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El tiempo de las definiciones: es necesario un nuevo orden político. Por Alex Ibarra Peña

«La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio».
Cicerón.

En el actual plebiscito se presenta un momento fundamental de nuestro tiempo presente que puede ser un signo de maduración democrática, teniendo en cuenta que votará la mayoría de los ciudadanos. Lo fundamental será en una deliberación que se realice desde el voto informado.

La posibilidad de enfrentarse a la lectura de una Nueva Constitución con interés es un hecho inédito en nuestra historia. Esto habla de una novedad que es parte de todo este proceso. Dicho proceso inicia con una fuerte condena a la clase política que lideró la larga transición que consolidó un sistema de privilegios para unos y desigualdades para otros que no deben ser aceptadas en sociedades democráticas llamadas a constituir su soberanía. Parte de esta clase política y varios de los privilegiados del sistema político en ejercicio imponen un cerco comunicacional que hace el juego al orden político que la soberanía popular enfrentó en octubre del 2019. Esto es parte de la mentira que busca imponerse a la verdad.

La interpretación política que propongo supone una simple comprensión en la pugna por el poder. Por un lado, una fuerza política corrupta que busca conservar el orden político, utilizando todas esas estrategias deshonestas propias de quienes no tienen vergüenza cuando se trata de defender sus privilegios, estos son los del «rechazo». Por otro lado, hay una fuerza política más genuina que no renuncia a la búsqueda de un sistema político más justo y que desde el apoyo al «apruebo» pretenden instalar un nuevo orden político que no acepta la corrupción que tanto daño causa a la democracia.

Este proceso constituyente tiene validez democrática dado que los constituyentes fueron elegidos por voto. Su conformación política, ideológica y valórica manifiesta un pluralismo plenamente representativo. Estaban todas las fuerzas políticas, pero también aparecieron nuevos liderazgos que fueron asumiendo militancias que representaban nuevos sujetos sociales. Esto es una fortaleza de esta Nueva Constitución.

Las dudas frente al texto ya se han ido aclarando con los esfuerzos de varios de los constituyentes que se mantuvieron fiel a su mandato popular. No todos los constituyentes representaron al pueblo, varios siguieron fieles a sus partidos políticos y varios otros a sus intereses mezquinos. Basta ver quienes defienden el orden político corrupto y quienes han asumido este proceso como apertura a una mejor democracia.

Ha sido terrible ver la acción de los grandes medios de comunicación tratando de frenar el proceso de transformación democrática, dan pena verlos difundiendo la mentira en su defensa del orden político de la corrupción. Sin embargo, varios de éstos por años fabricaron estrategias de desinformación para la ciudadanía.

Estamos en un momento histórico que podría volver a situarnos como una vanguardia de desarrollo democrático, pero tenemos que cuidarnos de toda esa clase política apoyada por quienes se prestan a su juego desde sus intereses avaros y mezquinos.

Sería muy significativo que la aprobación a un nuevo orden político derrotara a esa clase política que se aferra a sus privilegios sin visualizar los nuevos signos de los tiempos. Sabemos de la pobre visión de mundo que representan y su gozo en los privilegios. Por compromiso con la verdad no podemos aceptar la mentira y no podemos permanecer en silencio.

Alex Ibarra Peña Dr. en Estudios Americanos.

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