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Francia es un justo campeón. Por José Lizana

Cuando faltaban treinta días para el Mundial, se me ocurrió decir que la magna cita del balompié planetario iba a estar más fome que chupar un clavo sin la “Roja” presente.

Afortunadamente, ese arranque de hinchismo estuvo desacertado porque el espectáculo deportivo embelesó completamente a los fanáticos de este deporte.

La perfomance de Cristiano Ronaldo ante España, con sus tres goles en el debut, avisó inmediatamente que se trataría de un campeonato dinámico y emocionante. Asimismo, el rutilante triunfo de México ante Alemania tuvo todos los ingredientes y por ahí se me salió en la tranquilidad de mi casa un: ¡Manso ni que golazo, pinche cabrón!

La impensada eliminación de Alemania a manos de Corea del Sur también estremeció a toda la fanaticada. Una “maldición” contra los campeones vigentes que se arrastra desde el Mundial de Sudáfrica 2010, cuando los italianos se fueron para la casa en primera ronda. Sin duda, el traspié de los teutones fue uno de los grandes fiascos de la competencia. El errático inicio de los equipos sudamericanos levantó la suspicacia de forofos criollos con eso del karma de las selecciones que se habían “confabulado” para eliminar a Chile. Finalmente, clasificaron a la otra ronda cuatro de los cinco participantes de este lado del mundo. Sin embargo, en las fases siguientes Colombia, Uruguay, Brasil y Argentina no tuvieron argumentos futbolísticos para contrarrestar a Inglaterra, Francia y Bélgica. Estos dos últimos combinados claramente modificaron los paradigmas del fútbol mundial y Sudamérica sucumbió ante propuestas que ofrecían sólidas tácticas defensivas y veloces transiciones. En este torneo, la eficacia de la posesión del balón dijo adiós.

El rendimiento del balompié sudamericano también refleja el actual estado de sus campeonatos. Las ligas de Argentina y Brasil hace rato que ya no son lo mismo, a pesar de que sus clubes siguen predominando en las copas Libertadores y Sudamericana. Ya hace dieciséis años que Brasil alzó la Copa del Mundo y las distancias parecen cada vez más siderales con las selecciones de Europa.

Más allá de la rivalidad histórica con los argentinos, dígame si no es una lástima verlos jugar sin alma y al pobre Messi tratando de hacerles el partido a sus técnicamente escuálidos compañeros. Para peor, Diego Armando Maradona, con sus excesos desde el palco, tampoco ayudó a quitarle presión al combinado albiceleste. Lamentablemente, el proceso de Jorge Sampaoli nunca gozó de buena salud. La clasificación ante Nigeria fue dramática y me recordó cuando en mi época de estudiante flojeaba todo el año y al último me ponía las pilas y pasaba raspando de curso. Los franceses no hicieron concesiones de ningún tipo en el duelo de la segunda ronda y la enorme figura de Mbappé los terminó por sepultar.

El duelo entre Francia y Bélgica en semifinales fue parejo y de alto vuelo ofensivo, donde la balanza se desequilibró a favor del más regular y efectivo. En esas instancias los errores y la falta de puntería se pagan muy caros. A lo largo del torneo, los galos siempre ofrecieron solidez defensiva y contundencia. Mi candidato eran los “Diablos Rojos” y en mi equipo del barrio me encantaría tener a Courtois, Hazard, Lukaku y De Bruyne. El bronce fue un premio a su fútbol propositivo y de ataque.

El cotejo de la otra llave de semifinales entre Croacia e Inglaterra tuvo dos tiempos muy marcados, con un posicionamiento ofensivo claramente establecido por los ingleses. La temprana apertura de la cuenta a favor de los británicos, mediante un tiro libro perfecto de Trippier a los cinco minutos, sorprendió a todos. Sin embargo, la remontada de los croatas fue feroz con el empate a los 68’ de Ivan Perisic y con el batacazo de Mario Mandzukic a los 109’, para instalar a los Vatreni por primera vez en una final del mundo.

Convengamos que el juego de los croatas no era el más vistoso del torneo, pero forjaron su campaña a puro ñeque y eso el hincha lo agradece y lo aplaude. En la final le dieron pelea al favorito, al “Muhammad Alí” de la competencia, el que se dejaba golpear en los primeros rounds pero después demolía a sus contrincantes. Una estrategia que tenía como pilares al portero Hugo Lloris -su error en el 4 a 2 quizás lo privó del premio al mejor arquero del campeonato- a los defensas Raphael Varane, Samuel Umtiti y Lucas Hernández, a los medios Antoine Griezzmann, Paul Pogba y N’Golo Kanté y en delantera a la nueva joya del fútbol mundial Kylian Mbappé., cuya presentación en octavos de final contra Argentina (4-3) ya había impresionado al mundo del fútbol. Con su esprint salvaje (32,4 kmh) que provocó el penal que anotó Griezmann y su doblete ante los transandinos, el delantero del PSG se robó el show de Lionel Messi, nada menos.

Francia es un justo campeón, pese a que me preguntaban si alguna vez existió un injusto campeón. No lo sé. Quizás alguna vez lo hubo, pero antes del VAR.

 
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