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Chile en su laberinto: elecciones presidenciales. Por Gustavo Gac-Artigas

Nos encontramos ad portas de las elecciones presidenciales en Chile, elecciones que tienen una dimensión que va más allá de esa loca geografía, más allá de ese pueblo, más acá de la esperanza.

Las presidenciales podríamos compararlas a un río que, naciendo en la cordillera, baja cruzando el desierto, los fértiles valles del centro, los bosques desaparecidos del sur para perderse al fin del mundo, río donde, por su ribera derecha, baja el candidato de extrema derecha: José Katz, y en Magallanes cambia de rumbo y sube, llevando en su curso, por su orilla izquierda, a un pingüino: Gabriel Boric.

En el medio, frágiles barcos de desgastado papel y rancias promesas luchan por no naufragar. De los siete barcos de papel, dos sobreviven: Sebastián Sichel, quien fuera presidente del Banco del Estado de Chile, ministro de Piñera, actual presidente, y quien representa la continuidad, aguas empantanadas, oliendo a podridos negociados.

La otra barquichuela, lleva a Yasna Provoste, democristiana, quien fuera ministra bajo los gobiernos de Lagos y Bachelet y que agarrada a las dos barandas del barquito intenta navegar por un centro que perdió su fuerza pero que busca retomar rumbo.

Los otros barquichuelos, pequeños barcos de papel, navegan sin rumbo en este río electoral disparando cañonazos a diestra y siniestra y no avistan puerto de llegada.

Así, Chile queda en medio de la esperanza y el miedo. Por la orilla izquierda Boric, los sueños y el deseo de un Chile más justo y mejor, por la orilla derecha, Katz, recogiendo los desechos de la dictadura, prometiendo orden y tranquilidad, prometiendo regresar el cauce a las aguas hediondas y empantanadas de la elite.

A cinco semanas de las presidenciales se enfrentan nuevamente la esperanza y el temor, ese temor que paraliza, que aplasta, que angustia, esa esperanza que abre el camino a un futuro –y por ser futuro incierto–, el de los sueños, sueños de bienestar, de justicia social, de tener un techo y un pedazo de tierra en qué pisar, esa tierra que puedas llamar tuya, ese país del que puedas decir, también es mío, pertenezco.

A cinco semanas, una manifestación es un viento que empuja la orilla izquierda; a cinco semanas los desmanes tras una manifestación son llamas que inflaman y alimentan la ultraderecha, llamas de miedo que incineran los votos de la esperanza y cual dique se levantan para detener su avance.

A cinco semanas, una declaración desafortunada que hace pensar en viejas mañas, en rígidos márgenes que impiden la libertad de expresión, la libertad de construir libres, sin modelo alguno, un nuevo camino –como nuevo camino es una constituyente–, a cinco semanas, quien intente detener el curso del cambio, ayuda a la otra orilla, la de las aguas turbias del pasado, el otro, el de la dictadura.

Hoy, a cinco semanas de las presidenciales, debemos evitar agitar las aguas, evitar crear ese río revuelto del que algunos intentan sacar ganancia, debemos evitar que el temor nos embargue, debemos dar vuelta la página y remontar ese difícil camino que puede sacarnos del laberinto y llevarnos a buen puerto.

A usted, el elegir en qué aguas desea navegar.

Gustavo Gac-Artigas es escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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