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En este numero:

- Allí estuvo el regimiento Tacna: La mala memoria del nuevo edificio Ejército Bicentenario
- Federación Internacional de Derechos Humanos realiza Misión a Chile para informar de condenas por desaparición de cuadro franco-chilenos por la dictadura
- En recuerdo de Jorge Long Prunes

- Sumario completo



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Políticos, negocios y los otros... por José Cáceres

Hace un año que no he publicado en este medio y, aunque no sé si esta vez lograré que se publique, comienzo a escribir con la intención de que éstas letras viajen un poco más allá de mi ensimismado pensamiento.

Chile es una sociedad bastante parecida a la estupidez y pido perdón si es que es muy estúpido lo que planteo, pero… ¡Nos están engañando! El poder económico (acrecentado desde la dictadura por los gobiernos neo-liberales de la concertación, la derecha de siempre y (hoy) la nueva derecha), se toma el poder político, y es necesario recordar que el poder político administra el Estado y su “separación” de poderes. Ósea, somos controlados por el poder del vil dinero-empresarios-economía internacional, compréndase ésta también como globalización que es igual a imperialismo. Ésta es la realidad… la democracia de pocos que domina a muchos.

Con tanta noticia no creo que sea necesario explicar a “CAVALidad” los otros casos como PENTA y SQM, lo resumiría diciendo que son empresarios “emprendedores” que en una especie de dolo, auto-estafaron al Estado para comprar barato y vender caro (Monckeberg, El saqueo de los grupos económicos al Estado de Chile, Ediciones B.2001-.)

El problema está identificado, los ladrones, los corruptos y los títeres inescrupulosos también. Lo que me inquieta son los otros, las bases partidarias, el pueblo que vota, los trabajadores hegemonizados, la señora con la teleserie turca y el buenos días a algunos… ah, y los jóvenes que quieren ser parte de un reality o futbolista. El objetivo es ganar lucas, triunfar…, dejar de ser de la clase media de las trescientas lucas para ser “rico” con ochocientas; ampliar el cupo en la tarjeta de crédito para pagar el supermercado, lo que no cubrió la isapre (porque Fonasa no tiene plata pagando días camas a las clínicas), el copago del colegio y la universidad al banco-porque mi aval es el Estado… toda la plata al mismo bolsillo, a los mismos dueños y el Estado protegiéndolos, otorgándoles leyes ideológicamente exactas.

Pero la tormenta ya pasará, nuestros políticos ya se pusieron de acuerdo - los “revolucionarios” del partido comunista no tenían muchas ganas de firmar pero, si muchas ganas de juagar a tener el poder. Nótese que son 100 años entre historia y traiciones y, digo esto porque mi memoria recordó a don Clotario – En fin, todos de acuerdo y las instituciones siguen funcionando, la economía sigue estable porque los ricos siguen siendo los mismos y los pobres miserables ya tiene su bono, sólo quedan algunos trabajadores y estudiantes revoltosos que no agradecen las reformitas, pero el Estado puede usar la violencia y carabineros sabe enfrentar las marchas de los inconformes y resentidos. Todo bajo control, que llegue luego la copa américa y las bases de los partidos respectivos deben seguir creyendo que los socialistas son socialistas, los cristianos demócratas aman al próximo, que la política no es ideológica (extraño).

La inocencia de Los otros, en especial y porfiadamente de las bases gobernadas por un sistema natural de partidos, viven de la publicidad engañosa, es decir, del discurso político anunciando más democracia, más participación, más trabajo en conjunto. No logran ver que el poder, no es sólo político sino también económico, pues en realidad están muy unidos.

Las elites moverán sus piezas llevando siempre el camino al interés selectivo, a su sistema natural de partido “Un partido político que enfatiza los incentivos selectivos está organizado en función de un sistema natural y por tanto, depende del equilibrio y mediación entre demandas individuales”. (Michels, R: Los Partidos Políticos. Fondo de Cultura Económica, México 1957). Simple y tristemente, éste es el problema. ¿O, la solución?

Por José Cáceres S.

 
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