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En este numero:

- Recabarren. Mujer valiente, luchadora y amiga. Por Sonia Brito Rodríguez y Lorena Basualto Porra
- Desastres naturales y los recursos económicos para enfrentarlos. Por Nelson Aquiles Soto
- Falencias que persisten en la comprensión de mareas rojas, ecosistema y contaminación del mar interior de Chiloé. Por Dr. Tarsicio Antezana

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Las paradojas de la frontera: la experiencia de Caravana 60. Por Cristian Ovando Santana

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Imagen de la Caravana del 58 a su llegada a Iquique.

Las Caravanas de la Amistad de 1958, se realizaron con la intención de que las sociedades regionales de Chile y Bolivia le demostraran a sus capitales y autoridades que era posible conectar estas dos ciudades por tierra. Pese a las dificultades, pues se trataba de una ruta no asfaltada, en parte de su trayecto se transitaba a 4 mil metros sobre el nivel del mar y a la indiferencia de sus gobiernos, el sueño de la integración se logró. En una proeza de tres a cuatro días, llegaron a Iquique el 21 de mayo de ese año 150 camiones desde Oruro, junto a más de 800 entusiastas caravaneros, además de 35 vehículos livianos, hasta motonetas .Y en la Caravana de vuelta del 6 de agosto, día nacional de Bolivia, cerca de 80 vehículos se inscribieron para 600 personas aproximadamente provenientes desde Iquique. Estuvo integrada por fuerzas vivas de cada ciudad, como el Comité Para el Progreso de Oruro e Iquique, autoridades regionales, estudiantes, comerciantes, entre otros.

Las comunidades de Iquique y Oruro históricamente han coincidido en la mirada, pero ese año fue con ahínco: la primera vio en el interior del continente grandes oportunidades económicas y para su alicaído desarrollo posiblemente sobre la base de su memoria histórica del ciclo de la plata, donde Potosí era el centro económico y la segunda vio en el océano Pacífico su apertura al mundo, para sus productos mineros y agropecuarios.

Hoy los demanda persistir en este viejo anhelo, denominado actualmente corredores bioceánicos. Pero no solo se trató de integración física, también su dimensión cultural fue fundamental. En 1958 fue la gran oportunidad para integrarse entre dos pueblos con anhelos y frustraciones comunes para aprender mutuamente. Detrás hay una afinidad que lo facilita: todos compartían al igual que hoy las ganas por descubrir las costumbres del que llega y las de cada lugar donde se arriba. La llegada de la Diablada el 58; hoy la gastronomía, el paisaje, las tradiciones comunes, familias binacionales, etc.

A continuación repasaremos la experiencia de rememorar este hito de la historia regional de estas dos regiones periféricas.

Actualmente, se sostiene con toda propiedad que las fronteras son territorios que simultáneamente se abren para unos y se cierran para otros. Quizás el cierre más dramático ocurre cuando se expulsa a alguien de un lado de la frontera para no transgredirla en un tiempo prolongado.

Cuando partimos la caravana compuesta por tres buses y cinco vehículos menores desde Plaza Prat de Iquique, con más de 100 personas ilusionadas a rememorar las Caravanas de la Amistad de 1958 con destino a Oruro, otra Caravana nos seguía proveniente de más al sur. Dos buses con 26 reclusos partían el jueves 25 de Santiago, para ser expulsadas en el paso integrado Colchane Pisiga, por cometer delitos “de connotación social”. Se trataba de la misma frontera que nos permitiría ingresar ansiosos a Bolivia. En el caso de aquellos, en su mayoría eran jóvenes y mujeres pobres obligadas a actuar de burreras ante la necesidad.

Más allá de las discusiones jurídicas acerca de que si se trató o no de una expulsión masiva -la autoridad se defiende de que no lo es, pues si bien se trata de un número importante de reclusos, sus expedientes fueron tratados de forma individual, utilizando la modalidad colectiva de expulsión solo por razones de “economía”- , no cabe duda de que se urdió un circo mediático. Quienes estuvimos ahí apreciamos una triste exhibición de seres humanos, planificada detalladamente, con el propósito de impactar a la opinión pública y dejar la sensación, a costa de la dignidad de aquellos, de que se está ordenando la casa en materia migratoria.

No sabemos cómo continuó su viaje una vez cruzada la frontera para quizá no volver jamás.

En nuestro caso, los tres buses proseguimos la ida a Oruro. Arribamos a las 21 horas para comenzar un periplo lleno de hermandad, fraternidad y sueños comunes entre orureños e iquiqueños.

Previo a la llegada tuvimos una parada en el pueblo de Huachacalla, localidad perteneciente al departamento de Oruro, provincia del Litoral. Nos recibió un grupo folclórico junto a autoridades comunitarias, dándonos la bienvenida. Rodrigo Castillo Naves, participante de la rememoración de la Caravana, así relato este primer encuentro: “En Huachacalla nos recibieron con un cántico que demostró el talento y la sensibilidad boliviana. Nadie esperaba que en un pueblito entre Iquique y Oruro la gente se diera el tiempo de investigar acerca de nuestra ciudad y creara una canción que abordaría el bus para viajar y regresar con nosotros: “Dragoncito iquiqueño siempre poderoso…Tengo la imagen de una señora que vi despidiéndonos con un ramito de yerbas cuando la máquina reanudó la marcha…”

Ya arribada la caravana, la ceremonia en club Oruro estuvo marcada por el reconocimiento a los precursores de esta gesta y a los continuadores de la misma: Josermo Murillo Vacarezza de Oruro y Jorge Soria Quiroga de Iquique, destacándose el detallado recuento de la gesta del 58 que hizo el historiador Fabrizio Carzola Murillo, nieto de Josermo Murillo, ideólogo de las Caravanas del 58. También lo estuvo por los discursos que enfatizaron en que el bienestar de las dos ciudades depende, al igual que antaño, de su integración física, esta vez por la vía de los corredores bioceánicos y de que se considere a las dos ciudades en su trazado. Una demanda frustrada históricamente. Antes de llegar a la ceremonia, en una caminata rumbo al club en que se unió la delegación orureña con entusiasmo, algunos nos detuvimos en la misma esquina en que arribó la Caravana del 58. El dato nos lo aportó emocionado Amid Vásquez Flores, hijo de caravaneros que estuvieron presente en el viaje hacia Iquique hace seis décadas.

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Ceremonia inicial

En el segundo día por la mañana, se proyectó un ciclo de cortometrajes a sala repleta y posteriormente se realizó un conversatorio encabezado por el realizador de la muestra, el cineasta Orlando Torres. El ciclo de cine denominado "Puntos de encuentro, Diálogos e Integración", dio pie a un enriquecedor diálogo con estudiantes orureños. Se destacó en las proyecciones el abandono que padecen las comunidades rurales del altiplano chileno, y el anhelo del retorno que exponen quienes deben dejar sus pueblos por esta condición, que también sufren comunas bolivianas cercanas a la frontera. Emocionó cómo los estudiantes hacían suyo este fenómeno al exponer sus experiencias en el conversatorio. También estuvo presente el relato sobre las dificultades de migrar, alertándonos de la cara más dura de la frontera.

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Ciclo de documentales y conversatorio

Por la tarde, se realizó una acción de arte que consistió en amasar una mezcla que diera vida a varias decenas de panes. Esta preparación se hizo con ingredientes de ambos países. Fueron ingresando e intercalándose distintas manos boliviano chilenas por más de dos horas. De improviso llegó un panadero orureño, quien le dio a la acción un cariz especial al hacer su entrada al salón repleto. La acción fue dirigida por el artista visual Fernando Ossandón y secundada por el aporte gastronómico de Francisco Mora. Desde un sentido político, destaca su creador, la acción pretendió representar cómo se pueden amalgamar dos culturas hasta conformar una identidad común de anclaje territorial, más allá de la nacionalidad.

Paralelamente, se fueron bordando 108 retazos con palabras sueltas e inconexas para quienes participaban. Fueron muchas horas para marcar las telas con distintas técnicas de bordado de manos chilenas y bolivianas. Esta “acción de bordar” a través de cientos de manos, dirigida por Francisca Palma, conformó un gran mensaje integracionista, a través de plasmar al relato de Josermo Murillo Vacarezza, enunciado en 1958. Este señalaba: "Ni Iquique, entendemos nosotros, ha de poder vivir en el futuro, sin la complementación económica del altiplano, ni tampoco nuestro altiplano y particularmente Oruro, ha de poder sellar su verdadero progreso sin su vinculación definitiva con el mar.

Sabemos perfectamente que ningún país, así como ningún individuo, puede subsistir sin la cooperación activa de otra región, de otro país o de otra comunidad (...). Solamente con un vínculo estrecho Oruro e Iquique, formarán su porvenir en forma segura de tal manera que ya sea inquebrantable esta hermandad y esta fe de ambas ciudades".

En esa tarde los entusiastas participantes apostados en el restaurant El Fogón, por más de 4 horas fuimos palpando a medida que avanzaba el sentido que se le quiso dar a ambas acciones. Las palabras de la madre de Amid Vásquez, que asistió el 58, junto al pan horneado con llajua y pebre distribuido por las mesas y la lectura del lienzo desplegado, coronaron una jornada llena de significado.

Las emocionadas palabras de don Espiridión, quien encabeza la Sociedad Boliviana de Socorros Mutuos de Iquique, que participo con una delegación de 40 bolivianos residentes en esta ciudad, y de la Asociación Departamental de Guías de Turismo Especializado Oruro, marcaron la tarde.

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Acción de bordar

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Acción de amasar pan

Quizás como un regalo inesperado que nos dejó Oruro, pudimos asistir en la noche al festival de Diabladas que, con su estridencia, colores, sonoridades, además de lo majestuoso de las bandas de músicos, nos cautivaron. Para quienes venimos de Tarapacá consiste en el baile más emocionante de la Fiesta de la Tirana. Se trata del baile que llegó para quedarse desde la caravana del 58.

El tercer día, cierre del encuentro, se realizó en la pérgola de la plaza principal de Oruro. Allí todos apostados, se hicieron intercambio de regalos y se entregaron semillas de Tamarugo, árbol de la pampa del norte de Chile, para ser plantadas en los jardines de la plaza.

En el desarrollo de los tres días marcados por discursos, proyecciones audiovisuales, acciones de arte y muchos encuentros espontáneos, se logró una elocuente catarsis, que nos hizo olvidar completamente que en estos últimos 5 años lo que más hemos oído sobre Chile y Bolivia ha sido la altisonante demanda de La Haya, azuzada por un pequeño puñado de autoridades que, seguramente, nunca oyeron de la Caravana de 1958 o si lo hicieron la soslayaron, ya que escapa a su retórica nacionalista.

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Actividad de cierre

La frontera se abrió para nosotros. Esperamos que lo haga con entusiasmo en noviembre en el viaje de vuelta de Oruro hacia Iquique, al igual que hace seis décadas.

Cristian Ovando Santana
Caravana 60

 
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