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Hacia una política del pesimismo y la negatividad. Por Nicol A. Barria-Asenjo

Solo en la medida en que nos aproximemos a las modalidades que emergen desde el pesimismo, la negatividad y nos lancemos sin miedos ni ataduras a la desesperanza de nuestros tiempos, podremos construir un porvenir con otros matices. La conjetura anterior, guarda relación directa con la valoración del momento actual; el aquí y ahora, trabajar arduamente alterando el presente para obtener otras poesías desde el porvenir.

Se añade a lo anterior, lo crucial del soltar la ilusión fantasiosa de opciones utópicas; la idealización del futuro y la mirada nostálgica que reiterativamente se le da al pasado solo devienen en repetición de la falta y error. Tampoco es posible tomar opciones rápidas que nos brindarán consecuencias similares de las que se pretende huir. Es momento de asumir que no estuvimos insertos en tiempos mejores -nuestros antepasados son testigos de ello-, no se trata de valorar lo no valorado, mucho menos de esperar lo que aparecerá milagrosamente, hay que deconstruir lo intolerable para re-construir tiempos divergentes a los que tanto inerte como dependientemente permanecemos anudados.

Un salto al vacío del sin-sentido, una lucha anti-hegemónica y revolucionaria enfocada únicamente a transformar el presente y la cotidianeidad, nos podría acercar mediante un pase al acto radicalizado, a aquellos elementos que posibilitarán en si mismo un volcamiento en los engranajes ideológicos imperantes. La lucha desde abajo impondrá un (re)dirección o destrucción absoluta de las estructuras superiores que moldean nuevas modalidades de dominación hacia abajo a través de la historia de la humanidad.

Tomemos algunas palabras y ejemplos del historiador Francois Dosse (2016) “En mi texto sobre Pierre Nora, El regreso del acontecimiento, Nora se cuestiona sobre el acontecimiento moderno. Parte de una experiencia porque en Mayo de 1968 él vivía en el Bulevar Saint Michel en el Barrio Latino. Su balcón era el palco para ver las manifestaciones y, como tiene una gran red de contactos, invita al periodista más conocido de radio, que pudo pasar sus flashes informativos sobre lo que veía desde el balcón de Nora. Los medios informaban cada diez minutos sobre los enfrentamientos. Nora describe lo que ve pero, gracias al micrófono del locutor, llegaba la información a los campos más lejanos de Francia, se vivía al ritmo de los enfrentamientos. De allí surge un análisis sumamente interesante sobre el acontecimiento moderno y el medio que lo transmite. No para decir que los medios fabrican el acontecimiento o lo deforman sino que la construcción del acontecimiento es llevada por el soporte mediático y entonces debe ser pensada en la manera en que sucede ese acontecimiento, qué se conoce, qué se transmite. ¿Qué es lo que hace al acontecimiento moderno por excelencia como es el caso Dreyfus? No es tanto la injusticia de condenar a un inocente porque inocentes en la historia hay muchos. Lo nuevo es que la prensa se apodera de este caso y hace el Caso. Hay un acontecimiento allí que hay que entender con la lógica de la prensa. Hoy en día Internet es fundamental en la transmisión de un acontecimiento; su construcción y las consecuencias dependen de la manera en que se presenta. El análisis forma parte de la sedimentación de sentidos que va a tomar tal o cual acontecimiento”.

Para el historiador, el acontecimiento está enlazado en tanto definición y concepto al devenir histórico, hay una directa relación entre relato, concepto, transmisión e historia. Sin embargo, el acento está innegablemente en relación con la narración, la forma discursiva empleada para describir el acontecimiento y el alcance que este discurso tendrá. El objetivo y meta del discurso se torna fundamental del mismo modo las consecuencias.

En el caso chileno, la narración de los eventos que tuvieron lugar desde el 18 de octubre del 2019 hasta el actual 2022 han ido mutando velozmente, a lo largo de todo el periodo histórico previamente señalado el antagonismo informativo ha estado en el centro del debate político. Podríamos retomar la conjetura inicial brevemente articulada respecto de la necesidad de una valoración del pesimismo y la desesperanza, en tiempos de sin-sentido, irracionalidad, violencia, inercia, crisis y caos, es posible encontrar huellas por doquier de lo que clama por ser encontrado como pista para una fractura. Pueden ser consideradas huellas, eventos tales como las votaciones masivas a favor del cambio de Constitución y la lucha anti-fascista que desencadenó una votación histórica que trajo a Gabriel Boric a la presidencia.

Una de las situaciones que habría que intentar superar sería la expuesta en la película del 2017 “Downsizing” (Pequeña gran vida), uno de los escenario que me llamó profundamente la atención es la transformación radical que deviene en lo mismo al ir conociendo otros espacios geográficos que se demuestran en la cinta. En general, existe la posibilidad de mediante un procedimiento médico reducir el tamaño corporal y formar parte de una vida en miniatura, al principio, se demuestra al espectador que la transformación es una opción radicalmente antagónica a la vida real de la cual las personas huían, pero en la medida en que avanza la cinta, se demuestran otros elementos, clase trabajadora agotada; pobreza y desigualdad; enfermad y mala salud; etc. El cambio de vida, en si mismo no contiene cambios reales asegurados para todos, si eres pobre en la vida real, también en la transformación a una vida en miniatura las condiciones de vida seguirá siendo deplorables; hay un sacrificio de una forma de vida para mantener la misma forma de vida.

A propósito del ejemplo anterior, es menester re-considerar que una posición pesimista, permite entender que la historia de los pueblos no tiene un fin único o que no se puede solo esperar de forma resignada a que el paso de los años nos llevará a un desenlace mejor. Una posición pesimista de la historia, nos confronta con la tesis general de que los pueblos no hacen sino esperar interminablemente lo que no llega.

Lo novedoso en el proceso de espera, es que es precisamente el cansancio de la espera lo que agencia nuevas opciones, entre ellos por ejemplo la insurrección popular que aparece por el cansancio y la resignación de que algo nuevo podrá cobrar lugar, es ese agotamiento por la carencia de dignidad lo que explota otras búsquedas.

Desde el pesimismo, la resignación y la negatividad, re-aparece la figura opuesta. Es necesario que el pesimismo y la desilusión se tomen todo a su alrededor para que el optimismo aparezca como espectro que alcanza lo imposible.

Ahora bien, en los periodos de optimismo, ilusión y esperanza comienzan lentamente a amenazar los espacios de paz; lo contrario. Mediante la duda, la pregunta, la incertidumbre y la critica de forma subterránea se comienzan a amenazar los ordenes establecidos, como un fantasma que toma vida y ahuyenta a la realidad misma los afectos son capaces de ir mutando las condiciones y formas de existencia.

El fenómeno puede ser identificado con mayor claridad tras el triunfo del Apruebo, cuando los temores de la repetición de la historia brotaban vivos. Sucede algo similar en la actualidad, tras el inicio de la caída del ideal que Gabriel Boric y otras figuras del gobierno como Iskia Siches, una vez sobrepasado aquello, las masas populares en las redes sociales, medios de comunicación y en las calles ya comienzan a aparecer para demostrar la herida sangrante que ha dejado esa caída de las ilusiones y la esperanza de un nuevo Chile. Lo imposible y la búsqueda desesperada de lo imposible toma lugar central y en la cotidianeidad aquello que solo parecía ser un sueño distante o pesadilla traumática es lo que parece ir tomando forma de realidad.

Conviene comenzar a articular algunas preguntas preliminares que sirvan como herramienta de confrontación ante la imposibilidad de encontrar una solución a la complejidad que representa el existir en el siglo XXI siendo un chileno que vive en Chile; ¿Cuáles son las posibilidades de encontrar una salida inmanente a la interminable repetición y extensión del discurso capitalista que lleva décadas amenazando al Estado de Chile? ¿Cuál es la salida divergente que la sociedad chilena dilucidó en Boric al momento de votar por el en tiempos de crisis global?

El reto que nos convoca, es el actuar como guardianes de lo imposible, porque al ser capaces de proteger aquello que nos falta, que no creemos ser dignos de alcanzar, nos aseguramos a nosotros mismos la supervivencia, la posibilidad de conocer una salida no conocida, precisamente por no conocerla es que debemos aferrarnos a ella.

La aventura inicia en la invitación a ser amantes siempre reaccionarios de la política ausente, activarnos lentamente como audaces guerreros hacia los proyectos fantasmas y mantener una actitud resignada y pesimista sobre cualquier salida posible, estos momentos de lucidez política y humana pueden hacer que el optimismo y la esperanza al final del túnel aparezcan agenciando descargas contra lo establecido. La consideración de la diferencia y de la valoración de los potenciales políticos que hay encintados en aquellas diferencias no aventuradas podrían propiciar un fin del mundo con otros matices. Necesitamos ir por otra forma de destrucción del Chile que conocemos, hemos de lanzarnos al vacío de lo imposible que se esconde detrás del significante “Chile” en el siglo XXI.

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