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En la medida de lo posible: un freno a la transformación. Por Luis Osorio

No falta mucho tiempo para el año 2023, que estará marcado por un hecho de gran trascendencia en el país, como lo fue el golpe de estado de 1973 episodio del cual se cumplen 50 años. Fue un acto propiciado por la derecha y sectores de la democracia cristiana, que con una violencia extrema imponen un modelo aún vigente y al cual los gobernantes de los últimos 32 años se fueron asimilando, reluciendo siempre como eficientes administradores de lo diseñado en dictadura. Por sobre un hecho radicado en el ámbito político, la trascendencia mayor tiene repercusión en una forma de concebir la sociedad, no de la concepción de una sociedad mejor ante lo cual asistiríamos a una aceptación de que no es tan mala, pero puede ser sujeta de cambios para perfeccionarla. Sin embargo, lo crucial e importante es una sociedad diferente, para la vida digna de mayorías y un equiparar de oportunidades, por tiempo extenso postergadas. Si es que hay voluntades y desde las altas esferas el ponerse en el lugar del otro, todo es posible, más aún si se considera la extensión de los tiempos históricos en que al sumar los años de dictadura y los que vienen después, el período post dictadura representa los dos tercios del total, un cúmulo de años más que suficientes para haber pensado y construido un Chile diferente. La realidad comprobada, nos lleva a observar que la permanencia del modelo ideado en dictadura y que ha perdurado hasta el presente, nos aleja de esa supuesta democracia construida en el imaginario y que se debe cuidar en circunstancias que la permanencia de lo medular diseñado en el gobierno militar no desapareció, lo estructural permanece. Ha sido y es la derecha la que en rigor impone doctrina y no tiene que estar pensando en la necesidad de la unidad, ya que a lo menos hay cuatro elementos que los unen: el dinero, la religión, el acceso a grandes oportunidades y un poder fáctico ejercido a plenitud. En cambio, por el otro lado, la necesidad de la unidad es muy vociferada, pero la práctica determina una creciente distancia de elementos e ideas comunes, y así no se llega a nada, la falta de proyección del corto plazo transforma en una utopía el pensar en el largo plazo y por tanto trazar estrategias políticas con horizontes, ante lo cual el individualismo generalizado por el modelo, ha penetrado tan fuerte que en los fueros internos ni siquiera existe la disposición para el cambio, lo posible se mueve en un margen muy estrecho. En la actualidad el actuar es tan oscilante, que las consecuencias expresadas durante un día, en menos de 24 horas se destruyen. La referencia más fehaciente es expresar la convicción en lo constitucional de la necesidad de un órgano 100% electo, y al día siguiente postular que es mejor algo imperfecto a que no se alcance nada, eso genera incerteza y a la vez se acepta el dominio de los sectores de poder. No se alcanza a sopesar el paso de los 50 años desde el año 1973, y la nula reparación en hechos ya casi en 33 años de los caídos en dictadura y sus principios, las grandes alamedas que permanecen cerradas y no se avizora su apertura. Ha sido una secuencia de hechos que desembocan en el acuerdo de la semana que recién termina, que nos lleva a un escenario similar al que fue lo que rodeó a la redacción de la constitución del 80, asistimos a un proceso constitucional que parte sitiado y lleno de zanjas, alejadas de un ejercicio sano de lo debería ser una real democracia y por ende de la expresión de pueblo o de ciudadanía. Se trata de un período de muchos acontecimientos altamente significativos de los últimos años y que contribuyen en forma creciente a acentuar las desconfianzas en los políticos de más alta figuración en los acontecimientos. En algún momento fue evidente, una intervención en las primarias de apruebo dignidad para evitar que saliera electo Daniel Jadue. Otro episodio fue cuando el partido socialista, concurre a una casa ubicada en calle Bilbao en la ciudad de Santiago a golpear las puertas, para ser admitido en competencia aportando una candidata, pero llegaban con dos sectores que no habían sido invitados. No es menor, que la elección de Boric en segunda vuelta, tuvo una fuerte componente de lo que se podría denominar el factor Kast y la desesperación de tener un gobierno de ultraderecha. Sin embargo, a poco andar la concertación comienza a desembarcar en palacio, que no era lo que había elegido ese elector que en algún momento era incondicional, justamente por ser detractores de los gobiernos que nos llevaron a una situación de crisis profunda. En ocasiones, es conveniente precisar cifras. El 78% que votó apruebo en el plebiscito de entrada del proceso constituyente, era sobre la base de alrededor del 50% del padrón electoral. Sin negar la importancia del voto obligatorio, la realidad es que esa era una reserva de la derecha para cuando necesitará recurrir a esa posibilidad, sabiendo que, con inversión, la incidencia de los medios de comunicación a su cargo en forma mayoritaria, la práctica de la campaña del terror y la intervención de las ISAPRES y AFP, podían tomar el control. Nuevamente aplican estrategia ganadora, son 50 años que han tenido el poder. En este momento la derecha se siente ganadora con el acuerdo y cuando hablan de una buena constitución, es la que les permita conservar sus intereses. Sin dejar de lado que cualquier constitución que se redacte, compite finalmente con la redactada en dictadura, por tanto, se aprontan nuevamente a imponerse para conservar los privilegios que están a su haber. Todo determinado por un congreso elegido con una votación equivalente al 50% del padrón, pero contando con una llave que les permite involucrar a todos a través del voto obligatorio y así iniciar el despliegue que ya deben tener planeado. Finalmente, en esta ocasión y con la sabiduría de muchos de haber vivido la historia del país durante 50 años, y sentirse identificados con la política no militante, y convicciones mucho más acentuadas en relación con quienes se sitúan como independientes, el descontento es creciente, con la sensación de una cuota de traición hacia las esperanzas que se tenían. Se podrán como en todos los gobiernos percibir algunas cosas positivas, pero cuando el objeto que se observa es de connotación histórica y muy postergado, se instala la sensación que nuevamente la olla puede estallar. Escuchar hablar de expertos designados y su función, hacen retroceder al período en que se redactaba la constitución del 80, sin poder comprender en estos días algún elemento racional de los firmantes del acuerdo, al estilo de las firmas del acuerdo por la paz en la madrugada del 15 de noviembre del 2019 cuando se apuntaba al salvataje del gobierno de Piñera. Es claro quien tiene la hegemonía y a quienes se les rinde pleitesía. La política de los acuerdos abandona en su totalidad la necesidad de las transformaciones y concede un espacio para el statu quo, eso que se hizo costumbre y va dejando la dignidad de lado. No es auspicioso comprobar que los límites de Chile no han cambiado, parafraseando una canción de Violeta Parra.

Al medio de Alameda de las Delicias

Chile limita al centro de la injusticia, de la injusticia.

18 de diciembre de 2022

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