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Elecciones en período de pandemia. Por Luis Osorio

VOTOS RESGUARDADOS POR LA CIVILIDAD EN UNA SOLA JORNADA.

6 de marzo de 2021

Hace algunos años un ex candidato presidencial de conducta un tanto variable, señalaba en su programa presidencial que el peor escenario para el cambio de la Constitución, sería el que un proceso constituyente fuera en un tiempo de crisis.

Lo anterior a primera vista era bastante razonable. Sin embargo, en épocas de relativa calma, tampoco ha sido posible a veces ni siquiera tener la idea y pensar en el significado que ello tenía para dar un salto a una verdadera democracia. Por tanto, la conclusión es que como se dan las cosas, realmente da lo mismo la ambientación del proceso constituyente, sino que lo fundamental es poner como relevante la trascendencia del fondo de lo que puede significar una Nueva Constitución, que será un examen para la ciudadanía al determinar su convivencia futura y esperando que no sea una frase futura el decir “Chile tiene la Constitución que se merece”, sino “Chile tiene una Constitución ejemplar”.

Alrededor de esto, hay elementos variables y otros constantes, como también lo hay elementos sujetos a estrategias de poder, a los que se suman aspectos que son manipulables desde los sectores políticos que siempre han tenido un comportamiento, que va en desmedro de alcanzar una sociedad diferente. Estas cuestiones no pueden dejar de ser tomadas en cuenta.

Entre lo constante por años ha sido el dominio en el país, a cualquier precio, de las clases poderosas. Sectorizadas políticamente en la derecha y con apoyo incondicional de las instituciones armadas del Estado.

Lo variable, tiene que ver con las credibilidades y confianzas, que también son factores que se manejan y es claro que se los lleva para contribuir a grados de control, a sus niveles más bajos: la incredibilidad y la desconfianza en extremo, esto con el claro efecto de ahuyentar la participación ciudadana, reflejado en el voto voluntario. Viene en esas circunstancias, un juego de poderes aprovechando fortalezas y debilidades, pero una fortaleza centrada en el que es más estratega y de naturaleza inhumana, junto con el aumento de la debilidad del contrario. Siempre operando una componente doctrinal del fin justifica los medios.

Hay sectores que han estado viviendo a plenitud los beneficios del modelo, les da lo mismo los cambios sociales y siempre tienen la clasificación de los otros en forma despectiva. Son carentes de conciencia en cuanto al significado de las faltas de oportunidades, fácilmente en círculos públicos dejan ver el observar a los otros como flojos y que por eso no emergen, conceptos que en sus círculos privados los conversan en forma mucho más despectiva y siempre tienen cifras por exhibir, que al escucharlas no cuadran con la realidad.

No relacionan, ni les interesa pensar en algún momento las diferencias en las oportunidades de acceso a la salud, educación, vivienda, pensiones. Si se tratara de llevarlos al terreno de la dignidad, fácilmente le darán a ésta el significado que quieran darle, de tal manera que la estructura que consideran como ideal siga su curso de siempre. Propician a raja tabla el modelo diseñado en dictadura.

En este contexto, hay cambios que deben venir a futuro y otros que deben estar de ahora. Uno tiene que ver con las conciencias y las actitudes de mayorías efectivas, pleno sentido de democracia. En este sentido, una actitud ha sido que los cambios no se producen por falta de voluntades, lo cual refleja una situación de inmovilismo.

La voluntad radicada en el poder, en la minoría y en ese 1% más rico, consecuencia de esas voluntades se ve afectada una gran mayoría de la población. Así, cobra trascendencia revertir y que sea la voluntad radicada en mayorías, la que marque las directrices.

En el tema eleccionario, es necesario hacer algunas distinciones. Post 18 de octubre de 2019, el cronograma electoral era diferente y con posterioridad al 16 de marzo de 2020, entramos al período de elecciones en tiempo de pandemia.

Ciertamente todo se vio alterado, el plebiscito de entrada tuvo un desfase de 6 meses. Los alcaldes y concejales nuevos, se deberían haber elegido hace bastante tiempo y ya en ejercicio de sus funciones, lo mismo en el caso de los gobernadores.

De esta forma, se llega una confluencia eleccionaria el día 11 de abril del presente año, pero con características e impactos diferentes. Alcaldes y concejales, son de ámbito territorial comunal y hay plenas evidencias que por postergación de la elección, los territorios no han dejado de funcionar.

El caso de los gobernadores, son de ámbito territorial regional y puede haber un lapso de tiempo de espera.

Lo trascendente y con la claridad que son procesos eleccionarios, separados uno de otros, es llevar adelante como nación el proceso constituyente priorizando la elección de los representantes en la Convención. Este proceso no ha estado exento de algunos puntos que generan desconfianza y que han sido motivo de improvisaciones.

Partiendo por la forma en que se gestó el acuerdo por el proceso en sí, tratando de vincularlo a la manifestación social, pero que en rigor la partida fue por otro lado, aún en desarrollo.

Al plebiscito de entrada se debería haber llegado con las reglas totalmente definidas, sin embargo, hubo aspectos que fueron de discusión posterior. Ingredientes que contribuyen a presenciar que hechos históricos tan relevantes no hay un buen proceder.

La esencia de lo constitucional, que no se debe perder de vista, es el cambio de la Constitución del 80, redactada con los militares en el poder. Por ende, la institución de fuerzas armadas, no son garantes de nada.

En una elección como un acto de pseudo confianza en las instituciones, se les confiere la potestad del resguardo de los locales de votación y del proceso en su conjunto, pero nunca se les puede conferir la atribución del resguardo de locales de votación y menos cuando está en juego el proceso constituyente, con votos emitidos al interior de los locales.

El Gobierno presenta la moción de celebrar la elección en dos días seguidos, propiciando según sus aseveraciones el facilitar la concurrencia a los adultos mayores, sin embargo, ellos saben que están favoreciendo la desconfianza en el proceso, e incidiendo en que sean menos los electores que concurran a votar. La desconfianza está muy bien instalada y está más dirigida a quienes no están por los cambios, y se han sentido cómodos con la Constitución vigente. Se trata de una relación directamente proporcional.

Por tanto, lo sensato es conservar el 11 de abril como fecha exclusiva para la elección de constituyentes. Desfasar en un mes las elecciones de alcaldes, concejales y gobernadores. De todos modos, como en la actualidad son los tiempos de pandemias los que van marcando la pauta, si es preciso reagendar habrá que hacerlo, manteniendo está lógica y readecuando lo venidero, sin llegar a alterar en ningún caso la elección presidencial de noviembre, porque el cambio de gobierno no puede esperar más.

A veces dentro de lo negativo, surge lo positivo. En forma acelerada, se pueden proponer cambios constitucionales con repercusiones en lo electoral. Lo que proponía el gobierno, requería un análisis de consecuencias y del fondo de la intencionalidad.

Lo positivo, es que se puede vislumbrar que una moción mucho más fácil, guardando la calculadora, y es que, desde las elecciones parlamentarias y presidenciales de este año, podría normarse la obligatoriedad en el voto. Y en tales circunstancias, definir desde ya si las parlamentarias deben ir el mismo día de las presidenciales, ante la posibilidad que los postulantes al parlamento, también engrosen una papeleta de gran tamaño y la pandemia siga latente.

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