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El megafraude constitucional. Por Paulina Morales

Descontando días para el 4 de septiembre llega a mis manos El Fraude, libro del politólogo Claudio Fuentes[i] en donde recapitula el mes previo al plebiscito espurio que impuso la Constitución de 1980. Como bien señala en su inicio, “El fraude electoral más grande de la historia de Chile se ejecutó en un mes. Entre el 10 de agosto y el 11 de septiembre de 1980 la dictadura militar del general Augusto Pinochet materializó un acto en el cual no se cumplió ninguna de las condiciones básicas para el ejercicio de un proceso libre e informado por parte de la ciudadanía […] Se trató de un engaño burdo. Un proceso controlado desde el Edificio Diego Portales, -por ese entonces sede del gobierno-, sin padrón electoral, con vocales de mesa designados por el régimen, con la abierta intervención de organismos de seguridad, sin acceso al conteo de votos, sin libertad de prensa, con una papeleta semitransparente que dejaba ver la preferencia de los electores. Un proceso que se realizó en un estado de emergencia y con una fuerte represión a los opositores que intentaron llamar a votar que NO”.

 

Consultado por aquellas condiciones en que se realizaría el plebiscito, Jaime Guzmán señalaba: “Eso me parece sencillamente un absurdo, porque para un pronunciamiento libre de la ciudadanía en una materia tan fundamental como ésta, basta con la libertad y secreto del voto y con la debida información”.

 

Mi tesis es que la derecha pretende replicar hoy también un fraude, ya con más experiencia y por otros medios, tanto por mano propia como por proyección sobre la opción del Apruebo. Al parecer, para ellos las condiciones en que se llevará a cabo este plebiscito son tan amplias y elásticas que incluso podrían decantar en un fraude electoral. Porque los vocales, apoderados, encargados de recintos y miembros del colegio escrutador perfectamente podrían coludirse para permitir el engaño. Así facilito, claro, como cuando el ’80 agentes de la CNI fueron por distintos locales de votación ejerciendo el sufragio numerosas veces. Así se rescata en el libro de Fuentes, remitiendo a una entrevista a el Mocito[ii] donde éste cuenta que el modus operandi era “entrar a toda velocidad y salir igual de rápido después de votar por segunda vez. Y así hasta muy pasado el mediodía, cuando ya habían cubierto la ciudad [Santiago] en todos los puntos. Luego se detuvieron a almorzar y partieron nuevamente haciendo el mismo recorrido, pero en sentido inverso, a votar de nuevo”. Patriotismo a raudales. Hoy se diría que lo hicieron por amor. Y que por tanto lo que proyectan en su oponente sería un fraude desde el odio.

 

Súmese además el asunto vocales, que para el plebiscito de este domingo fueron sorteados por el Servel. Al parecer esto no es garantía de nada para los rechacistas, que ven aquí una posibilidad de fraude y preferirían volver a la modalidad plebiscito del ’80, es decir, designar (aunque se dijo sortear) vocales imparciales. Sí, como ocurrió por ejemplo en Pudahuel, donde los apellidos daban fe de ello: “Mesa 1, Gloria Arthur Aránguiz. 2, Isabel Alemparte Pérez. 3, Amelia Concha Vial. 4, Ximena Subercaseaux del Río […] 6, Ana Budget. 7, Cecilia Covarrubias Morandé […] 10, Carmen Edwards Valdés. 11, Magdalena Green Concha […] 16, Trinidad Larraín Mira. 17, Magdalena Larraín Mira. 18, Margarita Larraín Mira. 19, Luz Larraín Mira. 20, Margarita Larraín Herrera”. A todas luces mujeres pudahuelinas de tomo y lomo y de bien. Ahora cualquier patipelado sale vocal y ejerce quizás con qué retorcidas intenciones.

 

Como también rememora Fuentes, en aquel entonces no hubo espacio para la difusión e información sobre el texto que sería votado, pues todo se desarrolló en 30 escasos días, y recién el lunes 11 de agosto [de 1980] apareció en medios de comunicación la propuesta completa. La puesta en escena era muy simple y tosca: el dictador transmitía a la población la verdad revelada que contenía la propuesta constitucional, viajaba de norte a sur para ser recibido por multitudes debidamente ordenadas con antelación, escuchaba alabanzas hacia él y su constitución sin importar si se conociera o no su contenido; en rigor, haciendo lo posible porque no se diera a conocer. “El general reiteraba una y otra vez que la decisión era entre continuar la senda de progreso o retornar a los «mil días negros» de la UP”, junto con presentar la propuesta como de constitución como “ágil, moderna, científica y humana”. Se sembraba el miedo anunciando el caos, tal como ahora se repiten mensajes sobre un futuro tenebroso de ganar el Apruebo. Como siempre, la estrategia fraudulenta de la mentira. Porque tanto ayer como hoy a la derecha no le interesa que haya voto informado, sino voto asustado. Y si antes se ocultó el texto constitucional, ahora se difunde tergiversado y se critica al gobierno por entregar ejemplares fidedignos de la nueva propuesta constitucional para luego solicitar ejemplares. He aquí una sofisticación del modus operandi: ya no quemarán libros (al menos en público), ahora los piden para guardarlos bien guardados, y quizás después, en privado, quemarlos bien quemados. Franqueza ante todo: en quema de libros la derecha cívico-militar tiene prontuario.

 

Y así, el 11 de septiembre de 1980, conocidos los resultados, se impuso el silencio desnudo, vergonzante y cómplice. Entonces, “¿cómo transitar desde el rotundo rechazo a esa farsa a la aceptación de las normas impuestas de la dictadura? El único camino posible era bloquear la memoria […] no quedaba otra que espantar ciertas preguntas como si fueran moscas mucho más rápidas e insistentes que nosotros […] La solución política fue olvidar el episodio y bloquear la cuestión de la legitimidad” por parte de quienes en un primer momento repudiaron a la bestial criatura.

 

Sin embargo, cuando ya habíamos perdido toda esperanza, cuando la intentona del proceso constituyente de Bachelet II ya había sido aplastada, resulta que viene el octubre de la esperanza con toda su potencia. El 2019 se llamó 18 de octubre y 15 de noviembre; el 2020 octubre 25; el 2021 15 y 16 de mayo, para llegar al 4 de julio con una Convención Constitucional iniciando funciones en medio de la emoción y un dejo de incredulidad comprensible tras tantos portazos al sueño de una Constitución nacida en democracia bajo reglas democráticas.

 

Si algo hay que reconocerle a la derecha es su capacidad de reinventarse; no solo apoyaron un fraude electoral en dictadura, sino que ahora lo están haciendo en democracia. ¿Quién hace esa con tanto desparpajo? Solo aquél que sabe, y aquí la derecha, de que sabe, sabe. De fraudes sabe; más aún, ahora sabe de fraudes y defraudes con amor.

 

A la derecha, a esta derecha, Pinochet aún les respira en la nuca incesante, impenitente. Sigue ahí cobrándoles una a una las cuentas pendientes, como llamaría seguramente el dictador a ‘esas mariconadas del aliancismo bacheletismo, de la centro derecha, de los derechos de los raros, de los evócolis, ecópolis, evópolis, própolis o como se llamen’…

 

Pero este 4 de septiembre tenemos la posibilidad de terminar con este fraude que sigue concretándose día a día mientras esté vigente la constitución fraudulenta. Tenemos casi al alcance de la mano la posibilidad del triunfo de la decencia y de la esperanza.

 

Paulina Morales
Universidad Diego Portales


[i] Publicado por Hueder en 2013.

[ii] Entrevistado por Javier Rebolledo para su libro La danza de los cuervos.

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