiento, cuando estalló la crisis, a fines de diciembre de 2013, de haberse infiltrado en la justicia y en la policía. Frente a estos ataques, algunas redes gülenistas se lanzaron al enfrentamiento, a riesgo de poner en peligro la imagen espiritualista de su jefe. Estos dos episodios muestran claramente el poder de la organización. Tras haber contribuido eficazmente a expulsar de la escena a su adversario histórico, el Ejército, la organización desestabilizó fuertemente al hombre fuerte del país, Erdogan: los que se comprometieron a lanzar las persecuciones judiciales sobre los casos de corrupción en la cima del poder son magistrados vinculados a ella. Pero el movimiento también participó en el debate acerca de la democracia en Turquía, y en particular sobre la nueva Constitución. Contrariamente a Erdogan, quien desea imponer un régimen con una presidencia fuerte con la esperanza de ser elegido en ese puesto en julio de 2014, Gülen defiende el régimen parlamentario actual, pero predica una separación de los poderes más estricta.

Según estimaciones recientes, el movimiento, que le da la prioridad a la educación –“la escuela antes que la mezquita”, le gusta repetir a Gülen–, dispone de dos mil establecimientos educativos, esencialmente de enseñanza secundaria de muy buen nivel, en ciento cuarenta países. Organiza plataformas como la “plataforma de París”, que propone encuentros y debates dedicados al diálogo entre las religiones, las culturas, o cuestiones sociales (empleo, discriminación, pobreza), y desarrolla actividades de caridad. Sus recursos se estiman en 50.000 millones de dólares. Una parte importante de sus fondos proviene de la “nueva burguesía islámica” (3), esos empresarios conservadores y creyentes de Anatolia (4). En la cima del poder desde los años 1980, aprecian la modernidad de las ideas de Gülen, quien propone conjugar la ética musulmana con la economía de mercado y con un islam abierto al tiempo presente y al mundo (5). Su doctrina se propone conciliar la observancia estricta de la religión con una acción social secularizada (6), mientras que se opone a su fusión, contrariamente a las prédicas del islam político.

Ya sea en el seno de la sociedad turca, en África, en Medio Oriente, en Asia central o en los Balcanes, la influencia de este pensamiento en el seno de las poblaciones musulmanas que desean un islam reconciliado con la modernidad resulta considerable. Se difunde a través de los medios de comunicación del movimiento: Zaman (“El tiempo” ), primer diario turco (un millón de ejemplares) en tener ediciones en inglés (Today’s Zaman) y en francés (Zaman France, en Internet), pero también sitios en numerosas lenguas y cadenas de televisión, como Samanyolu (“La vía láctea”). Por otro lado, las redes gülenistas transnacionales representan una ventaja para la diplomacia y para las exportaciones turcas.

Según su pensamiento, que excluye la mezcla de lo religioso y lo político, Gülen jamás varió en su defensa de la democracia, ni en su oposición determinada al islam político turco y a su ideología de la “visión nacional” (millî görüs): una síntesis de un islam ritualista, cercano al Estado y al nacionalismo turco, cuyo fundador fue Necmettin Erbakan, primer ministro en 1996-1997. El pensamiento güleniano, no obstante, no está desprovisto de cierto “turquismo”, probablemente ligado al hecho de que su mensaje se inscribe en el sufismo turco. Así pues, aunque se declara favorable a la paz, el movimiento se ha mostrado reticente al anuncio de las negociaciones comenzadas por Erdogan con el jefe histórico de los kurdos de Turquía, Abdullah Ocalan (7).

Entre 2002 y 2011, Gülen sostuvo el gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) porque sus dirigentes, aunque procedentes del islam político, se presentaban como “conservadores-demócratas”: una definición acorde con su visión. Además, los estatutos de la AKP no contienen ninguna referencia al islam. La cooperación entre estos dos poderosos actores, uno político, el otro social, jugó un rol importante en la transformación del país y en su escalada como potencia económica y diplomática. Juntos han conseguido excluir al Ejército. Pero, a partir de 2010, Gülen empezó a criticar públicamente las elecciones de Erdogan, tanto en el plano interno como en el diplomático: objetó especialmente su discurso cada vez más virulento contra Israel. Tomó aún más distancia después del giro autoritario e islamizante del Primer Ministro, en 2011. Por ende, las relaciones se han tensado hasta la ruptura, a fines de 2013.

¿Un movimiento religioso puede ser un actor de la modernidad? Para los turcos, que de esta última tienen una concepción republicana y laica a la francesa, esta simple hipótesis podría parecer inadecuada. Y sin embargo, es lo que está sucediendo, pues la sociedad turca se ha transformado profundamente. Las clases medias se volvieron mayoritarias, y sobre todo, Anatolia, aun siendo conservadora, comenzó su proceso de mutación. La sociedad se torna más individualista –incluso en la relación con el islam– y se va secularizando, tal como lo ha demostrado el “Mayo turco del 68”, así como se denominó a las manifestaciones de mayo-junio de 2013 en Estambul y en otras grandes ciudades. La modernidad kemalista autoritaria había fracasado al intentar integrar a las poblaciones anatolias, conservadoras y creyentes; por consiguiente, asistimos esta vez al surgimiento de una modernidad “desde abajo” que incluso integra capas de la sociedad ignoradas y dejadas de lado durante mucho tiempo.

Las reformas económicas y sociales iniciadas en los años 1980 bajo la égida de Turgut Ozal, el hombre de Estado más importante desde Mustapha Kemal Atatürk, el fundador de la República, dinamizaron al conjunto del país. En adelante, empero, el conservadurismo y la relación con el islam de las clases medias y de los empresarios anatolios se modificaron bajo el efecto de la racionalidad instrumental del capitalismo. Es lícito pensar que el impacto de esta racionalidad económica y social hará retroceder progresivamente al conservadurismo individual y colectivo. Y el movimiento Gülen es parte activa de estas transformaciones. Esta modernización y los cambios operados en la relación con el islam pueden ser aprehendidos a la luz de la sociología de las religiones de Max Weber (8). En efecto, los trabajos del sociólogo alemán han demostrado que son los procesos sociales los que determinan, en última instancia, las direcciones tomadas por las instituciones, dogmas y símbolos religiosos; lo que resulta confirmado por las evoluciones de la sociedad turca.

En los planos espiritual e intelectual, Gülen aparece como un heredero de Saïd Nursi (1876-1960), situado en el origen de la confraternidad sufí Nurcu. Interpretó y reactualizó la enseñanza de Nursi sobre la importancia de las relaciones entre el islam y la modernidad, es decir la razón y la ciencia. Integró la dimensión democrática, así como una intervención más afirmada en el seno de la sociedad, especialmente en materia de educación (9). En una obra precursora (10), el sociólogo Serif Mardin analizó la profundidad y la originalidad del pensamiento de Nursi, cuando este místico aún era ampliamente incomprendido y considerado como un fanático, un peligroso reaccionario, por el Estado y por las elites urbanas. Mardin demostró que su pensamiento entrañaba una dimensión que tiene que ver con lo que él llamó el “personalismo”, que alienta el individualismo en los creyentes. Subrayó la diferencia entre dos concepciones del islam: por un lado, el “pueblo de los hadith” (11), dogmático y legalista; por el otro lado, los sufíes místicos, como Nursi y Gülen, quienes privilegian la espiritualidad y encarnan la vertiente humanista de la religión.

¿El movimiento Gülen representa un peligro o una ventaja para la democracia y la sociedad turcas? Mientras se mantenga el ascendente del pensamiento y de la personalidad de Gülen, habrá una inclinación por la segunda hipótesis. En cambio, la desaparición de este septuagenario de frágil salud podría cambiar el juego. En el seno de la sociedad, actualmente no hay movimiento social de izquierda lo suficientemente fuerte como para contrarrestar a los gülenistas, ni, por otra parte, partidos de izquierda capaces de oponerse a la hegemonía de la AKP o a la que el movimiento post-Gülen podría eventualmente intentar imponer en el terreno político.

Notas:

1. Helen Rose Ebaugh, The Gülen Movement: A Sociological Analysis of a Civic Movement Rooted in Moderate Islam, Springer, Dordrecht, 2010.

2. Robert N. Bellah, “La religion civile aux Etats-Unis”, Le Débat, n° 30, París, 1984.

3. “Les calvinistes islamiques: changement et conservatisme en Anatolie centrale”, European Stability Initiative, Berlín, 2005.

4. Lire Wendy Kristianasen, “Activisme patronal”, Le Monde diplomatique, mayo de 2011.

5. Dilek Yankaya, La Nouvelle Bourgeoisie islamique: le modèle turc, Presses Universitaires de France, París, 2013.

6. Marie-Louis Bureau, La Pensée de Fethullah Gülen. Aux sources de l’islamisme modéré, L’Harmattan, París, 2012.

7. Vicken Cheterian, “Une chance historique pour les Kurdes”, Le Monde diplomatique, mayo de 2013.

8. Max Weber, Sociologie des religions, Gallimard, col. “Tel”, París, 1996.

9. Erkan Toguslu (bajo la dir. de), Société civile, démocratie et islam: perspectives du mouvement Gülen, L’Harmattan, París, 2012.

10. Serif Mardin, Religion and Social Change in Modern Turkey : The Case of Bediüzzaman Said Nursi, State University of New York Press, col. “Suny Series in North Eastern Studies”, Albany, 1989.

11. Los hadith son un conjunto de palabras y gestos del profeta Mahoma y de sus compañeros más allegados.

Edición impresa del mes de MARZO 2014 a la venta en quioscos, librerías y en la librería de Le Monde Diplomatique San Antonio 434, local 14, Santiago Teléfono: 664 20 50 E-mail: edicion.chile@lemondediplomatique.cl

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