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¡Cabros! Esto no prendió... el problema de los micrófonos y las cámaras apagadas. Por María Fernanda Jul, Juan Pablo Dreyse y Ángela Rocco

Estos dos años de pandemia nos llevaron a cambiar la modalidad del proceso enseñanza aprendizaje. De acuerdo a los resultados de la última Encuesta de Monitoreo de Establecimientos Educacionales en Pandemia, desarrollada durante el mes de noviembre de 2021, solo el 49% de los establecimientos educacionales de nuestro país desarrolló clases presenciales durante este año, con una cantidad total de horas de clase presenciales que representa solo el 55% de las horas de un año regular de clases.

Este contexto, dio lugar a importantes transformaciones en los procesos educativos: pasamos de las salas de clases desordenadas, desbordadas y llenas de vida a aulas virtuales; transitamos de la presencia, la interacción, de mirarnos y escucharnos, de tener que estar en cuerpo, mente y alma compartiendo la experiencia educativa a una reducción del proceso educativo, a la simpleza de iconos y chat, frente a un computador, tablet y algunos, menos afortunados frente a su celular, con bolsas de minutos, quienes habitualmente no prenden su cámara. Ahora bien, desde siempre en nuestras aulas han existido estudiantes con las cámaras apagadas, solo que no lo sabíamos. Cuántas veces, hemos tenido como docentes a nuestros estudiantes en frente, aparentemente escuchando, atendiendo, comprendiendo e implicándose en un diálogo pedagógico, pero en realidad, no nos escuchaban, no nos atendían, no nos comprendían y no se implicaban. Solo observaban quemando tiempo para salir a recreo.

Esto nos lleva a preguntarnos ¿Cómo no nos dimos cuenta?, tal vez porque nosotros, como docentes no estábamos escuchando, atendiendo, comprendiendo o implicándonos. Quizás los habíamos silenciado. El momento en el que nos dimos cuenta de esto, dolió. Debido a que se develó, dentro de nosotros, una pérdida importante, la del sentido de ser educadores/as, volvimos a cuestionarnos sobre nuestros propósitos más allá de lo profesional. ¿No lo vimos venir?, será que nos volvimos ciegos, después de tanta luz artificial; nos volvimos sordos en medio del ruido de la ciudad, del patio, de las aulas; nos volvimos imágenes inertes de perfiles en redes sociales, sumergidos en el mundo individual de nuestros demandantes celulares. La conclusión fue aterradora: dejamos de ver al otro, dejamos de implicarnos, de ser cómplices, pidiendo a nuestros estudiantes que escriban las preguntas por correo, que expresen sus opiniones en el foro, nos volvimos actores... “voy a comenzar la grabación” todo eso que no vimos venir nos hizo perder tanto, dejamos de SER educadores y nos centramos en HACER acciones como educadores; sin preguntarnos el ¿Para qué?

Si bien, un aula virtual funciona como un aula, como una réplica del espacio perdido, esta no lo es. Es solo una reducción funcional de la misma, en ella pueden desarrollarse las “funciones o actividades” típicas de una clase, podemos estar parcialmente presentes... o ausentes, podemos escucharnos, leernos, incluso vernos, pero lo cierto es que no estamos ahí. Un aula de clases no son solo los muros, la pizarra, las ventanas, puerta y pupitres, sino que es todo lo que ahí se gesta, en presente continuo, sin posibilidad de escapar o escondernos. Debemos escuchar a los otros (no podemos silenciarlos), debemos mirar a los otros (no podemos apagar su imagen) debemos enfrentar la tensión de las preguntas que nos obligan a pensar, expresar ideas con sentido, para otros y con otros. Necesitamos comprendernos en la presencialidad.

La pedagogía virtual como experiencia, no es suficiente para educar, es una versión funcional de la experiencia de hacer docencia, una forma de asistir pedagógicamente a las emergencias del contexto, pues en ella se pierde todo lo que antes hemos mencionado, que dice relación con el “ser educador/a”, de ahí el valor y anhelo de volver a la presencialidad de forma paulatina, pues es una oportunidad para retomar el SER educadores/as, y ofrecer a nuestros estudiantes una experiencia educativa genuina, presente-consiente. Los micrófonos y las cámaras apagadas son el botón de muestra de la pérdida del encuentro pedagógico y de la necesidad del otro. Necesitamos de otros y de tantos.

María Fernanda Jul, Juan Pablo Dreyse y Ángela Rocco son académicas y académico Facultad de Educación UCSH

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