I.- Dublín donde susurran las campanas
Dice Joyce en su indispensable “Ulises”: “Crees que estás escapando y te encuentras contigo mismo. El camino más largo es el más corto para volver a casa”. Rememoro ese pasaje mientras de fondo doblan las campanas en las iglesias de Dublín, llorando la abrupta partida de uno de sus hijos pródigos Glen Hansard[1]. Corrían las 04:30 horas del pasado 29 de julio de 2026 cuando un accidente en su motocicleta acalló su voz en Lower Road, Lucan, al oeste de Dublín, tenía apenas 56 años. El gran músico pionero del folk cuya obra, en palabras de Diana Velasco: “se define por la honestidad visceral, el folk-rock de raíz acústica y la transición desde sus inicios como artista callejero en Dublín hasta consolidarse como un referente contemporáneo de la música emocional y de autor”[2]. La periodista en su póstuma columna “Glen Hansard, una vida entre la calle y el escenario”[3] profundiza en el trágico desenlace: “La noticia llegó pocas horas más tarde a través de un comunicado de ATC Management, la agencia que representaba al artista desde hacía años. Con el corazón roto, anunciaban la muerte de un hombre que había pasado media vida cantando en las esquinas de Grafton Street antes de convertirse en uno de los compositores más queridos de su generación. La familia pidió privacidad mientras la investigación policial seguía su curso, y agradeció la rapidez con la que actuaron los servicios de emergencia.
Pocas horas antes de morir, Hansard había participado en una sesión de música tradicional en un pub de la zona, según relataron después medios irlandeses. Apenas tres semanas antes había ofrecido lo que terminaría siendo su último concierto en suelo irlandés, dentro de la programación estival del Trinity College de Dublín, un dato que muchos de sus allegados señalarían después como una despedida involuntaria de la ciudad que lo había formado como músico y como persona”.
2.- La santísima trinidad: Leonard Cohen, Van Morrison y Bob Dylan
En una entrevista dada en febrero de 2026 el también ganador al Óscar a la Mejor Canción Original por "Falling Slowly", recuerda sus inicios y sus influencias musicales que lo marcarían durante toda sus trayectoria artística: "Estaba en una especie de trayectoria que me llevaba a consumir drogas, aunque de forma gradual, a beber en exceso, siendo muy joven, empezando a meterme en problemas, simplemente entrando en ese terreno un poco turbio"[4], dijo Hansard.
“Pero un casete de Bob Dylan, que le regaló el hermano de su novia, cambió el rumbo de su vida. Escuché a Bob Dylan y todo, y de repente mi mundo entero dio un vuelco, se invirtió por completo", dijo.
"Me quedé en mi habitación, escuchaba canciones de Bob Dylan todos los días, aprendí mi oficio y decidí que la música era lo único que me importaba."
"Eso supuso un verdadero punto de inflexión para mí, me cambió la vida y de repente encontré mi camino."
Presencio como un testigo más (la muerte de Glen me había sorprendido apenas tres día luego de mi llegada a Dublín para visitar a mi hermano), enmudecido, estupefacto entre la nutrida concurrencia que afuera aún incrédula escucha la ceremonia que se lleva lugar en la Catedral de San Patricio de Dublín, la que contó con la asistencia de familiares, amigos y destacadas figuras de la música internacional como Bono, Eddie Vedder, Hozier, The Edge, Markéta Irglová, el actor Steve Coogan y cientos de seguidores, según destacará luego la prensa.
Afuera, cientos de jóvenes músicos con sus guitarras le ofrecían su último homenaje póstumo al canto de "Falling Slowly". Ya lejos quedan sus inicios como artista callejero, primero en su barrio (Ballymun, un barrio del norte de Dublín conocido entonces por sus torres de viviendas sociales y por una vida de barrio dura pero unida[5]) y después en el centro de Dublín, en Grafton Street, la arteria comercial y peatonal que durante décadas sería su verdadero conservatorio.
III.- Once
Tal como lo destaca la Revista Vanity Fair[6]: “Once deslumbró en Sundance, conquistó a la crítica estadounidense y se extendió gracias al boca a boca para convertirse en un éxito internacional. The New York Times y Variety la señalaron como la prueba de que una película íntima, sin estrellas y construida alrededor de canciones podía emocionar tanto como una superproducción. Y Once trajo el punto de inflexión que cambió para siempre la carrera de Hansard. El 24 de febrero de 2008, Falling Slowly, compuesta junto a Irglová, ganó el Oscar a la mejor canción original. El mismo irlandés barbudo que meses antes aún tocaba en Grafton Street subía al escenario del Teatro Kodak para recoger la estatuilla. Su discurso resumió el espíritu de la película: “Hicimos esta película con dos cámaras caseras en tres semanas. Hay que hacer arte”. Hansard ya no fue más el líder de The Frames sino un referente de la canción de autor. La BSO de Once vendió millones de discos, disparó The Swell Season –el dúo Hansard-Irglová– a nivel mudial y su versión musical de Broadway conquistó ocho premios Tony, prolongando durante años el fenómeno”..
Vuelvo a mi hotel meditabundo, pensando en volver a ver Once, mientras la fina llovizna dublinesa acompaña mis pasos, junto a los de muchos y muchas que volviendo se adentran en pub, callejuelas y pisos de las inmediaciones a la Catedral, adoquines que alguna vez se maravillaron por la voz y fraseo inconfundible de Glen Hansard, a quienes siempre les acompañaba una sonrisa o una mirada de esperanza en cada una de sus canciones, como es el caso de temas emblemáticos como "Song of Good Hope" se entremezclan dedicatorias de apoyo emocional y fortaleza ante la adversidad.
IV.- La música como extravío y destino
En una entrevista realizada al periódico español La Vanguardia[7], Hansard nos introduce en su proceso creativo, mezcla de extravíos y encuentros o destinos, al contestar al contenido emocional de sus canciones, responde: “No lo sabría decir, pero sin duda para mí se trata de intentar encontrar un sentido, como intentar averiguar dónde estás en el mapa. A veces escribo una canción y estoy un poco perdido y la canción va como va y siento que tengo que confiar. Como artista, tienes que saber cuándo no hay que forzar las cosas, no intentar convertir la canción en otra cosa. Otras veces escribo canciones en que soy como un artesano que intenta que la letra quede bien, y estas canciones son como muebles, solo esperas que duren, porque si los construyes bien, durarán un poco más que tú. Unas veces es como artesanía y otras es realmente una cosa espiritual. Me encanta cuando alguien me pide una canción en la que me siento completamente perdido, sin saber de dónde venía, no sé qué es, pero me encanta cantarlas porque evoca un sentimiento. La belleza está en el oído de quien la escucha, y yo no puedo dictar a la gente que escucha la música, solo puedo escoger una canción y si lo entienden, genial. Y si no lo hacen, solo tengo que seguir haciendo lo que hago. No soy como un pintor de paredes, porque si fuera así haría Falling Slowly –la canción con que ganó el Oscar– una y otra vez. Yo no hago eso, escribo canciones”.
Ese extravío y encuentro como la vida misma, es sin duda un móvil poderoso que ha servido de acicate a los artistas, músicos e intelectuales en general. En efecto, tal como lo plantea Felipe Cussen: “el extravío y el destino en una obra de arte reflejan cómo la pérdida, la destrucción o el desvío de la intención original transforman el sentido de la creación. Una pieza puede perderse físicamente, quedar inconclusa o desviarse de su ruta inicial, adquiriendo un nuevo valor simbólico e imaginario para el público”[8]. Ese devenir muchas veces sin rumbo aparente, se manifiesta en el caso de la obra de Hansard no como un azar, sino como parte de las determinantes que le otorgan intensidad y emotividad a sus letras, las que, desde escuché por primera vez “When Your Mind’s made up”, me han acompañado por mi permanente vagabundeo en búsqueda aparente de nada, pero a la vez, de algún sentido no develado, inconcluso, que se pudiera manifestar a la vuelta de cualquier esquina, sea en Santiago, Valparaíso, de Concepción a Buenos Aires, Sao Paulo, París, Roma o ahora Dublín, en una canción o en la mirada perdida en el horizonte de alguna mujer, donde el mismo azar muchas veces me ha conducido por rutas insospechadas sin encontrar desde nada a alguna insólita sorpresa. Deambular, cual fuera Leopold Bloom (protagonista del Ulises de Joyce) que me conecta nuevamente, mientras llego al Davy Byrne’s[9] (el pub favorito de James Joyce) con la maravillosa obra “Retrato del artista adolescente”, donde el autor nos dice: “Me hiciste confesar mis miedos. Pero también te diré lo que no temo. No temo estar solo, ni ser rechazado por otro, ni dejar lo que tenga que dejar. Y no temo cometer un error, ni siquiera un gran error, un error que me acompañe toda la vida, y quizás hasta la eternidad”. Esa falta de temor en el error o en la incomprensión colectiva, a la vez que la de una búsqueda permanente por la próxima canción o amor, marcan no sólo la trayectoria de vida de Glen Hansard, sino que la engrandecen y la sitúan ahora como una leyenda del folk-rock a nivel planetario al mismo nivel que el de sus admirados Bob Dylan o Leonard Cohen.
Despierto de mis cavilaciones de golpe cuando un grupo de parroquianos se levantan, alzan sus rellenos vasos con cerveza y brindan a la salud e inmortalidad de Glen Hansard. Luego los violines y guitarras comienzan a cantar. El día se hace de noche en Dublín, como si fuera una narración más de Joyce, al tiempo que una camarera me consulta si deseo algo de comer. Vuelvo la vista sobre su hermosa cabellera pelirroja y sus intensos ojos verdes y le contesto: “un sándwich de queso gorgonzola con un vaso de vino de Borgoña” en homenaje a Leopold Bloom.
IV.- El camino más largo es el más corto para volver a casa
Emprendo el retorno a casa, a Chile, en búsqueda quizás del joven poeta Stephen Dedalus (quien representa a Telémaco en la novela de Joyce y a quien Bloom rescata tras un altercado y lo lleva a su casa al final del día). Imagino en mi largo retorno, cual Ulises a Ítaca, y recuerdo, en palabras de Dedalus, aquella maravillosa cita que nos regala Joyce: “Las sombras del bosque flotaban silenciosamente a través de la paz matutina desde el remate de la escalera hacia el mar donde él contemplaba. Cerca de la costa y más allá, el espejo del agua se blanqueaba, rechazado por pies apresurados con zapatos de luz. Blanco seno del mar tenue”.
Antes de que el sueño me venza luego de una larga jornada despierto, miro por la ventanilla del avión, el avión vuela ya sobre el océano, atrás quedan las luces de Dublín, las que en unas horas más serán relevadas por las luces de los cerros de Valparaíso. Enciendo mi Tablet y selecciono el documental “El viaje del Camino”[10] en que Glen Hansard participó como uno de sus protagonistas. El hermoso sonido de los instrumentos de fondo a las imágenes de documental me transportará como olas a un profundo sueño el que sólo será interrumpido cuando el capitán del vuelo anuncia su próximo aterrizaje en Santiago.
Son apenas las seis de la mañana cuando cojo mis maletas y me conduzco luego de salir del aeropuerto, al terminal de buses que me llevará a mi querido puerto.
Tal como lo describe muy bien Neruda: “Valparaíso está muy cerca de Santiago. Lo separan tan solo las hirsutas montañas en cuyas cimas se levantan, como obeliscos, grandes cactus hostiles y floridos. Sin embargo, algo infinitamente indefinible distancia a Valparaíso de Santiago. Santiago es una ciudad prisionera, cercada por sus muros de nieve. Valparaíso, en cambio, abre sus puertas al infinito mar, a los gritos de las calles, a los ojos de los niños”[11].
El aroma a mar me despierta nuevamente de mi sueño rezagado, el autobús se detiene casi de manera imperceptible en el terminal. Luego de tomar el taxi, emprendo trayecto al Cerro Alegro, al departamento de calle Templeman donde Isabel me espera. Cuando llego su espalda desnuda arrebata mi mirada, mientras aún duerme entrelazada entre las sábanas. El aroma del café recién preparado me espera en la cocina. La despierto con una taza y beso sus mejillas tibias. Buenos días Molly le digo, a lo que ella me mira extrañada. Me refiero a la esposa de Bloom en la novela Ulises le replico. Dado que el dato no aclaró mucho mi saludo, le extiendo el periódico de la mañana. En él se destaca el fallecimiento de Glen Hansard y los funerales realizados hace pocas horas en Dublín.
Antes de estrecharla en mis brazos le recito al oído:
“So if you want something and you call, call
Then I’ll come running to fight and I’ll be at your door
When there’s nothing worth running for
When your mind’s made up
When your mind’s made up
There’s no point trying to change it”.
Gracias por tu vida y música por siempre… Glen Hansard.
[1] Glen Hansard (Dublín, 21 de abril de 1970 Dublín, 29 de julio de 2026) fue un cantautor, músico y actor irlandés. Desde 1990 fue el líder de la banda de rock irlandesa The Frames, con la que publicó seis álbumes de estudio, cuatro de los cuales han estado entre los diez primeros de las listas de álbumes irlandesas. En la década de 2000, fue la mitad del dúo de folk rock The Swell Season antes de publicar su álbum debut en solitario, Rhythm and Repose, en 2012. Su segundo álbum, Didn’t He Ramble, de 2015, fue nominado al Premio Grammy al mejor álbum folk.
Principalmente como músico, también actuó y escribió música para el cine; apareció en la película ganadora del BAFTA The Commitments (1991) y, sobre todo, protagonizó el drama musical irlandés Once (2007) que le valió varios premios importantes, incluido el Oscar a la Mejor Canción Original por "Falling Slowly" con la coguionista y coprotagonista Markéta Irglová. La película se adaptó posteriormente a una premiada producción teatral musical.
[2] Ver https://revistalasartes.com/musica/glen-hansard/
[3] Idem. op cit
[4] Ver “Glen Hansard: Una vida en canciones e historias” en https://www.bbc.com/news/articles/clyl1g0kknxo
[5] Ver “Glen Hansard, una vida entre la calle y el escenario” en https://revistalasartes.com/musica/glen-hansard/
[6] Ver https://www.revistavanityfair.es/articulos/glen-hansard-once-muere
[8] Ver “Recolecciones de pérdidas”, Logos vol.30 no.1 La Serena jul. 2020
[9] Davy Byrne’s, ubicado en el número 21 de Duke Street. Aunque Joyce no escribía sus obras dentro de los bares de forma literal, usaba estos sitios reales como inspiración y escenario, siendo Davy Byrne’s inmortalizado en su famosa novela Ulises
[10] El documental “El viaje del Camino” (cuyo título original en inglés es The Camino Voyage), dirigido por Dónal Ó Céilleachair y estrenado en 2018, narra la travesía a remo de 2.500 kilómetros que un grupo de amigos realizó a bordo de un barco tradicional irlandy (una curragh) desde Irlanda hasta el norte de España para completar el Camino de Santiago
[11] Ver “El vagabundo de Valparaíso” en https://cultura.fundacionneruda.org/2020/10/el-vagabundo-de-valparaiso/
