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El discurso de la seguridad y la construcción del miedo. Por Rodrigo Escobar San Martín

Violencia y seguridad han marcado la agenda política en estas semanas. Junto con ello, se han levantado bastantes relatos desde la arena política, como también de la ciudadanía en donde se interpela al gobierno a que se haga cargo de la situación que acontece en el país. Más ello llama la atención: el discurso de la presidenta Bachelet en cuanto a la delincuencia es claro, será escuchado “el mandato popular” y el gobierno colocará énfasis en este asunto. Hay algunos elementos inquietantes sobre este hecho noticioso. ¿Es Chile un país inseguro? Al parecer la delincuencia hoy en día se encuentra desbordada y el gobierno, la policía y los jueces son incapaces de hacerse cargo del problema. En este sentido, preguntarse por el “problema” amerita una reflexión que socava las bases de la tesis de seguridad y derechos civiles en Chile.

La delincuencia, ¿es un hecho real o un fenómeno de percepción social? Si acaso fuere lo segundo –tesis que asumo-, entraríamos en la arena de una construcción ficticia de un hecho que no es tal. Con esto por ningún motivo se pretende negar la existencia de la delincuencia, pero una cosa muy distinta es llamarlo un fenómeno que se encuentra enraizado en nuestra realidad social, en otras palabras, el famoso “pan de cada día”. Veamos los datos. Las cifras en cuanto al supuesto peak de la delincuencia se basan principalmente en la percepción que tiene la ciudadanía frente a este problema. Así lo demuestra la última encuesta CEP: un 46% de la población estima que la delincuencia es el principal problema que aqueja al país. En tanto que el sondeo hecho por ADIMARK plantea que el 89% desaprueba la forma en que el gobierno ha abordado este problema.

A esto se ha sumado los cacerolazos surgidos en Las Condes y Lo Barnechea para decir basta, hechos que se han viralizado hacia otras ciudades. También debemos recordar los casos mediáticos de robo que han afectado a figuras deportivas y políticas. Por todo aquello, no cabe duda que la delincuencia es uno de los temas centrales que preocupan a los chilenos. Sin embargo, ¿efectivamente ha aumentado la delincuencia? O bien ¿ha aumentado la percepción de inseguridad?

En este caso las conclusiones de las dos grandes encuestas que miden la victimización son esclarecedoras. La encuesta nacional urbana de seguridad ciudadanía (ENUSC) nos dice que del año 2003 al 2014 las cifras han ido a la baja, vale decir, la victimización cayó. Por otra parte, la encuesta de paz ciudadana nos dice que en el mismo periodo de tiempo las cifras se han mantenido relativamente estables. En cambio, estas mismas encuestas miden la percepción de aquellas víctimas de la delincuencia en nuestro país, y al respecto ambas plantean que los datos van en alza, dejando en claro que la ciudadanía percibe un potencial peligro frente a la delincuencia. Con estos elementos podemos decir lo siguiente: la victimización frente a la delincuencia, es decir, aquellos que han sido víctimas de delitos ven efectivamente que no han sufrido más delitos; sin embargo, estas mismas personas perciben un peligro constante frente al delito, por lo tanto, podemos decir que el alza de la percepción encuentra su nicho en el temor. La fragilidad que percibe la ciudadanía estriba no en el acto consumado sino en la psiquis colectiva en torno al delito. En consecuencia, en este caso en particular, la realidad no va de la mano con la percepción.

Estas mismas encuestas muestran datos específicos sobre distintos delitos y sus cifras son elocuentes: el resultado da que el delito en Chile, en gran medida, va a la baja. En consecuencia, ¿Cuál es el factor que incide en la percepción?. Respecto a ello existen bastantes estudios que demuestran que en un mundo altamente conectado los canales de información (medios de comunicación, sitios web y redes sociales, entre otros) ayudan a generar una construcción psíquica de la realidad. La vinculación con estas vías de información refuerzan mucho cómo vemos y entendemos la realidad a nuestro alrededor.

Nuestras sociedades son eminentemente visuales, entonces, la construcción de ciertos fenómenos ayudan a percibir, a comprender y a mirar de una manera específica nuestra realidad. En este caso, la televisión cumple un rol preponderante. El filósofo español Santiago Alba Rico expresa que la televisión es “un sistema de construcción de la mirada, un espectáculo que fabrica y reproduce al espectador”. Cotidianamente vemos el vínculo inherente y familiar de una galería de imágenes que las hacemos nuestras, lo importante de esta premisa recae en el sentido que adquiere “la relación”: ¿cómo me informo? y ¿cómo me relaciono con mi entorno?. Las redes sociales, internet y los medios de comunicación tienen incidencia directa en la construcción de la realidad.

He ahí lo alarmante, las imágenes que consumimos guardan una cierta analogía con nuestra proximidad: “Quizás a mí no me ha pasado nada, quizás mi entorno sea privilegiado, pero el país está mal. ¿Por qué el país está mal?. Porque los medios de comunicación así lo muestran”. Las redes sociales también juegan un rol importante en aquello, pues su principal problema es la falta de filtro: “el centro de Santiago es peligroso, ¿por qué?, ¿acaso te han asaltado? Por suerte no, pero he visto fotos y mensajes en las redes sociales sobre los robos que allí ocurren”. Estos ejemplos ilustran que el robo en el centro, un hecho particular y mínimo, es llevado a la exageración absoluta planteando que el centro de Santiago es cuna del delito y se corre peligro al transitar por ese lugar. Las asociaciones que las personas van construyendo con el espacio permean a su vez en cierta condición psíquica con dicho lugar. Resaltar un hecho particular puede de esta manera generar un fenómeno global. Por tal motivo, el gran problema de internet es la pasividad irreflexiva frente a la información, en otras palabras, la falta de filtro por parte de las personas, y al mismo tiempo creer en absolutamente todo lo que se dice y aparece en la web, sobre todo en las redes sociales.

No quiero sonar pesimista, los medios de comunicación, internet y las redes sociales son medios de información virtuosos, tanto por su accesibilidad y alcance; pero no seamos inocentes, sin autonomía, sin una toma de distancia frente a la información y sin criterio que me permita discernir, no podemos emitir juicios fundados frente a la gran cantidad de información que constantemente se nos está presentando. El problema radica en que mucha de esta información se basa en supuestos, sus fuentes no son precisas, o simplemente se desconoce la fuente de origen (por lo que vi por ahí yo creo…, me dijeron…, a un amigo de mi amigo le pasó o le contaron tal cosa…, etc.).

Lamentablemente, los estudios de percepción selectiva son indicadores tajantes al respecto. El lenguaje verbal y no verbal descansa en ciertos signos y símbolos que dan sentido a quien los ve. Resaltar lo negativo y consumir principalmente noticias o hechos negativos construye una cierta percepción de la realidad que, a nivel masivo, genera interrelaciones basadas en estas percepciones que van tejiendo una gran red de emociones e ideas. Los estudios demuestran que las tragedias, catástrofes y noticias de índole negativa son las que mayormente recuerdan las personas y las que más consume nuestra sociedad; por otra parte, los medios de comunicación resaltan con especial énfasis este tipo de noticias. Este círculo “vicioso-virtuoso” reproduce los mayores miedos del espectador que, no obstante, está dispuesto una y otra vez a consumir.

¿Por qué cree acaso que programas de televisión asociados a temas policiales son tan exitosos? ¿Qué tipo de sociedad es aquella que consume de manera tan álgida sus miedos? No es de extrañar que fenómenos como el temor al prójimo, a ese otro cuya creencia paranoica supone que me hará daño, genere cosas buenas: de día repudio su forma de vestir y hablar; de noche me aterra. Mientras va caminando solo por la noche y súbitamente aparece un desconocido ¿Acaso no se ha sentido intranquilo? o ¿acaso no ha sentido miedo?

Si el miedo es consumido, no es de extrañar que ese consumo se traduzca en una mayor compra de sistemas de seguridad y crezca la venta de armas. Pero no olvide una cosa importante, pedir mayor seguridad posibilita limitar las libertades civiles: es la ecuación de la vigilancia del dron, la detención por sospecha y el control arbitrario de identidad.

Aunque el peligro más grande de una sociedad que consume sus miedos sea, quizás, la legitimación de la violencia como un acto natural y válido de respuesta. Desde el linchamiento, pasando por la justificación de la represión, hasta exigir la salida de los militares a la calle han sido respuestas esgrimidas por algunos que “gritan” en las redes sociales acerca del “caos delictual que invade a nuestro país”. Estos, por ahora, pueden ser gritos irreflexivos, el problema será cuando empiecen a ser efectivamente escuchados.

 
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