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Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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Página de inicio >> Noviembre de 2015

La triple debilidad diplomática de Francia

por  Serge Halimi

Para encontrar un precedente al actual eclipse diplomático de Francia, hay que remontarse a la expedición de Suez de 1956 y a la guerra de Argelia. En efecto, los discursos marciales y sin elocuencia del Presidente de la República, la incorregible autocomplacencia del ministro de Relaciones Exteriores (1) sólo parecen tener por objeto encubrir la subordinación de París en la escena internacional.

La alineación con Alemania en los asuntos europeos se hizo evidente en el episodio griego. El Ministerio de Relaciones Exteriores parecía ausente; el ministro de Hacienda se mostraba locuaz pero inexistente; François Hollande limitaba su papel al de emisario de Berlín, encargado de hacer que el primer ministro Alexis Tsipras aceptara las draconianas condiciones de Angela Merkel. Incluso en Washington sorprendió la dureza de la Unión Europea con Atenas.

Pero París volvió a su marca con Estados Unidos, cuando se enteró de que los servicios de inteligencia estadounidenses habían espiado a los tres últimos Presidentes de la República, entre ellos a Hollande… De inmediato el portavoz del gobierno francés trató de restar importancia al ultraje –“Hay que mantener la perspectiva No estamos aquí para desencadenar rupturas diplomáticas”-, antes de precipitarse a Washington para discutir allí el Tratado Transatlántico. “La respuesta de Francia roza el ridículo”, se ofuscó Henri Guaino, diputado de la derecha. “Desde hace un tiempo -añadió el ex ministro Pierre Lellouche, sin embargo conocido por su atlantismo-, sólo estamos siguiendo la política estadounidense”.

Pero lo que se torna más sorprendente es la alineación entre París y Arabia Saudita, hasta el punto de llegar a molestar al soberano estadounidense. Si bien Francia no llegó a hacer fracasar el acuerdo del pasado julio entre las cinco grandes potencias e Irán, como lo habrían deseado Riad, Tel-Aviv y los neoconservadores estadounidenses que detestan a Barack Obana, se sumó a dicho acuerdo aunque de muy mala gana. Y, en el caso de Siria, su deseo de “castigar” a Bachar Al-Assad se debe menos a la ferocidad del régimen de Damasco que a la voluntad de complacer a las monarquías del Golfo, que juraron derrocarlo. En particular Arabia Saudita. Ahora bien, este Reino, cuna y banquero del integrismo sunnita en el mundo, punta de lanza de la sangrienta represión de los chiitas en Bahrein y Yemen, es un Estado que combate la mayoría de los derechos humanos a los que Francia afirma adherir en otros lugares.

La elección de París no resulta en principio de un error de análisis estratégico. Se trata más bien de atizar la paranoia de monarcas que temen ser acorralados por Irán y sus aliados, con el fin de venderles algunas armas adicionales. Misión realizada el pasado 13 de octubre cuando, de regreso de Riad, el primer ministro Manuel Valls tuiteó: “Francia-Arabia Saudita: contratos por 10.000 millones de euros Gobierno movilizado por nuestras empresas y el empleo”.

1. Laurent Fabius, BFM-RMC, 2 de marzo de 2015: “Lo que oigo y, por supuesto, sin querer ser arrogante, es que la política exterior de Francia es apreciada en casi todo el mundo -y por los franceses-”.

*Director de Le Monde Diplomatique.
Traducción: Teresa Garufi

 
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