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Jóvenes. Por Ana Pizarro

Escrito para presentación del libro El MIR de Miguel.

Al presentar estos volúmenes, de tan hermosa factura, que nos entrega su autor, el periodista, historiador y escritor Ignacio Vidaurrázaga, como sabemos, no nos encontramos en un contexto neutro de la historia política del país sino en un momento crucial . Presentamos el texto en una encrucijada en que no se trata de la cuestión puntual de un cambio de presidente en un marco de insatisfacción. Lo que está en juego es la transformación de las condiciones, tanto externas como interiores que determinan al individuo, a su pensamiento, su moral. Esto me hace reflexionar respecto de qué texto tenemos enfrente.

Cito a un estudioso de la escritura, como es Roland Barthes : “En medio de una mistificación permanente y multiforme- escribe- la obra de izquierda desinfla los mitos, denuncia las imposturas, testimonia sin cansarse aquello que es remediable en la injusticia. Tiene las marcas de la lucidez y el coraje. ¿Es una Literatura de combate?. Sin duda alguna. Pero de un combate a la medida de las cuestiones que se plantea el hombre histórico, así como el hombre eterno.”

Tenemos enfrente dos volúmenes y se anuncian dos más que vienen detrás. Los separa la narración de un hito histórico desventurado, el 11 de septiembre de 1973.

Sabemos que no ha sido fácil llevar adelante esta investigación. El objeto de ella aún no había sido observado en profundidad. Ahora se lleva a cabo durante siete años de trabajo, incorpora 120 entrevistas, un rastreo exhaustivo de documentos, muchos de los cuales no estaban en los registros, además de una experiencia de investigador participante del autor en el proceso. Lo hemos apoyado con documentos y críticas cuando hemos percibido la seriedad del trabajo y el esfuerzo desarrollado durante todos esos años, sin ningún tipo de ayuda externa a la investigación. Admiramos esa fuerza interior de Ignacio, y la constancia de los suyos para lograr seguir este trayecto. Ojalá los organismos de investigación de nuestro país , tan parcos en financiamiento, se distinguieran en apoyar proyectos como éste.

Luego de acumular la información pertinente, como sabemos quienes nos dedicamos a la escritura, se busca una forma. Ella no es azarosa. Tiene que ver con la percepción que nos hemos formado con el estudio de los materiales, con el público a quien nos dirigimos, la recepción que quisiéramos lograr. El autor ha optado por la hibridez. Se trata de una forma compuesta por géneros diversos, producto también de una aproximación interdisciplinaria.

En esta forma hay la cercanía de la materia palpable,: son entrevistas organizadas en secuencias, en diálogo, en irrupciones aisladas, con intervención - como en un documental- por una voz en off, que por momentos adquiere corporeidad, opinión, e incluso dramatismo sin victimización. Es fundamentalmente crónica, relato hecho de historias cortas, memorias fugaces encadenadas. Las historias podrían ser corrientes: un encuentro, una visita, la residencia de la palabra es terrestre. Sin embargo no son corrientes , pertenecen a un contexto en donde hay un crescendo de la tensión, que es social, organizativo, fuertemente político. Hay la latencia del drama por venir, frente al compromiso, a la convicción fuertemente esperanzada de los jóvenes que van apoyando cada día más firmemente el desarrollo del movimiento popular en distintos frentes. Es una corriente de insatisfacción – antes controlada por el poder de turno, que ahora va marcando su propio ritmo, aunándose en la unidad de los sumergidos, los “pobres del campo y la ciudad”. Las pequeñas crónicas, el relato hecho por momentos ficción, va entregando el ritmo del movimiento nacional, y a la par de la relación que la nueva organización va estableciendo con éste: apoyo, crítica, impulso, defensa.

Hay, entonces en el escrito un pasado, que se presenta en crónicas de memoria y una cámara que se mueve en el presente. Es crónica y es también historia porque interpreta, analiza, intenta explicar, se interroga, por momento ficcionaliza. También es narrativa ficcional. El historiador, dice de Certeau, es el poeta de los detalles. En efecto, tiene en sus manos los elementos que hay a uno y al otro lado del río, necesita construir el puente.

En el relato de estos volúmenes ,se trata de un encaminamiento casi sin énfasis que se va sucediendo a través de los meses sin llegar a ser intriga ni drama como género de escritura hasta devenir en un crescendo a un final que sabemos trágico e inconcluso. Es un 11 de septiembre de 1973. Inconcluso porque después la historia seguirá, para llevar a uno de los protagonistas, Miguel - ¿ es el central? -a encaminarse contra “la noche y la niebla”– como el título del film de Alain Resnais sobre el fascismo europeo. Pero en tono de respuesta, de defensa, de enfrentamiento ante lo que sabe, a lo que se sabe y lo que ya se muestra en su virulencia, en su horror, para desplegar su función ética, su moral de la solidaridad, su principio de participación en la comunidad. Comunidad en donde se encuentran hombres, mujeres, jóvenes y viejos, niños, donde están todos , allí en donde hay más del ser humano.

La chilena no está en el orden genérico de una tragedia, porque para ello su sino habría de ser definitivo, y lo que muestra este texto es que la respuesta, la resistencia a ese sino trágico, comienza en el instante mismo en que éste aparece. Si no es antes, en los análisis que el grupo de jóvenes voluntades han llevado a cabo justamente para enfrentar ese proyecto – “el poder económico nunca va a aceptar pasivamente su derrota” señalan - para entonces definir el sentido de sus vidas. No es una tragedia, digo, es un genocidio .El de miles de compatriotas por parte de los organismos de su país , que estaban hechos para darles seguridad frente a una amenaza externa, o frente al peligro de la delincuencia, o de la destrucción. Para estos jóvenes, el peligro es una realidad en la medida en que la movilización social se acrecienta y para ello necesitan prepararse, organizarse, analizar responsablemente cada situación , y luego ,como sucedió más tarde, resistir . Como sucedió en la Guerra de España, como lo llevaron a cabo los maquisards en la 2ª Guerra,Mundial en Europa, como los argelinos en África, que lograron a través de esa resistencia el diálogo con de Gaulle para su independencia.

Hoy, esta situación podría percibirse como desmedida. No aparece así en el contexto. Los años sesenta a nivel internacional evidencian, luego de la década anterior que expone el poder norteamericano, como señalan los historiadores, un plazo de fuertes enfrentamientos. Estamos en medio de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, que, triunfante de la 2ª Guerra Mundial expone sus valores- la american way of life - a nivel internacional. En medio de esta euforia aparece la voz de un pastor de Alabama, Martin Luther King, que aboga contra el racismo de su país, así como por la profunda desigualdad de sus valores: “Somos más propensos a juzgar el éxito por el índice de nuestros salarios o el tamaño de nuestros automóviles en lugar de la calidad de nuestro servicio y la relación con la humanidad” , afirma. El luchador negro es asesinado en 1968.

En los sesenta veníamos saliendo de la guerra de Vietnam y la derrota norteamericana con todo su poderío frente a la fuerza de la convicción de un grupo de resistencia artesanal en defensa de su territorio y sus valores. Pero más aún. Antes de los años sesenta habían comenzado los movimientos anticoloniales en el continente africano, diezmado en su riqueza por las metrópolis europeas. La guerra de Argelia será emblemática, tanto por su carácter despiadado, como mostrara el psiquiatra e intelectual Franz Fanon , como por la victoria árabe que transformaría las relaciones con Francia así como convertiría a Argel en un eje de la discusión y actividad anticolonial. Diecisiete países africanos se descolonizarían a fines de los 60. La suerte posterior correría por cuenta de cada uno, pero para definir su futuro necesitaban ser independientes. Es el contexto en que surgen nuestros sesenta.

Lo interesante de este escrito que presentamos, es que, siendo un texto de historia política, se abre a otras miradas que amplían su percepción, amenizan su lectura. Por momentos nos parece encontrarnos con los materiales de un enfoque de crítica de la cultura, cruzada a su vez por una sensibilidad ficcional que nos sitúa en los años sesenta, su música y su gesto, su sentido de la respiración, las blusas artesanales y los jeans. La apertura de la década a la vida frente al formalismo, al encasillamiento americano de los cincuenta. En América Latina, lo sabemos, las reivindicaciones por una mejor calidad de vida, por un cambio de las relaciones de poder que pudiesen mejorar las inequidades evidentes, el papel secundario de nuestras naciones frente a la gran metrópoli del norte como lo había anunciado José Martí, su desigualdad en el terreno internacional y en el frente interno eran dejados en evidencia por el incremento de movimientos populares en Cuba y su Revolución, Perú, Argentina, Brasil, como había sido en Guatemala entre otros.

En este contexto internacional la situación interna de Chile no se quedaba atrás, su expresión concreta fue la elección de Allende y la victoria en las elecciones de mayo de 1973 . La discusión del progresismo comenzó a ser entonces entre opciones de táctica y estrategia revolucionarias, entre la izquierda tradicional y la llamada nueva izquierda, alentada entre otros por los ingentes análisis de intelectuales nuestros así como la New Left Review inglesa y el desarrollo de los acontecimientos de América Latina. Era la tónica continental y más aún, la tricontinental, como se llamó a la famosa reunión de la izquierda asiática, africana y latinoamericana de esos días. Es en medio de este ascenso de la lucha de masas en todo el continente y más allá de él que surgió la inquietud y la propuesta del grupo de jóvenes chilenos de Concepción.

¿Qué es Concepción en la época?

Pareciera una ciudad cualquiera, sin registro de la historia más que un par de construcciones decimonónicas dispensadas de la destrucción de los terremotos que pausan sus generaciones. Verde y azul son sus colores, elites, clases medias, sectores populares la pueblan, pero cerca está la presencia de las minas de carbón y la oligarquía que mira desde un palacio francés del siglo XIX, desde lo alto del Parque Cousiño, la miseria y el trabajo de los hombres en el fondo de la tierra y el mar. Luego .más tarde el Club de Schwager- de tono norteamericano- ,piscina, restaurante y lujo al lado de viviendas de infortunio. Más acá está la Universidad, esbelta, impávida en su campanil, erguida, con la prestancia que le entrega el rito del conocimiento. Concepción pareciera una ciudad cualquiera, pero es toda historia, toda memoria, toda adolescencia. Nostalgia, para Miguel , que le escribe a Alejandra sobre su ciudad “de los pinos y el mar”. Muchachas y muchachos caminando por la Diagonal, los helados de la Plaza Perú, más allá la estatua del Horacio de Corneille, escindido entre el amor filial y el deber, implacable “Qu’il mourut!” Veo las colinas verde oscuro que rodean las casas, los caminos que se alejan entre los matorrales, un ancho reptil azul celeste deslizándose entre los bosques de pino insignis, ancho, enorme : el Bío-Bío, un río-mar que va a desaparecer en el viento y las rocas de la desembocadura. Es el lugar en donde se encuentra con el océano, la arena negra del Pacífico Sur en esa costa, el sitio que visita Miguel en cada viaje, el sitio de Miguel y Alejandra, en donde las fotografías de los rostros que se contraen evidencian la fuerza del viento. Fuerza de encuentro entre río y mar, fuerza de encuentro entre sentimiento y deber, fuerza de encuentro entre vida y muerte.

Concepción años sesenta es también miseria, como en todo el país un abismo separa a las élites de los cordones de miseria, de las llamadas “poblaciones callampa” que rodean la ciudad. Concepción es noches de lluvia y familias pidiendo limosna, son los niños descalzos del poema de Gabriela, es personas humildes sumidas en el alcohol. Hambre y desolación . No ven salidas para sus vidas, no saben de otra cosa porque su destino histórico no ha variado, la inequidad ha sido su sino. En eso, la ciudad es también el país, el continente.

Esa juventud, y es lo maravilloso de ella, se sintió capaz de cambiar la vida y tuvo la voluntad de hacerlo. Tal vez no percibió entonces los límites de nuestra humanidad al dolor. O no quiso saberlo. Acaso no quiso pensar que la obscuridad del ser humano puede ser ilimitada. Que la tortura es una maquinaria inconmensurable de horror capaz de quebrar voluntades. Pero había juventud y ésta siente que es capaz de doblegar al mundo con la fuerza de la esperanza, anclada en su voluntad. Sintió -como en otras historias de resistencia- que en medio del invierno había en ellos un verano invencible.

La generosidad no mide, convoca con la fuerza de los bulbos que explotan en la primavera. Como todos, a veces se equivocó. Es un tiempo en que despolitizar lo real parece siempre politizarlo en beneficio de la opresión. Hoy podemos comprender que no es tan así, que hay márgenes, matices, y es tan importante el ejercicio del pensamiento cuando descubrimos que la materialidad adquiere vías plurales de comprensión.

Veo a esos jóvenes en este texto tan presentes, tan palpables en sus voces, en los relatos, en la memoria, tan libres, tan tiernamente libres, renunciando a lo que les rodea, a la soledad de la vida privada, aprendiendo de la amistad, de la ética de la lealtad con el otro, para asumir un combate colectivo y asumir la “fraternidad activa”. - - que decía Camus- ,de lo que será la resistencia a la dictadura.

Los jóvenes en el Chile de hoy comprenden que estamos en una situación de crisis en donde se juega como pocas veces el devenir del país y se abren con generosidad, con humanismo, con autocrítica con flexibilidad. En el libro que presentamos, yo leo, y el lector lo hará seguramente, una escritura que funciona como un difuminato. Un escrito justamente se enriquece no por la materialidad de su lectura inmediata sino por su virtualidad, por la capacidad de las palabras de evocar sentidos, memorias, imágenes múltiples.

“Hay una historia de la escritura - apunta Barthes -, y esta Historia es doble. Hay el lenguaje del presente escritural pero la escritura permanece plena de la memoria de sus usos anteriores, porque el lenguaje nunca es inocente: las palabras tienen una memoria segunda que se prolonga misteriosamente en medio de las nuevas significaciones.”

Al leer el texto presente, hecho de fragmentos de memoria las palabras adquieren visos plurales. La materialidad de ellas nos remite a hechos que consolida el relato, nos remite a lo dicho y nos hace seguir el acontecer de los años sesenta y setenta en su significación, en su movimiento.. Pero hay en un segundo nivel un narrador, un conductor, que les va dando, en su arquitectura misma, una significación, que a veces interpreta, opina. Es otro nivel de significación y podemos o no estar de acuerdo. Pero hay aún más. Hay un aura en este decir, y esto es una latencia: hay el eco de la historia presente del lector que está siguiendo las líneas, lo que es un tercer nivel de significaciones. Lo hace desde luego desde un hoy diferente, hay otras condiciones políticas aunque persista el germen de la inequidad y la insatisfacción , por la estructura de nuestras realidades.

Al lector que está animado por la coyuntura actual de un cambio en justicia, le es posible escuchar un eco del gesto, la latencia de la voz, de la elaboración de la esperanza, de la crítica, de la agudeza, del valor de esos otros jóvenes organizando un movimiento social importante, con errores y aciertos, pero con coraje que hace cincuenta años lo dieron todo por cambiar la vida. Ojalá la publicación de este texto anime la voluntad de construcción de un país en donde la represión se convierta en conducción, en donde la discriminación dé paso a la percepción del otro como un tú posible. A la generosidad de la acogida, porque a nosotros también nos acogieron fuera de nuestro país de ese modo. En donde la justicia funcione como tal, en donde el conservadurismo de paso a la libertad de respirar aire fresco. En donde enfrentemos los problemas que en los sesenta parecían no existir y no los consideramos, como los de la naturaleza, que aparecía sólo como un paisaje, como la equidad y el respeto de las mujeres, de la diversidad como fuerza interior. Que escuchemos las voces de la calle porque gracias a ellas estamos dialogando para erigir una constitución democrática. Que logremos, en fin , ver al otro como un tú posible y acercarnos, en un común anhelo de humanidad.

(1-dic.2021)

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