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El valor patrimonial: la mirada desde el Giratorio. Por Alex Ibarra Peña

El Giratorio es un restaurante ubicado en pleno corazón de Providencia, barrio que poco a poco se ha convertido en uno de los centros principales de Santiago de Chile. Una avenida que invita a un paseo orillando el Mapocho desde la Plaza de la Dignidad y dejarse llevar por el ocio que permite encontrarnos con un espacio urbano que mantiene gran parte de su identidad.

El nombre de este lugar se debe a qué las mesas van girando en 360º como lo predicaba el poemario del Carmina Burana en relación a la rueda de la fortuna. Esta expresión hoy también es usada en ciertos ámbitos culturales populares y urbanos aludiendo a lo inesperado de la existencia. Los versos del poemario medieval que popularizó el compositor Karl Orff tienen que ver con esa importancia fundamental de permitirse vivir el cotidiano acontecer que va transcurriendo en la toma de conciencia de lo bello que puede tener el vivir bien.

La conciencia del vivir bien nos lleva a establecer momentos de diálogos con aquellos que el azar nos permite establecer relaciones de convivencia, es con ellos que nos disponemos a la intimidad de compartir alimentos y de brindar compartiendo la felicidad, ésta en cierto sentido aristotélico en cuanto que nos permite enfocarnos hacia un bien común aunque seamos diferentes.

Son ya cuarenta años en que este lugar desde el piso 18 al lado de la estación de metro Los Leones ha sido testigo de los cambios sufridos por la ciudad, tales como un cerro menos verde, pero aún latiendo como un apu sagrado; innovaciones arquitectónicas lamentablemente no siempre mejores; y una sociedad que integra nuevos discursos y también nuevos sabores. A todo esto el Giratorio ha sobrevivido por una convicción familiar de origen italiano aportando desde la condición de migrantes capaces de contribuir a una cultura y a una sociedad. La familia Semprevivo ha llevado en sus espaldas una larga tradición gastronómica en Santiago, actualmente apoyada por la buena gestión de Michelangelo Solari y Marcela Inda, junto de la mano del chef Roberto Tepo.

La herencia de buena factura servida en la mesa ha sido adaptada a estos tiempos resaltando los productos de la comida chilena a base de carnes, pescados y mariscos junto a una amplia carta de vinos y cócteles que deleitan al espíritu de cualquier sibarita exigente.

Parte de la biodata del Giratorio reúne a grandes músicos populares del rock argentino y de la música romántica española que fueron entrevistados en su salón principal, cuestión que muestra el compromiso de este lugar con la cultura. Una larga relación cultural con el Chile de los últimos cuarenta años convirtiéndose en uno de nuestros patrimonios culturales que resaltan nuestras comidas y bebidas que acompañan el transcurrir de las ideas en un diálogo liberado del tiempo para ver las distintas perspectivas de ese pedacito de Santiago desde sus ventanas.

He sido testigo con varios protagonistas de la cultura chilena que he venido entrevistando en el ciclo de conversaciones «A patrimonio vivo...» (varias de ellas disponibles en el Canal Youtube Casa de Los Diez), gestado desde la Universidad Católica Silva Henríquez, del reconocimiento otorgado a varios de nuestros productores culturales con los cuales hemos sido convocados a estas mesas en las que hemos nutrido al cuerpo, pero también al espíritu situándonos en este Chile que compartimos.

Como me dijo Luis Poirot, más o menos así, «Santiago hay que aprenderla a caminarla para encontrarle su belleza» y la verdad es que esta ciudad ofrece hermosas imágenes y vivencias por eso es que nos sigue invitando a pasearla o revisitarla mientras descubrimos parte de esos hitos históricos que la constituyen. Esos espacios son los que ofrecen la posibilidad para el encuentro entre los ciudadanos que la han visto y que la siguen descubriendo desde las distintas perspectivas que aparecen mientras seguimos girando como ese tango del cual sólo recuerdo «Gira, gira...».Alex Ibarra Peña.
Dr. en Estudios Americanos.

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