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En este numero:

- Sitios de Memoria rechazan las declaraciones del comandante en Jefe del Ejército y exigen sus disculpas públicas
- Declaranos ilegal la pobreza
- Financiamiento para el Desarrollo ¿La ONU privatiza el desarrollo?Por Miguel Santibañez, Katiuska King, Ana Tallada y Óscar Ugarteche

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Inmobiliaria pretende arrasar el último bosque que le queda a Santiago, y el poder político, una vez más, está de rodillas. Por Aldo Torres

Ya están preparados los colmillos de las motosierras para clavarse al cuello de los arboles del último bosque nativo de Santiago. La flora y fauna del Panul, cerca de 1.000 hectáreas de bosque esclerófilo ubicados en la comuna de La Florida, tiembla de miedo ante la inminente idea de terminar sepultados bajo kilos y kilos de cemento, con cientos de casas y edificios como lápidas. Otra vez el virus de las inmobiliarias arrasando los suelos: hace poco fue el Teatro Alcalá, hoy amenazan con arrasar el último, sí, el último bosque de Santiago.

Mientras tanto, el poder político saca la cabeza por la ventana y mira hacia la nada. Rodolfo Carter, alcalde de la Florida, muy preocupado por levantar gigantografias para hacerse propaganda, no asume el desafío que implica defender el último bosque de la ciudad, cambiando el plan regulador, por ejemplo, y así declarar el bosque como lo que es: un “área natural libre de edificaciones”, y no un “terreno urbano”, pretexto conceptual que utiliza la inmobiliaria Gesterra para presentar su proyecto por cuarta vez. Pero esta vez es distinto, pues el 8 de febrero del 2015 vence el plazo del tercer congelamiento de los permisos de construcción en el sector, y si no se hace algo, la flora y fauna del Panul pasará a ser sólo un recuerdo. A propósito de recuerdos, que recuerde el Señor Carter que en un plebiscito abierto el 98% de los floridanos votaron por defender El Panul, y si no lo motiva el simple de hecho de cuidar el último bosque de Santiago, entonces que lo haga por los votos que significa. En vez de utilizar una grabación anónima para eximirse de culpas ante la posible tala del bosque (una voz de mujer lo estuvo haciendo hace algún tiempo), podría ocupar ese tiempo y esos recursos para realizar las gestiones necesarias y así defender el bosque. Esa es la misión del poder político: defender el bien común, no hacerse propaganda. Esperemos que no llegue el día en que deba remplazar sus gigantografías, que siguen insultando la inteligencia de los floridanos, con la leyenda: Floridanos, el Panul fue arrasado por mi inoperancia.

Éste, claro, es un problema de índole política: Rodolfo Carter y Claudio Orrego, alcalde e intendente, señalan que no puede generarse un parque público en el sector por ser propiedad privada y estar dentro del límite urbano. ¿La propuesta de Carter?: cambiar el plan regulador que permita la subdivisión y construcción de otros proyectos distintos al de las inmobiliarias, como centros deportivos, fuentes de soda, etcétera, como si el cemento de las casas fuera distinto al cemento de los estacionamientos. Con todo, debemos recordar que la ley faculta al Estado a expropiar para proteger el patrimonio ambiental y por razones de utilidad pública (art. 19, N° 24 de la Constitución, y art. 59 de la Ley General de Urbanismo y Construcción). Si la palabra expropiar suena radical (todo cambio es radical en un país conservador como Chile), más radical aun es la historia del bosque: éste pertenecía al Estado y estaba a cargo de la Universidad de Chile, ahí funcionaba su instituto bacteriológico. Pero como sabemos, la U. de Chile fue una de las instituciones más descuartizadas en dictadura, y este terreno les fue arrebatado. Se lo adjudicó el señor Vicente Navarrete, amigo personal de Pinochet, dueño y presidente del directorio de Sintex S.A. y de Oxiquim S.A.; miembro, además, de los directorios de Extractos Naturales Gelymar S.A., Neogel S.A. y de Asiquim, también miembro de la Sofofa y Sonapesca. Misteriosamente, de esos misterios misteriosos que rondaban la dictadura, el señor Navarrete fue el único asistente al remate, y compró las hectáreas al precio de lo que costaba una citroneta de la época.

“Razones de utilidad pública”, dice la ley. Y sí que las hay: el bosque es una muralla natural para evitar aluviones, es el pulmón más grande de Santiago, es un bosque esclerófilo, presente en sólo 5 ciudades del mundo, con la capacidad de adecuarse a climas secos. Además, cuenta con especies declaradas como “En Conservación”, como el Bollén, la Flor de Gallo y el Guayacán. Y en fin, si todo esto no es razón para dejar el bosque en paz, hagámoslo por sentido común, protejamos lo poco que va quedando de esta ciudad, dejemos al último bosque respirar tranquilo, que esta paranoia no nos suicide, que este ir hacia adelante no nos termine por arrasar las piernas, este estar en camino, pero no caminando. Y en fin, que no nos pasen la cuenta nuestros hijos cuando no tengamos mas paseos que el Mall. Dejemos de copiar tanta moda estúpida y copiemos lecciones de dignidad, como la que dio Uruguay el 2006, cuando declaró el agua como bien de uso público, o la nueva Constitución de Ecuador, que en el año 2008 reconoció a la naturaleza como sujeto de derecho. Suena extraño que la naturaleza pueda ser depositaria de derechos. Sin embargo, no suena extraño que las grandes empresas en Estados Unidos si tengan derechos humanos. Y si que los tienen, desde 1886, por decisión de la Suprema Corte de Justicia.

Hoy, el último bosque de Santiago está en riesgo, y el poder político debe comprometerse con su defensa, lo hizo la Presidenta Michelle Bachelet el 2006, cuando propuso convertir todo el píe de monte en un parque regional, en el marco de un plan que se llamaría Santiago Verde, que, al fin y al cabo, fue descartado por falta de recursos. Deben retomarse las acciones pertinentes para defenderlo, para defender lo poco que nos queda, en esta vorágine de ciudad en la que estamos metidos. Debemos, pues, dejar que respire al último bosque, el último, nada más que eso, que sea como una luciérnaga en la oscuridad, como una flor emergiendo del fuego, el símbolo de lo maravilloso que en algún momento fue esta ciudad, en aquel instante en que Pedro de Valdivia y su legión decidieron fundar Santiago a los pies de esa extraordinaria cordillera que los rodeaba, atravesada por un rio de aguas cristalinas, todo cercado por bosques y verdes llanuras, cordillera que hoy apenas se ve detrás de ese denso manto de smog que la cubre, con un rio de caca que brota de sus pies, todo parado sobre un espeso cemento que ya no deja respirar a la Tierra… ni a sus habitantes.

Más información en: http://www.redprecordillera.cl/

 
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