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Huidobro: el poeta constelado que persiguió las estrellas. Por Jorge Leal Labrin

En el mes de Huidobro, de su natalicio y muerte (10 de enero 1893 Santiago – 2 de enero Cartagena 1948).

A la llegada del crepúsculo, en la plaza principal Vicente Huidobro en Cartagena, en una performance, “Viaje creacionista con Vicente Huidobro” (13 de abril de 2016), emergen trazos y colores desde una tela; es un trabajo de pintura en un automatismo gestual. Un homenaje al poeta Vicente Huidobro; entrar en conexión con la creación abierta del poeta es un desafío. Teniendo presente, claro, que su Creacionismo se extiende a diversos tópicos, que no es una obra de creación geocéntrica; ella supera una cosmovisión realista; sus componentes son plantas, ríos, mares, objetos, sin destinos, pero cargados de distintas almas que viajan hacia espacios cósmicos, astrales, donde el azar se encarga de cobijar los diversos elementos que adquieren un rol protagónico. El poeta como rey de su galaxia concede al lenguaje una libertad total, integrando formas de las artes plásticas, sus caligramas como reproducción visual y gráfica, el objeto, el collage, para dar a su lenguaje una mayor fuerza y proyección. Pero también recurre a variadas analogías poéticas, para exaltar y otorgar a la imagen más universalidad. Son justamente esas variantes las que nos permiten, a los lectores, transmutarnos con toda naturalidad en esa zona marcada de la física-poética. Para tomar palco en nuestra calidad de amantes de su poesía, en eso que es el espacio lingüístico cósmico del poeta. Es su anti-realidad lo que despierta nuestra atención y perdura en nuestro imaginario. Al insistir en mi pintura automática, siento que me aproximo de alguna manera a la vehemencia del poeta Creacionista. Su diversidad vivida y las diversas bifurcaciones tomadas, en el ámbito de las vanguardias desde los inicios del siglo XX, entre las descomposiciones cubistas, la contestación dadaísta, y la rebelión sublime del surrealismo, todas tocaron su poesía, para así replantear algo nuevo que remueva todos los contenidos estéticos adquiridos, toda la rigidez y los convencionalismos existentes frente a la creación artística. La “Pintura Automática” confabula con la poesía, en una rítmica entre el color y el trazo, en que emana una evocación, acercamientos, semejanzas, aproximación a una sonoridad musical. En una performance de pintura sobre tela, donde la ejecución es un transitar libre que va sugiriendo, insinuando un pensamiento poético, que pasa de lo general a lo particular, en lo más íntimo por su peculiaridad azarosa, el acto automático da lugar a lo ausente, a la desemejanza, que activa la imaginación para prolongar así el instante de acontecimiento poético-mágico.

La escritura de Huidobro es inquieta y pasional en su estilo y forma. Si bien es una contención a su temperamento inquieto, pasará a ser pronto cada vez más un acto de rebelión contra todo modelo establecido. Al principio adopta las influencias modernistas, nostálgicas del romanticismo y el simbolismo, que se perciben en su primera publicación “Ecos del Alma” de 1911, un libro dedicado a quien será su primera mujer - a los 19 años el poeta se casa con Manuela Portales Bello, una joven de la aristocracia, descendiente de una familia del más rancio abolengo, proviniendo de Diego Portales y de Andrés Bello-. En Huidobro la relación con su padre fue de tensiones; en cambio las mujeres que le rodearon, desde su madre quien fue muy cercana y motivadora en su vocación poética, y luego todas las que fueron sus parejas, tenían una afinidad marcada por la sensibilidad, como Ximena Amunátegui, a quien Huidobro “raptó” para que viniera a Europa, relación que duró varios años hasta 1945; fue cuando cubría la 2da Guerra Mundial como corresponsal de guerra. Regresa a Chile con Raquel Señoret, su tercera y última pareja. Todas sus mujeres tuvieron una influencia emocional e incentivo para la creatividad literaria del poeta.

Luego vendrá lo más interesante en Huidobro, sus irreverencias en lo literario, y sus saltos de planeta en planeta que darán forma a su voz, su universo temático, y a su cosmovisión poética, muy dispar a la de otros poetas que fueron sus contemporáneos. Su obra se hace más heliocéntrica en el lenguaje, en la descripción de un universo incomprensible, en apariencia nunca visto desde la comodidad racionalista. De ser vanguardia poética en Latinoamérica e Hispanoamérica, Huidobro saltará luego a otros continentes, junto a las tendencias literarias que nacieron en el momento en que las ráfagas se instalan, produciendo muertes, y un inmenso desconcierto en sus habitantes, y por cierto un paisaje de terror (1914-1918). En el mismo año en que la guerra se inicia, 1914 -una guerra marcada por la avaricia y el expansionismo-, Huidobro dicta su conferencia “Non Serviam” (No Serviré), la que expone en el Ateneo de Santiago. En un gesto y grito potente, “No Serviré”, el poeta pone fin a todo tipo de ataduras, a la idea, a ese principio de una naturaleza única, dominante, que regía el mundo como único valor de belleza, una estética que doblegaba al hombre. El poeta señala: “Non Serviam. No he de ser tu esclavo, madre Natura; seré tu amo. Te servirás de mí; está bien. No quiero y no puedo evitarlo; pero yo también me serviré de ti. Yo tendré mis árboles que no serán como los tuyos, tendré mis montañas, tendré mis ríos y mis mares, tendré mi cielo y mis estrellas”.

La trascendencia poética de Vicente Huidobro, irradia a otros poetas fuera del continente, y va a expandirse a más lectores en el mundo. Los jóvenes poetas se impresionan por las muchas vidas del poeta Huidobro, sus acontecimientos en la vida terrenal; ven en él a alguien que vivía algo ya vivido, como en un desdoblamiento en el tiempo, en el ardor e intensidad de fuego de su poética Creacionista. Para ellos es un visionario, alguien que traía algo nuevo frente a las tendencias repetidas. Huidobro en España tiene un lugar junto a grandes de la poesía española, muchos de sus amigos, como Juan Larrea, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Gerardo Diego, y otros poetas españoles.

Desde que partió en 1916 a Europa, su vida fue más agitada. En su maleta llevaba sus poemas-apuntes –sus ideas escritas ya desde 1912- sobre el Creacionismo, su anti-estética para la poesía y las artes, que luego se eleva a otras dimensiones: con su manifiesto poético, su universo temático adquiere mayor contenido, con la presentación de Serviam (ya publicado en 1914). Huidobro es leído en Europa, se publican sus poemas en Horizon Carré 1917 - es su amigo Juan Gris quien traduce sus primeros poemas al francés -. En Paris hace contacto con muchos escritores y artistas de la vanguardia, entre los cuales se encuentra Pierre Reverdy, quien le invita a colaborar en la revista Nord-Sud que él dirigía. Desde ese instante los encuentros proliferaron y sus colaboraciones también. Establece amistad con Jean Cocteau, los Delaunay Sonia y Robert, Miró, Braque, Picasso, Breton, Aragón, Picabia y Apollinaire, entre muchos otros. También en 1918 colabora con Tristán Tzara en la aventura poética de Dada, más cercana al instinto provocativo de su escritura. Sin embargo, para él, quedan en el aire, sin saborear, los reales alcances del automatismo surrealista, que no implicaban solo el ámbito del inconsciente, sino que iban más en lo profundo de la zona luminosa del cerebro, en el centro “límbico”, en todas sus redes neuronales, lo que se traduce en emociones mágicas-lúcidas creativas. Se puede decir que el juego poético de Huidobro tiene mucho de afinidad con la pintura de Miró y la música de Erik Satie.

La irrealidad y el delirio poético de Huidobro, su premura creativa, marcaran su obra en los años que vienen; en 1931 escribe su obra cumbre “Altazor o el viaje en paracaídas”, los 7 cantos poéticos de Altazor. Si dejamos hablar al poeta, él dirá: “Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía… Un poema es una cosa que será.” La profusa actividad de Huidobro, le hace llevar una vida llena de quehaceres, de ir y venir, de giros, de cambios y rotaciones en vías de su destino; lo que es un itinerario de vida poco común. Pudo ser un hombre de negocios, un político –por ser hijo de una familia de la oligarquía, relacionada con propiedades agrícolas, la banca, y el poder– pero fue atraído tempranamente por la magia de la poesía. Desde ese momento Huidobro quiso ser un poeta transformador, el poeta único, con una propuesta de lenguaje original. Su vida frecuentó la política; en el año 1925, fue postulado a candidato presidencial a los 32 años con apoyo de muchos sectores políticos, movimientos populares y jóvenes de las federaciones estudiantiles, sin llegar a ganar. En el mismo año en que una nueva constitución, establece la separación de la Iglesia y el Estado, un poder legislativo con dos cámaras, y otros grandes logros, los que fueron mucho más tarde barridos por la constitución de Pinochet… Luego de su sobrevuelo en la política chilena, Huidobro vuelve a la creación. Entre sus invenciones, escribe novelas, guiones para el cine; es también dramaturgo y corresponsal de guerra, una voz renovadora, que enlaza la vida terrenal con el cosmos, el universo.

Pierre REVERDY, el amigo de nuestro poeta Vicente Huidobro, nos da la mejor idea de la imagen: “La imagen es una creación pura del espíritu. Ella no puede nacer de una comparación, sino más bien de la afinidad de dos realidades más o menos distantes.”

Las estrellas comienzan levemente a aparecer en los cielos de Cartagena. El rocío de la noche se esparce sobre la tela, los colores se transforman con las gotas de agua en cristales, la ósmosis hace lo suyo con el color y las imágenes, todo se activa como un juego, en concordancia con las variantes en los textos-poemas de Huidobro… El vapor del agua de la atmosfera, retarda la aparición del color y de las formas que surgen de la ejecución en la pintura automática. Viene un momento de espera; la pintura debe secar, para que la percepción del ojo se ajuste, y las imágenes hagan su aparición. Lo mío es solamente un juego, una recreación, un acto automático-pictórico en su homenaje.

Son muchos los ensayos, biografías, memorias escritas sobre Huidobro, todas de excelencia. Entrar en su obra y recorrer aspectos de su vida, parece ser una tarea, interminable, sin salida ni final. «Si no hiciera una locura al año, me volvería loco» Vicente Huidobro Altazor.

Huidobro sigue lanzándonos sus poemas aéreos; desde la distancia en sus planetas, caen sus poemas en todos los continentes. Un poeta por naturaleza convulsivo, quien vivió una vida de contrastes, en la atmósfera de humo de la post 1era guerra mundial, y luego apoyando a la resistencia francesa durante la segunda guerra mundial, donde recibe una bala que no lo mata. También conseguirá traerse el teléfono de Adolf Hitler… Todo es posible en su creacionismo… Quizás cansado de vivir a la velocidad cósmica, el poeta regresa a su tierra, siendo que no es un escritor de realidades terrenales; se instala en su Cartagena “para no morir”, y desde lo alto de la colina de pie en su tumba, dibuja su próximo viaje astral, en otros parajes del universo.

“El niño sonrosado de las alas desnudas _ Vendrá con el clarín entre los dedos _ El clarín aún fresco que anuncia _ El Fin del Universo”

“El espejo de agua - Ecuatorial” – Vicente Huidobro - 1916 - Buenos Aires. Argentina

«Los aéreos poemas de Vicente Huidobro» - 190 x 310 cm de Jorge Leal Labrin

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