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Expectativas, democracia y diálogo. Por Luis Osorio

La historia del país, claramente está llena de episodios que se van revelando en el camino, y otros podrían permanecer bajo secreto. En lo más reciente, uno de los temas de preocupación es el sentido de una real democracia, y sin llegar a entregar una definición precisa sobre el concepto un tanto relativo que pudiera darle significado, hay dos factores que dan una señal. Uno de ellos es la extensa convivencia con una Constitución redactada en dictadura y que al día de hoy está plenamente vigente, la otra es que en las elecciones no participan más que una cantidad cercana al 50% de los habilitados para votar.

El primero de ellos, se encuentra en desarrollo, y está representado por el proceso constituyente. En tanto, el segundo tiene una esencia en no estar considerado el voto obligatorio, y que acercaría en parte, a un país democrático basado en la decisión de una mayoría real, complementado con el cambio en la carta fundamental.

En lo relativo a la obligatoriedad del voto, se instala la situación de que en una representatividad política país, ya sea porcentual o con un número entero absoluto, habrá que dividir por dos para tener el la percepción real de la expresión ciudadana, lo cual es preocupante.

Respecto al proceso constituyente, habría sido una instancia muy oportuna para encaminarse a una democracia, disponer del voto obligatorio en el plebiscito de entrada, así como en el plebiscito de salida sí hay la obligatoriedad de sufragar. Situaciones que no se entienden y la premura del tiempo en otros avatares, no da espacio para esbozar una explicación. Es parte de la forma en que se hace la historia del país y el ejercicio de la política.

Al sentir como incomprensible la negación al voto obligatorio, que en una oportunidad se discutió en la Cámara de Diputados, enero del 2020, faltaron unos pocos votos para continuar con el trámite legislativo. Buscando la razón de la sin razón, está el tema de la calculadora o la inspiración en la Constitución del 80, viéndolo como un atentado al libre derecho de ejercer o no el voto. No requiere más análisis.

Lo paradójico en el resultado, es que fue después del 18 de octubre de 2019 en que ya se tenía definido un plebiscito de salida con voto obligatorio. Recordando algo de historia, la elección de Salvador Allende el año 70, se resuelve en el Congreso Pleno, luego que obtuviera mayoría relativa, de mayor porcentaje que Piñera, aunque existe la claridad que en la actualidad no existe la figura legal de mayoría relativa. Desde antes que asumiera su mandato, se desencadenan acciones que obstaculizan su gobernabilidad, dando lugar a una organización denominada CODE (Confederación por la Democracia), integrada por el Partido Nacional, Democracia Cristiana, el Gremialismo y el soporte violento desde Patria y Libertad junto al Comando Rolando Matus. Fue el período previo a la finalización de la democracia. Llegado el 11 de septiembre del 73, nunca está de más recordar los crueles atropellos a los derechos humanos. Tiempos en que a diario se escuchaba en las radios, una consigna con música de fondo de tipo militar, que decía “Despierta Chile despierta, que llego la hora, la hora esperada de la reconstrucción…”. Esa reconstrucción, se tradujo en la Constitución del 80, 17 años de dictadura, la imposición de un modelo inconsulto no proveniente de ningún acuerdo ni diálogo. Fueron los inicios de las directrices del país que tenemos hasta el día de hoy.

La reconstrucción era la destrucción de una sociedad, que se transformaba desde el gobierno de Eduardo Frei Montalva y seguido por Salvador Allende, donde no era menor el rol de los estudiantes de distintos niveles de la educación y el rol de los trabajadores. Tiempo en que los sueños fueron aniquilados, y se dio paso a la imposición doctrinaria de corte derechistas. Ya acercándose al año 90, era una época de grandes expectativas para el futuro. Confianzas en el cambio venidero y no sólo una esperanza, sino que una convicción de que los resabios de la dictatura desaparecerían y con ellos la extinción de la misma. Pero al parecer hubo acuerdos y diálogos que proyectaban el largo plazo, concordando en intereses comunes, entre cuatro paredes.

Los años, de manera paulatina, inevitablemente permiten ratificar esa visión, e identificar quienes son los responsables de la extensión del modelo, no hay cabida a ninguna explicación. Se trata de un daño provocado que no tiene vuelta atrás.

En ocasiones, la capacidad de adaptación puede significar inteligencia, y en otras el aferrarse a características de beneficios personales, sin interés en que las cosas cambien. La derecha y la dictadura tuvieron un gran triunfo, lograron perpetuar su modelo y como expresan algunos de ellos, sus reglas del juego son las que dominan y han dominado por casi 50 años. Así como los hechos obligan a referirse a historia pasada, que es parte de la historia moderna, encontramos en este trayecto el 18 de octubre de 2019, episodio que removió un piso que se venía fraguando y construyendo por tiempo prolongado. Surge ahí ese aprovechamiento de siempre y el subirse o armar un carro a conveniencia, del cual sólo pueden quedar excluidos los partidos más jóvenes o los que de manera explícita fueron detractores de la concertación, y que mantienen vigente la esperanza de una sociedad diferente.

Hay bastante claridad sobre los artífices de haber llegado a una situación indeseable y más aún seguir insistiendo, en el convencimiento de que han obrado en forma correcta. Hipótesis de esa conducta puede haber muchas, que, sin inmiscuirse demasiado en el tema, da la sensación de influencias internas y foráneas que les pautean sus idearios en cumplimiento de una misión.

En general, todo es objeto de construcción, las desigualdades se construyen y se mantienen. Llegado el momento de la crisis, viene el aprovechamiento. Hay situaciones latentes desde octubre del 2019, en primer término, las crisis aún intactas: política, de confianzas, de modelo y de gobernabilidad. No han tenido vuelta atrás y por el contrario se han agudizado. La situación de pandemia, ha empeorado aún más la situación. Siendo significativo el retiro del 10%, ello no es ningún triunfo. Es una señal de indolencia y falta de entendimiento del gobierno frente a la situación de los ciudadanos.

La indolencia va por el lado, de no comprometer ayudas efectivas en tiempos que se requiere, agregando siempre el discurso de “la preocupación por el futuro de las personas en sus pensiones futuras”, y omitiendo respecto a la realidad presente. A la fecha el tiempo transcurrido desde el inicio de la pandemia, es bastante extenso como para encerrarse en una cápsula, limitada por Alameda al sur, Moneda por el norte, Teatinos al poniente y Morandé por el oriente (los perímetros de la casa de gobierno), que no deja mirar la realidad.

Se trata de un gobernante que no sabe de su gente, del ciudadano de a pie y del impacto que ha producido la situación en la afección a la vida cotidiana. Por el contrario, y no es menor que sea imposible dejar de referirse al presidente, como Miguel Juan Sebastián Piñera Echeñique, quien según lo que figura en Wikipedia, tiene un patrimonio de tres mil millones de dólares. Este ciudadano, no tiene la capacidad para percatarse que ante hechos que son impredecibles y de gran impacto, el cambio de paradigma debe ser total. Ya no están las condiciones del oasis llamado Chile.

Hay momentos en que el mercado deja de operar y se debe observar la importancia de un cambio de modelo, que sólo lo beneficia a él. El Estado social es el que debe imperar y no el bienestar de uno de los más ricos. Se abren dos transiciones que deben ir a la par, la que conduzca a una democracia verdadera y la que vaya a una sociedad diferente.

El accionar de Piñera ha sido premeditado, con resguardo a su patrimonio y al modelo, es un estilo de desquite, por la ingobernabilidad en que cae después del estallido social.

Introduciendo lo que viene y estableciendo las relaciones debidas, hay vasos comunicantes directos entre Piñera y la dictadura. El ex ministro Chadwick, la ex ministra Cubillos, el ex ministro Espina y los actuales ministros Allamand y Merelo. Personeros que han estado en los círculos de confianza del presidente.

Una condición de diálogo y acuerdos, no funciona con interlocutores carentes de validez. Un buen gobernante ante la situación de pandemia, debe darse cuenta de inmediato, con premura lo que significa una ayuda oportuna y no provista de un estilo de mezquindad. La otra parte del diálogo, debe percatarse que quien no reacciona en la forma debida, no merece una visita, ya que permanece inmiscuido en las paredes que no aceptan lo urgente del cambio en la sociedad. Con esto hago referencia que el diálogo y el acuerdo, no puede ser con interlocutores cualesquiera, que en ocasiones ni siquiera representan a las partes que están en conflicto.

Hay experiencias previas de las manos en alto en el contexto de un acuerdo sobre Educación, que con posterioridad no tuvo grandes consecuencias positivas en estas materias.

Los mecanismos de comunicación y reuniones virtuales, en la actualidad son tan potentes, que es suficiente para exigir decisiones y luego llegar a conclusiones respecto a su cumplimiento, principalmente considerando que no es sobre cualquier tema, sino que es de lo evidente. La época que vivimos es de tanta trascendencia como para andar moviéndose en lo formal y mucho menos en Palacio, si las cosas hubiesen sido diferentes contando un año hacia atrás, las visitas a La Moneda pudieran haber sido percibidas de manera diferente. A dos semanas de las elecciones, queda la sensación de intercambio con fines que van más allá.

Pronto tendremos constituyentes, y eso marcará inevitablemente el futuro. No sólo por el texto que se logre redactar, sino porque hay otras urgencias que se deben resolver en forma paralela y no con el prisma del actual gobierno. La pandemia le irá dando un ritmo más rápido al proceso.

El proceso constituyente empezara a salir desde las salas de reuniones de los constituyentes, y podría comenzar un proceso de diálogos con el tema fundamental de una nueva sociedad, diferente a la de 30 años. No pasará desapercibido desde esos espacios de convocatorias, exigencias para el momento actual, ya que no se trata sólo de construir futuro, sino también de resolver presente. Puede ser lo que viene, el tema de encuentro entre poderes del Estado con un grado de preocupación. Ya había una dosis de cariño a la Constitución del 80 entre los que han gobernado por 31 años.

Alrededor del año 74 o 75, el ministro de Hacienda de la época, almirante Lorenzo Gotuzzo, repartió un folleto donde se difundía como materia obligatoria a ser estudiada en la enseñanza media, las características de la visión de la economía del gobierno Militar, subsidiaria y de libre mercado. Transcurridos 46 años, varios de los estudiantes que están cursando la enseñanza media, tienen que votar en el plebiscito de salida, por tanto, deben informarse de estos pasajes de la historia e imaginar una nueva sociedad, con la responsabilidad de construirla. Muchas expectativas en ellos, no así en los reincidentes de siempre que no tienen nada que ofrecer, por la razón de que han demostrado no cumplir el perfil. Pronto, jóvenes que hoy tienen 17 años, serán parte activa de la política ¡bienvenidos!, deben actuar con responsabilidad, con la enseñanza de cuál es la forma en que no se debe gobernar, si se trata del bienestar verdadero de todos y todas.

2 de mayo de 2021

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