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Derechos Humanos en Chile. Por Carmen Gloria Arancibia

No recuerdo exactamente, si fue a finales del año 1970, o a comienzos del 71; pero sí que me llega claramente a la memoria, y es que era un hermoso día de verano, en el que el sol resplandecía, con toda su fuerza en la ciudad de Santiago, época en que los niños de las poblaciones pobres pueden jugar, “chutear” la pelota, y claro....es allí donde han nacido los mejores futbolistas chilenos, han emergido del pueblo, de la pobreza, único deporte al alcance de las capas pobres, por ser gratuito, la natación y otros más son correspondientes a las capas medias altas por la posibilidad que tienen de financiarlas.

Fue en aquel entonces, en una población del sector norte de Santiago, donde habitan los pobres, lugar al cual me invitaron a almorzar dos amigos y compañeros socialistas, a casa de Bernardo Lejderman de nacionalidad argentina, de 30 años de edad, profesor, músico y con sus estudios de derecho pero sin poder titularse por haber sido perseguido en la época dictatorial de Juan Carlos Onganía (1966 – 1970), y tuvo que emigrar a México donde conoció a su esposa María del Rosario Ávalos Castañeda, de nacionalidad mexicana, 24 años de edad, socióloga. Ellos estando establecidos en México, decidieron viajar a Chile, para cooperar en lo que se pudiera con el Gobierno de la Unidad Popular, presidido por Salvador Allende, elegido democráticamente por el pueblo chileno. Cabe también explicar, que mis dos amigos, Arturo y Sergio, eran abogados que apoyaron en todo lo que les fue posible, para que Bernardo y su esposa pudieran radicarse en Chile, sin dificultades.

El hecho de que ambos vivieran en una población, junto con los pobres me conmovió, era un deseo de que yo más de una vez también quise realizar. Era una casita Corvi de madera, con adornos del intelectual de izquierda, Frida Kahlo y por supuesto el “Che” y muchos otros carteles y cuadros más.

Fue solo un día, pero suficiente para haber establecido una relación de mucho afecto, aprecio, empatía y solidaridad.

Transcurrió el tiempo, no tuve más contacto con ellos, pero sí me enteré de que se habían mudado al Norte.

Más tarde debido a la ignominia de las Fuerzas Armadas en Chile, motivo por el cual perdí contacto con ellos, y no supe más de sus vidas, hasta que un día, en los años 90, estando de visita en Chile, me relataron el hecho horroroso, de como habían asesinado al matrimonio Lejderman y Ávalos, y esto ocurrió así:

Bernardo y Rosario se habían mudado a Vicuña, a unos 400 km de Santiago, Bernardo pudo conseguir un trabajo, asesorando al gobernador de la región, un dirigente de la Izquierda Cristiana, que fue también asesinado en septiembre de 1973.

Dado al peligro, ya que era una región donde todos se conocían, y en la cual no hubo una resistencia al Golpe de Estado.

Compañeros del Partido Socialista, llevaron al matrimonio, con su hijito de dos años y medio, Ernestito, a Gualliguayca, a una estación de tren abandonada de las afueras de Vicuña.

Más tarde conocieron a un campesino, Luis Ramírez, que les escondió en una de las cuevas, sobrevivieron con las ayudas que les mandaba la militancia socialista. Un taxista que resultó trabajar junto con la policia, los denunció al Regimiento “Arica”, unos de los más violentos del pinochetismo, comandado por el General Ariosto Lapostol. La Dictadura detuvo a Luis, que fue secuestrado y torturado, por dos años y medios, y que entonces se le obligó, a que informara, donde estaba el matrimonio Lejderman y su hijito.

El 8 de diciembre de 1973, un comando del Ejército, con más de 20 hombres, llegó de repente, al lugar donde se encontraba el matrimonio y su hijito, y empezó a disparar hasta acribillar a Rosario, la que alcanzó a esconder a Ernesto trás una roca. Bernardo volvió a la cueva desesperado al escuchar los disparos, lo persiguieron durante dos horas hasta quitarle la vida.

Tiempo después el teniente en ese entonces, Emilio Cheyre que trabajaba junto con Ariosto Lapostol, llevó a Ernesto a Casa de la Providencia, que eran religiosas, para que lo criaran. Trás una gran búsqueda la abuela paterna que residía en Buenos Aires, logró encontrar al niño y pudo llevarlo a su hogar.

Para protegerlo sus abuelos le contaron que sus padres habían muerto en un accidente automovilístico.

Pero un día, cuando Ernesto tenía alrededor de 15 años, encontró unos recortes de los periódicos, donde relataban el asesinato de sus padres. Por este hecho posteriormente empezó una investigación del caso.

En resolución 397, el 10 de abril de 1974, el Director Zonal del Ministerio de Salud Pública, el que autorizó la exhumación de los restos de María Ávalos, y dió como causa de su muerte, el “estallido de dinamita”, como presunto suicidio con explosivos, dando a conocer, que se habían autoeliminado.

Este fue el vergonzoso fallo de La Suprema.

Después de 10 años, se prescribió el delito, y se señala como causa de la muerte, que fueron asesinados por los militares.

En éste se declara que las víctimas, fueron ametralladas por la espalda, hecho que demuestra el no haberse utilizado explosivos para suicidarse.

En el año 2000 el caso se abrió, gracias a una querella que Ernesto Lejderman, interpuso contra Pinochet y otros seis oficiales del Ejército, por el delito de homicidio, asociación ilícita genocida e inhumación ilegal.

El 26 de mayo del 2009, La Segunda Sala de la Corte Suprema, dictó sentencia definitiva, a los hechores del crimen de Lesa Humanidad, perpetrados el 8 de diciembre del 1973 al matrimonio Lejderman Ávalos.

Fernando Polanco Gallardo, capitán del ejército, el que ejecutó el tiro, por la espalda a las víctimas.

En una Primera Instancia condenado a diez años de presidio, siendo posteriormente rebajados a cinco años y un día, sin beneficios. Luis Fernández Monjes, en Primera Instancia diez años y un día, siendo rebajados posteriormente, a cinco años y un día de presidio, sin beneficios.

Héctor Vallejos Birtiola, en Primera Instancia diez años y un día, sin beneficios. Siendo también rebajados a cinco años y un día, sin beneficios.

Ariosto Lapostol Orrego, absuelto por falta de participación.

A raíz de que el crimen lo cometió el Estado, es un crimen de Lesa Humanidad. En una Primera Instancia fue un fallo vergonzoso de La Suprema al presumir un suicidio. El delito se prescribe después de diez años dando conocer que fue un asesinato del Estado. Ahora bien, me avoco, particularmente al caso Emilio Cheyre (el cara dura, como se le llamaba), y que también se habló de que era un hombre “cultivado”, dado a sus estudios en España y como también en Chile.

En agosto del año 2013, a consecuencia de los 40 años del Golpe Militar, en un programa de televisión en Santiago llamado “Cara a Cara”, se encontraron Ernesto Lejderman y Emilio Cheyre.

En esta entrevista Emilio Cheyre, primero declaró no haber tenido conocimientos del caso, y que en esa época, el era muy joven, y solo tenía 25 años de edad. Primero de que no estaba enterado de los crímenes cometidos en diciembre del año 73, me parece una gran mentira, ya que en esa época los delitos cometidos por la Caravana de la Muerte, cuyo autor intelectual fue el General Arellano Stark, conociéndolos todo el Ejército, e incluso los ciudadanos chilenos.

Segundo, que el era muy joven y solo tenía 25 años, pues yo estando en enero de este año (2015) en la casa Londres 38, allí pude ver delante de la casa en el pavimento, una placa de un joven ejecutado, que tenía solo 16 años y otros más de 19, 22, 24 y 25 años, y muchos más. Me pregunto, si el señor Cheyre se consideraba tan joven, por ende inocente, entonces ¿por qué las Fuerzas Armadas, junto con el Servicio de Inteligencia, la DINA, masacraron y extermionaron a jóvenes, que soñaban con una sociedad más justa? ¿Acaso por pensar diferente no eran inocentes?

Y como “broche de oro”, al señor Cheyre en el año 2013, se le nombró Presidente de SERVEL, función a la que renunció después de la entrevista “Cara a Cara”, con Ernesto. Pero sigue siendo miembro del Consejo de Directores de SERVEL. SERVEL, es la máxima autoridad administrativa, en la materia electoral, en la República de Chile, es autónoma, y está relacionada, con la Presidenta de la República por medio del Ministerio del Interior.

Por lo tanto el señor Cheyre ha podido percibir una remuneración, bastante considerable, además de otras granjerías obtenidas a lo largo de la Dictadura y Democracia. Ernesto Lejderman, que ha arrastrado un dolor y una problemática, desde que era niño, con la carencia maternal y paternal, y que solo pudo recibir por cinco años una reparación de horfandad, bajísima, o mejor dicho mínima, la que no le permitía autofinanciarse.

A propósito de un ¡No! al olvido, habría que trabajar, el caso más relevante, que fue el de Augusto Pinochet, General inculto, ordinario, sanguinario, traidor y de una ambición inconmensurable, que murió tranquilo en su casa, con más de 90 años, millonario, impune, y sin ninguna mala conciencia de los crímenes cometidos.

Pero lo más indignante, y no tiene perdón, es el hecho de que el 16 de octubre de 1998 por medio de una orden de detención internacional a Pinochet, estando éste residiendo en Londres, cursada por el juez Baltasar Garzón de España, somentiendo a Pinochet a un arresto domiciliario, con los cargos de 94 denuncias de torturas de ciudadanos españoles y el asesinato en 1975 del diplomático español Carmelo Soria.

Pero el Gobierno de la Concertación, en esta fecha, presidido por Eduardo Frei Ruiz Tagle, miembro del Partido Demócrata Cristiano, no le dió curso a la detención, ni concedió la extradición a España. Y aún lo más condenable fue que en ese gobierno, eran parte de éste, dos ministros socialistas, Jorge Arrate de Educación, y José Miguel Insulza, Ministro de Relaciones Exteriores, los cuales no interfirieron en nada para procesar a Pinochet en Londres.

Afortunadamente y para que no sea un caso tan vergonzante para los chilenos no pinochetistas, viajaron a Londres para apoyar la decisión de Garzón los compañeros, Isabel Allende, hija de Salvador Allende, Letelier, hijo de Orlando Letelier, el abogado Juan Bustos, Fanny Pollarolo. Más el apoyo de Amnistía Internacional, y la Fundación Médica, para la atención de las víctimas de la tortura elevando una petición de procesar a Pinochet. Junto a Pinochet estaba Margaret Thatcher, desde los Estados Unidos el Presidente Bush, y por supuesto todos sus seguidores.

La Concertacíon argumentó, Pinochet será procesado en Chile, hecho que no ocurrió por haberse diagnosticado estado demencial.

Actualmente Ernesto trabaja en Buenos Aires en Derechos Humanos, en el Ministerio de Justicia con un proyecto de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y en un comedor para niños pobres.

Hace cinco o seis años pasados, con motivo de un escrito de mis memorias, tuve la oportunidad de conocer a Ernesto, en un barrio de la Estación Central en Santiago, donde lo entrevisté, en aras de dar a conocer su caso y poder apoyarlo, no solamente, para una indemnización material que era justa, sino un apoyo moral a su tragedia. Quedé fascinada con su solidez y su deseo de luchar por la justicia en el mundo, no solo por su situación, sino por la de muchas víctimas más.

El caso de Ernesto, se encuentra en el Museo de la Memoria, sección donde aparecen los niños, víctimas de la Dictadura.

Este artículo lo he escrito con la intención de que se siga trabajando con los Derechos Humanos y con un ¡No! al olvido, para que no se vuelvan a repetir hechos tan trágicos e inhumanos, que normalmente dañan a una sociedad.

Como también una revisión, al “perdonazo”, a hechos que han quedado impunes, y al olvido de la desaparición de compañeros anónimos, que normalmente pertenecían a las capas pobres, también así la tramitación y muchas veces la pérdida de la memoria a lo que ocurre con los familiares de los desaparecidos, que no solo han vivido el dolor de la pérdida de sus seres queridos, sino que muchos quedaron a la deriva de una sociedad, donde el consumo y el capital, juegan un papel preponderante.

Y los ideales aprendidos por los trabajadores, pobladores en el Gobierno de la Unidad Popular, con una esperanza, a construir una sociedad justa, sin las grandes desigualdades que Chile siempre ha tenido.

Además pienso en la política contingente, en este momento en Chile, donde se ha producido una descomposición, donde la ética y los valores han pasado a segundo plano. Pero no así al dinero y al poder, elementos que a mi parecer son una herencia de la Dictadura al no haber honestamente reflexionado y trabajado su inmoralidad y pérdida de los conceptos de que es la humanidad y democracia.

26 de abril 2015

Carmen Gloria Arancibia Notari, chilena, miembro del Partido Socialista de Chile, docente y residente en Fráncfort, Alemania.

 
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