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En este numero:

- Las inconsistencias de la política indígena. Por José Aylwin
- Algo huele mal en Dinamarca. Por Pablo Salvat
- Megaproyecto construcción aeropuerto Temuko ocupación de tierras ancestrales mapuche por Rayen Kvyeh

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Por una ciudadanía hipervinculante por Carlos Novoa Cabello

¿Qué se puede entender, actualmente, por un ejercicio pleno de la ciudadanía? Un aspecto central para definir esta cuestión es el del derecho a tomar parte en procesos de decisiones políticas comunes, es decir, el del derecho a sufragio. Ciudadano es, en este sentido, aquel que puede ejercer, libremente, este derecho.

Sin embargo, hoy en día, el ejercicio pleno de la ciudadanía es, en Chile, una cuestión básicamente geográfica. Resulta por lo menos curioso constatar que, mientras se está llevando a cabo una importante transformación de la noción tradicional de espacio, persista en Chile una concepción meramente geográfica de él. Esta transformación de la idea de espacio, que para la física contemporánea representa uno de sus principales afanes teóricos, puede resultar interesante de repensar, también, para otra disciplina teórica como lo es la filosofía política.

Desde una perspectiva netamente pragmática sería interesante, en este sentido, analizar las prácticas contemporáneas del espacio, algo que se podría llamar -de una forma un tanto ampulosa- la reflexión sobre una nueva pragmática del espacio. A dicha pragmática le correspondería entonces una reflexión sobre formas radicalmente distintas de percibir y vivir las distancias a aquellas que existieron hasta antes del ingreso de la telecomunicación. La pragmática del espacio político (que puede ser entendida como una de las especificaciones de aquello que llamamos “Espacio” -así, sin más, y con mayúscula) se ofrece, entonces, como una vía de ingreso al análisis del ejercicio pleno de la ciudadanía en Chile.

Para la legislación chilena las razones que pueden impedir el ejercicio del voto son de distinta índole. Entre ellas es posible encontrar, por ejemplo: la de estar cumpliendo una pena carcelaria, la de estar enajenado mentalmente o la de estar residiendo fuera del pais. De estas tres razones la última parece ser, para algunos, la más "razonable", debido al componente geográfico que lleva implícito.

El silogismo que sustenta dicha posición reza: quien no reside en el pais no sabe lo que ocurre en él, luego, quien no dispone de suficiente información sobre determinados asuntos, no tiene derecho a tomar decisiones relativas a ellos. A este razonamiento se suma otro que discurre más o menos así: las decisiones legales que se toman dentro del pais no afectan, necesariamente, a aquellos que residen fuera de él. Así, con argumentos que apuntan a la desinformación y a la eventual inaplicabilidad de las leyes a aquellos que residen en el extranjero, se ha venido coartando el ejercicio pleno de la ciudadanía a una parte importante de la población.

Sin embargo, si analizamos estos argumentos veremos que ellos se sustentan en una serie de supuestos que, dada la naturaleza, digamos, hiperespacial del mundo actual, los convierten en débiles fundamentos del rechazo al ejercicio de una ciudadanía plena.

Para concederles un mínimo de coherencia y sustento habría que pensar en y retornar a, por ejemplo, los largos y escasos viajes de continente a continente que eran realizados antiguamente. Habría que retomar la correspondencia en papel, que dejaba meses tras de si antes de arribar a destino. Habría que constatar, en definitiva, que la distancia y el tiempo eran, en ese entonces, dos realidades muy distintas a aquello que son ahora. La ciudadanía, por cierto, tambien lo era: habría que recordar que las mujeres no tenían derecho a votar; así como tampoco lo tenían los esclavos y los analfabetos. De manera que no es raro comprobar, una vez más, que las actuales condiciones para ejercer el derecho a sufragar sean objeto de limitaciones arbitarias y extemporáneas.

En efecto, pues, ¿cuál es, al fin y al cabo, el argumento que legitima la prohibición de votar a aquellos que residen fuera del pais sin desconocer, ipso facto, la contemporaneidad de la comunicación?: ¿será el hecho de ignorar lo que ocurre en el pais?... Cualquier persona medianamente informada constata diariamente, vía internet por ejemplo, que el acceso a la información nacional e internacional es una realidad cotidiana, ya que, así como cualquier persona dentro del pais tiene acceso a una especie de -digámoslo nuevamente- hiperespacio informativo, así también lo tiene aquel que se encuentra fuera del pais; ¿o será el de no ser objeto de las decisiones que se toman a nivel nacional?... Todos los que vivan o hayan vivido fuera del pais saben que cualquier decisión los liga al pais, con independencia del lugar en el que se encuentren residiendo. La mejor prueba a este respecto es, precisamente, esta decisión de prohibirles el ejercicio del derecho a sufragio. Efectivamente, esta es una prohibición que los vincula (1) , pero excluyéndolos.

Es posible que el intento por ligar la ciudadanía a la geografía haya funcionado -o haya tenido sentido- en un tiempo en el que las distancias geográficas eran el factor determinante al momento de plantearse un marco de copertenencia política. El hecho de cruzar una frontera era, en ese entonces, algo que evocaba imágenes que iban desde lo amenazador hasta lo exótico. Actualmente, en cambio, no cuesta mucho imaginarse cómo transcurre la vida más allá de las fronteras. Dentro y fuera de un pais existe, en este sentido, una serie de realidades cotidianas que se articula bajo un denominador común: la práctica de decidir en un ámbito de copertenencia política. Esta práctica, que representa el tejido de la vida ciudadana, es, por decirlo así, una actividad "hipervinculante", en el sentido de ser una acción que liga a los miembros de una determinada comunidad sobrepasando en este mismo acto las barreras del tiempo y del espacio, desbordando la inmediatez del aquí y del ahora.

En efecto, ya sea como ejercicio de proyección o conmemoración, el derecho a intervenir en la acción política puede entenderse como la viva expresión de un habitar que entreteje sensibilidades y generaciones, una acción que desborda la inmediatez del aquí y del ahora, siendo, en este sentido, hipertemporal e hiperespacial, es decir, un exceso o viva acumulación que sobrepasa el tiempo y el espacio mensurable. ¿Por qué se insiste, entonces, en condicionar el ejercicio de la ciudadanía a la distancia y la ubicación geográfica?.

La ciudadanía como un "hiper" sería entonces algo así como un exceso inconmensurable, un desborde del espacio empírico e inmediato que permite abrir permanentemente un horizonte de realizaciones, sobrepasando la inmediatez del cálculo ingenieril (2). La idea y forma de una ciudadanía hipervinculante -una nueva apariencia para una vieja idea- sería así otra de las tantas vías para llevar a cabo una nueva discusión sobre el derecho a participar plena y libremente en decisiones políticas.

¿Qué es, pues, la ciudadanía?: ¿un bien inconmensurable o el producto de una determinada ubicación geográfica? Sería interesante y absolutamente necesario replantearse y responderse si en el Chile del siglo XXI, digitalizado y comunicado globalmente, sigue siendo legítima una pragmática del espacio político que desconoce el infinito valor de un espacio que vincula superando las distancias y los tiempos: un espacio hipervinculante.

Notas:

1) Cualquier ciudadano inscrito en el registro electoral tiene la obligación de excusarse en caso de no poder, o no haber podido, asistir al local de votación previamente asignado. Esto debe hacerlo desde el lugar en el que se encuentra o se encontraba al momento de la votación correspondiente. En este sentido, es posible hablar aquí de una especie de vinculación excluyente, toda vez que, actualmente, no existe impedimento técnico alguno para sufragar desde fuera del espacio geográfico previamente asignado. En otras palabras: el reconocimiento legal de dicha excusa es, al mismo tiempo, el reconocimiento real de un espacio allende el espacio circunscrito y meramente geográfico; es decir, dicho reconocimiento es una forma más dentro de una cierta pragmática del espacio.

2) La política como puro cálculo significaría, vistas así las cosas, una negación de este inconmensurable, es decir, devendría en pura facticidad matemáticamente respaldada o, dicho de otra forma, se convertiría en pura ingenieria política.

Carlos Novoa Cabello, Magíster en filosofía, ciencias cinematográficas y ciencias de la educación (Universidad Libre de Berlín, Alemania). Profesor de filosofía (Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Santiago de Chile)

 
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