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En este numero:

- Cierre del Penal Punta Peuco. por Jaime Donoso
- Marx y la economía. Por Manuel Acuña Asenjo
- Pactos de silencio y vergüenza nacional por Enrique Villanueva

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Si eres jefa atrévete a cambiar el mundo, atrévete a liderar como mujer. Por Jenny Bruna Jara

Hace solo ocho décadas atrás habría sido impensable tener a una mujer como presidenta, como miembro del parlamento o liderando una empresa, relegadas a ser quienes sostenían el mundo desde casa y en la sombras, hoy las mujeres hemos hecho sonar fuerte nuestros tacos transformándonos en la primera fuerza laboral en Chile, y tomando puestos de poder tanto en el ámbito público como privado, jefaturas de gran relevancia son hoy lideradas por mujeres, madres, amigas, esposas, hermanas, quienes celebran victoriosas el haber hecho posible lo que por siglos pareció solo un sueño, en medio de un mundo de hombres y patriarcado, la voz, la presencia y la esencia femenina se han hecho notar.

Pero ¿hemos conseguido realmente la ansiada, soñada, llorada y sufrida libertad femenina, hoy que nos erigimos como jefas, políticas, académicas y empresarias? Pues yo diría que no, es cierto que hemos dado pasos de gigantes, es cierto que hoy las gerencias de marketing o de ventas de las más grandes compañías tienen mejores resultados cuando son dirigidas por mujeres, pero ¿cuál es el precio que debemos pagar por ostentar el poder en un mundo donde la misoginia sigue imperando y donde se espera que un líder sea alguien que hable fuerte, golpee la mesa y que nunca de su brazo a torcer? ¿Hemos logrado las mujeres vestir el mundo del poder con nuestras faldas y tacones, nuestra intuición y sensibilidad, o es acaso que nos estamos colocando el traje y la corbata para ser jefas, imitando sin siquiera cuestionarlo, la forma de jefatura masculina? ¿ estamos acaso golpeando la mesa porque es lo que nos nace por esencia, o porque es la única forma en que sentimos que nos haremos respetar?

No, ser jefa en el mundo de hoy no es fácil, y no es fácil porque como siempre tenemos que vivir demostrando, que sí podemos, que sí lo hacemos tan bien como un hombre, aunque seamos madres, aunque nuestros hijos se enfermen, aunque estemos con la regla o nos sintamos enfermas, porque queridas, la discriminación sigue presente, y más cuando de dirigir y liderar se trata, si un hombre grita es porque tiene carácter, si una mujer grita es porque es histérica, si un hombre se emociona es sensible, si una mujer se emociona, está con la regla, si un hombre comete un error pronto lo arreglará, si una mujer se equivoca, de seguro será porque estaba preocupada porque su hijo estaba con peste... Y la lista podría ser eterna, pero ¿cómo lograrlo, cómo ser jefas, sin masculinizarnos, cómo liderar con empatía y tolerancia sin perder con ello el respeto de los demás?

¿Se puede ser acaso una jefa que sonría, que escuche, que abrace, que contenga, que se emocione, que baile en la fiesta de fin de año, que use escote, que de vez en cuando falte por cuidar a sus hijos, sin que por ello caigan sobre ella las penas del patriarcado? Se puede sí, pero tenemos que ser conscientes que eso tendrá un costo, un nuevo costo con el cual aprender a lidiar, porque nos van a criticar, porque dirán que no sabemos, que no podemos, que somos débiles, si alguna vez se nos ocurre soltar una lágrima nunca lo olvidarán, si llevamos un vestido muy escotado comentaran que gracias a eso conseguimos nuestro puesto, si nos damos el tiempo de escuchar, dirán que perdemos el tiempo...

Pero, con todo, vale la pena intentarlo, es el único camino que realmente vale la pena tomar, ser jefas desde el real y verdadero ser mujer y no desde la cultura patriarcal, porque, sino cuál es la diferencia entre que el jefe sea un hombre o una mujer, y es que no se trata solo de ser líder, de tener el puesto, sino de marcar tendencia, de trascender, de cambiar, de empoderarnos, de dejar marcada nuestra impronta en cada una de las decisiones que tomemos.

Si somos jefas es porque intelectualmente somos capaces, no tenemos entonces nada que envidiar a un hombre, pero tampoco nada superior, nuestro plus está en que somos mujeres, personas cíclicas, sensibles, que aprendemos desde niñas a hacer más de una cosa a la vez, que podemos dirigir empresas al mismo tiempo que mantenemos nuestra casa y mimamos a nuestros hijos, no tenemos porque renunciar a lo que somos por querer ser jefas al estilo machista, no, quizás nunca debamos golpear la mesa ni apuntar con el dedo, porque así no somos las mujeres, y por mucho que lo intentemos, nunca lo seremos, porque podemos liderar, mandar, coordinar, y hacer triunfar una compañía desde la empatía, desde el diálogo, desde el trabajo en equipo y la contención, con o sin lágrimas, teniendo o no la regla, con o sin hijos, porque usar escotes o vestidos ajustados, llorar cuando algo no sale bien, abrazar a un compañero de trabajo no nos vuelve menos capaces ni menos mujeres, no nos hace cobardes, muy por el contrario, es nuestra sensibilidad, nuestra vulnerabilidad la que nos hace más aptas para dirigir que un hombre, porque no sólo trabajamos desde la inteligencia racional, sino también desde la emocional, llorar es de valientes, de mujeres todo poderosas, de líderes que saben que si se equivocan se vuelven a levantar, porque así es el mundo y así se mueven las cosa, porque así tus empleados verán en ti a alguien más que un nuevo jefe a quien criticar.

Entonces, ¿podemos ser jefas sin masculinizarnos? Claro que podemos, solo debemos ser nosotras mismas, y escuchar a la intuición tanto como a la razón, nuestro verdadero poder está en nunca creer que algo es imposible, fue así como llegamos a ser jefas, como nos transformamos en líderes, y sí, puede ser que a muchos les parezca una estupidez una mujer que llore o que sea sensible, pero también parecía en 1939 una locura que más mujeres votaran, o que las mujeres fueran a la universidad, y ya ves, aquí estamos, tú, jefa, empresaria, líder, emprendedora, y yo, mujer, madre, escritora, hablando de nosotras, de nuestros liderazgos, de nuestros sueños, atrévete a ser mujer incluso tras el rol de jefe o líder, y no permitas que nunca nadie te diga que no puedes, que nadie te diga que si quieres triunfar debes ponerte la corbata y el traje, atrévete a ser jefa con faldas y tacos, con con tu útero y tu corazón, con flores y colores rosados, con llantos y halagos, ten la valentía de pensar en grande, y siempre, pero siempre busca una tribu, asóciate a otras mujeres en tu empresa, que ellas no sean nunca tus enemigas, ese es, querida amiga, otro de los flacos favores que nos hace el andocentrismo, forma redes, que nunca habrá mejores aliadas que otras mujeres vibrando como tú en la misma sintonía.

Quizás ahora te suene difícil, quizás te parezca una idea de feminismo trasnochado, pero si lo pruebas, pronto verás, que será mucho más fácil y reconfortante al terminar el día trabajar desde tu ser mujer que intentar sostener cada día una traje que no te pertenece ...

Somos las mujeres occidentales las que estamos destinadas a cambiar el mundo, porque tenemos derecho a voz, porque tenemos derecho a voto, porque tenemos el poder, pero solo podremos hacerlo si retomamos nuestro camino de la feminidad reconectando con nuestro ser mujer, teniendo la valentía de ser diosas creativas y soñadoras, vulnerables y sensibles, poderosas y trascendentes... Llegó el momento de devolverles de una vez el traje, los gritos y la corbata a un patriarcado que ya suficientes daños nos ha causado, si eres jefa, te invito entonces, atrévete a cambiar el mundo, atrévete a liderar como mujer.

Jenny Bruna Jara, periodista y escritora. Directora de www.mamadre.cl

 
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