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En este numero:

- Chile: cuentas alegres. Por Ángel Saldomando
- Insunza, el gobierno y el "compromiso" con la causa del agua. Por Cesar Correa, Rodrigo Mundaca y Rodrigo Faúndez
- Felipe Sandoval, ex brazo derecho de Ricardo Lagos en subpesca y otros cuatro ex subsecretarios de pesca, son denunciados al Ministerio Público por pesca ilegal y corrupción. por Pablo Fernando González

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Ideológico, virulento y cínico: el discurso de Axel Kaiser. Por Alex Ibarra

No pretendía hablar más de Axel Kaiser debido a su escasa y evidente inconsistencia teórica en torno a las serias tesis liberales. Dicho juicio no es sólo personal, coloco un ejemplo. Una estudiante de una universidad chilena bien privada y lucrativa (lucra-activa), de esas que explícitamente están a favor del neoliberalismo, me decía -en torno a otra columna que escribí y que pretendía polemizar con Kaiser- que mi actitud había sido cruel y cómoda al replicar a una persona carente de inteligencia. Seguramente la estudiante fundaba su opinión en la liviandad teórica del aludido, creo que tenía razón. Una muestra de estupidez ideológica se puede advertir en la columna de opinión titulada “El virus populista”.

No me interesa el fenómeno publicitario de Kaiser, me interesa –por suerte junto con otros ciudadanos- el tema constituyente. Kaiser ha usado la metáfora del virus en torno al interés creciente de los medios por el proceso constituyente poniendo algunos tintes alarmistas. Su temor central es que una nueva constitucionalidad podría favorecer la gratuidad, ya sabemos que este “doctor” del saber es un apologista de la desigualdad. El motivo que defiende Kaiser claramente es parte del credo neoliberal que profesa que hay que pagarlo todo, lo cual es parte del intento de una derecha cínica e inhumana. Esta nefasta ideología política en su versión más criolla es la que pretende hacernos creer que los derechos básicos son preocupación exclusiva del discurso ideológico de la izquierda, entendiendo a ésta, por cierto, como un proyecto fracasado después de la caída del muro. ¿Podríamos preguntarnos por qué la derecha más dura tiene temor a comprender con seriedad el liberalismo político? Claramente, la razón es por que ésta es la beneficiaria directa de los pagos que hacemos, ya sea por: la tenencia de la propiedad, por las colusiones y/o por la escandalosa coima que recibe. Dicha práctica de la derecha ha sido el virus de corrupción en la desacreditada institución política por estos días.

Sin duda esta persistencia de la derecha en desmedro de la democracia es parte de una estrategia ideológica motivada por el interés en seguir ganando dinero de cualquier manera, entiéndase legítima o ilegítimamente. Nuestra Constitución neoliberal permite aquello. Una muestra evidente hemos podido ver en estos días a partir del rechazo del Tribunal Constitucional que se ha opuesto al proyecto de gratuidad de la educación que impulsaba el gobierno forzado por las manifestaciones estudiantiles de hace algunos años atrás. Cómo sabemos dicho proyecto de gratuidad no significaba educación gratuita para todos, pero sin embargo era un proyecto que beneficiaria a algunos estudiantes pobres, aunque insisto no a todos los estudiantes pobres, por lo tanto la reforma era una seudogratuidad. La derecha encontró una vez más, amparo en el Tribunal Constitucional. Este organismo en varias ocasiones se ha opuesto a reformas importantes que favorecen nuestro desarrollo democrático, de ahí que podríamos preguntar qué sentido tiene la existencia de dicho tribunal. Un proceso constituyente abre la posibilidad para evaluar y tomar medidas sobre la necesidad de dicho tribunal, que en ocasiones veta los acuerdos, difíciles entre los parlamentarios dado el binominalismo político (otro mal constitucional) o dado el voto de los senadores que no han sido elegidos democráticamente por el pueblo. Dada estas razones es que en muchas oportunidades la sociedad chilena pierde sus demandas. Una nueva Constitución favorecería, por ejemplo la eliminación de estos obstáculos democráticos que perjudican una mejor convivencia.

El virus constituyente que acusa Kaiser y del cual nos quiere sanar como un “doctor” que viene a curar y a sanar, ojalá no traiga consigo la pretensión de poder exigirnos pago de honorarios, sabemos como se niega este derecho básico desde la ideología neoliberal que impregna nuestro orden constitucional, si usted no paga es un infractor al modelo, si se endeuda y no paga ya sabe del tipo de persecuciones del que puede ser objeto. Pero no caigamos en paranoias sospecho que este “doctor” ya cobra por intentar sanarnos, aunque seguramente piensa que tiene el derecho a cobrar más. Podemos ver que el discurso antiviral de Kaiser es virulento, pero no es el peor mal en el que cae. Lo indignante es que es un discurso cínico, no es raro de que la mayor tribuna de este publicista del neoliberalismo sea El Mercurio, no olvidemos la moraleja histórica que dada por el famoso lienzo colgado por estudiantes universitarios en épocas de la dictadura, para los que no lo recuerdan, lo reitero: El Mercurio miente. Pero, habría que aclarar que dicha mentira no es desde la ignorancia sino que de una sostenida estrategia ideológica.

Aunque parezca un hecho histórico pasado la dictadura la tenemos en el espíritu de la Constitución. No sólo hay razones de justicia, economía o ideología, también hay razones políticas para llevar a cabo el cambio constitucional. ¡Por favor seamos gente seria! De ahí que el proceso constituyente sea una cuestión necesaria en nuestra maduración democrática. El cacareo alarmista con lo constituyente no es más que el discurso de una ideología inhumana.

Este tipo de debate es absolutamente necesario para pensar en la nueva Constitución que algunos quieren retrasar, pero es más radical iniciar un acto mucho más urgente, aquello que ya viene siendo un rumor, me refiero a la destitución de la Constitución actual. El proceso de una nueva Constitución requiere de un proceso más largo, pero la destitución de la actual es más urgente y esto dado por el hecho no sólo de que es ilegitima sino que también por que ya no sirve, de esto modo las legitimas demandas sociales no podrían ser criminalizadas. Hay que destituir la defensa del mercado.

El proceso constituyente que se viene dando es una posibilidad histórica a favor de un proceso de transformación democrática, por esta razón no es una cuestión que debamos dejar sólo en manos de los políticos, somos los ciudadanos los que llevaremos a cabo un proceso constitucional democrático. No caigamos ante los discursos virulentos y cínicos de los medios de comunicación orquestados al son del mercado. Tenemos que reivindicar nuestra cultura democrática, esa que defienden los mapuches, los estudiantes, las mujeres, los grupos indignados. No dejemos el asunto constituyente en manos de los publicistas, tenemos la responsabilidad de actuar como ciudadanos.

Alex Ibarra Peña.
Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada.

 
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