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Chile…¿su paso desde la ilusión a un nuevo neoliberalismo? Por Nicol A. Barria-Asenjo

El 2019 daba una sensación diferente a propósito de aquella dirección que la historia llevaba. Corría otro mensaje a velocidad inimaginable por todo el globo y comenzaba a emerger la amenaza de un cambio radical y antagónico a lo establecido o conocido, lo postergado a nivel histórico y político parecía por fin cobrar su lugar. Aquel desenlace deslizado desde temprana data y plasmado en legados de diversos intelectuales, parecía comenzar a salir del papel para corromper las entrañas de la sociedad. Sin embargo, la ideología dominante supo reestrablecerse rápidamente para mantener su control y dominación sobre todas las esferas de la sociedad.

El escenario mundial contemporáneo lleva un extenso periodo dilucidando diversos elementos que ameritan atención, hay presencia de importantes fisuras en algunas de las lógicas dominantes, desde lo cual nuevamente podrían fragmentarse los cimientos de la política, lo económico, lo social y un amplio etcétera.

Son precisamente estas intermitentes rupturas en la historia en construcción, esa oscilación entre la ilusión y la caída al abismo de la desesperanza, lo que genera espacios vacíos donde opera una historia viva, impulsada y manipulada por las fuerzas sociales y las rupturas simbólicas que se montan. La ilusión de sentir(nos) en los bordes del fin de la historia conocida y, poder ser agentes activos del reemplazo de simbolismos neoliberales, no fue ni ha sido una mera reacción espontánea, sino, una descarga furiosa de todo lo reprimido, aquello que no había tenido tiempo -o espacio- de ser simbolizado, reelaborado o sometido a duelo.

En suma, una y otra vez, el panorama mundial incorpora a la luz de los giros que durante el 2019 y 2020 se hicieron notar, sentires tales como la esperanza, ilusión y un desenfrenado optimismo en ese aparente giro que el mundo clama. Sentires gatillados y emergido desde el núcleo que las calles socavaron, una ruptura a la matrix desde la cual la ideología se nutria. Atacar la historia desde las calles para comenzar a construirla en forma viva por el pueblo. ¿Hacia otro nuevo fin del mundo?

Los movimientos sociales, el despertar social y el contragolpe que la lucha anti-capitalista brindó a lo edificado por el capitalismo, barnizaron las entrañas mismas de la política, lo político y la historia. A finales del 2020, se suma un nuevo elemento identificado como covid-19 que trastocó aún más esa “normalidad” que venía operando silenciosamente y arrebatando subjetividades y la vida misma.

En cierto sentido, anunciar que los procesos de cambios comenzaron desde el 2019 sería por cierto, una afirmación falsa. Pero, la emoción del proceso histórico en parte daba razones para sentir aquello.

En una mirada en retrospectiva, podemos visualizar con claridad que lo que ocurrió en este periodo temporal es el resultado de una larga lucha. Muchas de las luchas políticas que llevaban décadas agitando aguas comenzaron a ver sus frutos al unirse y formar un mar de descontento, angustia, desesperanza, ansias de cambio y equidad social.

El colapso no podía esperar más y, sin que nadie -pero al mismo tiempo todos- esperarán un ajetreo de carácter universal, las masas populares salieron a las calles a descargar todo lo reprimido desde hace siglos, causando un caos necesario para acercar a la humanidad a otro fin del mundo.

Las dislocaciones sociales, culturales, de raza, clase, etnias, género, además de la evidente crisis ecológica comenzaron a implosionar detonando dentro de los sujetos revolucionarios y, a partir de esa implosión, el cuerpo revolucionario, dislocado, fragmentado y despedazado, buscó un modo de supervivencia en los bordes de lo común, uniendo sus heridas, pedazos y enlazados, caminaron hacia la búsqueda de un nuevo orden socio-político, arrojando con violencia al tablero nuevas piezas, nuevos significantes y aboliendo lo que parecía ser inamovible.

Para Felix Guattari, la velocidad del capitalismo, es capaz de trastocar todo, pues, los ritmos a los cuales no solo se mueve el modelo, sino que, incentiva a que los individuos se muevan, es uno de los causantes de que las sociedades vayan poco a poco perdiendo toda cuota de humanidad, en sus palabras encontramos “Sin descansar, continúa su sucia tarea de castración, aplastamiento, tortura y cuadriculado del cuerpo para inscribir sus leyes en nuestras carnes, para clavar en el inconsciente sus aparatos de reproducción de la esclavitud. A base de retenciones, estasis, lesiones o neurosis, el Estado capitalista impone sus normas, fija sus modelos, imprime sus rasgos, distribuye sus roles, difunde sus programas… Mediante todas las vías de acceso que tiene nuestro organismo, sumerge dentro de lo más profundo de nuestras vísceras sus raíces mortales, confisca nuestros órganos, desvía nuestras funciones vitales, mutila nuestros goces, somete todas las producciones vividas al control de su administración patibularia. Hace de cada individuo un lisiado, cortado de su propio cuerpo, ajeno y extraño a sus deseos”

Es la micro-política imperceptible la que se mueve tras el telón de la función capitalista y, como la micro-política parece ser poco importante o estudiada, cada vez toma más y más poder, agujereando las entrañas de la sociedad, la política, lo político y los intentos de (des)politización por su parte, solo promueven la manutención del orden establecido.

El hacer de “cada individuo un lisiado, cortado de su propio cuerpo, ajeno y extraño a sus deseos”, se vuelve más vigente desde inicios del 2021 cuando la pandemia del covid-19 no solo ha hecho de nuestros cuerpos un elemento más de ese no-control individual y del cual los aparatos del Estado saben hacer uso. El cuerpo, en nuestra época, toma un lugar central en esas herramientas pro-capitalistas, lo sostienen, lo promueven y se venden sin tomar consciencia de aquello.

Salimos a las calles a diario a exhibir nuestras prendas de vestir con logos de grandes marcas, haciendo publicidad gratuita, enviamos mensajes inconscientes a otros individuos para que usen aquello que otros exhiben, promoción y marketing gratuito, pues, no solo regalamos el marketing diario, en una postura más radical, pagamos por poder exhibir aquellas prendas de vestir, nos sometemos a ser parte del modelo en el cotidiano sin lograr identificar todos los mecanismos bajo los cuales funcionamos.

Sin afán de continuar exponiendo las nuevas herramientas de promoción capitalista, retomaremos el punto central, a saber que la pandemia del covid-19 hizo que en todos nuestros medios de comunicación se debatiera a propósito de la “nueva normalidad”, en este punto conviene preguntarse en primer momento por ¿Cual es esa normalidad que se pretendía dejar atrás? ¿Es posible utilizar el concepto “normalidad” en tiempos donde la normalidad está fuertemente trastocada por lo “anormal”? Nos movemos a gran velocidad en la telaraña capitalista, tiempos inminentemente políticos, en donde prima el temor a ser parte de lo “Anormal” pero a fin de cuentas, todo lo que es etiquetado de “anormal” parece estar de aquel lado donde tiene lugar el despertar social, el cambio, la dignidad y la justicia social.

Precisamente por ser anti-modelo, anti-capitalista y anti-dominación es que se prohibe o censura, nuestra época, parece caracterizarse por qué todo deseo que vaya contra la dominación, es arrancado, vendido y etiquetado. Es por ello, y muchas otras razones, que debemos encontrar una forma de vida que responda a un más allá de lo normal y más allá de los anormal. En el intersticio de lo no-sabido y dónde podamos tolerar el vacío de nuestras vidas, alejados de la ilusión de que todo es goce capitalista y represión del deseo. Cuando todo parecía comenzar a cobrar un nuevo matiz, la “nueva normalidad” llegaba a asegurar ese porvenir capitalista que las elites económicas esperaban co-constuir. Y utilizo el término “co-construir” porque precisamente es una co-construcción de aquel edificio neoliberal.

AMO-ESCLAVO, DOMINADO- DOMINANTE- GOBERNADO-GOBERNADOR parecen actuar como una verdadera diada, algo normalizado que parece ser solamente perceptible en el papel, pues en la practica, vemos como los mismos explotados, dominados, gobernados, sueñan con estar del otro lado, y en ese sueño de cruzar la calle, se suman a los juegos sucios y cínicos que producen que la balanza siga estando profundamente marcada en un solo lado.

Chile del despertar a la caída de la ilusión.

En Chile, el juego político pareció en principio llevar esperanzas al mundo entero, no solo los medios locales o latinoamericanos pusieron su atención en los escenario que aparecían. En resumen, el Estado de Chile, mediante un referéndum histórico que tuvo lugar el 25 de Octubre del 2020 se inicio una carrera con desenlace aún incierto.

El pueblo haciendo uso de las herramientas democráticas tal como lo es el voto, decidió lanzar a la basura la vieja Constitución Política de Chile, impuesta en el periodo cívico-militar, esta carta magna aseguró el modelo por décadas, llegando a su fin, aquel 25 de octubre.

A partir de ese momento, el duopolio político quedaba detenido, se dio paso a una nueva carrera política, se comenzó a construir una nueva historia que sigue con guión abierto.

Este gran paso, hizo que aparecieran nuevas ilusiones, el despertar social y el no querer a dormir nuevamente hicieron lo suyo, en lo cotidiano era fácilmente identificable el hecho de que el pueblo cargado de esperanza ansiaba dejar atrás todo aquello que causaba tanto dolor transgeneracional. Sin embargo, el paso del tiempo y, en la medida que el juego comenzaba a avanzar, lar artimañas políticas -como era de esperar- comenzaron a retornar. En este breve comentario, no pretendo esbozar un panorama general de la situación socio-política, sino, tan solo, poner énfasis en aquellos movimientos o del traspaso de una ilusión a una nueva construcción de lo mismo pero con otros tonos.

Quizás, aquello que permite seguir soñando, es el efecto cada vez más débil de la violencia y el miedo como método de supervivencia que el modelo utiliza para perpetuarse. Y, además, los papeles activos que las nuevas generaciones están tomando en los cambios.

Sobre la violencia…..

El concepto violencia, una y otra vez parece tornarse central a la hora de analizar no solo el escenario chileno sino, mundial. Las formas de violencia parecen ir modificandose de forma veloz, a la par con las reformulaciones prácticas que el neoliberalismo impone.

Lo imperceptible de la violencia es el uso de formas de violencia cada vez más potentes pero no enlazadas a actuar como una herramienta de control, poder o la ideología. En la coyuntura política mundial, parece ser un núcleo singular, con elementos que le permiten funcionar de forma independiente pero paralelamente a las lógicas dominantes. El capitalismo no necesita de la violencia radical para someter a los individuos a un orden establecido que asegure su permanencia, es la violencia la que necesita del capitalismo para trastocar más y más esferas.

En comunicación personal mantenida con el filósofo esloveno Slavoj Zizek (2021) a propósito de la problemática, el intelectual afirmó “Hannah Arendt, en su obra Sobre la violencia, elabora una serie de distinciones entre «poder», «fuerza», «violencia» y «autoridad». La fuerza debe reservarse para las «fuerzas de la naturaleza» o la «fuerza de las circunstancias»: indica la energía liberada por los movimientos físicos o sociales. En el estudio de la política nunca debe utilizarse indistintamente con el poder: la fuerza se refiere a los movimientos de la naturaleza, o a otras circunstancias humanamente incontrolables, mientras que el poder es una función de las relaciones humanas. El poder en las relaciones sociales resulta de la capacidad humana de actuar en conjunto para persuadir o coaccionar a otros, mientras que la fuerza es la capacidad individual de hacer lo mismo. La autoridad es una fuente específica de poder. Representa el poder conferido a las personas en virtud de sus cargos, o de su «autoridad» en lo que respecta a la información y los conocimientos pertinentes. Existe la autoridad personal, por ejemplo, en la relación entre padre e hijo, entre profesor y alumno, o puede estar conferida por los cargos (un sacerdote puede dar la absolución válida aunque esté borracho). Su rasgo distintivo es el reconocimiento incondicional por parte de aquellos a los que se les pide que obedezcan: no se necesita ni coerción ni persuasión. La autoridad, por tanto, no procede únicamente de los atributos del individuo. Su ejercicio depende de la voluntad de los demás de conceder respeto y legitimidad, más que de la capacidad personal de persuadir o coaccionar”

Es ese “a pesar de”, que la violencia puede operar como una suerte de diada que sostiene mucho de los antagonismos de la época. En medio de los procesos de transición política o cambio de mando, siendo julio del 2021 en Chile, la violencia toma lugar a partir de la caída de la unidad, de la esperanza. Ataques violentos que denotan la desesperación que el pueblo siente luego de la llegada de la pandemia y sus consecuencias, y la toma de posición de la extrema derecha en la cúspide de los obstáculos hacia un país con justicia o equidad social.

Tiempos políticos, tiempos violentos, tiempos complejos donde la dirección que emergía a inicios del 2019 hoy parecer ser un nostálgico recuerdo de aquello que creía edificarse.

Nicol A. Barria-Asenjo.
Universidad de Los Lagos, Departamento de Ciencias Sociales.
Escritora y ensayista chilena. Autora de libros, artículos, ensayos y columnas.

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