Un espacio de multiocupación ancestral en la precordillera de Tarapacá, donde convergen huellas de vida y tránsito pretérito que articulan el altiplano, los valles y la costa
Un ascenso al corazón de un paisaje milenario
El viaje a Dupliza comienza con un ascenso que es tanto físico como temporal. La cuesta se abre paso entre las estribaciones de la precordillera de Tarapacá, un trayecto que no es simplemente una ruta de acceso sino el umbral a un mundo donde el tiempo se mide en milenios. Las laderas se tiñen de ocres, rojos y violetas bajo un sol implacable, contrastando con el hilo de vida que serpentea en el fondo de la quebrada: un valle angosto adjunto a Quipisca, a veces de no más de 150 metros de ancho, donde se aferra una compleja vegetación nativa.
Esta aparente desolación es un engaño. Dupliza es un espacio donde interactúa un conjunto de huellas de tránsito pretérito, evidencia innegable de la vida de comunidades insertas en una compleja red de interacción que articuló durante siglos el altiplano, los valles y la costa. En este lugar confluyen rutas de diverso alcance, y justamente Dupliza juega un rol fundamental como nodo de articulación, conectando el sector de Quipisca con la Pampa del Tamarugal en diversas direcciones y con el espacio costero.
En este contexto, la Asociación Indígena Cuenca de Quipisca ha venido desarrollando esfuerzos por visibilizar la riqueza arqueológica, cultural y ambiental de este territorio. Este proceso de puesta en valor se inscribe en un horizonte más amplio de conservación patrimonial compartido por diversas organizaciones indígenas de la cuenca, cada una desde su propia trayectoria.
Un nodo territorial con profundidad académica
Dupliza se constituyó como un espacio de asentamiento semiprovisorio cuya importancia radica en su capacidad de articular sistemas productivos y redes de tránsito e intercambio. La evidencia arqueológica demuestra una multiocupación temporal de larga duración: registros del período formativo, y una importante presencia aymara que se consolida a partir del período intermedio tardío —asociada al Complejo Cultural Pica-Tarapacá—. A esta base aymara se suman manifestaciones incaicas vinculadas al avance del Tawantinsuyu por distintos lugares del norte.
Es fundamental comprender que la presencia aymara no se interrumpe con la llegada del Inca ni con la colonización española: continúa durante el período colonial y republicano, y se prolonga hasta la actualidad en muchas de las prácticas culturales y sociales que caracterizan al mundo andino en este territorio (Santoro y Briones, 1994; González, 2019, 2022). La cultura material del lugar —corrales de pirca seca, andenes agrícolas, cerámica altiplánica, conchas marinas— confirma la participación de este espacio en circuitos de intercambio entre pisos ecológicos diversos.
El sector cuenta con una larga trayectoria de investigación académica. Investigadores como Lautaro Núñez y Luis Briones estudiaron desde hace décadas diversos aspectos de la vida en Tarapacá, abordando también este sector. Calogero Santoro y Briones (1994) encontraron y notificaron la existencia de geoglifos del período colonial en el área, más tardíamen fue estudiado con mayor detalle por Bosco González (2019). Simón Urbina (2019) ha investigado igualmente distintos aspectos de la ocupación del territorio, incluyendo la presencia incaica. A ello se suma la investigación transdisciplinaria publicada en la Revista Antropologías del Sur, en la que comunidades y asociaciones del territorio participaron activamente (Cabello et al., 2020). No se trata de un lugar cualquiera ni de una valoración antojadiza: la densidad de estudios refleja un patrimonio que ha concitado atención desde múltiples disciplinas y generaciones de investigadores.
Las arterias del desierto: redes viales aymaras con presencia incaica
Dupliza no puede entenderse de forma aislada. Su existencia interactuar funcionalmente de una intrincada red de caminos que funcionaban como las arterias de un vasto cuerpo territorial, permitiendo la circulación de bienes, personas e ideas a través del desierto. Un conjunto de rutas confluye en este espacio, tal como lo indica la cultura material del lugar.
Estas redes viales preexisten al Estado Inca. Los pueblos aymaras de la región habían tejido una densa trama de senderos que conectaban oasis, quebradas y centros poblacionales. Los puntos clave eran las "pascanas" o paraderos caravaneros, sitios que ofrecían agua y forraje para los camélidos. La escala de este movimiento queda impresa en el paisaje: en el sector de la Pampa cercano a Dupliza se ha identificado una trocha tropera de aproximadamente 60 metros de amplitud, un verdadero río de movimiento.
Con la expansión del Tawantinsuyu en el siglo XV, estas redes aymaras recibieron la influencia relativa del incanato, que transitó por el sector a través del Camino del Inca. El Qhapaq Ñan —hoy Patrimonio de la Humanidad— se inscribió en esta red preexistentes de alto valor, reutilizándola y complejizándola en algunos espacios particulares. Posteriormente, en contextos coloniales, las mismas rutas fueron resignificadas para el transporte de productos y recursos mineros y agrícolas. A partir del siglo XIX, los poblados de Quipisca y Mamiña fueron centrales en suministrar recursos a las oficinas salitreras.
El desierto escrito: continuidad y resignificación a través de los siglos
Los geoglifos y petroglifos del área constituyen un registro visual de la articulación territorial a lo largo del tiempo. En lo que respecta al arte rupestre colonial, fueron Briones y Santoro (1994) quienes dieron cuenta de la existencia de geoglifos del período colonial en este sector. Más tardíamente, estas manifestaciones fueron estudiadas con detención (González, 2019), aportando evidencia contundente de que la práctica de inscribir el paisaje no cesó con la llegada de los españoles sino que se transformó. Los geoglifos coloniales de Dupliza otorgan una profundidad temporal extraordinaria al sitio y constituyen evidencia única de la resiliencia cultural andina.
La convergencia entre toponimia ancestral y ciencia moderna refuerza esta conexión: el nombre con que las comunidades han conocido este lugar desde tiempos inmemoriales es "Dupliza"; los informes del SERNAGEOMIN identifican la unidad geológica como "Formación Duplijsa". El conocimiento local, transmitido oralmente a través de generaciones, está tan ligado al paisaje que fue adoptado por los geólogos que cartografiaron la región.
"La coincidencia entre Dupliza y Duplijsa no es casualidad. Demuestra que los antepasados conocían este territorio tan profundamente que su nombre quedó grabado hasta en la geología. Eso no lo puede borrar nadie", señala Annie Rojas, miembro de la Asociación Indígena Cuenca de Quipisca.
Conservar lo que ha sabido conservarse
"Nosotros no estamos descubriendo nada nuevo. Estamos mostrando lo que siempre estuvo ahí, lo que nuestros abuelos caminaron y cuidaron. Lo que hacemos es ponerle nombre y respaldo a algo que para nosotros nunca dejó de tener valor", señala Aldo Villalobos, presidente de la Asociación Indígena Cuenca de Quipisca.
Es relevante señalar que los sitios arqueológicos de Dupliza, como todos los yacimientos arqueológicos del país, son Monumentos Nacionales por el solo ministerio de la ley según el artículo 21 de la Ley 17.288. Cualquier intervención que los afecte requiere autorización del Consejo de Monumentos Nacionales. A esto se suma el derecho a consulta indígena establecido en el Convenio 169 de la OIT. En marzo de 2026, el Ministerio de las Culturas publicó el Plan de Puesta en Valor de Sitios Arqueológicos y Yacimientos Paleontológicos 2026-2036, un marco de política pública que refuerza la responsabilidad del Estado en la protección de espacios como Dupliza.
En una región donde la presión extractiva sobre territorios patrimoniales constituye un rasgo estructural del modelo de desarrollo, un territorio con esta profundidad de multiocupación temporal —desde el formativo hasta la república— y con una trayectoria académica que abarca décadas de investigación no puede quedar al margen de la planificación territorial.
La participación activa de la Asociación en ceremonias como el Machaq Mara (Año Nuevo Andino), realizadas en rutas ceremoniales de uso centenario, es la manifestación más clara de que estas tradiciones constituyen prácticas vivas. El futuro de Dupliza pasa por un modelo de turismo de intereses especiales donde los visitantes puedan recorrer las rutas donde confluyen las huellas del tránsito pretérito, interactuar con la cultura viva del territorio y contemplar cielos nocturnos vinculados con la cosmología andina.
"Proteger Dupliza no es solo cuidar piedras y senderos. Es cuidar una forma de entender el mundo, una relación con la tierra que tiene miles de años y que todavía está viva en nosotros", concluye Miguel Caqueo, miembro de la Asociación.
La Cuesta de Dupliza es una invitación a explorar un paisaje donde el pasado no ha muerto, sino que resuena en el presente. Un territorio que ha sabido conservar su valor durante milenios merece seguir haciéndolo.
Referencias
Briones, L. y Santoro, C. (1994). Arte rupestre y rutas prehispánicas en Tarapacá.
Cabello, G. et al. (2020). "Petroglifos, geoglifos, rutas y otras marcas entre Mamiña, Quipisca e Iquiuca". Revista Antropologías del Sur, 7(13), 27-62.
González, B. (2014). "Discursos en el paisaje andino colonial". Diálogo Andino, 44, 75-87.
González, B. (2019). Tesis doctoral, Universidad de Chile. | González, B. (2022, 2025). Estudios e Informe Dupliza.
Santoro, C. y Briones, L. (1994). Estudios sobre arte rupestre y rutas prehispánicas en Tarapacá.
Urbina, S. (2019). Estudios sobre ocupación y territorio en Tarapacá.
Ley 17.288 de Monumentos Nacionales. | Convenio 169 de la OIT. | Plan de Puesta en Valor 2026-2036, Ministerio de las Culturas.
Bosco González Jiménez
Asesor Asociación Indígena Cuenca de Quipisca
