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“Crisis, apología de un despertar”: drama y utopía. Por Alex Ibarra y Paquita Rivera

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Notable estreno de esta tremenda obra de teatro que nos permite confirmar el buen momento que vive el teatro chileno, permitiéndonos la afirmación que no todo el buen teatro chileno está en su principal fiesta que es Teatro a Mil. Sin duda el verano donde se cuenta con más tiempo por el largo de los días y por el exquisito clima de las tardes noches es ocasión especial para asistir a salas, aunque el rito de ir al teatro es una práctica cultural a la que podemos asistir cuando podamos durante todo el año. Teatro Camino es un espacio que se ha constituido en un protagonista indiscutible para obras que se atreven a puestas en escena contundentes.

La obra que comentamos hoy, destacada en el título, es una obra que trae consigo varios géneros, destacando el drama y la comedia, con un argumento central marcado por un tono claramente existencialista. La dramaturgia está a cargo de Paulina Hunt que además es la protagonista y Juan Víctor Muñoz quien también es el director, son parte del equipo Daniela Portillo Cisterna, Víctor González, Marcela Paz Silva, Anahí Saá, Iván Fernández y Paola Lara. El equipo en su conjunto muestra que no se descuidaron aspectos para resaltar la puesta en escena de este contundente monólogo que nos permite ver el talento de esta reconocida actriz nacional.

El monólogo lleva un diálogo entre Alfonsina y Clarita, en donde el público también participa del diálogo, como una conversación coloquial con alguien que es capaz de compartirnos la imagen que posee de sí misma o de confesarnos el anhelo de qué persona es la que desea ser. Una pugna que nos toca dirimir en lo vital de nuestra existencia: ser el que “debemos” ser o ser el que “queremos” ser. Ser el que “debemos” como obedientes a patrones culturales sociales y políticos que van determinando nuestro modo de ser o nuestro sistema de creencias. Ser el que “queremos” como liberándonos abriéndonos a un modo de ser novedoso en el que nuestro sistema de creencias se ve socavado. El desafío está en la sana práctica del despojo, del ser en presente y libres del prejuicio en lo más profundo de su significado, ser capaces de observar con la mirada del corazón que se ha liberado una a una de las trampas que nos auto imponemos como si esos pétalos que cubren nuestro pistilo fuesen puertas de hierro sofocantes e implacables. Tan lejos de lo que Clarita, alter ego luminoso y lleno de esperanza; nos invita a visitar. El brillo de la mirada de quien es capaz de creer en utopías, de reírse del presente y de los estereotipos que tanto daño nos han hecho como sociedad.

Esa existencia en tránsito a ratos bipolar, entre el drama y la utopía, esa utopía que supera toda crisis motivada desde una toma de conciencia individual, esa que nos permite volver a nacer, despertando la esperanza en que podemos cambiar una forma de vida que nos daña colectivamente a favor de la recuperación de nuestra dignidad “ni más que tú, ni menos que tú, igual que tú” se nos hizo repetir este canto mántrico. Asumir con honestidad el rechazar la violencia a sí mismo, a los otros y a la naturaleza, con esa consecuencia de soportar llegar hasta el límite, permitiéndonos el delirio en ese sentido que profetizaba Nietzsche en su condición de maestro de la sospecha.

Más que apología, un himno a la libertad de ser desde la mirada de la esperanza. Una necesaria invitación a abandonar el pesimismo que nos ha acompañado no sin motivos, como sociedad enceguecida por el capitalismo que hasta involuntariamente nos somete a su dictadura, por el individualismo y por una deshumanización que obviamente nos atemoriza, ante lo desconocido de sus consecuencias. ¿Y si lo reversamos a nuestro favor?

El drama que en la escena de inicio nos lleva al sufrimiento de la angustia y del temor nos va desplazando a la utopía, esa utopía que desde la creatividad valoriza el ocio que nos permite volver al sí mismo escapando de nuestro ser agobiado de su aparente exterioridad invitándonos con esa hermosa metáfora del caracol que vuelve a sí mismo escapando del canto de sirena que lo condiciona a estar fuera de sí. Más de una hora sumergidos en un viaje hacia lo luminoso, salpicado de risas, música y colores, una dramaturgia necesaria en tiempos donde muchas veces se hace difícil encontrar las rendijas que permitan ver los rayos de sol.

Alex Ibarra Peña @apatrimoniovivo_alexibarra

Paquita Rivera @paquitarivera

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