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En nombre de la ética: el nuevo argumento en redes sociales. Por Francisco de Ferari

Ardieron las redes al presenciar la morbosa entrevista de Mónica Pérez a una persona afectada por los mega incendios en los cerros de viña del mar al consultarle qué pensaba hacer en navidad si se le había quemado su vivienda. Ardieron las redes al difundirse dos tesis de pre y postgrado de la Universidad de Chile que abordan la pedofilia con títulos altamente polémicos: “Pedófilos e infantes: pliegues y repliegues del deseo” y “El deseo negado del pedagogo: ser pedófilo”. Desfila la crítica fácil y ágil para exigir condenas a diestra y siniestra sin mayor reparo ni profundidad alguna que indague en algunas de las cuestiones de fondo. Se convoca a la ética como si fuera una solución mágica ante todos los problemas de la sociedad.

Desde hace varios años presenciamos una verdadera “sed de ética” como exigencia del mundo actual tal como diría el reconocido pensador y economista argentino Bernardo Kliksberg. Tanto las personas como las instituciones de toda índole están bajo el escrutinio de la ciudadanía. Se demanda acceso a la información, participación ciudadana, auditorías ciudadanas, rendición de cuentas, etc. Podríamos decir que hay demandas y exigencias ciudadanas en una doble vía: escuchar y responder a las demandas sociales y, a la vez, mostrar los resultados o impactos de su actuación (rendición de cuentas).

Por otra parte, el economista Indio Amartya Sen les atribuirá un valor fundamental a las instituciones en el compromiso ético de las personas. Planteará que la naturaleza de los valores de cada persona y de su colectividad, así como también sus impactos, dependerá siempre de las instituciones que les rodean, de ahí que el compromiso ético con el desarrollo ético de las sociedades depende, principalmente, de la institucionalidad. Las personas e instituciones, al cumplir con sus obligaciones éticas de cara a la sociedad, se convierten en modelo que impacta -en alguna medida- en la formación ciudadana y la calidad de nuestra convivencia democrática.

La “instalación” de la ética en nuestra sociedad no consiste únicamente en “más control + más límites + más vigilancia” como diría la filósofa vasca Cristina de la Cruz Ayuso. Aquella es una fórmula necesaria pero insuficiente. ¿Basta con sancionar a aquellas personas que lesionan comportamientos socialmente aceptables y responsables? ¿Basta con endurecer los comités de ética de las instituciones para evitar papelones como lo visto en estos días? Claramente no basta. Teniendo en consideración el planteamiento de Amartya Sen, ¿Cuál es el rol de las instituciones en el desembarco de la ética en el espacio público y en las relaciones interpersonales? ¿Cómo están formando a las personas y ciudadanía aquellas organizaciones como los medios de comunicación o instituciones de educación superior desde una perspectiva ética? ¿No será que estos casos “aislados” están más extendidos de lo que creemos?

No basta con crear códigos de ética que terminan siendo letra muerta o documentos para ser colgados en las páginas web institucionales que no trascienden más que un “saludo a la bandera”. En sociedades cada vez más complejas con altos niveles de conflictividad hablar de perspectiva ética implicará, necesariamente: una opción preferencial por las víctimas y excluidos del sistema; una opción por la centralidad de la persona humana y su dignidad; una opción que asuma el enfoque de derechos humanos como el piso mínimo para una sana (aunque tensa) convivencia democrática.

Francisco de Ferari.
Director Vinculación con el Medio UCSH

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