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COLUMNA: El valor patrimonial de Las Majadas o el «Castillo» de Pirque. Por Alex Ibarra Peña

Una escapada a Las Majadas de Pirque toma solo unos 30 minutos, apenas cruzando el prodigioso Río Maipo al final de Puente Alto. Es curioso que este hito de la arquitectura en Chile pueda ser considerado como una extensión del proyecto de urbanismo de Benjamín Vicuña Mackenna en el sentido que expande la ciudad por una de sus vías que hoy se ha convertido en arteria de tránsito, que va desde el centro hasta el borde periférico. En este tránsito se puede ir advirtiendo una ciudad de Santiago diversa que nos aporta varios elementos que pueden ser perspectivas para una filosofía del paisaje. Las Majadas constituye eso, un mito que está en función estética del acto que permite un reconocimiento del paisaje.

En una de las bibliotecas que posee el hotel Las Majadas encontré un libro con el título «América Latina entra en escena» publicado en Chile en 1953, escrito por el viajero húngaro nacionalizado francés Tibor Mende quien fue un destacado especialista en temas de la economía en el Tercer Mundo y que visitó las salitretras del desierto. En el capítulo dedicado a Chile en un estilo de escritura cronística comienza con el subtítulo de «El fin del mundo», en el inicio asume una suerte de construcción de un mito, refiriéndonos a la idea de que una vez que Dios creó el mundo descansó, pero que en la Biblia no se nos relata que pasó con toda esa materia sobrante no utilizada en la creación divina. El relato agrega: «¿Qué hacer con todo eso? ¿Qué hacer con toda esa arena y esos hielos? ¿Qué hacer con los volcanes, los metales, los árboles, los ríos, el calor y el frío, los jardines y los desiertos, los trópicos y los témpanos, los fiords y los valles? ¿Qué hacer con todos esos animales y esa flores?». Pues, bien el todo poderoso observando este error de cálculo de sus subordinados no quiso perturbar su reposo así que destinó a un arcángel que arrojara todo a un extremo del mundo que acababa de crearse, el enviado y sus colegas estimaron que este lugar debía ser Los Andes. Este entorno mítico es el que rodea a Las Majadas ahí en la comuna de Pirque.

No sólo de mitos vivimos los seres humanos, también nos constituye una historia. La historia del parque y el palacio Las Majadas se remonta al siglo XIX cuando el político y pintor Ramón Subercaseaux Vicuña adquiere la propiedad de la tierra ahí en esta localidad, comenzando la construcción de este palacio en 1906 y terminada en 1907 a manos del destacado arquitecto Alberto Cruz Montt autor de varios palacios neoclásicos de estilo francés que siguen siendo parte del paisaje urbano del centro de Santiago, como lo son el Club de la Unión, la Confitería Torres, participando también en las reparaciones del edificio del ex Congreso Nacional después del terremoto de 1906. En 1909 se realiza el proyecto del parque del palacio por el destacado paisajista francés Guillermo Renner en las ocho hectáreas que reúnen especies nativas como el peumo (algunos con más de cuatrocientos años) y la palma chilena, y entre las especies introducidas destacando hermosas sequioas que son honradas con el nombre del restaurante en donde el chef utiliza las cortezas para ahumar la preparación de las carnes que puede ser exaltada gracias a la buena cava que posee. La importancia de Renner en el paisajismo latinoamericano se vincula a la de otros paisajistas franceses que urbanizaron nuestras ciudades como es el caso de Charles Thays en Argentina; del otro lado del Río de La Plata, en Uruguay, Edouard-Francois André; y en Cuba Jean-Claude Forestier.

Las distintas crisis económicas durante el siglo XX marcaron la historia de este lugar, el hijo heredero de Ramón Subercaseux se vió en la obligación de vender el predio construido al empresario agrícola Julio Nieto quien abrió las puertas a las misiones de los Capuchinos y sus herederos abrieron el parque a la comunidad con exitosos conciertos organizados por la Fundación Rosita Renard. En la crisis económica de la década del ochenta sus nuevos dueños se ven obligados a dejar la mantención del palacio quedando la propiedad en estado de abandono. En el 2006 el empresario argentino Wenceslao Casares se enamora de este lugar que junto a los empresarios chilenos Pablo Bosch y Diego Valenzuela se proponen recuperarlo para convertirlo en un centro de convenciones que posibilite la reunión de proyectos latinoamericanos orientados a la formación de capital social convencidos de algunos postulados filosóficos de Francis Fukuyama, encargando la reconstrucción del palacio al arquitecto Teodoro Fernández que le vuelve a dar vida al llamado «Castillo de Pirque». La visión filosófica que orienta este nuevo proyecto de hotel Las Majadas queda de manifiesto en el cumplimiento fiel a la alta calidad de su servicio integral que dona una experiencia única, aquí la persona es el centro de atención por eso es válido recordar el nombre de algunos de los miembros de su equipo como son Catalina, Emilio, Santiago, Ángela, Camila y Luis que dejan ver la alta capacitación recibida y su dedicación al buen trato para el encuentro social.

El cuidado de nuestro patrimonio cultural es una tarea pendiente que cuando se realiza con convicción se convierte en un aporte que permite poner en valor nuestra historia, también transformándola constituyéndose en una historia viva. La historia se asemeja a los mitos por eso siempre podemos reactualizarlos, sea en las prácticas rituales, como la de visitar un bosque al atardecer acompañados del canto de los queltehues o con suerte nocturna por el de los búhos; y sin duda también en la repetición de los relatos que fluyen cuando es posible la vivencia de una experiencia que nos devuelve esa sensación de encuentro con la belleza que conforta al espíritu de nuestro sensorial ser.

Alex Ibarra Peña.
Dr en Estudios Americanos. @apatrimoniovivo_alexibarra

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