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Chile, entre la paradoja actual y una democracia posible. Por Felipe Quiroz Arriagada

Cuando intentamos comprender los procesos sociales es importante clarificar las cifras, ya que estos números representan realidades y no solo abstracciones. Y, en consideración a ello, no es completamente exacto que la opción Apruebo haya obtenido casi un 80% de adhesión de toda la población, mientras que el Rechazo un 20%. Sí consideramos al padrón electoral completo, el Apruebo obtuvo aproximadamente un 40% (menos glorioso de lo que parecía), mientras que el Rechazo un 12% (más miserable de lo que parecía), mientras que la Abstención cerca de un 48%, siendo, una vez más, desde que existe voto voluntario en Chile, la verdadera mayoría.

La tendencia mayoritaria dentro de ese 48% aproximado es, en realidad, un misterio. No sabemos con certeza si está compuesta por cuanta cantidad de adherentes al movimiento social, pero que no creen en la actual clase política, o por cuanta cantidad de personas indiferentes respecto de lo que está pasando en la contingencia (con tres décadas de cultura neoliberal, es tan espantoso como posible que algo así ocurra) o por otra cantidad de personas que están en contra del movimiento social, pero que no les pareció atractiva la opción Rechazo, por diferentes motivos. Casi la única certeza que podríamos tener es que los adherentes al movimiento social de octubre del año pasado no estaban entre el 12% que voto Rechazo. Y, si bien, es posible inferir que ese 12% estuvo compuesto, en su totalidad, por contrarios al estallido, no tenemos como afirmar con certeza que todos quienes están en contra del mismo se reducen a ese 12%.

Ahora bien, esta falta de certeza tiene que ver con la voluntariedad del voto, por un lado, y por otro, con el fracaso de los partidos políticos en su función de representar los ideales e intereses de la ciudadanía. Y a falta de certezas, un par de supuestos: 1) Mediante el voto obligatorio, sería muy improbable que la actual Abstención se concentrase completamente entre votos Nulos y Blancos. En efecto, los votos que no fueran Nulos o Blancos nos darían mayor claridad respecto de las tendencias existentes entre quienes hoy no votan, cuando el sufragio es voluntario, ya que se inclinarían, necesariamente, por algunas de las otras opciones electorales. Tal conocimiento no lo tenemos en contextos de voto voluntario. 2) Los caminos ofrecidos por la super estructura política son interpretados como parte del problema, y no de la solución. En realidad, los partidos mismos son considerados como parte medular del problema que se anhela solucionar. Por ello, votar por sus opciones, pareciera ser una acción del todo inútil y que, de hecho, legitima al statu quo. Pero, más bien, es el voto voluntario el que favorece en todos los sentidos al mantenimiento de la elite, y en nada a la ciudadanía que la quiere cambiar, ya que la Abstención, aunque representase a una cantidad irrisoriamente mayoritaria de la población, electoralmente tiene un peso igual a 0%. Lejos de mejorar al sistema, lo mantiene intacto. En efecto, desde que existe voto voluntario en Chile, la Abstención ha sido siempre superior a la mayoría relativa que gana las elecciones y que, por ello, termina gobernando al país. ¿Qué poder obtiene, en cambio, quien se abstiene? Ninguno.

De acuerdo con la última encuesta Criteria la aprobación a Piñera alcanza un 7%. Esto significa que el lamentable 12% obtenido por la opción Rechazo representa casi el doble de lo que hoy tiene el Presidente. Sin embargo, como ya se ha señalado, poco pesan, realmente, las mayorías respecto de la organización del poder en Chile. En efecto, al oficialismo no le daña, verdaderamente ese 7%, ya que el otro 93% restante no es, en ningún caso, propiedad de la oposición, una que, más encima, contra todo pronostico y siquiera sentido común, una vez más, llega fragmentada antes de un proceso electoral. De posicionarse en bloque la candidatura del oficialismo, puede ocurrir lo impensable: que aún con estallido social, continúen en el poder. Y en esto radica la verdadera problemática de la sociedad chilena de comienzos del siglo XXI; a la ciudadanía descontenta con el modelo neoliberal no hay fuerza política que verdaderamente la represente. Siendo imposible una democracia sin partidos políticos, con los que hay, no es posible democracia autentica. Esta es nuestra actual paradoja. Por ello, resulta imperativo el nacimiento de nuevos partidos políticos que tengan raíces firmes en la ciudadanía y en ninguna otra parte, para pensar en un futuro democrático posible.

Mg. Felipe Quiroz Arriagada.

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