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Comunidad evocada. Por Nicolás Gómez Núñez

Virtud popular expresada en los objetos para informar sobre el futuro deseado aún en situaciones imposibles como habitar el consumo fotográfico del autoreporte en la plataforma digital.

La comunidad evocada en el alzamiento popular transformó esa red social en una esquina, resinificó su tiempo, el teléfono móvil, WhatsApp, Twitter, la muralla y la calle fueron lugares donde apoyar la oreja, escuchar la música timbalera de los extraños que se hicieron pueblo. Evocación de la comunidad como construcción del aquí y ahora distante de la rememoración de las horas tristes del ser que se quedó a la espera del detenido por el aparato de control y que Lihn describió en la vida que tienen esas personas diariamente, así demostró la persistencia y perseverancia de una multitud que da besos desde el corazón, diría Lemebel, porque creen en los arranques de pasión: “son besos al aire irrepetibles, únicos en su porfía amorosa”. Evocan a los desaparecidos y ajustan el Nosotros en el sentido posible del obrar político.

En la esquina Chile salió del closet. “Levántate y mírame las manos”. El torrente volvió al río y este al cause, la evocación empujó la narración de la historia, a vivía voz, sin miedo en público con orgullo, ahí quedó contradicho el argumento oficial del informe gris del padre de familia que intentó salir diciendo: no hay que meterse en problemas porque nada se gana; y se dieron cuenta que él sabía de otras existencias atadas al riel dejado caer al mar, de la empresa comprada por el pariente al Estado o del origen de la pintura de Rugendas de ese muro del salón.

La esquina, como siempre, es el lugar del llamado a la libertad. “Reina de todas las fiestas”. La Chico Trujillo. “Pan de esperanza puerta del cielo”. Congreso. “Un lugar azul inmenso; ya que la fe que tú has puesto no se juega, no se tranza, ni por un solo momento. Es fogata que corre en tus venas, es quizás tiempo gastado, es un sol que llevas dentro”. Gatti. La esquina por eso es un circo donde se montan espectáculos o el ágora donde se ofrecen: banderas, agua, cervezas, chapitas, cintillos, limones, cigarrillos artesanales, queques mágicos, con chocolate, tradicionales, libros, pasquines, pañoletas, fotografías, preparaciones culinarias desde la olla común para el día corriente o para esa navidad de 2019. Que hermosa noche, la mesa que le ganó a la barbarie.


Fuete fotografía: Nicolás Gómez

En la esquina de la plaza lo que estaba dentro, inexplicado, dolorosamente vivido, impotente, triste, monótono, se fue poniendo en limpio: por todas las que no volvieron, aguanta compa, sueldo digno, basta, no + AFP, autonomía para los territorios, 1312, sin miedo, hasta que la dignidad se haga costumbre, con todo sino para qué, asamblea constituyente, derechos trans, resiste, dibuja, libertad a los presos y presas, los cerros resisten, despertamos, aborto libre y seguro, volver a la normalidad es resignarse a la miseria de siempre, unión es fuerza, aguante pueblo, vejez digna, el neoliberalismo nace y muere en Chile, donde todos lo pueden ver, oler, leer, sentir como poca veces sucede el horizonte quedó trazado, ahí se midió el vacío que había que cruzar, la historia de los Jaguares de Latinoamérica quedó sin narrador, perdió adeptos hasta silenciarse. Incluso se hizo un puente de ojos que ni representó el daño causado, nunca la materialidad abarca toda la miseria de la orden, ni pudo ser monumento de esa pluma del génesis: y ellas y ellos convertidos en pueblo amaron hasta bajar el cielo para que hubiera tiempo constituyente y nacieras. “Epopeya mejor dicho, que ha sustituido al drama provinciano de la frustración. No se padece ya subdesarrolladamente el subdesarrollo: se lo combate, poniendo todo en juego en un estilo nuevo”, pondríamos leerlo retomando un comentario de Lihn en Casa de las Américas.


Fuente fotografía: Nicolás Gómez

En la comunidad evocada volvieron a la vida en frases, tu cara hecha mosaico habló nuevamente: “Que su revolución le de un pedazo de cielo rojo para que puedan volar”, los demás se diluyeron, no es que no hubiera nadie, sino que había por montones seres que no cabían en sus cuerpos. Para uno de ellos le pareció apropiado fijar en la pared el poema Dos de noviembre, de Stella Diaz, o sea, quiso denotar la presencia:

  • No quiero
  • Que mis muertos descansen en paz
  • Tienen la obligación
  • De estar presentes
  • Vivientes en cada flor que me robo
  • A escondidas
  • Al filo de la medianoche
  • Cuando los vivos al borde del insomnio
  • Juegan a los dados
  • Y enhebran su amargura
  • Los conmino a estar presentes
  • en cada pensamiento que desvelo.
  • No quiero que los míos
  • se me olviden bajo la tierra
  • Los que allí los acostaron
  • No resolvieron la eternidad.
  • No quiero
  • Que a mis muertos me los hundan
  • Me los ignoren
  • Me los hagan olvida
  • Aquí o allá
  • En cualquier hemisferio
  • Los obligo a mis muertos.
  • En su día.
  • Los descubro, los trasplanto
  • Los desnudo
  • Los llevo a la superficie
  • A flor de tierra
  • Donde está esperándolos el nido de la acústica.


    Fuete fotografía: Nicolás Gómez

“Estamos en guerra contra un poderoso enemigo”. Esa expresión cooperó en fijar la esquina de la evocación porque la vívida represión que recorrió los erizados pelos se transformó en reflexión paranoica. Por qué no si mal que mal fueron diecisiete años de terror vital. El enemigo no fue solamente el cuerpo, lo ojos, también la historia. Pero en la plaza del barrio no existe la impunidad, la oportunidad para el ocultamiento del mal vivir, ahí se escribe el archivo de cada caso, de tanto en tanto se lo dibuja, se lo pinta, se lo fuma, se lo conversa, se acumula pena por el detalle de la violencia política sexual aplicada a las disidencias, mujeres, el efecto de esa paraplejia a causa de la punta de fierro del bototo que llegó ahí, justo ahí.


Fuete fotografía: Nicolás Gómez

Por lo mismo, en las pizarras de la comunidad evocada se lee un tratado de masoquismo donde se avisa sobre las fuentes de afirmación del opresor que apuntalan el ejercicio alquímico de transformar pecados/crímenes en virtudes de una entidad que lo reúne simbólicamente con una casta, o sea, donde él o ella no entrará materialmente al no tener las llaves de las puertas de acceso del mercado endogámico de reproducción sexual revestida de ritos solemnes, entre ellos: la herencia de los puestos de poder en la conducción de la organización social. Por su puesto que el muro tiene los dibujos de los escenarios de la esquizofrenia del enemigo interno, al cual el presidente de la república declaró la guerra y así subrayó la adicción a la violencia en los dispositivos de gobierno.

La muralla pasó a ser el soporte de la poética y la retórica popular, donde importó el fondo y la forma porque era necesario hablarle a otro por asuntos de todos. Ese compromiso no cambió si escuchamos los diálogos de la Convención Constituyente. Eso sí, quedó de lado como acostada la pose que evita asumir toda creencia, al menos como dato está la ciudad hablando de todos sus compromisos teológicos; la pose que niega los principios religiosos ahí está el apoyo mutuo de las hierofanías laicas que fueron las plazas dignidad que repasando la memoria de la acción reivindicativa ilustró durante varios meses las portadas de la prensa nacional e internacional. Pero si la idea no queda clara aún, otra secuela. En la evocación de la comunidad fue desmembrándose el relato nihilista neoliberal. Por ejemplo. El Barquito de Papel debería tratárselo como una invención en los costados de un quiosco que produjo un medio de comunicación datado en el año del corazón o del amor, o como quiera que usted interprete el significado de un corazón rojo, en Santiago, Chile, en el Planeta Tierra. La declaración fue: lo maravilloso de la niñez, y esa evocación de la comunidad demuestra la envergadura del ejercicio que corre por estos tiempos. Así se entiende que los, les y las niñas sean una dimensión relevante o una palabra ya escrita en la hoja en blanco que inaugura la elaboración de la nueva constitución. Atrás quedó la demanda por audiencias, ahora el asunto es el uso de los accesos a voto para que el escribano dibuje esos argumentos.


_ Fuete fotografía: Nicolás Gómez

No + SENAME, ese grito que no escuchó el militante político que administró la organización regional y nacional, indica que ya no caben esos cálculos. Ahora se abrió el tiempo, la hierofanía laica donde se realiza la evocación de la comunidad, hay que asumir que la cordura es el acto humanizante y que no es herencia del mundo adulto experto en negociaciones de todo tipo, por sobre todas las cosas se trata de una evocación entretenida donde lo realmente serio tiene ausencia de miedo.

La siguiente cara del quiosco es una relación con el bosque y los pájaros, con los árboles y los gorriones, jilgueros y queltehues del parque y de la plaza. “Aunque nadie los mire, los oiga y los aplauda”, y la invitación vuelve sobre el amor. A esta altura queda claro que una comunidad evocada tiene esas emociones. Al otro lado, en la siguiente página, El Barquito de Papel confirma que la pobreza en el mundo acabó. Entonces, la evocación funciona en contra de la racionalidad instrumental, o sea, El Barquito de Papel incide en las condiciones materiales del transeúnte que mira y piensa hasta imaginar que el hambre se resuelve por voluntad política cuando se traslada al lugar de meta suprema de la vida. Ahora, ojala para siempre, al transeúnte se lo ve lleno de contenido, se lo siente así cuando retoma el ejercicio de la designación de las cosas que lo rodean y que componen su aquí y ahora, ese mundo lo mantiene como sujeto político.


Fuete fotografía: Nicolás Gómez

Y en la otra página, El Barquito de Papel remite a la conexión con la música de la naturaleza y con ese acto la comunidad evocada detiene su amor por el dominio de la naturaleza y del ser humano. Esta emancipación, el acto de sacar el yugo desde el individuo gracias al exceso de contenido que ayuda a la atribución del sentido, vuelve funcional a la belleza, a la política y a la diversidad y todas disputan un lugar en el imaginario colectivo y rivalizan con la eficiencia, la felicidad individual y la riqueza. Entonces algo de racionalidad ingresa a la existencia y algo de irracionalidad en el cálculo hedonista de medios y fines. Esto no indica que esta manera de pensar desaparezca de una vez y para siempre, pero sí demuestra que hay mecanismos de irracionalidad racionalizada en los dispositivos reflexivos neoliberales y que hoy juegan o intentan hacerlo en una cancha con más jugadores.

Nicolás Gómez Núñez, sociólogo

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