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En este numero:

- Sobre la privatización del borde costero
- Escrituras sin límites y desde el límite. entrevista de Alex Ibarra a Andrea Jeftanovic
- Éthos Solidario. Vivir y con-vivir en la morada de la fraternidad. Por Juan Pablo Espinosa Arce

- Sumario completo



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De mujer a mujer, no hay justicia. Por Casandra C. Rubio

Mujeres del mundo:

Hace menos de una semana fui testigo de la lectura de sentencia de una demanda por violencia intrafamiliar, un caso que por lo prolongado de tiempo que llevó fue agotador y tortuoso para la víctima, llegó a concluir que sus pruebas no eran suficientes para demostrar que su esposo, un noble servidor público, la golpeó.

¿Qué hace que una mujer acuse al hombre con quien convivió, un hombre que considera su pareja, su compañero, su amigo, su familia, un hombre con el que se casó y compartió su vida? Nada más que la profunda pena, un cuerpo cansado de sufrir, y los profundos deseos de los hombres dejen de salirse con la suya. ¿Cuánto dolor existe para que la exposición pública no te importe con tal de que aquel hombre sea sentenciado por la justicia?

Una mujer dio un testimonio clave que llevó a demostrar que no tenían coherencia los hechos que acusaba la víctima, mujeres eran las que acompañaban al noble servidor público, una mujer leyó la sentencia que dejaba absuelto al mismo y mujeres fueron las que celebraron la sentencia. Por supuesto también estaba aquella mujer, que tras varios años de matrimonio y compañerismo denunció a su esposo porque sintió como este violentaba su cuerpo, su alma su ser como mujer, y entonces se atrevió y lo denunció porque dijo ya basta, por creer en la justicia, por creer que la verdad era lo más importante. Pero se equivocó.

En ese momento me hacen más que nunca sentido aquellas palabras de nuestra querida Simone que hacen referencia a que “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”, en este caso oprimidas. Y es que no necesitamos más pruebas para demostrar que estamos en desventaja solo por el hecho de ser mujer. A pesar de ser la mitad del mundo, no estamos ocupando la mitad de los cargos públicos, no somos la mitad de presidentas del mundo, seguimos ganando menos por el mismo trabajo, no tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, el trabajo doméstico sigue siendo considerado como un acto de amor y el acoso es un cotidiano en nuestras vidas. ¿Pero aun así tenemos que seguir demostrando que sufrimos violencia?, ¿Qué nos maten no es prueba suficiente? Porque nos matan, nos matan nuestras parejas, nuestros ex, porque nos aman demasiado, porque no puede permitir que estemos con otros hombres, porque no permiten que los dejemos, porque no les hacemos caso, nos matan. Esta historia la conocemos todas.

¿Por qué no estamos protegiéndonos entre nosotras? ¿Por qué no estamos cuidándonos de estos hombres que nos están matando? Mujeres del mundo, ellos no nos necesitan de cómplice, nosotras nos necesitamos de aliadas.

Casandra C. Rubio
Estudiante universitaria, Concepcion, Región del Bío-Bío

 
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