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En este numero:

- Las elecciones son circunstanciales, la tarea hoy está en el trabajo directo con los sectores populares: allí van a crecer los nuevos brotes de cambio. Por Enrique Villanueva
- Es hora de repensar Chile: el sistema neoliberal no fue ni es solución para los problemas del país. Por Enrique Villanueva
- Exitosa Feria Internacional del Libro Zicosur en Antofagasta

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Alexis Tsipras, líder de la Izquierda Radical griega (Syriza) escribió en Le Monde Diplomatique sobre la deuda y las propuestas económicas.

El 27 de febrero de 1953 la República Federal de Alemania se hunde bajo el peso de las deudas y amenaza con arrastrar a todos los países europeos en la tormenta. Preocupados por su propia salvación, sus acreedores –entre ellos, Grecia– toman nota de un fenómeno que sólo ha sorprendido a los liberales: la política de “devaluación interna”, es decir, la reducción de salarios, no garantiza el pago de las sumas adeudadas, sino más bien lo contrario.

Reunidos en Londres en una cumbre extraordinaria, veintiún países deciden reconsiderar sus exigencias teniendo en cuenta las capacidades reales de su aliado para hacer frente a sus obligaciones. Reducen la deuda nominal acumulada por la República Federal en un 60%, le conceden una prórroga de cinco años (1953-1958) y un plazo de treinta años para pagar. También establecen una “cláusula de desarrollo” que autoriza al país a no dedicar al pago de la deuda más de una veinteava parte de sus ingresos de exportación. Así, Europa acaba de hacer lo contrario del Tratado de Versalles (1919), colocando los cimientos del desarrollo de la Alemania Occidental de posguerra.

Es precisamente lo mismo que propone hoy la Coalición de la Izquierda Radical griega (Syriza): proceder a contrapelo de los pequeños tratados de Versalles que imponen hoy la canciller alemana Angela Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, a los países europeos endeudados e inspirarnos en uno de los mayores momentos de clarividencia que haya conocido la Europa de posguerra.

Los diferentes programas de “salvataje” de los países de Europa del Sur fracasaron, cavando pozos sin fondo e invitando a los contribuyentes a que traten de volver a llenarlos. Arribar a una solución global, colectiva y definitiva al problema de la deuda nunca fue tan urgente. Y no se entiende cómo un objetivo así pueda ser eclipsado para garantizar la reelección de la canciller alemana.

En tales condiciones, la idea que propone Syriza de una conferencia europea sobre la deuda, basada en el modelo de la Conferencia de Londres sobre la deuda alemana en 1953, representa, desde nuestro punto de vista, la única solución realista y benéfica para todos: una respuesta global a la crisis crediticia y al comprobado fracaso de las políticas desarrolladas en Europa.

Lo que pedimos para Grecia, entonces, es lo siguiente: la reducción significativa del valor nominal de su deuda pública acumulada; la prórroga para el pago de la deuda, a fin de que las sumas conservadas sean afectadas a la recuperación de la economía; el establecimiento de una “cláusula de desarrollo”, de modo que el pago de la deuda no ahorque la recuperación económica, y la recapitalización de los bancos, sin que los montos en cuestión sean contabilizados como deuda pública del país.

Estas medidas deberán apoyarse en reformas que apunten a una distribución más justa de las riquezas. En efecto, terminar con la crisis implica romper con el pasado que permitió generarla: trabajar para la justicia social, la igualdad de derechos, la transparencia política y fiscal, en suma, para la democracia. Un proyecto de tales características sólo podrá ser implementado por un partido independiente de la oligarquía financiera, ese puñado de empresarios que tomaron al Estado como rehén, de corsarios solidarios entre sí y exentos de impuestos, de dueños de la prensa y de banqueros entrometidos (y en quiebra), sobre quienes pesa la responsabilidad de la crisis y se esfuerzan por mantener el statu quo. El informe anual de 2012 de Transparency International así lo esclarece cuando designa a Grecia como el país más corrupto de Europa.

Esta propuesta constituye la única solución, a menos que nos contentemos con el aumento exponencial de la deuda pública en Europa, donde ya supera, en promedio, el 90% del Producto Interno Bruto (PIB). Lo que nos hace optimistas es que nuestro proyecto no puede ser rechazado, pues la crisis ya está corroyendo el núcleo duro de la Zona Euro. La única consecuencia de su postergación es acrecentar el costo económico y social de la situación actual, no solamente para Grecia, sino también para Alemania y el resto de los países que adoptaron la moneda única.

Durante doce años, la Zona Euro –inspirada en dogmas liberales– funcionó como una simple unión monetaria, sin equivalente político y social. Los déficits comerciales de los países del Sur eran la imagen invertida de los excedentes registrados en el Norte. Además, la moneda única sirvió a Alemania, al “enfriar” su economía luego de la costosa reunificación de 1990.

Pero la crisis de la deuda desestabilizó este equilibrio. Berlín reaccionó exportando sus recetas de austeridad, lo cual agravó la polarización social en los Estados del Sur y las tensiones económicas del centro de la Zona Euro. Ahora aparece un eje Norte-acreedores/Sur-deudores, nueva división del trabajo orquestada por los países más ricos. El Sur se especializará en los productos y servicios con fuerte demanda de mano de obra con sueldos básicos; el Norte, en una carrera por la calidad y la innovación, con –para algunos– salarios más elevados.

La propuesta de Hans Peter Keitel, presidente de la Federación Alemana de la Industria, en una entrevista en el sitio de Internet de Spiegel, que apunta a transformar a Grecia en “zona económica especial” (1), revela el verdadero objetivo del memorándum (2). Las medidas previstas por ese texto, cuyo alcance se extiende al menos hasta 2020, terminan en un estrepitoso fracaso, que ahora reconoce el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero, para sus autores, el acuerdo tiene la ventaja de imponer una tutela económica a Grecia, colocándola en la categoría de colonia financiera de la Zona Euro.

Así pues, su anulación constituye el paso previo a cualquier salida de crisis: lo mortal es el remedio, no la dosis, como sugieren algunos.

También habrá que preguntarse por las otras causas de la crisis financiera en Grecia. Las que llevan al despilfarro del dinero público no han cambiado: por ejemplo, el costo por kilómetro de rutas construido más alto de Europa, o la privatización de las autopistas disfrazada de “prepago” de nuevos ramales... cuya construcción ha sido interrumpida. La profundización de las desigualdades no puede ser reducida a un efecto secundario de la crisis financiera. El sistema fiscal griego refleja la relación clientelista que une a las élites del país. Como un colador, está acribillado de exenciones y favores ilícitos hechos a medida para la corporación oligárquica. El pacto informal que, desde la dictadura, une al empresariado y a la hidra de dos cabezas del bipartidismo –Nueva Democracia y Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok)– sella su sostenimiento. Es una de las razones por las que hoy el Estado renuncia a obtener los recursos que necesita mediante impuestos y prefiere reducir continuamente los sueldos y pensiones.

Pero el establishment –que sobrevivió por poco a las elecciones del 17 de junio (3), sembrando el miedo respecto de una eventual salida de Grecia de la Zona Euro– vive gracias a la asistencia respiratoria de un segundo pulmón artificial: la corrupción. La difícil tarea de quebrar la connivencia entre medios políticos y económicos –una cuestión que no concierne sólo a Grecia– constituirá una de las prioridades de un gobierno popular conducido por Syriza.

Reclamamos, por ende, una prórroga del pago de la deuda para cambiar a Grecia. Sin ello, todo nuevo intento de saneamiento financiero nos convertirá en Sísifos condenados al fracaso. Con la diferencia de que, esta vez, la tragedia ya no concierne sólo a la antigua ciudad de Corinto, sino a toda Europa.

NOTAS:

1. “BDI-Chef will Griechenland zur Sonderwirtschaftszone machen”, Der Spiegel Online, 10-09-12, www.spiegel.de.

2. N. de la R.: Acuerdo firmado en mayo de 2010, que impone la austeridad a Atenas, a cambio de su “salvataje” financiero.

3. N. de la R.: Con el 29,66% de los votos, el partido Nueva Democracia (derecha) se vio obligado a formar una coalición con el Pasok (12,28% de los votos) y la Izquierda Democrática (6,26%). Syriza, que quedó segundo, registró un resultado del 26,89% (diez puntos más que en la elección legislativa de mayo de 2012), y el partido de extrema derecha, Amanecer Dorado, un 6,92% (un retroceso del 0,8% respecto de mayo de 2012).

Texto publicado en la edición chilena de Le Monde Diplomatique marzo de 2013


El desafío de la izquierda griega Tomar el poder sin perder el alma. Por Baptiste Dericquebourg*

En julio de 2013, Syriza tiene su primer congreso como partido unificado. Propulsado por las elecciones legislativas de mayo y junio de 2012 al rango de corifeo de la oposición de izquierda a la política de la “troika”, la coalición de la izquierda radical goza de una posición única en Europa. Con ella, una fuerza política progresista se encuentra a las puertas del poder. Pero este desarrollo ambiguo, al mismo tiempo victoria y derrota frente a los conservadores de la Nueva Democracia, la enfrenta también a los problemas de la expansión de su base electoral y militante, y de la búsqueda de alianzas. Problemas tanto más urgentes puesto que, para la dirección del Syriza, el gobierno tripartito surgido de las urnas en junio de 2012 no iba a sostenerse más que algunos meses y, por lo tanto, ya tendrían que haber tenido lugar unas nuevas elecciones.

A partir del día siguiente de las legislativas, el jefe del grupo parlamentario Syriza, Alexis Tsipras, desencadenaba una polémica al declarar: “En estos tiempos de crisis, tanto la resistencia como la solidaridad son necesarias, pero la solidaridad es más importante”. Era el punto de partida de la línea “solidaridad” decretada por la dirección, que consiste en desarrollar acciones por todos lados para que ningún ciudadano se vea privado de alimentos, medicamentos, techo, etcétera. Principal partido miembro de la coalición, el Synaspismos orientó en particular los esfuerzos de sus seguidores hacia la formación de bancos solidarios de medicamentos.

Los objetivos de esta nueva estrategia eran múltiples. Por un lado, conquistar la ola de nuevos seguidores. Con un promedio de edad relativamente elevado (sobre todo en el seno del Synaspismos), sin una implantación fuerte entre los obreros y los agricultores, sin relevo sindical, el Syriza no tenía en efecto una verdadera tradición militante. Al contrario, el Partido Comunista (Kommounistiko Komma Elladas, KKE) controla uno de los tres principales sindicatos, el Frente Militante de Todos los Trabajadores (Panergatiko Agonistiko Metopo, PAME), y el Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) utiliza las otras centrales para fines clientelistas. “Hasta la primavera pasada, el Syriza no había realizado ninguna acción concreta –recuerda una militante–. Ahora bien, son dos cosas totalmente distintas querer hacer algo y saber cómo llevarlo a cabo”. Intentando así rivalizar con las iniciativas por demás mediáticas del partido neonazi Amanecer Dorado, que en ese momento organizaba ollas populares “para los griegos” y donaciones de “sangre griega”, y aferrándose a las numerosas acciones espontáneas de solidaridad, la coalición esperaba establecer contacto con aquellos a los que la crisis había alejado de la política.

Pero colocar a la solidaridad por delante de la conflictividad vuelve a desplegar la imagen de un partido como “remedio para la crisis”, lejos del perfil radical que busca distinguir al Syriza del viejo electorado del Pasok, ahora marginado. Con la esperanza de conseguir una mayoría parlamentaria, el partido reflexiona acerca de las maneras de conquistar a las clases medias que aparecieron después del final de la dictadura de los coroneles, en 1974.

Necesariamente esquemático, el retrato robot de un miembro de este electorado se caracterizaba por los siguientes rasgos: más bien conservador, relativamente entrado en años, propietario de un bien inmueble comprado a crédito, de profesión ligada al turismo, a la construcción inmobiliaria o a la función pública y violentamente desestabilizado por la crisis actual, pero de todos modos muy apegado a la pertenencia de Grecia a la Unión Europea.

Frente a los discursos de los “dos extremos”, retomados una y otra vez por los medios, referidos al Amanecer Dorado y al Syriza, la Coalición sintió entonces ánimos de tranquilizar. Tsipras apoya públicamente todos los movimientos huelguistas, pero adopta un tono mesurado frente a las acciones que considera “radicales”, y toma distancia ante las que inspiran a los partidos de extrema izquierda y a los grupos anarquistas. Así, luego de la intervención de desalojo de la Villa Amalia, una casa ocupada ateniense, en diciembre y enero pasados, se abstuvo de condenar el accionar de la policía.

El Syriza quiere mantener la posibilidad de una alianza con la centroizquierda, e incluso más allá. Por el momento, ningún sondeo le da la esperanza de llegar solo al poder; por lo que se trata de encontrar aliados capaces de volver creíble la idea de una coalición gubernamental. Aunque pretenda juntar a “toda la izquierda”, la organización en realidad está aislada. El KKE rechaza cualquier discusión con los “oportunistas” que aceptan las reglas de la Unión Europea y su moneda única. A su derecha, la Izquierda Democrática (Dimar), un desprendimiento socialdemócrata del Syriza resueltamente favorable a la Unión Europea y al euro, hizo su entrada en un gobierno que ratifica el memorando de la “troika”. En estas condiciones, formar un gobierno no significaría necesariamente tomar el poder. Por el momento, la dirección busca superar la oposición izquierda-derecha por medio de la constitución de un frente anti-memorandos capaz de incorporar, por ejemplo, a los Griegos Independientes, un partido de derecha nacionalista y conservador pero que se opone a los memorandos. Desde marzo pasado, Tsipras asegura que desea un gobierno de unión nacional, con la izquierda y el Syriza como “corazón” del movimiento. Es decir: una mayoría que no excluye a la derecha.

Esta estrategia tiene una fuerte oposición en el seno de la coalición. El ala izquierda criticó desde el primer momento una estrategia “electoralista”; desea al contrario ver emerger un “Syriza de las luchas”, capaz de agrandar su electorado acercando a sus posiciones a los ciudadanos víctimas de la crisis. Por lo que durante estos últimos meses se ha presenciado un doble movimiento: mientras la coalición se transformaba en partido unificado, se cimentaba un “ala izquierda” en desacuerdo con lo que esa misma ala percibe como un giro derechista. Durante las conferencias panhelénicas de la coalición, que, en diciembre de 2012, lanzaban las bases de un partido unificado, una moción disidente que alcanzó el 25% de los votos juntó a la corriente de izquierda del Synaspismos y la DEA, entre otros. Este grupo reivindicaba la formación de un gobierno “únicamente de izquierda”, una posición clara acerca de la anulación de los memorandos y de la deuda, y la consigna “ningún sacrificio en nombre del euro”. La tendencia mayoritaria prefiere decir: “El euro no justifica todos los sacrificios”…

La crisis chipriota y la publicación a cargo del Partido Progresista del Pueblo Trabajador (Anorthotiko Komma Ergazomenou Laou, AKEL), partido hermano del Syriza, de un estudio que propone la salida de la moneda única como respuesta a las medidas de la “troika” exacerbaron las críticas internas contra una posición globalmente favorable al euro. Parece en efecto cada vez menos realista imaginar que Grecia obtenga de Alemania y del Banco Central Europeo (BCE) el permiso para llevar a cabo el plan económico del Syriza en el seno de la eurozona. La tendencia minoritaria no va a bloquear la unificación de la coalición en los próximos meses, pero presiona a la izquierda radical para que precise su programa político y su estrategia.

Va a ser necesario despejar la sospecha del doble discurso. El programa de compromiso inicial, vago en sus términos y en sus objetivos, le dejaba a cada uno de los partidos miembros una relativa libertad de interpretación. Desde la primavera pasada, esta situación dio lugar a las declaraciones más contradictorias y desorientó a una parte del electorado. El 5 de diciembre de 2012, Tsipras afirmó ante la Cámara de Comercio heleno-americana que la anulación de los memorandos era necesaria. Cuatro días más tarde, el diputado de La Canée, miembro del Syriza, explicaba que el objetivo era llegar a una “renegociación de los acuerdos de préstamo y a un cambio de la política económica interior llevada unilateralmente”, sin mayores precisiones (1). Cuando, el 17 de abril, Tsipras evocó una “suspensión” de los memorandos, una polémica inmediata, dentro y fuera de la coalición, lo obligó a disculparse por haber tenido un “lapsus” y a reafirmar su intacta voluntad de “anularlos”.

Las mismas contradicciones aparecen en lo que concierne a la cuestión de la deuda: ¿qué proporción del monto total debería quedar anulado por una conferencia internacional? ¿Cuál sería la suerte reservada a los bancos? El programa mismo (acerca del cual hasta los cuadros del partido confiesan sus imprecisiones, prometiendo sin cesar nuevas propuestas más convincentes) exhibe esta ambigüedad: proclamando una voluntad revolucionaria de dejar atrás al capitalismo, el conjunto de las medidas propuestas tiende más bien hacia una política de recuperación keynesiana, con un apoyo del Estado a los pequeños productores, agricultores o artesanos. Se promete la nacionalización de las empresas de importancia estratégica, pero no se excluyen nuevas privatizaciones. En cuanto a los objetivos ecológicos, todavía se encuentran en el estadio de principios generales: es cierto que promover una caída del crecimiento en un país en plena recesión sería todo un desafío.

Finalmente, Tsipras desplegó a lo largo de estos últimos meses una intensa actividad para dar a conocer y hacer reconocer a su partido como un interlocutor serio en el extranjero. Si algunos de sus viajes, como el de Argentina, por ejemplo, fueron percibidos como señales a favor de una anulación de la deuda, el que lo llevó a Estados Unidos y la entrevista con el ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble, resultaron más inquietantes.

Es por eso que al Syriza se lo ataca por estar al mismo tiempo demasiado a la izquierda y demasiado a la derecha. La coalición radical debe enfrentar constantemente el temor de sus electores –y sobre todo de la juventud urbana que lo plebiscitó la primavera pasada– de verlo transformarse en un nuevo Pasok: los socialistas habían llegado al poder en 1981 con un programa radical del que no llevaron a cabo prácticamente nada. Víctimas de la crisis, algunos jóvenes, hostiles al Pasok “de sus padres”, parecen decepcionados por la actitud reservada del Syriza durante las luchas de estos últimos meses.

La historia reciente de la coalición muestra dos de las principales dificultades que debe enfrentar la izquierda cuando se acerca al poder. La primera: ¿cómo sostener una política resueltamente de izquierda en un contexto en el que la soberanía nacional está limitada? El problema de una reconquista de la soberanía nacional concierne desde luego a las relaciones con la Unión Europea y con el BCE, los muy limitados medios de los que dispone un gobierno de la zona euro para enfrentar las deslocalizaciones o un derrumbe de su sistema bancario (2). Al pronunciarse por su permanencia dentro de la zona euro, ante lo grandes que aparentan ser las pruebas que debería superar tanto en el caso de una salida forzada como en el de una salida voluntaria, el Syriza está obligado a encontrar cuadros que hagan que sus socios y sus adversarios acepten sus políticas, como la tan deseada conferencia internacional acerca de la deuda de los países del sur de Europa.

Segundo desafío: el de las movilizaciones populares, que justamente podrían servir de base para la reconquista de la soberanía nacional. Los cambios políticos en América Latina se apoyaron en una intensa movilización de sus habitantes. ¿La estrategia actual del Syriza se apoyará en un sostén de ese tipo en el caso de una victoria electoral?

Notas:

1. Le Journal des rédacteurs, Atenas, 9-12-2012.

2. Como podría haber sido el caso en diciembre de 2012, cuando en unos pocos días más de 17.000 millones de euros fueron transferidos a bancos extranjeros.

RECUADRO Syriza en cifras

Partidos de la vieja coalición: Synaspismos, heredero del Partido Comunista griego del interior (eurocomunista); Izquierda Obrera Internacionalista (Diethistiki Ergatiki Aristera, DEA, trotskista); y la Organización Comunista de Grecia (Kommounistikí Orgánosi Elládas, KOE, maoísta); así como también algunas otras formaciones de menor amplitud.

Cantidad de miembros declarada: 30.000.

Resultados en las elecciones legislativas de 2012:
-  mayo de 2012: 16,78%
-  junio de 2012: 26,89%

*Profesor de letras clásicas en Atenas.

Traducción: Aldo Giacometti

Texto publicado en la edición impresa de Le Monde Diplomatique del mes de JUNIO 2013

 
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