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El Almirante Merino y la Armada: una deuda pendiente. Entrevista a Jorge Magasich por Bernardo Subercaseaux.

Como historiador y profesor en el Institut des Hautes Etudes des Communication Sociales de Bruselas, una de sus especialidades ha sido la historia naval de Chile y particularmente la vinculación de la Armada con el golpe de 1973, ¿de dónde y porqué surge este interés de investigación que dio origen a su libro Los que dijeron no (LOM, 2008)?

Creo que hubo tres tipos de motivaciones. Primero, porque La existencia de un número significativo de militares, particularmente en la Marina, que se negaron a participar en el asalto armado a las instituciones republicanas en 1973, indica que este no fue perpetrado por todas las fuerzas armadas sino por una fracción de ellas. La gesta de los militares legalistas es un episodio trascendente, poco estudiado. Su historización otorga un rol en la historia a los uniformados que respetaron la Constitución en 1973.

También porque la Fuerza Naval, contrariamente a la imagen de orden que proyecta de sí misma, en menos de un siglo ha conocido cinco crisis sociales mayores: en 1891, cuando se insubordinó contra el Presidente Balmaceda y contra los cinco almirantes: Juan Williams, Galvarino Riveros, Luis Uribe, Oscar Viel y Juan José Latorre, quienes permanecen fieles al gobierno, igual que un tercio de la Armada. Los conjurados tuvieron que descender hasta el sexto en la jerarquía, el capitán de navío Jorge Montt, para encontrar un jefe naval resuelto a amotinarse y precipitar al país en la guerra civil. Hay otra crisis en 1925 cuando, después del golpe de enero 1925 de Ibáñez y Grove contra la junta militar oligárquica, los oficiales ingenieros y los suboficiales se niegan a obedecer las órdenes del mando naval de preparar los navíos para una nueva guerra civil, lo que permite el regreso del Presidente Alessandri y la gestación de la Constitución. En 1931, después de la tercera reducción de salarios al personal público, los marinos –probablemente con la complicidad de oficiales– ocupan 27 navíos, navegan correctamente y libran un combate exitoso contra la aviación. En 1961, más de un centenar de estudiantes de la Escuela de Ingeniería Naval en Viña son detenidos después de una protesta contra el trato abusivo y la mala calidad de la alimentación. Y en 1973 hay unos 250 marinos detenidos por sospecha de formar parte de los grupos antigolpistas, bastante numerosos. En fin, es necesario sobrepasar las historias oficiales de la Armada, que se limitan a describir las sucesiones de almirantes y buques incorporados o dados de baja, generalmente alineadas con visiones políticas de la extrema derecha. El libro “Los que dijeron ‘No’” es también una contribución a una historia de la Armada como parte de la historia del país, con su contradicciones, conflictos e intervenciones políticas.

1. La historiografía de la Unidad Popular ha sostenido que el golpe de 1973 se gestó en la Armada, en Valparaíso, y que el almirante José Toribio Merino tuvo un rol fundamental. ¿Qué le indican sus investigaciones al respecto? En sus memorias, Merino se presenta como paladín del nacional-catolicismo, inspirado de Francisco Franco, a quien admira profundamente, decidido a partir en cruzada con¬tra el gobierno de Allende desde el día de su elección. Comienza incitando a la Armada a dar nuevos golpes de Estado: “si por desgracia se llegara a repetir una situación como la aquí descrita, la lección está dada”. En realidad, no siempre fue así. Tres relatos de personas que lo frecuentaron en 1970-71 –Osvaldo Puccio, Luis Vega, y Roberto Kelly– indican que, cuando su carrera dependía de la autoridad política, busca complacer a las autoridades con obsecuencia. Sólo a fines de 1972, la imagen que Merino proyecta de sí mismo, es real. A partir de entonces está dispuesto a implicar a la Marina en un cuartelazo, incluso contra las otras ramas de las fuerzas armadas, como sus antecesores de 1891 y 1925. Considera la Armada “como el instrumento que Dios me dio y la Virgen puso en mis manos para salvar a Chile del ateismo destructor”. En un primer momento conspira un grupo reducido compuesto por el almirante Patricio Carvajal, el capitán Arturo Troncoso y, en menor medida, por el almirante Ismael Huerta, según Luis Vega, entonces abogado de la Intendencia de Valparaíso. Hasta que oficiales norteamericanos de la Misión Naval propagan la información de que el gobierno peruano prepara la guerra con¬tra Chile, a la que se sumarían Argentina y Bolivia. Chile no dispondrá del apoyo de Estados Unidos ni de Brasil, ya que los comunistas están en el gobierno. ¿Quiénes son entonces los únicos que pueden salvar a la patria? La respuesta es obvia. La misión es prepararse para asumir el poder. El argumento de la guerra incita a muchos militares a pasar de una oposición de derecha al Gobierno, a la insurrección. En 1972 comienza a funcionar algo así como un comité coordinador golpista, compuesto por René Silva Espejo (director de El Mercurio), Carlos Urenda, Jorge Ross, Arturo Fontaine, Edmundo Eluchans, Hernán Cubillos, Orlando Sáenz (presidente de la SOFOFA), Hugo León (presidente de los empresarios de la construcción), Jaime Guzmán y otros, que se reúne semanalmente en la oficina de Cubillos, en la editorial Lord Cochrane. Allí intercambian informaciones y deciden sobre las campañas de prensa. Los ex marinos Kelly y Cubillos están a cargo de los contactos conspirativos con Merino y los capitanes Arturo Troncoso y Hugo Castro, y de la propaganda hacia la Armada. Es la primera implicación sediciosa conocida de Merino. Y de ahí hacia adelante no se detiene…

2. En el Paseo 21 de Mayo de Valparaíso hay una estatua de 5 metros del almirante José Toribio Merino, ¿puede considerarse este monumento un testimonio de la colaboración entre civiles y navales en el Golpe? “Afirmativo”, como dicen los militares. Su concreción es una prolongación de esta coordinación golpista, o de parte de ella. Entre los financistas de la estatua están los empresarios como Eliodoro Matte, Ricardo Claro, Carlos Cáceres, Hernán Büchi, Gonzalo Boffil, Gonzalo Vial y Sergio de Castro. En cierto sentido la estatua simboliza la convergencia sediciosa entre oficiales navales y empresarios, ambos de extrema derecha (1).

3. ¿Qué fue la Cofradía Náutica del Pacífico Austral, institución conformada –según sus estatutos– para el cultivo de los deportes náuticos? ¿Quiénes participaban y que rol tuvieron algunos de sus miembros antes del Golpe y durante la dictadura? La Cofradía precede a esta coordinación golpista pues nace en agosto 1968 a iniciativa de Agustín Edwards y Hernán Cubillos, un hombre de confianza del dueño de El Mercurio, antiguo oficial de la Armada y futuro ministro de Relaciones de la dictadura. Allí se encuentran oficiales navales como José Toribio Merino, Patricio Carvajal y Arturo Troncoso, Pablo Weber, con “unos pocos civiles cuyo nú¬mero se irá ampliando con el tiempo” como Fernando Léniz (administrador de los bienes de Edwards y ministro de Hacienda de la dictadura) y otros como Jorge Ross, Enrique Puga, Isidoro Melero, Lord Dramon, Alfredo Barriga, Marcos Cariola, Emilio Sanfuentes. También llegan los generales Yovanne y Arellano, y los ex marinos y hombres de confianza de Edwards, según los relatos de Arturo Fontaine y del propio Kelly.

4. El 11 de septiembre de 1973 el dueño de El Mercurio, Agustín Edwards, participó en Barcelona en una Cena de Ejecutivos de la Compañía Pepsico, de la cuál era accionista y representante en Nueva York. La periodista Josefina Vidal que estuvo presente en su mesa sostuvo en una entrevista (Revista Plan B, 2003, y El Mostrador, 24-IV-2017), que el señor Edwards se levantaba continuamente de la mesa, y en un momento confidencio que lo había llamado por teléfono su amigo, el Almirante Merino, diciéndole que “la situación estaba ya bajo control”. Considerando la diferencia horaria eran alrededor de las 15 horas en Chile. A partir de estos antecedentes ¿puede hablarse –como dijo el Presidente Piñera, a fines de su primer gobierno– de civiles que fueron “cómplices pasivos del Golpe”? O más bien ¿habría que hablar de “cómplices activos”? Edwards parte a Estados Unidos pocos días después de la elección de 1970, cuando el embajador Edward Korry y el jefe de la CIA en Santiago Henry Hecksher le informan que no habrá golpe. En Washington, se reúne con Kissinger y luego con Helms, el jefe de la CIA, el 14 de septiembre. Le da un impresionante informe –hoy casi enteramente desclasificado– en el que analiza la “opción militar”, informa sobre cada uno de los jefes militares, su propensión o rechazo al golpe, y es el primero en concluir que hay que “neutralizar” al general René Schneider (Korry llega a la misma conclusión días después). Ese informe, junto con otro enviado por Eduardo Frei el 12 de septiembre, determinan las célebres instrucciones de organizar un golpe de Estado en Chile, dictadas por Nixon el día 15 de septiembre de 1970. En el segundo volumen de una Historia de la Unidad Popular que debe aparecer este año, en LOM (junto con el primero), trato en detalle lo acontecido durante los álgidos 60 días, de la elección a la asunción. Edwards fue un golpista extremadamente activo. Este relato de Josefina Vidal indica dos cosas: que José Toribio Merino, mantiene un contacto prioritario con el dueño de El Mercurio, y que el almirante se dirige al empresario como un subordinado, a quien rinde cuentas. Refleja claramente la realidad del poder. Y lo relativo del patriotismo de Merino.

5. El 26 de julio de 1973, seis semanas antes del Golpe, fue asesinado el Edecán Naval del Presidente Allende, Capitán de Navío Arturo Araya Peters. La Inteligencia Naval de la época señaló que el asesinato había sido realizado por sectores de izquierda. La Justicia determinó que los responsables eran militantes cercanos a Patria y Libertad, ninguno fue a la cárcel. En 1981 todos los implicados fueron indultados por gestión del Almirante Merino. ¿Qué nos puede informar respecto a este asesinato? En el libro Los que dijeron ‘No’, creo haber presentado lo que se sabe. Un grupo de extrema derecha, al parecer más extremista que Patria y Libertad, fue llevado hasta la casa del edecán por el ex oficial naval Jorge Ehlers Trostel. Ellos dispararon contra Arturo Araya, principalmente Guillermo Claverie (lo reconoció), aunque es posible que el autor del tiro fatal haya estado emboscado. Los días siguientes hay una gigantesca campaña de desinformación para culpar a cubanos y a los escoltas de Allende, incluyendo la fabricación de un falso culpable, en la que participan los senadores García Garzena, Fernando Ochagavía y Pedro Ibáñez (PN); los diputados Hermógenes Pérez de Arce, Silvia Pinto y Mario Arnello (PN); Claudio Orrego y el propio presidente de la Cámara, Luis Pareto, ambos DC. Los servicios de inteligencia militares, dirigidos por Nicanor Díaz (golpista), investigan sólo en ese sentido. Pero Investigaciones, dirigida por Alfredo Joignant, consiguió detener al grupo de derecha, que confesó los disparos. Fueron detenidos y el caso pasa a un juzgado naval presidido por Aldo Montagna. Los autores del atentado son efectivamente liberados inmediatamente después del golpe. Varios ingresaron a los aparatos represivos, especialmente al “Comando Conjunto”. Hubo condenas, ridículamente pequeñas, que prácticamente no cumplieron. Mientras que la memoria del edecán Arturo Araya Peters fue erradicada de la Armada, hasta después de 1990. Efectivamente, Merino, como jefe autoproclamado de la Armada, es responsable de esa impunidad. Todas las memorias de los almirantes golpistas –Merino, Huerta, Huidobro, Carvajal, Kelly– imputan el atentado al “terrorismo” o al “caos” ocultando que los autores fueron identificados y detenidos, y que eran de extrema derecha. El historiador oficioso de la Armada, Carlos Tromben C, afirma que “No está claro hasta ahora quién disparó contra el Edecán Naval, entre los numerosos grupos armados de todo signo que operaban en Chile en 1972”, cuando en realidad sí está claro. En este caso, debe tergiversar hechos duros para mantener su obcecada defensa de la versión golpista, lo que desprestigia su trabajo de historiador.

6. ¿En qué consistió el Plan Cochayuyo? ¿Quién o quiénes estuvieron implicados en su elaboración? Según el propio Merino, el plan cochayuyo son los complementos golpistas que se añaden al plan PRI-ANCLA, existente, diseñado por oficiales golpistas, a escondidas del comandante en Jefe Raúl Montero. Fue urdido por los capitanes Jorge Camus y Ramón Undurraga. Para Merino su “enemigo” son 20 a 30.000 irregulares, entre ellos unos 5.000 bien armados y entrenados. Es decir, buena parte de los trabajadores de Valparaíso. El plan Cochayuyo contempla la utilización de la artillería de los buques contra poblaciones civiles. En sus memorias, Merino identifica los “Probables Objetivos de Ataque”: el cordón Marítimo portuario, que se extiende de Puertas Negras a la Plaza Sotomayor, incluyendo el astillero Las Habas, varias obras en construcción, y la Escuela de Aduanas de la Universidad de Chile; el cordón Centro-Almendral, que incluye la industria Hucke, la Dirección de vialidad y la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile; el cordón Placeres-Portales de la Av. Argentina a El Sauce, incluyendo la Universidad Santa María. En Viña del Mar, el cordón Quince norte, centrado en la industria metalúrgica Concón; el cordón Concón, centrado en la Empresa Nacional de Minería y la Empresa Nacional del Petróleo; el cordón Quilpué, de Paso hondo a El Belloto, donde el centro es la KPD, (una empresa de habitaciones prefabricadas de origen soviético), los Fideos Carozzi y empresas Guzmán. Para Merino, buena parte de la población es considerada el “enemigo” y está dispuesto a bombardearla. El plan cochayuyo fue, al mismo tiempo, demencial y real.

7. La Comisión Rettig ha documentado que tres buques de la Armada, la Esmeralda, el Lebu y el Maipo fueron centros de reclusión y tortura en 1973. Todavía está en la Justicia, el caso del cura obrero Miguel Woodward, que habría fallecido por las torturas de que fue objeto en el Buque Escuela de la marina. ¿Qué ha investigado al respecto? ¿Considera usted que tiene alguna responsabilidad en estos acontecimientos quien estaba al mando de la Armada? En realidad, este caso lo conozco como ciudadano, pero lo acontecido después del golpe no fue parte de mi investigación.

8. El testimonio del detenido Luis Vega , asesor jurídico del Ministerio del Interior, en documento de la Comisión Rettig y en su libro Mis Prisiones, rememora lo que vivió en La Esmeralda: “El espectáculo era infernal. Las ampolletas rojas. Los torturadores vestidos con trajes de entrenamiento y máscaras negras. Me amarraron las manos a la espalda y cada uno de los diez dedos. A golpes me condujeron a las duchas, a las cuales les habían sacado la parte de la salida del agua, y caía un chorro tremendo de agua de mar a presión. Parecía una cave existencialista. Me arrancaron a viva fuerza una cadena gruesa de oro que tenía en el cuello y llevaba soldada. Hasta hoy tengo las señales que me dejaron al arrancármela. El chorro de agua partía el cráneo, y el agua entraba por los ojos, nariz, boca y oídos. Y uno sentía que se ahogaba, que reventaba, que ensordecía. Nos sacaron y nos arrojaron de bruces al suelo donde procedieron a patearnos y golpearnos a los seis hombres y una dama que ahí estábamos. El día 12 éramos ya 42 hombres y 72 mujeres, hacinados. Esa misma noche del 12 un oficial ordenó poner una lona que separara el recinto de hombres del de mujeres. El trato dado a las compañeras era infamante. Les manoseaban los pechos, glúteos, muslos; las metían bajo el agua y gritaban histéricos: «Todas las huevonas alegan estar con la regla...». Durante diez días escuché las protestas valientes, los gritos desgarradores, y los lamentos de hombres y mujeres torturados”. ¿Qué piensa usted respecto a que opinaría Arturo Prat de este uso de La Esmeralda como centro de reclusión y tortura? Lo mismo que describe y le repugna a Luis Vega quien, como muchos otros, fue víctima de las atrocidades perpetradas en el buque escuela.

10 ¿Qué nos puede decir de aquellos oficiales de la Marina que dijeron que no al Golpe ¿puede citar algunos casos e informarnos que ocurrió con ellos? Existen oficiales navales que intentaron mantener la institución en la legalidad. Partiendo por el comandante en Jefe, almirante Raúl Montero, resueltamente opuesto al putsch; fue secuestrado en su domicilio, por equipos dirigidos por Merino. Los almirantes Daniel Arellano, Hugo Poblete Mery y el capitán René Durandot, fueron excluidos, igual que el teniente Horacio Larraín, quien debe exiliarse en Dinamarca y el capitán Gerardo Hiriart, quien se encontraba en el extranjero, envía su demisión. Hubo también otros, como el comandante Carlos Fanta, que siguieron a los golpistas pero se opusieron a la instauración de una dictadura. Terminaron fuera de la Armada donde el apoyo a la dictadura y a sus doctrinas extremistas era condición para permanecer en ella.

11.Se tiene la impresión que los navales, especialmente los oficiales, son muy educados y caballeros, dan el asiento a las damas o a los ancianos, son, se dice unos “gentleman”. Entiendo que usted ha investigado las relaciones que se dan en la Armada entre la oficialidad y los marinos de base, ¿qué nos puede decir al respecto? En las entrevistas a más de 30 marinos sobre la vida en la Armada a fines de los años sesenta y comienzos de los setenta –publicadas recientemente – la palabra “trato” aparece con frecuencia para designar abusos de poder por parte de los oficiales, arbitrariedades, humillaciones. Uno de los elementos que explica las cinco crisis sociales de la Armada en menos de un siglo es la tensión entre la situación social de los marinos, que son técnicos, y el autoritarismo de la oficialidad que mantiene un trato despectivo, comparable al de una hacienda del siglo XIX. Una de las conclusiones es que los marinos antigolpistas, además de denunciar el golpe que se prepara, formulan demandas sociales, desde reivindicaciones simples, como el mismo menú para todos, no portar uniforme durante los días de descanso, derecho a proseguir estudios, libertad de lecturas, que se aplique el derechos a la asociación y una escuela náutica única, donde los más capacitados lleguen a los puestos superiores. Esto hasta 1973. No he estudiado la situación actual. Pero recomiendo el notable libro Vuestros nombres valientes soldados, de Catalina Gaete.

12. La memoria histórica lo más completa posible es un requisito para una sociedad sana y futura, así lo ha entendido por ejemplo Alemania con respecto al pasado Nazi, pero tampoco una sociedad puede quedarse congelada para siempre en lo que paso: ¿no sería acaso deseable, que la Armada hiciera una autocrítica con respecto a su participación en el golpe y sobre todo en la violación a los derechos humanos? ¿Cree posible que se dé una circunstancia de este tipo? ¿Piensa usted que un gesto de esta naturaleza contribuiría acaso a una mayor cercanía entre las Fuerzas Armadas y la sociedad? Mi opinión, como ciudadano, es que, primero se hace necesaria una política internacional de resolución de todos los problemas pendientes con los tres países vecinos, particularmente de las reminiscencias de la guerra contra Bolivia y Perú. Si esto se logra, podremos legar a las generaciones futuras un país sin tensiones latentes, que siempre pueden degenerar. Por eso pienso que una postura abierta hacia la demanda marítima boliviana, es positiva para Bolivia y muy positiva para Chile. Los países concernidos podrían reducir considerablemente los gastos en armamentos y la dimensión de sus fuerzas armadas, para destinar aquellos recursos a políticas de desarrollo económico y social. La segunda idea es que la historia nos indica que las fuerzas armadas chilenas han actuado sistemáticamente contra su pueblo. La lista de matanzas y el número de víctimas es impresionante. Por esta razón uno de los temas del debate constitucional debe ser su democratización. Esto significa, entre otras cosas, que la Armada, como el Ejército, la Aviación y Carabineros, dejen de ser instituciones abanderizadas con la derecha para ponerse realmente al servicio de todos los chilenos. Y en este debate los militares que cumplieron con su deber en 1973 respetando la Constitución, deben ser reconocidos y escuchados.

13) Tal como lo estableció la Comisión Church del Senado de Estados Unidos (1975-76) la intervención del gobierno de Nixon y de sus operaciones de inteligencia desempeñaron un rol activo en el derrocamiento del Presidente Allende (incluso antes de que éste asumiera, via la colaboración con el asesinato de quien era Comandante en Jefe del Ejército, el General René Schneider). La Armada tiene una estrecha vinculación con las fuerzas navales de Estados Unidos a través de la operación UNITAS ¿sus investigaciones le han arrojado, acaso, alguna relación entre la operación UNITAS de 1973 y el Golpe?

Cuando se analiza la injerencia estadounidense en Chile, hay que tener presente que intervienen varias instituciones, a veces en desacuerdo entre ellas: la Casa Blanca, el Departamento de Estado (ministerio de Relaciones), la CIA; la embajada; los militares (el Pentágono) y el NSC. Los documentos desclasificados proporcionan informaciones sobre los cuatro primeros, pero se desconoce lo que hicieron los dos últimos. El rol de la flota Unitas que estaba cerca de las costas chilenas durante el golpe de Estado debe estar detallado en los archivos del Departamento de Inteligencia (DIA) dependiente del Pentágono. Y esto, hasta donde sabemos, no ha sido desclasificado.

1) La lista completa se encuentra en www.theclinic.cl/2012/01/16/la-estatua-de-merino-se-tambalea

Entrevista al profesor Jorge Magasich Airola, historiador y autor de Los que dijeron “No” (LOM, 2008) y de una Historia de la Unidad Popular, pronta a publicarse. Realizada por Bernardo Subercaseaux, Ciudadanos por la Memoria

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