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El riesgo del giro a la ecoteología. Por Alex Ibarra

En la década de los noventa afloraba la ecoteología, apareciendo libros emblemáticos como «Dios es verde» del teólogo belga Ian Bradley. Durante las últimas décadas algunos teólogos latinoamericanos de la liberación han asumido algunos planteamientos verdes, quizá el caso más paradigmático sea el del brasileño Leonardo Boff.

Con el nombramiento del Papa Francisco I existían algunas esperanzas de resurgimiento de la teología de la liberación a partir de la llamada «teología para el pueblo» que seguía los planteos de Gera que influyeron en jesuitas como Scannone y Bergoglio. Sin embargo, sin conocer todo lo publicado por Francisco I, creo que sus planteamientos más progresivos han sido desde la ecoteología.

El texto «Laudato, si» y ahora «Amazonia en peligro» son muestras que sostienen lo recién planteado. Estas exhortaciones de la autoridad católica representan un urgente llamado al cuidado del planeta, en cuanto es el resguardo de la vida.

El cristianismo no ha hecho aún su mea culpa, muchas veces amparado en la sentencia bíblica de Génesis 1.26, que abre la posibilidad a un mal entendido «dominio» sobre la creación, causa de un excesivo antropocentrismo.

La ecoteologia, sin duda, debe ser una reflexión que aporta a favor de un freno que demore la fatal destrucción del medio ambiente, que nos de la tregua para una mejor convivencia.

La naturaleza es una víctima del ser humano que en la lógica patriarcalista mal entiende la idea de «dominio», justificando el abuso. Estos textos pontificios asumen parte de una tarea que es de todos, dejando ver algunas tendencias progresistas de renovación.

Francisco I, si le creemos a la película «Los dos Papas» representa a la renovación clerical católica, y estas exhortaciones ecoteológicas son parte de aquello. Pero, esto no es suficiente cuando este discurso invisibiliza a otras víctimas de abuso, lo que quedó en evidencia en la visita de Francisco I a Chile, en medio de la denuncia por los abusos sexuales en los cuales aparecían comprometidas las autoridades eclesiales locales. Quedan muchas tareas pendientes para cumplir el «hasta que la dignidad se haga costumbre» y sólo se harán posible si nos mantenemos unidos y vigilantes para oponernos a cualquier forma de abuso.

Por lo pronto, al menos hay un discurso que condena la sobre explotación de la naturaleza, esperamos confiados que los pueblos seguirán exigiendo a las instituciones mayores compromisos con la liberación de los pueblos, rescatando también la vigencia de la teología de la liberación que tuvo bastante producción orientadora desde la década de los 70 en nuestro continente

Alex Ibarra Peña.
Dr. Estudios Americanos.

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