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Salvador Allende: Ideas para pensar la izquierda del S. XXI. Por Alexis Meza Sánchez

Mucho se ha escrito sobre el golpe militar, hito que marca a sangre y fuego nuestra historia reciente. Acá nos proponemos rescatar algunos de los ejes del pensamiento de Salvador Allende, pero en clave de futuro, es decir, no desde el martirologio de la derrota, sino proyectando como sus discursos, ideas y praxis política nos permite repensar la construcción de una nueva izquierda.

La figura de Salvador Allende aparece signada por los 3 años de gobierno de la Unidad Popular. Sin embargo, Allende encarna un proceso más amplio y extenso de politización de la sociedad civil, de ensanchamiento del espacio público y de emergencia de nuevos actores y organizaciones. Es Allende sin duda un actor de la historia de Chile que hay que comprender en un proceso de larga duración.

Allende era un demócrata, un republicano y un pluralista. Lo fue desde que era dirigente estudiantil en el Liceo Eduardo de la Barra en Valparaíso y en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, y más tarde como Ministro de Estado, parlamentario y dirigente socialista. Su convicción de que la democracia era una práctica política deliberativa que se enriquecía a través del debate público y el ejercicio de la reflexión, en marcos de tolerancia y libertad cívica y no solo un mero mecanismo de elección de dirigentes, lo llevaron a apostar firmemente por las instituciones republicanas y las mediaciones existentes entre el Estado y la sociedad (Parlamento, sistema de partidos entre ellos).

Pese a ello, resulta indiscutible que Allende aporta una teoría de la revolución para y desde América Latina. Allende le ofreció al pueblo un proyecto de futuro, que implicaba la transformación radical de la sociedad de su tiempo.

Por eso, estudiar a Allende hoy tiene alta pertinencia. Tras la hegemonía neoliberal que irrumpió en los 90’, hoy vivimos un ciclo de revitalización de la protesta política y social, que socava las bases estructurales de un modelo que muestra fisuras y ausencia de legitimidad. En ese contexto, volver sobre el ideario allendista, no es solo un ejercicio conmemorativo, sino que pretende pensar críticamente nuevos modos de transformación de la realidad sociopolítica.

Allende es además un sujeto plenamente consciente de ser parte de un proceso histórico mayor, de alta complejidad. Siempre se concibió a sí mismo, como un eslabón más, de un trayecto histórico de larga duración en pos de la construcción de la lucha popular. La revolución para Allende no era un hito o un lugar, sino que un proceso largo, complejo, de construcción política perseverante y permanente en función de los sectores populares y de la transformación socialista de la sociedad.

La historia es continuidad y cambio. Sabemos por tanto hoy, que las lógicas de construcción política de la izquierda del futuro, no pasan por replicar las experiencias de la generación de los 60’s u 80’s, sino en instalar una relación de nuevo tipo entre una ciudadanía mucho más activa en torno a la defensa de sus derechos y organizaciones más amplias, abiertas y flexibles en sus postulados y dinámicas de acción, para permitir acoger en sí mismas una variedad de demandas y actores sociales que le constituyen.

Allende por tanto, como personaje clave de nuestra historia reciente, interpela nuestra memoria política en perspectiva de futuro. Su último discurso, que retumba las aún estrechas alamedas, evoca las tareas de mañana. No es posible pensar a Allende sin cuestionar políticamente el país que a 42 años de su muerte, estamos construyendo.

Precisamente por los tiempos que corren, este modelo, que muestra signos de agotamiento, debe ser enfrentado por una/otra hegemonía, que evidencie una propuesta para construir un ‘nuevo momento histórico’. Se trata por tanto de construir una nueva izquierda, para un nuevo ciclo de la lucha social y política.

Una ‘nueva izquierda’ debe situarse desde la ‘larga marcha de la memoria y la construcción popular’. Así, el respeto a la diversidad, el pluralismo, el desarrollo de la crítica permanente sobre sus propias prácticas, la promoción de la libertad y la autonomía de los sujetos, el respeto a las minorías, la defensa de los derechos humanos y sociales, del medio ambiente, del trabajo digno, la democracia sin exclusiones, promover la transformación de las estructuras políticas y económicas, la demanda por una educación liberadora, por acceso a salud de calidad, etc, son parte del cúmulo de luchas, que poco a poco han ido siendo retomadas, tras ser silenciadas y postergadas en la larga siesta neoliberal.

Generar un proceso de ruptura y transformación del actual estado de cosas implica la activación de un amplio y permanente proceso de movilización social y popular. Las conquistas sociales, culturales y políticas del campo popular, no han sido nunca concesiones de los grupos dominantes, sino fruto de su constante lucha por cambiar el estado de las cosas.

En la izquierda chilena conviven distintas tradiciones, generaciones y métodos de acción. Esto no es nuevo. Lo importante es que esa diversidad se exprese unitariamente. Hay que articular esa heterogeneidad, respetar esas diversas tradiciones, construyendo unidad desde la diferencia y no solo buscando los puntos de acuerdo. Ser Allendistas nuevamente, significa recuperar las banderas de la unidad, la democracia y la justicia social, evitando que estas sean cooptadas por la izquierda que claudica con el modelo hegemónico y que hoy se cobija en la Nueva Mayoría.

En la medida que la figura de Allende crece, se consolida al mismo tiempo la derrota ética, política e histórica del pinochetismo, del cual hoy se avergüenzan incluso importantes colaboradores de la dictadura cívico-militar. Es por eso que en la memoria popular aún resuena el metal tranquilo de su voz, llamando a abrir las anchas alamedas.

La muerte de Allende representa la culminación del momento de mayor expansión de las libertades públicas y democráticas. A través de su ejemplo, 42 años después nuevas generaciones de chilenos miran la experiencia de un pueblo en lucha, que fue capaz de abrirse paso por las grandes alamedas para tomar la palabra sin pedir permiso y construir una nueva utopía.

San Miguel, septiembre 2015.

Alexis Meza Sánchez es historiador. Autor de Salvador Allende: Discursos para construir la izquierda del S. XXI (Ed. Escaparate, Concepción, 2008) y Co-Autor de Salvador Allende: en la memoria de los pueblos, Ed. Fundación Ayacucho, caracas, 2008. Twitter: @amezasanchez

 
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