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En este numero:

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- Carta abierta a periodistas, editores/as y directores/as de canales de la televisión chilena
- Discurso de Sergio Campos al recibir el Premio Nacional de Periodismo 2011

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Informe RedLat-Fundación CENDA sobre trabajo decente en Chile.

CHILE BAJAS REMUNERACIONES, ENDEUDAMIENTO Y EMPOBRECIMIENTO EN LA VEJEZ.

Se acaba de lanzar el informe REDLAT-Fundación CENDA, correspondiente al año 2015, que buscó analizar la evolución del trabajo decente en Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México y Uruguay en los últimos años. Según la OIT, trabajo decente es un trabajo productivo adecuadamente remunerado, ejercido en condiciones de libertad, equidad y seguridad, sin ninguna forma de discriminación, y que asegure a trabajadores y trabajadoras condiciones dignas de vida. A partir de los indicadores analizados se pudo establecer que en Chile las remuneraciones percibidas por los trabajadores son bajas, muchos de ellos tienen grandes dificultades para llegar a fin de mes y se ven obligados a endeudarse. El caso de las personas en edad de jubilar es preocupante, muchos de ellos optan por seguir trabajando porque la pensión entregada por las AFP son muy bajas. En este sentido, la creación de una AFP estatal no viene a solucionar el problema porque lo que se requiere es un cambio del modelo de pensiones que asegure condiciones dignas de vida a los trabajadores en su vejez.

Según la investigación, Chile cuenta con el PIB per cápita más alto de América Latina, pero también es uno de los países más desiguales del mundo. El PNUD ubica a Chile entre los 15 países más desiguales del mundo, registrando 0,53 en el índice de Gini. De acuerdo con la CEPAL, Chile posee un PIB per cápita de US$14.806, lo que equivaldría a nivel internacional a US$21.580, según el Banco Mundial. Estas cifras son interesantes porque si nuestro país fuese un país más igualitario en la distribución de la riqueza que los trabajadores contribuyen a producir, cada trabajador/a debiera recibir aproximadamente US14.806 de remuneración, lo que claramente no es así.

En este contexto, un pilar del modelo de desarrollo chileno ha sido la masificación del consumo en base al incremento de la deuda privada. Según cifras de la Encuesta Financiera de Hogares del Banco Central de Chile para 2013, la carga financiera de los hogares fue un 36% de sus ingresos, aunque con diferencias significativas entre los distintos estratos socioeconómicos. Uno de los elementos que han incidido en este fuerte incremento del endeudamiento personal de los sectores con menores ingresos es el bajo monto de las remuneraciones. Es así como los hogares con ingresos inferiores a $312.052 destina, en promedio, un 45% de sus ingresos mensuales a pagar deudas de consumo en casas comerciales y supermercados, créditos hipotecarios y crédito educacional para costear estudios del ciclio obligatorio. Mientras tanto, los hogares con un ingreso igual o superior a $2.170.951, destinan un 25% de sus ingresos a pagar créditos hipotecarios por segunda vivienda, crédito automotriz y pago de créditos educacionales para estudios de postgrado.

La desigualdad en las remuneraciones de los trabajadores parece estar directamente relacionada con el tipo de jornada (completa o parcial) que realice. Así, mientras casi el 60% de los trabajadores con jornada completa se concentra en el tramo salarial entre $210.000 y $630.000, en el caso de los trabajadores con jornada parcial (hasta 30 horas semanales), más del 55% se ubica en los tramos inferiores a $315.000. Incluso más, casi el 30% de ellos no alcanza a recibir un ingreso de un sueldo mínimo. Mientras que un 7,1% de la poblacón recibió como remuneración una cifra igual o inferior al sueldo minimo. Esto quiere decir que cerca del 70% de la población en Chile no alcanza a satisfacer sus necesidades básicas con lo que percibe a fin de mes. Este punto es relevante ya que la vida de los trabajadores se encarece y precariza aún más, si consideramos que éstos se ven obligados a pagar por el acceso a educación, salud, trabajo, vivienda, entre otros que debieran ser garantizados por el Estado como derechos sociales.

El alto endeudamiento de jóvenes y adultos mayores llama la atención, en el caso de estos últimos se debe a las bajas pensiones recibidas lo que los obliga a seguir trabajando. En Chile la edad de retiro para los hombres es de 65 años, aunque, según datos de la OCDE (2013), la edad real alcanza los 69,4 años. En el caso de las mujeres la edad legal de jubilación es 60 años, aunque la edad real es 70,4 años. Si calculamos las pensiones entregadas por las AFP, en base a los datos de la superintendencia de pensiones(2015), por vejez-edad las mujeres reciben una pensión promedio de $113.606 (aproximadamente 159 US) y los hombres un total de $173.207(aproximadamente 242,49 US). Mujeres y hombres perciben sólo entre un 30% y un 40% de la remuneración que percibían antes de jubilar.

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Fuente: Datos Fundación SOL datos SAFP, Junio de 2015, publicados el 17/07/2015.

En Chile es urgente transformar el actual sistema de pensiones, porque: colabora con la concentración de la riqueza y la desigualdad de los ingresos; las pensiones calculadas en el actual esquema son muy bajas y no guardan relación con las últimas remuneraciones; las pensiones decrecen dependiendo de la esperanza de vida; están sujetas a la volatilidad de los mercados financieros y discriminan a las mujeres, entre otros efectos. Es necesario reemplazar el actual modelo de capitalización individual por uno más justo, no discriminatorio y que permita a los trabajadores tener la certeza que en su vejez no vivirán sumidos en la pobreza.

Desde la década de los `90 el Estado ha mostrado gran preocupación por el progreso en general, colocando especial interés, por un lado, en el fomento del empleo, pero no necesariamente en la calidad y condiciones de trabajo. Y, por otro, en la focalización de las políticas públicas en la población más vulnerable, que no es más que la forma de compensar las injusticias provocadas por el mercado. Militza Meneses, coordinadora del Observatorio Laboral de CENDA, señala que debiera avanzarse en la construcción de indicadores que permitan tomar decisiones acertadas en torno al desarrollo económico-social y la elaboración e implementación de políticas públicas, sociales, económicas y culturales que velen por la protección al trabajo, seguridad social, la vivienda, la salud, la educación entre otras.

Agrega que el actual escenario laboral requiere cambios profundos que tengan como objetivo la tranformación del actual modelo económico y de los pilares que lo sostienen desde la década de los 70s. Trabajadores y Estado tienen la tarea de fortalecer la organización sindical en busca de justicia social e igualdad de derechos sociales y económicos. En este sentido, el proceso de negociación colectiva es un mecanismo que puede aportar a una justa distribución del ingreso. Por lo mismo, la investigadora no duda en calificar de decepcionante el resultado final de la reforma a la ley laboral. El actual escenario, también, plantea al movimiento sindical dificultades y desafíos en tanto, el modelo de relaciones laborales a través de la tercerización y suministro de trabajadores, ha profundizado las condiciones de inestabilidad, precarización y empobrecimiento de los trabajadores y sus familias. En este contexto, los derechos sociales y laborales se han visto amenazados producto de la segmentación de la fuerza de trabajo. En este sentido, es preciso recuperar el valor de lo colectivo, en una sociedad donde lo individual ha colmado los espacios.

Link investigación:
http://www.redlat.net/site/blog/tra...

 
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