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En este numero:

- Levantando ciudadanía por Silvia Fernández
- Statu quo, Reforma o Revolución. Por José Cáceres
- Allende, el precursor olvidado. Por Atilio A. Boron

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Crónicas de una Criminalidad Diversa y clasista: Caso Penta, Dávalos y Rosauro Martínez. Por Marcos Silva

Hay un patrón común en lo que la agenda judicial de las ultimas semanas nos devela y nos señala, pues son los ricos, los niños bien, los acomodados, los administradores de Chile los que han desnudado su naturaleza criminal y contra normativa.

En el Chile postransicional es la clase gobernante junto al empresariado la que ha quedado expuesta en su práctica voraz y abusiva, haciendo evidente lo que muchos sectores del país venían denunciando desde hace años y que sistemáticamente pretendieron callar bajo la pirotécnica de la democracia de los acuerdos, la gobernabilidad y cuanto eufemismo les sirvió para tejer un manto transicional de impunidad no solo frente a los crímenes de la dictadura, sino que también frente a sus crímenes y delitos de enriquecimiento ilícito, asociación para el cohecho y cuanta nomenclatura jurídica explique a quienes siendo dueños del poder económico compraron el poder político para así ser dueños de todo.

El grupo Penta representa sin duda la matriz ideológica de un sistema de privatizaciones generado en el marco de la dictadura y la máxima de la subordinación del poder político al económico. Dávalos por su parte representa la cara más dramática de la izquierda transicional, encandilada con el lucro y la opulencia, travestida la gorda en la fiesta socialista de la medida de lo posible, tan voraz como la derecha, pero con pecados éticos de naturaleza más profunda, pues mientras venden al país en el programa de gobierno el “no al lucro y la lucha contra la desigualdad” se llenan la panza y el puño de billetes al compas de sus autos convertibles y nuevos gustos de niños bien.

Pero esta realidad repugnante que ha sido develada y condenada por los tribunales de justifica y por la sociedad civil en su conjunto, no hubiese sido posible sin la acción pretérita de los asesinos de Pinochet, esos que durante años se ocultaron disfrazados de demócratas y parlamentarios en las oficinas y dependencias de nuestro parlamento y que hoy son desaforados y detenidos por la responsabilidad que les implica en crimines de lesa humanidad.

Rosauro Martínez es uno de ellos, este diputado desaforado, militante de Renovación Nacional, ha sido detenido y formalizado por el crimen de tres militantes del Movimiento de Izquierda revolucionaria MIR en el marco de la operación retorno y el despliegue del destacamento mirista toqui Lautaro en la zona de Nelthume.

La vinculación de estos tres hechos no es casual, Los poderosos agrupados en el sistema financiero necesitaron de asesinos como Rosauro para evitar el desarrollo de un proceso de resistencias e insurreccional en Chile en el marco de la dictadura. Habiendo ganado la batalla militar, el resto fue tarea sencilla, una transición escrita con el pulso del dictador y una izquierda complaciente y entreguista domesticada para hacer una transición tutelada y neoliberalizante. Los mismos criminales de ayer ahora son financiados por los dueños de todo gracias a las privatizaciones, un juego siniestro desde la clase dominante para asegurar la reproducción y la perpetuación de las condiciones de reproducción y clase en el país.

Ahora bien que rol juega Dávalos en este escenario; uno muy importante porque; representa el espacio de la izquierda travestida en la danza de billetes, la izquierda incongruente que sostiene un discurso de cambio e igualdad pero que a espaldas del pueblo y la clase trabajadora realiza las mismas prácticas de enriqueciendo corrupto de los que dice son sus enemigos políticos.

 
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