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En este numero:

- La disciplina filosófica como rigor académico y compromiso ciudadano. Entrevista de Alex Ibarra a Rubén Quiróz
- El debate global sobre empresas y derechos humanos. Por José Aylwin
- Jorge Burgos: la odiosidad imposible de una clase política domesticada por el sistema de reglas del dictador. Por Marco Silva Cornejo

- Sumario completo



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Precaución: no virar derecha. Por Luis Nitrihual

Somos del débil el protector, debe decir somos del débil el castigador. Del amo, somos el perro guardián
Ases Falsos

Ahora que se desmoronan los partidos políticos. Que aparece con toda claridad una evidente unidad en la formación de la oligarquía chilena, es necesario interrogarse sobre cómo la clase política buscará restaurar el orden extraviado. Lo que parecía olvidado en la reflexión de la gente común aparece de pronto como un brillo lacerante. Se trata de la reverberación de las viejas estrategias para hacerse del poder económico y político en un Chile que despierta de su letargo neoliberal.

Como prolegómeno me gustaría recordar dos señeros artículos publicados, el primero, por un optimista Patricio Aylwin y, el segundo, por Tomás Mouletto. En su artículo de 1977 titulado “El camino hacia la democracia” Aylwin se esfuerza por definir los alcances de la democracia y la necesidad de restaurar esa “vocación histórica” de Chile. Si bien su análisis es teóricamente correcto, se revela aquí una inexacto examen de la situación chilena del momento. Ya sabida es la importancia que tuvo la Democracia Cristiana en el Golpe Militar que acabó con el gobierno de Salvador Allende. En esta medida, las palabras de Aylwin suenan interesadas ante las posibilidades abiertas por aquello que él denomina “Intervención de las Fuerzas Armadas” Pareciera que los militares golpistas fueran sólo un instrumento de la clase política. La realidad mostró que no es posible sacar las castañas con la mano del gato. Más lúcido resulta el artículo publicado por Tomás Mouletto (hasta donde sé, se trataría de Tomás Moulián) en el mismo volumen bajo el título “Democracia, socialismo y proyecto nacional popular”. Me parece reconocer en este texto un diagnóstico del Chile actual: pesimismo del presente. Este pesimismo ha recorrido un largo trayecto hasta nuestro días para llegar bajo la forma de una seria crisis de representación política.

La pruebas están a la vista. La primera de ellas es todo el sistema de colusiones imperante en Chile. Es claro que no se trata sólo de una anomalía del sistema neoliberal. Es evidente que nos encontramos más bien con un modelo económico que de librecompetencia no tiene mucho. El resultado: la riqueza cada vez más concentrada, los indicadores de desigualdad que nos ponen en un lugar deshonroso entre los paises con los cuales nos gusta compararnos, etcétera. La segunda prueba, mas circunstancial a modo de ejemplo, es la defensa corporativa de la clase política ante la crisis generalizada. La última columna de Pablo Longueira publicada en El Mercurio no me parece, en este sentido, lo más interesante. Lo que resulta sugerente es la ola de apoyos que recibió una defensa tan débil como esa. Esto muestra que la crisis es más profunda de lo que parece. Si actores tan diversos apoyan una cuestión tan evidente ante la opinión pública, esto es signo de que nadie quiere más investigaciones.

La pregunta que cabe hacerse ante este escenario es que hará la clase política para restaurarse. Arriesgaré una hipótesis, retomando el título de un viejo libro de Andrés Allamand titulado “No virar izquierda”. Chile está en medio de una grave crisis de representación y la clase política está girando hacia la derecha como defensa corporativa de sus intereses.

La estrategia viene desde dos fuentes ahora unidas por un miedo común. Por un lado la Nueva Mayoría, que pretende restaurar los valores portalianos del orden. En este horizonte aparecen dos candidatos que tienen la imagen de hombres fuertes. El Ministro Burgos, que mediante una burda estrategia presidencialista alego traición por parte de Bachelet, pareciera poder encarnar los valores del orden. La Región de la Araucanía es la punta de lanza de este sentido. Gestos impotentes, sin duda. Insistiré en algo que ya he dicho en múltiples ocasiones. El problema de la tenencia / distribución de tierras viene tensionando Chile desde hace más de un siglo. No tiene una solución cortoplacista. No se soluciona mediante la militarización de territorios. Tampoco allanando comunidades. Cada cierto tiempo vemos niños y mujeres mapuche golpeadas por las redes sociales. Ese camino del orden acabará cuando un niño o una mujer mueran producto de la violencia policial. El ministro Burgos quiere ser candidato mostrándose como el hombre fuerte, pero en realidad hace el trabajo sucio de la clase política chilena. La segunda carta de la coalisión gobernante es Ricardo Lagos. Sin embargo, igual que Piñera, sabe que las segundas partes nunca son buenas. Pregúntenle a Bachelet sobre este particular. Este ex presidente –dicen- es quien representa de mejor forma los intereses del empresariado chileno. Por otro lado, fiel a su estilo postdictadura, se disfraza del papá que habla fuerte cuando te comportas mal.

Por otro lado, la derecha presenta a Sebastián Piñera como posibilidad de ordenar la casa. ¿Quién iba a pensar que tendría otra posibilidad? Salió del gobierno con tan baja popularidad que nadie lo daba por vivo. Pero el gobierno actual está en una debacle moral sin precedentes cercanos. Ante esto, todo es posible. Piñera lo intentará. Si lo pudo lograr Bachelet por qué él no. No parecen existir más líderes en una derecha anémica. Se guardan para futuras peleas Allamand y Ossandón. Esperan tener posibilidades más adelante cuando la tormenta de mierda (como diría el gran Roberto Bolaño) haya pasado. Cuando la muchedumbre deje de odiar a los políticos. Pero esto no pasará, ya ha sido lastimado severamente el sistema político.

En suma, la clase política busca rearmarse desde dos frentes perfectamente compatibles y armónicos. La derechización es evidente. Se invocan los viejos valores del orden institucional. La superioridad del Estado por sobre los ciudadanos. ¿Qué papel jugarán los movimientos ciudadanos en este sombrío escenario? Es de esperar que el amplio movimiento ciudadano aplaque esta hegemonización que está tratando de llevar a cabo la amplia derecha chilena.

Luis Nitrihual Valdebenito
Universidad de La Frontera
luisnitrihual@gmail.com

Licán Ray, febrero 2016

 
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