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En este numero:

- Carta abierta al ex comandante en jefe del Ejército de Chile, Juan Emilio Cheyre “Yo también estaba allí”. Por Galo Fontana
- Solidaridad con el diario El Clarín, “Firme junto al pueblo chileno”…
- Las elecciones son circunstanciales, la tarea hoy está en el trabajo directo con los sectores populares: allí van a crecer los nuevos brotes de cambio. Por Enrique Villanueva

- Sumario completo



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Perfiles para un socialismo comunitario. Por Alejandro Guzmán Barbé

Introducción.

Desde el derrumbe de los llamados socialismos reales se piensa que el capitalismo es la única opción política económica que existe para gobernar a los pueblos, para regir sus destinos. Fuera del capitalismo no existe nada más. Y obviamente los interesados en la mantención de este sistema político económico son los que con mayor intensidad propalan esto como si fuera un dogma. Asimismo se encargan de difundir los defectos de los otros sistemas planteando que son regímenes de esclavitud, de opresión, que reniegan de Dios, que son ateos, etc. Y tienen a sus servicios un verdadero imperio de medios de comunicación para difundir los ataques a cualquiera idea o propuesta de nueva sociedad que pueda afectar sus ganancias, sus utilidades. Si es necesario usan todo su poder para derrocar cualquier régimen que pueda tocar sus intereses. Así ha ocurrido en Chile hace pocos años. Cabe hacer notar que uno de los más socorridos argumentos que emplearon antes del Golpe de Estado de 1973 fue que el régimen de Salvador Allende era una dictadura, que la libertad estaba en grave riesgo, que el totalitarismo amenazaba a Chile.

En verdad los partidarios del capitalismo y golpistas luchaban por su libertad. Pero una libertad muy especial ya que ellos entendían y entienden por libertad aquella que les permite acumular las riquezas en pocas manos, que les permite vivir gozando de todos los bienes en propio beneficio mientras la gran mayoría viva en la pobreza y en muchos casos en la miseria. Esa es la libertad que han protegido y que protegen. Y lamentablemente a través de los tiempos, con algunas excepciones, la jerarquía de la Iglesia Católica ha avalado esta situación.

Así entonces es una realidad que los defensores y mantenedores del capitalismo basan su filosofía, si pudiéramos llamarla así, en el egoísmo, en el individualismo, en el lucro, en la usura. Para ellos el amor al prójimo no existe y no lo conciben en la realidad. La suerte de los que también viven en el país les tiene sin cuidado aunque vivan en condiciones miserables y en algunas veces, ligeramente mejor que los animales. Y para resguardarse de éstos han creado fuerzas militares y policiales adiestradas para mantener este orden que les beneficia. Y el adiestramiento incluye llegar a matar si fuere preciso. Es lo que ellos llaman democracia, y es lo que rige en Chile. Claro, hablan de democracia por cuanto cada 4 años llaman a la ciudadanía a votar para elegir un Presidente de la República y a los integrantes del Congreso, pero siempre bajo un orden político económico que jamás cambia y que jamás cambiará, y ese orden consiste en que la riqueza y el disfrute de los bienes siempre estará en pocas manos, que son las de ellos, y jamás en las del pueblo. Los pobres nunca podrán disfrutar de la prosperidad y de los beneficios de la riqueza. Esto es lo que denominan una injusta distribución de la riqueza, que en verdad ni siquiera se puede hablar que pueda existir algo de distribución de ella. Pero el pueblo es muy fácil de convencer o engañar y así dentro del sistema ideado llamado democracia se encuentran las elecciones a las cuales llaman a votar cada cierto tiempo y de esta manera la ciudadanía queda convencida que por el solo hecho que se les permita votar es que viven en una democracia. No se percatan de la mentira. Con su concurrencia a votar no hacen otra cosa que mantener un sistema injusto, no hacen otra

cosa que ir contra sus propios derechos, pero todo indica que no existe mucha conciencia de ello. Pero de eso se trata, que no exista conciencia del engaño por cuanto así la minoría podrá vivir eternamente en la opulencia, en la riqueza y la mayoría lo hará en la pobreza, en la opresión, y todo esto ratificado por el pueblo que no percibe la mentira. Entonces el pueblo solo se hace necesario cuando es llamado a votar, lo que le hace pensar a éste que es realmente considerado para regir los destinos del país, que vive en una democracia cuando cumple con “su deber cívico “ de concurrir a las urnas, y concluido el proceso eleccionario manifiestan algunos su alegría por cuanto ganaron , sin darse cuenta que el llamado a votar y las elecciones es el anzuelo para hacerles creer que ellos son parte del gobierno del país, que han influido con su participación en los destinos del mismo sin percatarse que todo ya está definido , que todo en lo esencial se mantendrá igual : Una minoría dueña de la riqueza y poder y una gran mayoría que sobrevive y que mantiene a la primera. No perciben que han sido utilizados para “legitimizar” la realidad política económica que favorece a los poderosos. Si después la ciudadanía pretende luchar por sus derechos, por la justicia, la autoridad les dirá que estamos en una democracia, que ellos han concurrido a votar no solo por los candidatos sino que también implícitamente por el orden establecido, lo que hace que hayan aceptado esta realidad.

Tenemos entonces un sistema político económico de esclavitud, lo que no es exageración. Sin ahondar mucho en este aspecto, y para fundar esta afirmación, cabe preguntarse si el trabajador que percibe un salario equivalente a un ingreso mínimo puede, al igual que los dueños de la riqueza, dar educación, atención de salud, de vestuario, de vivienda con tal ingreso. En verdad no puede. Y si no puede es que no existe la igualdad. Y si no tiene igualdad no tiene libertad, y si no tiene libertad lo que tiene es otra cosa y esa otra cosa es la esclavitud.

Y de esta “democracia” profitan partidos que se autodenominan de muchas formas, y también como demócratas cristianos, usurpando este último término a lo cual no tienen derecho. Sus integrantes impulsan, defienden y mantienen esta “democracia”, como si el egoísmo, el lucro, el individualismo, la codicia, el culto al dinero fueren “virtudes cristianas “. Sabemos que no. Y ellos también lo saben, pero comulgan dominicalmente con una expresión en sus rostros de profunda beatitud, sus ojos entornados parecen indicar una piedad infinita. Pero al día siguiente sus ojos se asemejan a los que tienen los lobos cuando se acercan a una oveja. No puede quedar en el olvido qué partido fue determinante para que los militares dieran el Golpe de Estado de 1973, con todos sus horrores. Así entonces podemos concluir, sin riesgo a equivocaciones, que los que así piensan y gobiernan y se confiesan cristianos no son en absoluto fieles y consecuentes con los postulados del Cristianismo. Dicen ser una cosa pero en la realidad, en el día a día, son lo opuesto a lo que dicen ser.

Prosiguiendo, lamentablemente una parte importante de la Jerarquía de la Iglesia Católica acepta esta realidad y la defiende a ultranza aún contra su propio ministerio, lo que es bastante grave por su inconsecuencia por cuanto el capitalismo es un sistema político económico ideado por hombres que usan al ser humano como un medio para obtener un fin que no es otro que la riqueza y poder. El culto al dinero es lo central en este sistema político económico. Es el dios de los mercaderes y la jerarquía de nuestra iglesia católica, en parte importante, lo acepta y calla. El ser humano es un medio desechable, como lo es también el medio ambiente, la naturaleza, la ecología. El efecto invernadero es una consecuencia clara y directa de la voracidad de los hombres que han sustentado y sustentan el capitalismo. Entonces es evidente que el pensamiento capitalista, el sistema capitalista en sí es enemigo del hombre, de sus derechos humanos, es enemigo de la naturaleza y los destruye a ambos. Es urgente entonces efectuar cambios radicales y profundos que van desde la sustitución del capitalismo por otro sistema que no destruya al ser humano y al medio ambiente, como también se hace necesario un cambio de mentalidad, de valores en las personas acostumbradas a los vicios del capitalismo, en suma debe producirse un cambio valórico en ellas, cosa que sabemos que no es algo rápido, pero perfectamente posible.

Pero como se dice más arriba se ha promovido que no existe otro sistema político económico que el capitalismo, pero ello no es así, como se pasa a demostrar.

SOCIALISMO COMUNITARIO.

Existe otro sistema político económico que se basa en el respeto de los Derechos Humanos. Lentamente se ha ido tomando conciencia de ellos, y en esto tiene mucho que ver Raúl Cardenal Silva Henríquez, el que enarbolando la defensa de tales derechos, creó la Vicaría de la Solidaridad.

Previo a proseguir es necesario reiterar algo que es sabido y ese algo es que no todas las personas son creyentes, no todas creen en Dios dado que existen también el ateísmo y el agnosticismo, sin perjuicio de los que son indiferentes.

Así entonces respetando a aquellos que no creen pero sin que esto implique una debilidad o un no querer plantearse por un mal entendido respeto a otras posiciones en esta materia, es una realidad que para el católico los Derechos Humanos son los Derechos de Dios. Para los no creyentes estos son los derechos del hombre, son principios o valores históricos sin vinculación con Dios al cual no reconocen.

Continuando y entrando ya en materia cabe hacer presente que en la historia de la humanidad se han conocido solo dos principios económicos rectores de los sistemas políticos económicos: El uno que se basa en dar a cada uno según sus posibilidades. El otro que se basa en dar a cada uno según sus necesidades.

El primero es el elemento esencial del capitalismo, es la raíz del mismo, es el individualismo, el egoísmo, es la negación del amor al prójimo, y en el fondo, de Dios. El segundo, a cada cual según sus necesidades, es esencialmente cristiano, católico, y el que lo dude y no crea, que busque en Hechos de los Apóstoles ,2, 42-47 “Todos los creyentes vivían unidos y compartían todo cuanto tenían. Vendían sus bienes y propiedades y se lo repartían de acuerdo a lo que cada uno de ellos necesitaba”. En efecto, allí encontramos la Primera Comunidad de los cristianos, de los católicos, los que vendían cuanto tenían y lo colocaban al servicio de todos los integrantes de tal comunidad y lo entregaban a cada cual según sus necesidades. Se comprueba que no existía la propiedad privada o individual sobre los bienes importantes de los cuales depende finalmente el sustento de sus integrantes, de toda la Comunidad, los que ahora se denominan bienes de capital. No existía lo mío. Existía lo nuestro, lo común, lo de todos.

Dirán que dar a cual según sus necesidades es una utopía, que no es posible su existencia en la realidad. Quien lo piense así no es católico. Ahora bien lo importante de esto es el principio rector ya referido, el que es perfectamente aplicable en un nuevo sistema económico político. No se trata de una copia de la Primera Comunidad, pero el principio citado bien puede ser la inspiración de todo un nuevo proceso económico que dice relación fundamentalmente con la recta y justa distribución de la riqueza. Y este principio económico a cada cual según sus necesidades existe, como ya se ha dicho, y es nuestro, es católico.

A través del tiempo ha existido el propósito de hacer aparecer este principio como propio del Marxismo, como propio de él, pero en verdad que está en la Biblia muchos siglos antes que Carlos Marx naciera.

Ahora bien y ya que estamos en esto, y en relación a la lucha de clases que el marxismo plantea como motor de la historia que esta se desarrolla mediante la lucha entre ellas y así avanza el ser humano a través de los tiempos, se estima que ello no es así, como se pasa a demostrar. Que es efectivo que existe una clase minoritaria y dominante dueña de la riqueza y poder y que oprime al pueblo y que es la clase dominada, pero éste pueblo lucha contra los opresores no como una simple lucha de clases que los divide en opresores y oprimidos, no como un bloque sin mayor contenido que pertenecer a una clase explotada sino que lo hace por algo que va mucho más lejos, lo hace para luchar por sus derechos humanos a la vida, a la libertad, a la Justicia, a un sueldo o salario digno, por su derecho a la salud, a la educación, al trabajo digno, a la vivienda digna, etc. En consecuencias el motor de la historia lo constituye la lucha del pueblo por sus derechos humanos, que son los derechos de Dios, pudiendo concluirse que esta lucha es una búsqueda y encuentro con Dios.

Prosiguiendo el pueblo en esta lucha a través de la historia enfrenta a sus opresores algunas veces con las armas en la mano, otras solo con los puños, de tal manera que logra, con mucho dolor y sufrimiento, avanzar un poco que sea en la obtención y respeto por sus derechos y su dignidad. En la historia hay muchos ejemplos que avalan lo que se plantea. Por citar algunos casos la revolución francesa, que marcó un gran hito en la historia del ser humano, la ciudadanía se levantó en contra del yugo de la monarquía, de la desigualdad, de la injusticia, por el derecho a comer, a vivir con dignidad, y tanto más, y triunfó. Luchó por sus derechos humanos. Quizá no se obtuvo una liberación absoluta, pero el resultado obtenido fue grande para la época.

Pero no es necesario ir tan lejos en el espacio y en el tiempo. Hablemos de Chile. Cuando los poderosos dueños de la riqueza dieron el Golpe de Estado en el año 1973 y sumieron al pueblo en el asesinato, en la tortura, el pueblo en un primer momento se replegó para salvar sus vidas y de este modo evitar ser afectado por la represión. Pero más adelante el pueblo empezó a avanzar protestando y defendiéndose y de este modo comenzó la lucha por la vida, por la libertad, por sueldos y salarios dignos, por la justicia, o sea inició la defensa de sus Derechos Humanos y eso no paró hasta que puso en jaque a los dueños de la riqueza, a los poderosos, y a sus sirvientes, siendo el primero de ellos Augusto Pinochet Ugarte. El pueblo luchó por sus derechos humanos y pudo haber llegado mucho más lejos en su lucha libertaria, pero fue traicionado por el Arzobispo Fresno, la antítesis del Cardenal Raúl Silva Henríquez, y por los que decían representar al pueblo, Alwyn, Lagos, y todos aquellos que conformaron la Concertación, ahora la nueva mayoría. Tranzaron a espaldas de la ciudadanía, le mintieron, se burlaron de los caídos y de tanto sufrimiento del pueblo, y así tomaron el poder y continúan en el nadando ahora en la corrupción y en la mentira.

Pero pese a que el triunfo total se truncó por lo que se ha dicho, la lucha del pueblo por sus derechos humanos lo hizo avanzar en la historia de este país. Y su lucha por los derechos humanos va a continuar en un plazo no largo hasta expulsar del poder a los que lo traicionaron, a los que lo explotan y oprimen. Y se movilizarán por sus derechos humanos, lucha que constituye el motor de la historia de la persona humana y que los hará avanzar hasta su liberación total.

Sin ningún ánimo de incurrir en fundamentalismos sino que plantear con absoluto derecho algo propio de nuestra fe y sin temores ni complejos, se dijo precedentemente que los Derechos Humano son los derechos de Dios, y ello es así. En efecto, podemos constatar que el mandamiento de amar al prójimo pasa por respetar los derechos de éste. Entre éstos y por citar algunos tenemos los derechos al trabajo, a un sueldo digno, a la salud, a la vivienda, a la recreación, a la educación, a la vida digna, a la Justicia, etc.,

Y así miente quien dice que ama a Dios y no ama a su prójimo. Y no ama a su prójimo el que viola los derechos humanos, el que no los respeta, el que paga un sueldo indigno, el que le niega el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda digna, etc., y en consecuencias no aman a Dios.

Podemos constatar lo mismo en relación a las Bienaventuranzas. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. La Justicia es un derecho humano irrenunciable. Tuve hambre y me distes de comer. Apreciamos acá el derecho humano a alimentarse, etc.

EL ESTADO SOCIALISTA COMUNITARIO.

Planteada ya las bases del presente proyecto de socialismo comunitario, es del caso ahora trazar a grandes rasgos lo que se propone como un Estado Socialista Comunitario. En primer término cabe decir que la presencia del Estado es vital para la protección de la ciudadanía y sus Derechos Humanos.

Es un hecho real y largamente acreditado que los sectores que acumulan en sí la riqueza y poder no les conviene la existencia del Estado. Son muy amigos, eso sí, del Estado Subsidiario, de un Estado que no estorbe la acumulación de la riqueza en pocas familias, en pocas personas, lo que les da también el poder.

En síntesis está probado que la ausencia del Estado o un Estado débil deja al pueblo a merced de la minoría dueña del poder económico, naciendo así la explotación del hombre por el hombre. Ejemplo de esto son las A.F.P., las Isapres, los Bancos y su usura. De todo hacen un negocio y vemos que aparece la muerte, el crimen disfrazado de falta de atención médica o de salud, lo que constituye un delito encubierto, el ser humano trabajador no existe, pero si existe el trabajador desechable. Un Estado débil condena al pueblo a la explotación, a la esclavitud porque es de la esencia del capitalismo crear la desigualdad en todos los planos. Ahora si no existe la igualdad, no hay libertad y si no hay libertad existe la esclavitud. En suma el sistema capitalista que necesita un Estado débil o inexistente para lograr sus fines violatorio de los Derechos Humanos. En conclusión el capitalismo y el sistema económico neo liberal es un sistema político económico inmoral.

Como lógica conclusión se aprecia que se hace necesario para el bienestar del hombre y el respeto de sus derechos humanos un Estado fuerte pero no totalitario, un Estado fuerte en el respeto de los derechos humanos del pueblo, un Estado fuerte en la defensa de las personas en el intento de otros en explotarlos, de esclavizarlos.

Indudablemente también que se está planteando la construcción de una nueva sociedad, de una sociedad distinta, de una sociedad humana donde el centro de ella sea la persona humana y sus Derechos Humanos y no el dinero, el lucro.

Así entonces teniendo este norte, se plantea que no constituye un Derecho Humano la propiedad privada de los bienes de producción, o sea que la gran industria , incluida en ella la extractiva, no puede estar en manos privadas, tampoco la banca, la agrícola , las aguas, la minería, en suma toda aquella que genera la riqueza de un país.

La propiedad privada de los bienes de producción solo genera injusticias y desigualdades y termina violando los Derechos Humanos del pueblo. Esta es la consecuencia de un sistema económico que tiene como postulado máximo dar “a cada cual según sus posibilidades”, lo que es la consumación del egoísmo. Y se permiten llamar a esto “Democracia”.

Seguramente queda la pregunta dando vueltas entonces que pasa con la propiedad de los bienes de producción, quienes son sus dueños.

La propiedad de tales bienes es de todo el pueblo. Todo el pueblo es su dueño y no unos pocos. Y todos se beneficiarán de ellos conforme sus necesidades, conforme al espíritu de la primera Comunidad. Así entonces el dar a cual según sus necesidades implica necesariamente una justa distribución de los ingresos, y si esta existe, es cosa de algún tiempo la desaparición de la pobreza, de la miseria. En consecuencias no se está planteando imposibles.

Prosiguiendo, la Comunidad entrega al Estado la administración y explotación de los bienes comunes buscando satisfacer las necesidades de las personas, de tal forma que la distribución de los ingresos sea equitativa y justa, como ya se ha dicho, haciendo que la pobreza se diluya, que desaparezca, llegando de esta manera a la igualdad y, por ende, a libertad. Tenemos entonces un Estado Comunitario y no empresario.

Se dirán entonces de dónde saldrá el dinero, de dónde saldrán los recursos para echar a andar este sistema nuevo. Sus detractores dirán que el financiamiento será imposible, que es una utopía, que es un sueño imposible de realizar.

Ello no es así. Cabe tener presente que las Administradoras de los Fondos de Pensiones manejan recursos no inferiores a ciento noventa mil millones de dólares, recursos que son de los afiliados, es decir, de millones de chilenos, que ahora benefician a pocas familias que reciben sus utilidades. Si las inversiones que los administradores efectúan arrojan pérdidas, éstas son absorbidas por los afiliados y nunca por los que reciben los beneficios. Es un negocio redondamente inmoral.

Ahora estos recursos los administrará el Estado fundamentalmente en la industrialización del país, en la educación, en la salud, etc. dejando un fondo suficiente para responder a los retiros de los afiliados pagándoles pensiones dignas y justas.

A lo anterior cabe agregar que la gran minería será solo de los chilenos y así los beneficios o ingresos que produce el cobre serán destinados al mismo objeto, a satisfacer las necesidades de la ciudadanía. También se agrega a esto el recurso mineral de ahora y del futuro, que es el litio, el que pasará a reemplazar al cobre, mineral este último que está demasiado explotado y su futuro no es largo en años.

Todo esto hará innecesario endeudarse con el Banco Mundial y cualquiera otra entidad crediticia mundial, lo que dará la independencia al país en todos sus planos. Nadie podrá afectar su soberanía ya sea en su política interna como en la externa.

A su vez como la economía bien estudiada y planificada dará frutos buenos tanto internos como en el comercio exterior, lo que hará que los recursos tendrán que aumentar.

Pero todo esto no es lo único a llevar a cabo, y para que pueda culminar satisfactoriamente el crecimiento económico, en forma paralela deberá llevarse a cabo una profunda reforma educacional, con cambios radicales en sus programas y objetivos en el sentido que se destierren los antivalores de los mercaderes como el lucro, el consumismo, culto al dinero, etc., y se incentiven realmente los valores de la persona humana, de sus derechos humanos y también de sus deberes. Desde la infancia las personas deberán tener conciencia tanto de su propia dignidad como la de su prójimo, y tener conciencia de la solidaridad y su pleno rechazo al egoísmo. En suma una educación fundada en los Derechos Humanos, en el conocimiento y la difusión de la cultura en todos sus planos.

Ojalá que estas líneas puedan servir de utilidad en la lucha liberadora del pueblo.

ALEJANDRO GUZMÁN BARBÉ Abogado de Derechos Humanos. guzmanbarbe@hotmail.com

Santiago, 17 de enero de 2018.

 
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