Página de inicio

Colecciones

Publicidad

Suscripciones

LIBROS

Librería

Postgrados y postítulos

AGENDA - Encuentros

Fotos

Contáctenos

Otros sitios


Se puede imprimir

En este numero:

- Informe de la FAO reveló que senadores y diputados dejaron de lado seguridad alimentaria de las familias chilenas... lo que invalida la Ley Longueira. Por Pablo Fernando González
- Del singular Congreso del Futuro a: futuros intersticiales. Por Omar Villanueva
- La impunidad protege a los criminales. Por Enrique Villanueva

- Sumario completo



Página de inicio

Los objetivos y las herramientas. Por Enrique Espinoza García

El devoto candidato a la presidencia Pablo Longueira, con su sorpresiva enfermedad, permitió un ascenso en las apariciones propagandísticas de la derecha. Las noticias políticas destacables son ahora cualquier asunto que provenga de los candidatos o las directivas de RN o la UDI. Así los medios al servicio del sector han entregado los horarios principales a ellos, cumpliendo su función para mantener la preeminencia de los herederos de pelucones y liberales en la política chilena.

Oculta por las estridencias de la competencia electoral se desarrolla la pugna por controlar el congreso, donde la UDI tiene mayoría de diputados y ambos, junto a la UDI, la misma cantidad de senadores, que constituyen la llave del poder. Es otra oportunidad para la derecha RN compuesta históricamente de una mixtura conservadora –liberal, de imponerse a sus rivales neo-liberales de la UDI, surgidos por la pertinacia de Jaime Guzmán al dividir a los nacionales renovados en RN.

De este modo, y en líneas generales, los principales actores en el cuadro electoral son: la competencia entre la derecha tradicional y oligárquica RN contra los neo-liberales, en los que se destacaba Pablo Longueira con su consigna de UDI popular, versus los reformistas atrincherados en la Nueva Mayoría. El panorama es decisivo para los émulos de Guzmán a los que quedan pocos elementos pinochetista a que echar mano para mantener a su favor a los sectores más duros. De no contar con el fervor de sus partidarios más organizados en las regiones y en el Barrio Alto de Santiago, su desplome puede continuar.

Definitivamente ha terminado un largo ciclo en nuestra política que comenzó con la implantación de la dictadura y la instalación del neoliberalismo, siguió a su término con la instalación del reformismo socialdemócrata y culminó con el despliegue del neoliberalismo en la presidencia de Sebastian Piñera. Lo probable es que el periodo político próximo se caracterice por continuas contradicciones entre socialcristianos con socialdemócratas, a lo que se agregará la influencia de liberales declarados que se han integrado al comando de campaña de la probable presidenta; y teniendo como oposición a una derecha oligárquica siempre en pugna con los neoliberales de la UDI, que en muchos intereses confluirán con personajes de la Concertación, e incluso de la nueva mayoría.

De ganar Michelle Bachelet, y según se vea el traspaso del programa presidencial a la agenda de gobierno veremos si los intereses populares sobreviven o quedan olvidados. Los objetivos y las esperanzas que los trabajadores han acumulado en varias generaciones han sido claramente explicitadas en los movimientos sociales regionales y sectoriales siendo los más notables los estudiantiles. Organizar una nueva economía recuperando las riquezas nacionales y crear una estructura estatal inclusiva, que se exprese en una Constitución nacida de una asamblea constituyente parece ser el primer acuerdo a conseguir de los chilenos. Ella deberá incluir un ordenamiento tributario que financie las necesidades nacionales en educación, salud, vivienda, previsión y que mire al futuro con largueza.

El problema es, desde ya, abrir los cerrojos que Jaime Guzmán incluyó en la constitución de la dictadura y que principalmente depende de la voluntad presidencial. Ello implica primeramente alcanzar las mayorías electorales suficientes para , teniendo anulados los quórum excesivos y debilitada la permanencia del sistema binominal sea posible, por facultad presidencial, convocar a un plebiscito, que aunque “no vinculante”, muestre la opinión del pueblo soberano para cambiar la Constitución mediante una Asamblea Constituyente.

Así, todo queda entregado a la decisión de los electores y a la voluntad presidencial. Pero , vistas las movilizaciones de estos años, solo cabe esperar que su fuerza esté vigilante.

 
Contáctenos | Todos los derechos reservados | Todos derechos reservados © 2019 Le Monde diplomatique.