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El día después. Por José Bengoa

Ayer fue domingo 25 de octubre. En Chile se realizó el Plebiscito para aprobar o rechazar la idea de confeccionar una «Nueva Constitución Política del Estado». Anoche supimos de los resultados muy rápidamente. Casi un 80 por ciento de las chilenas y chilenos votamos por el Apruebo y por que la Constitución fuese redactada por una Asamblea de ciudadanas y ciudadanos, mitad mujeres y mitad hombres en número de 155. Queda por definir el número de representantes de los Pueblos Indígenas, que debiera ser aproximadamente un 10%. Los resultados de anoche nos resultan impresionantes y merecen algunos comentarios para nuestras amistades, sobre todo que están fuera del país.

Es el tercer plebiscito que votamos. En 1980 nos tocó ir a aprobar o rechazar la Constitución que había redactado la Dictadura de Pinochet. No habían registros electorales siquiera y el ambiente de terror era evidente. Me recuerdo una persona- lo vi personalmente- saliendo de la cámara secreta, de votar, y en medio de un ataque de histeria diciendo «me equivoqué», porque había votado por rechazar y creía que lo estaban espiando y le iba a costar duro. Ganó la Constitución de Jaime Guzmán y esa noche el Dictador ebrio de entusiasmo en el frontis del Edificio Diego Portales (Ex UNCTAD) prometió televisores, bicicletas, automóviles y todo tipo de «baratijas»: el consumo irrestricto como la base de la integración y desarrollo social y cultural. Chile se transformó en un «mall». Para que no quede duda el extranjero o viajero que llega al aeropuerto de Santiago hace ingreso al país entre medio de perfumes caros, wiskies, y los pasillos de exactamente un «Mall» (sic).

Ocho años después el Dictador le preguntó al pueblo si seguía por ocho años más o no. Y ganó en un día primaveral el NO. Pero no se fue. Quedó de Comandante en Jefe del Ejército y luego de Senador Vitalicio. La Constitución se modificó cosméticamente un par de veces. El triunfo del No inauguró un ciclo de gobiernos democráticos. Hubo crecimiento económico y sobre todo alto nivel de consumo; todo ello en el marco rígido de la Constitución aprobada entre gallos y medianoche.

Desde los años noventas, llamada transición fuimos observando las limitaciones del proceso. Se motejó a los críticos de «autoflagelantes». Ganaron los «autocomplacientes». Ya bien entrado el siglo actual un grupo de personas firmamos un llamado a una Nueva Constitución y la formación de una Asamblea Constituyente (AC). La idea quedó pero no prendió. En el Gobierno segundo de Bachelet se dieron nuevos impulsos y hubo debates múltiples, pero tampoco prendió la idea. El Presidente Piñera, segundo mandato y actual, la desechó y todo lo que se había trabajado fue a dormir en un canasto de papeles.

En esos años se produjeron numerosos procesos difíciles de entender. Por una parte el acomodo del sistema político partidista y su creciente desprestigio. No es fácil interpretar el fenómeno, pero lo que no cabe duda es que los dirigentes (dirigentas y dirigentes, viejos y jóvenes, etc...) de los partidos políticos que habían llevado al país a la democracia cayeron en el mas profundo desprestigio. Acusados de corruptos y ladrones, no se salvó casi ninguno.

Los estudiantes secundarios comenzaron las protestas. Se les llamó los «pinguinos» por el uniforme escolar que usan. Sobre todo los estudiantes de los Liceos llamados emblemáticos, los de mayor fama, se fueron descolgando del sistema y vivieron los últimos años en paros, tomas y también destrozos de sus locales. Años después esos mismos en la Universidad iniciaron un enorme movimiento estudiantil por la gratuidad y calidad de la educación. De ese sector surgieron nuevos liderazgos que llegaron también al Congreso y lamentablemente - no todas ni todos- se contaminaron, o aparecen contaminados, con la política en general.

A esos movimientos juveniles habría que agregar tres más de una profundidad difícil de sopesar: el movimiento de mujeres y de género, el movimiento mapuche indígena y el movimiento de las personas de edad por mejores pensiones. Las manifestaciones han sido masivas en los últimos años.

Un proceso profundo de «despatriarcalización» se apoderó de la gente joven, las mujeres, en particular. Películas como la ganadora del premio Oscar constituyen una ruptura notable en la conservadora sociedad chilena. La «performance» del grupo de Valparaíso llamado «Las Tesis» dio la vuelta al mundo.

Por su parte el sur de Chile comenzó a arder literalmente y se vive un rico proceso de descolonización y anti racismo. Ya el segundo gobierno de Bachelet se mostró incapaz de iniciar cualquier política positiva con respecto a los mapuches. Más aún. Un subsecretario del interior, de militancia histórica socialista, construyó un «montaje» ridículo, llamado «Operación Huracán», que aprisionó a una cantidad de dirigentes indígenas en coordinación además con la administración de Macri en Argentina (se reunió con la Ministra Bulrich de seguridad...en un acto inicuo...). Todo resultó ser una gran mentira. Después de ello el siguiente Presidente Piñera inauguró con bombos y platillos el Comando Jungla, según dijo, preparado en la lucha anti guerrillera en Colombia, lo cual concluyó con el asesinato del comunero Camilo Catrillanca y un montaje absurdo que hizo caer a la cúpula político militar. Las cosas en la Araucanía se pusieron muy difíciles. El Estado no produjo ninguna política salvo la criminalización de la protesta y la represión policial y militar.La prensa se ha hecho cómplice de esta barbarie comunicativa.

Finalmente, aunque hay muchas otras señales, el movimiento por «No más AFP» (Administradoras de Fondos de Pensiones), convocó a miles de miles de personas en una reivindicación muy sentida: la precariedad de las jubilaciones y sobre todo la mentira que se prometió durante la Dictadura (recordar que el creador de las AFP fue José Piñera hermano (no querido) del Presidente).Las cifras de ganancias que ostentan las AFP son escandalosas frente a la miseria de las pensiones que pagan. Esos enormes capitales dan vueltas entre las manos de los mismos acelerando la concentración de la riqueza en Chile.

Estas son tres de las «asignaturas pendientes» que se votaron masivamente ayer.

El descrédito de la política institucional , por otra parte, explotó en medio de una guerra que se produjo entre las élites por asuntos ligados a corrupción y financiamiento ilegal de la política. Se acusó a un hijo de la Presidenta de hacer unos negociados con terrenos habitacionales. A ello respondieron desde el Gobierno acusando a dos de los mayores empresarios del país de financiar a la derecha (el Caso Penta). Luego salieron al baile los dineros de un yerno de Pinochet (Ponce Lerou) que «mojaba» a todo el espectro político (las esquirlas cayeron sobre un hijo de Miguel Enríquez, el conocido como MEO), y así se fueron ensuciando todas y todos. Las salpicaciones de los escándalos brasileros (Obredecht) también arribaron a estas heladas playas. No quedó nadie bien parado. Las instituciones perdieron totalmente credibilidad y sus agentes con ellas.

Habría que señalar que todos estos y muchos otros procesos no son exclusivamente chilenos sino que se dan en muchos países del mundo. Hay un ethos de descrédito de las instituciones y de la incapacidad del sistema capitalista tardío de satisfacer las necesidades que promete resolver.

Bueno es en estos días recordar el concepto de «expectativas crecientes», ya que mucho de ello explica lo que ocurre. Mi experiencia en la Universidad es bien significativa. Muchos jóvenes son los primeros en llegar a la educación superior en su familia. Las expectativas del grupo familiar son enormes. Las ceremonias de graduación así lo demostraban siempre: familiares orgullosos de que su hija o hijo recibieran su título. Sin embargo las denominadas redes sociales brillan por su ausencia. Salen de sus estudios con un cartón en la mano y les cuesta años en encontrar un lugar en el mercado de trabajo, marcado por las amistades, los apellidos, la «facha», en fin, el origen social, y muchos otros elementos extra académicos. No es por casualidad que este tipo de jóvenes ha estado presente y muy activo en las manifestaciones y posiblemente fue el que más fue a votar en el día de ayer.

Hace un año, en ese ambiente, se le ocurrió a una señora ministra de transporte subir en 30 pesos el pasaje del Metro de Santiago. Los estudiantes secundarios comenzaron por saltarse los torniquetes, manifestarse en las estaciones de Metro, y el 18 de Octubre del 2019 se produjo una revuelta violenta que destruyó estaciones, trenes del Metro y hubo saqueo de grandes tiendas, esto es, de los afamados Mall, símbolos ambos del «progreso nacional». El día 25 de Octubre- justamente hace un año- más de un millón y medio de personas marchó por la Alameda en el centro de Santiago. En casi todas las ciudades del país ocurrió lo mismo. Las fotografías de las marchas en Valparaíso, al borde del mar son simplemente impresionantes.

No parecía haber modo de parar las manifestaciones, saqueos, incendios y protestas que ocurrían en todo el país. En ese contexto los presidentes de los desprestigiados partidos políticos se reunieron y acordaron llamar a un Plebiscito para cambiar la Constitución. No pareció para nada evidente pero ante la falta de salidas de otro tipo con el tiempo se fue imponiendo e incluso los sectores juveniles movilizados consideraron que era un camino posible. La pandemia del Corona Virus vino a a hacer lo suyo. Las personas encerradas en sus casas, los que la tienen, vieron que el Plebiscito era una alternativa.

El silencio y descrédito de los partidos políticos se mantuvo. Pero no teníamos conciencia del papel que jugarían los medios de comunicación llamados «redes sociales». La televisión criminalizó, hasta ayer, a las manifestaciones y las redes, en cambio, mostraban la complejidad y sobre todo el heroicismo de los que se manifestaban. Por ejemplo. La Televisión mostró en estos días el incendio de dos Iglesias por parte de los manifestantes. Las redes mostraron cómo los manifestantes se peleaban con los incendiadores, entre los que había evidentes infiltrados, uno de ellos de la Marina o Armada nacional y varios policías. Muchos pensaron que esas manifestaciones afectarían el voto del Plebiscito y aumentaría el rechazo, los datos muestran que no fue así.

Anoche una vez más hubo grandes manifestaciones de alegría en las ciudades del país. Por todas partes. Las Plazas se llenaron de gente esperanzada. En Achao, isla de Quinchao, Chiloé, por ejemplo,enterraron simbólicamente la Constitución de Pinochet. Fue uno de los miles de actos de ese tipo. Se ha considerado que la votación terminó con el legado del Dictador, y eso da sentido.

Como siempre, no habían banderas partidarias en las manifestaciones.

Ayer al ir a votar nos llamó mucho la atención la cantidad de gente joven. No sabemos lo que ello podrá significar para el futuro pero es un dato importante. No es fácil contabilizar el voto juvenil ni tampoco el de las mujeres.

Significativo en cambio, es la votación de las comunas ricas de Santiago: Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea. Son las únicas tres comunas en Chile, que ganó el Rechazo, por un porcentaje apreciable. Allí reside un pequeño porcentaje de la población del país que concentra buena parte de los ingresos. Ahí están los colegios de mejores puntajes para ingresar a las Universidades y los establecimientos más caros de educación superior, los de la «cota mil» como dijo un cura. La clase alta chilena, los ricos (los cuicos), se refugiaron en los faldeos de la Cordillera, se atrincheraron y hoy se expresa vivamente esa situación. No por casualidad son objeto de robos, «portonazos» y cunde entre ellos el temor y la inseguridad. Hoy el día después, el miedo debe ser enorme. Han quedado al descubierto, a la vista de todo el país.

La votación sigue las pautas históricas. En el norte se dieron los mayores porcentajes de apruebo caso de Copiapó con más del 90% de la votación. Es el norte minero y su tradición de izquierdas. En Temuco en cambio, la Araucanía, se dio una relación favorable al Apruebo pero con buena votación del Rechazo. Recordemos que fue el único lugar en que ganó el SI en el plebiscito de 1988 en que en todo el país ganó el NO. No es como han querido interpretar algunos medios producto de la descolonización y de las acciones violentas que allí ocurren.

Quizá el concepto clave de estos dias es el de ABUSO. Hay un sentimiento de que se es abusado por el estado, por las grandes empresas, por los servicios, en fin por todo el sistema que se ha formado de manera abusiva en el país. Y eso es lo que se quiere cambiar.

Y algo importante es que el temor a la violencia no tuvo efectos en el día de ayer. Muchos pensaban que aumentaría el Rechazo por la acción anti policial y las acciones que han ocurrido en la Plaza Italia, o Baquedano y hoy llamada Plaza de la Dignidad. Muchos pensaron que las pintadas de colores del monumento al General Baquedano iban a ser repudiadas. Nada de eso pareciera haber afectado a los votantes. Más aún. La convicción general es que si no hubiera habido grandes manifestaciones, acciones de rechazo duras y también violentas, no habría habido plebiscito. Que este ocurrió gracias a «la calle».

¿Cómo se va a cambiar todo ésto? Es difícil predecirlo. Los "candidatos de los matinales de la Televisión, los señores Lavín que es el Alcalde de Las Condes y se alineó con el Apruebo, y el ex Ministro de Bachelet Francisco Vidal, salieron rápidamente a pontificar su triunfo y sus vergonzosas aspiraciones. Sin ningún pudor varios otros han tratado de interpretar lo ocurrido llevando agua para sus molinos. No creo que tengan algo de credibilidad.

Viene ahora un conjunto de negociaciones para saber cómo se van a presentar los y las candidatas a la Constituyente. La autonomía del movimiento va a ser puesta a prueba. Los partidos políticos tratarán de dominar el escenario y quizá lo logren. Lo importante es que las peleas se darán tanto en el ámbito callejero y masivo como en el de las negociaciones políticas. Nada está dicho aún.

Lo que se ha mostrado en el día de ayer es el carácter histórico de la memoria de los sectores populares chilenos. No son fáciles de dominar. Así ha sido siempre. Las oligarquías reaccionarias en el mejor sentido de la palabra, rechazan obviamente cualquier apertura y así lo han hecho también ayer. Los sectores populares enfrentados a coyunturas auspiciosas o posibles, participan con ideas de cambio, con utopías quizá, de una vida mejor. Los partidos políticos se ven agotados, pero quizá puedan surgir nuevos liderazgos, nuevas ideas, en fin, algún tipo de renovación en un contexto cambiante y para muchos amenazante. No es fácil predecir el futuro próximo. Menos aún con el mundo que nos rodea y la Pandemia que sigue su marcha sin descansar. Está fijado el 11 de abril próximo para elecciones de miembros de la Asamblea o Comisión Constituyente. No pareciera fácil interrumpir el cronograma decidido.No pareciera haber condiciones para ello.

Lo que no cabe duda es la apertura de la esperanza, sobre todo el día después.

José Bengoa

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