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Honores para quienes se atreven a entender la “cultura de la vida” Por Luisa Consuelo Soler

Del progresismo liberal oligárquico a la figura de mandato popular progresista de izquierda democrática, así podría concebirse el “quiebre histórico”, anunciado por el nuevo presidente colombiano, Gustavo Francisco Petro Urrego (2022-2026). Un mandato popular que no perdió la oportunidad para expresar, en el acto más solemne de una posesión presidencial, convenciones y signos con alta carga simbólica.

Comencemos con la “espada libertaria” objeto histórico que perteneció al libertador Simón Bolívar, signo de libertad que representa la lucha continua de Colombia por la paz. Fuera de las convenciones tradicionales, llama la atención, el cuidadoso protocolo a la vista de los honores realizados a la histórica espada, por los llamados “oficiales de Bolívar”, sobre todo porque, tradicionalmente estos honores están dedicados a otro tipo de símbolos (banderas, autoridades civiles del Estado, autoridades de defensa, mandos militares, representaciones diplomáticas y consulares entre otros).

En todo caso, sin detenernos en los protocolos de este tipo, vale la pena resaltar otra clase de signos y convenciones asociados a la ruptura y la movilización social del colectivo. Se trata de todos aquellos lenguajes simbólicos hablados y escritos que no dejan de ser importantes a la hora de entender el mandato popular y la “cultura”. Sí, la cultura, entendida como “el colectivo” que la genera, como representación de lo popular, de las voces y las imágenes de las personas; de las diversidades simbólicas y performativas: coreografías, consignas, pancartas, banderas, entre otros, las cuales, comunican el valor de la existencia, de los colectivos sociales, de la llamada “cultura de la vida”. En actos como estos, en que el mandato popular se impone el “prohibido holbidar”, “proibido olvidar”, “prohibido olvidar” (como se lee en la muchedumbre) no admite objeción escrituraria. Son voces de esperanza, para un país que anhela de una vez por todas ser potencia mundial de la vida.

Luisa Consuelo Soler, Universidad Autónoma de Chile

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