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En este numero:

- Vuelta a la vida en treinta años. Por José Antonio Lizana Arce
- Reconocimiento de clase: el arte como forma de resistencia. Entrevista de Alex Ibarra a Jorge Campos
- ¿Por qué regresó Piñera? Por Hugo Fazio

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Del verdadero trasfondo de la discusión del aborto en Chile. Por Alexis Guardia B.

Se encuentra aprobado por la sala de la Cámara, con una importante mayoría de diputados, después de casi un año de discusión, el proyecto de ley que establece el derecho a optar por interrumpir o continuar el embarazo por tres causales, es decir, cuando está en peligro la vida de la madre, cuando dos médicos han establecido la inviabilidad del feto y cuando el embarazo es el resultado de una violación. También es necesario recordar que la interrupción del embarazo en el proyecto en discusión solo se puede ejercer hasta el tercer mes. El trámite de discusión deberá continuar en el Senado.

Esta discusión ha sido sorprendentemente dura en el Congreso no obstante el alcance limitado de la reforma. En las encuestas de opinión se registró desde temprano una mayoría a favor del proyecto. Sin embargo, en los medios ha quedado la idea de que quienes están por el proyecto son “genocidas o partidarios de la muerte”, y otra suerte de ideas integristas del derecho a la vida. Siempre este tema abordado en otros países ha sido fuertemente impugnado por el conservadurismo. En Francia cuando se discutió el tema en el Parlamento en 1974 y fuera presentado por la entonces ministra de salud la señora Simone Weil quien había vivido durante la guerra los horrores del campo de Concentración nazi de Auschwitz no faltó el diputado de extrema derecha e integrista católico que le preguntara, cómo ella que había vivido la experiencia de Auschwitz “podía estar a favor del genocidio”.

Pero en el caso de Chile ha sido doblemente sorprendente pues el aborto terapéutico existió desde 1931, y atravesó todos los gobiernos de distintos signos ideológicos; existió además casi durante los 17 años del gobierno de Pinochet y la derecha cívico-militar que lo apoyó nunca planteó su derogación. Esa disposición solo fue derogada cuando quedaban días para que Pinochet abandonara el poder.

Con todo es bueno ahora tener en cuenta previamente el escenario pertinente que rodea esta discusión. Primero tratándose de la sociedad chilena se estima que existen 100 mil abortos anuales y las tres causales de aborto del proyecto representan un número limitado de casos potenciales de este total que no estamos en condiciones de medir. Sabemos que las condiciones en que se realizan los abortos clandestinos, son malas y peligrosas para la salud de la mujer (particularmente para aquellas de menores ingresos) pero no conocemos su importancia. Tampoco sabemos cuánto de los embarazos productos de la violación ocurre dentro de los hogares según el nivel social.

La pregunta, no menor, por la cual hay que pasar en esta discusión es ¿Cuándo comienza la vida humana? Y ello significa transitar por el territorio de la ciencia, de la religión y la filosofía política.

Es útil recordar que después de que tuvo lugar la primera fertilización de embriones en laboratorio (1978) se abrió una intensa discusión científica y ética en Europa sobre la condición que debía otorgarse a dichos embriones a fin de evitar cualquier manipulación del futuro de la especie humana. En particular en Inglaterra se creó en 1982 una comisión Gubernamental de Investigación sobre Fecundación y Embriología Humana y se debatió una ley de Embriología en el Parlamento del Reino Unido en 1989-1990. En el debate naturalmente surgió la pregunta ¿Cuándo comienza la vida humana? Para el mundo científico no hay un momento sino un proceso de transformación del embrión que permiten hablar de la conformación de un ser humano. Según Mary Warnock la presidenta de la comisión inglesa recién indicada, formulaba que: “es perfectamente coherente mantener que aunque en el desarrollo de un individuo los factores genéticos vienen dados desde la fase en que ya existe el cigoto (el estadio en que se ha creado un organismo unicelular, inmediatamente posterior a la fecundación del ovulo por el esperma) el individuo aún no existe como tal.[1]…..Ya Aristóteles y Tomas de Aquino tenían una concepción del desarrollo del embrión pues según M.Warnock ambos pensaban que “Cuando el embrión se forma solo tiene vida vegetativa, luego adopta un modo de vida animal capaz de tener sensaciones y finalmente, cuarenta días después de la concepción, en el caso de los hombre y noventa, si se trata de las mujeres, el feto adquiere plena vida racional o mental” Concluye la autora: Sería, pues, mucho más claro y menos equívoco si se preguntase en que estadio un embrión adquiere un significado moral; o en que estadio deberíamos empezar a tratar un embrión humano igual que tratamos al resto de los seres humanos, ya que entonces estaría claro que ningún conocimiento científico posterior zanjaría el asunto.” [2]

Por otra parte, el filósofo italiano Umberto Eco, quien buscó siempre espacios de discusión entre laicos y católicos, explicitó su posición cuando afirmó: “En efecto yo encuentro que el nacimiento de un niño es una cosa maravillosa, un milagro natural que nosotros debemos aceptar. Sin embargo yo no me siento con el derecho de imponer mi posición ética (mi disposición pasional, mi convicción intelectual) a cualquiera que sea. Hay, yo creo, momentos terribles de los cuales nosotros no sabemos casi nada (es por ello que yo no haré ni tipología ni casuística) donde una mujer está en derecho de tomar una decisión autónoma concerniente a su cuerpo, sus sentimientos y su futuro.”[3]

¿Cuando comienza la vida humana? Para Umberto Eco “todo el mundo considera como un ser humano el recién nacido todavía unido a son cordón umbilical. ¿Hasta dónde se puede remontar hacia atrás?” Una respuesta nos volvería a la discusión precedente sobre la evolución del embrión. Por otra parte, para la iglesia, la vida comienza “desde la concepción, en efecto, nace un ser nuevo. Nuevo significa diferente de los dos elementos que, uniéndose, lo han formado.”[4]

Sabemos que la historia de las relaciones entre la ciencia y la religión desde Galileo hacia adelante ha conmocionado numerosos contenidos de las creencias religiosas pero ello no ha eliminado la espiritualidad de su mensaje y el respeto que ello nos merece. El problema si es preocupante si una confesión religiosa tiende a imponer a los no creyentes o a los creyentes de otra fe un comportamiento regido por sus normas propias (ejemplo prohibición del divorcio o el aborto). Según Eco “El punto de vista religioso consiste siempre en proponer un modo de vida considerado óptimo, mientras que del punto de vista laico se considera como óptimo todo modo de vida teniendo el efecto de la libre elección, a condición que esta elección no excluya el del otro.” [5]

A modo de conclusión, el hacer sociedad y poder vivir juntos supone que yo no puedo imponer mis convicciones privadas o religiosas a otros que piensan distinto que las mías. Por cierto yo espero la reciprocidad de quienes tienen convicción distinta toda vez que ellos pueden vivir de acuerdo a sus propias convicciones: sin divorcio, sin aborto o matrimonio homosexual. Principio básico de lo que podríamos llamar un Estado Laico tolerante. Nos parece que este es el verdadero trasfondo de la discusión del actual proyecto de aborto en Chile.

[1] Mary Warnock “Guía ética para personas inteligentes” pag 65 Fondo de Cultura Ecomica 2002

[2] Ob.cit pag 67

[3] Intercambio epistolar entreUmberto Eco y Carlo Maria Martin “Croire en quoi? Pag 31 Ed Payot. Paris 2015.

[4] Carlo Maria Martin obispo de Milan Ibid pag 44

[5] Ob.cit pag 51

 
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