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Día internacional de la mujer. Ejemplo de civilidad. Por Sonia Brito, Lorena Basualto y Andrea Berríos

No sé cuántas éramos en número, pero estábamos todas; estudiantes, profesionales, académicas, dueñas de casa, asesoras del hogar, empresarias, hijas, madres, abuelas, sobrinas, nietas. Estábamos todas, representadas en esa marea multicolores de mujeres con demandas y reivindicaciones diversas, cada cual, con su lucha, sus esperanzas y sus anhelos.

Éramos tantas, que la mirada se perdía en el horizonte de cabezas, pañuelos, sombrillas, bailes, vestidos festivos, cánticos, risas y respeto. Era la semblanza de la lucha histórica que se encarna en generaciones de mujeres que se miran de frente reconociéndose para entregar, como en una posta, los aportes y avances de las que nos antecedieron.

Por eso, el 8M es la experiencia de caminar hacia adelante, pero siempre se marcha con aquellas mujeres antiguas, valientes y sabias que lucharon ante la adversidad de leyes y políticas públicas que invisibilizaban lo femenino y lo situaban en un espacio privado de rendijas y oscuridades. Esas mujeres que dijeron basta y construyeron nuevas rutas de reivindicaciones. Empezaron con un murmullo y hoy es un grito colectivo, que al unísono exige por una vida mejor. Vida de oportunidades, de equidad, de equiparidad, de paridad.

Aquellas que nos precedieron, fueron ingresando por los intersticios de lo imposible, pudiendo sufragar y colocar nuestras convicciones en las agendas públicas en momentos críticos para Chile. Hemos luchado codo a codo, neurona a neurona, alma con alma para conseguir los espacios laborales, sociales y económicos que nos pertenecen. Estos avances, nos ha permitido estar mejor situadas en el mundo, pero cuando se hace alusión a esta realidad, necesariamente, pienso en tantas mujeres que antaño (y hoy también) han (hemos) sido y son (somos) abusadas, maltratadas, violadas, excluidas y manipuladas desde una normalidad institucional. Mujeres que han (hemos) sido consideradas como incapaces relativas, sujetas de maltrato en la lógica de la posesión, mujeres propiedad del mercado o mujeres objeto de la política.

Falta camino por recorrer, sin embargo, cuando miramos hacia atrás hay una senda transitada. Ha costado tanto llegar hasta acá, tantas mujeres a quienes se les ha arrebatado su vida cuando defienden con el cuerpo sus convicciones. Las mujeres aspiramos a tener una buena vida, damos vida y queremos preservarla, también queremos lo que en justicia nos pertenece, considerando que somos más del 50% de la población en Chile. Es por esto, que la paridad es un imperativo ético, no hay otra posibilidad, hoy en pleno siglo XXI, donde ya han caído algunos de los paradigmas del patriarcado, debemos derribarlos definitivamente para que no continúen obstaculizando, colocando estorbos y zancadillas con la pachorra de la violencia homicida, el abuso de poder material y simbólico del capital que levita y se cuela en todos los rincones por conveniencia.

Somos mujeres que queremos recuperar el ecosistema, el aire puro y limpio para nosotras y las generaciones venideras. Hoy queremos abrazar a la madre tierra, esa Pachamama que también ha sido azotada, vulnerada y explotada. Una tierra que por generaciones ha querido ser conquistada para privatizar sus bienes en desmedro de otros. En definitiva, tierra como posesión y propiedad, causa de tantas injusticias representadas en rostros vulnerados.

Así, somos mujeres que estamos trabajando para recuperar el patrimonio de la humanidad con cosmovisiones donde el planeta, la tierra y el ser humano recobren ese equilibrio perdido.

Por eso, seguiremos alzado las voces firmes y fuertes de mujeres que dialogamos, cantamos, exigimos, acompañamos (en las buenas y en las malas), voces que están presente en las calles de todo Chile. Ese compromiso activo de sororidad derriba mitos y fortalece certidumbres para recuperar la humanidad que se ha deshumanizado en la compra y venta de productos y, lo que es peor, la compra y venta de personas.

Hoy la mujer se levanta como sujeta política y tiene la oportunidad de desarrollar un proyecto social desde la sororidad, es decir, desde la hermandad femenina, que posee ribetes distintos a la fraternidad que se desarrolla desde la lógica de los hombres. En este sentido, cabe la precisión conceptual, que el latín utiliza conceptos distintos para referirse a la hermandad: soror y frater; lo mismo se ve reflejado en otras lenguas como el italiano que utiliza los términos de sorella y fratello. Así, el ya conocido artículo primero de la declaración de los derechos humanos que afirma: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, puede convertirse en el fundamento de un proyecto donde se aspire a que los seres humanos se comporten sororidariamente las/los unas/os con los/las otras/os.

Ciertamente, este proyecto necesita del genio femenino que posee lógicas diversas de hermandad a lo que tradicionalmente se ha comprendido, pues se construyen desde las periferias de la marginación histórica, donde la justicia y el respeto son fundamentales para abrir diálogos posibles entre personas, ciudadanas/os que transitan en pos de un reconocimiento. Se trata, por tanto, de construir, un mundo en el que la diversidad sea una ventaja, la individualidad al igual que la colectividad un enriquecimiento, donde fluya un intercambio sin barreras, donde la palabra, los cantos y los sueños florezcan.

Este mundo considerará a la persona humana como una de las riquezas más preciosas. Un mundo en el cual reinará, equidad, libertad, solidaridad, justicia y paz. Un mundo que, con nuestra fuerza, somos capaces de crear (Carta Mundial de las mujeres para la humanidad, 2004, Preámbulo)

Referencias: Carta Mundial de las mujeres para la humanidad (2004). Recuperado de: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article115 ONU (1948). Declaración universal de derechos humanos. Recuperado de https://www.ohchr.org/EN/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf

Dra. Sonia Brito Rodríguez
Mg. Lorena Basualto Porra
Lic. Andrea Berríos Brito

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