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Kast en el poder: símbolos, tensiones y continuidades ideológicas en la nueva derecha chilena. Por Fabián Bustamante Olguín y Javier Romero Ocampo

Ya ha pasado un tiempo prudente desde la asunción a la presidencia de la República de José Antonio Kast. La circulación de información ha sido abundante y los acontecimientos se suceden con rapidez inusitada. En ese contexto, ofrecemos a los lectores de Le Monde Diplomatique un examen algo de lo que está ocurriendo en Chile desde el 11 de marzo en base a tres puntos centrales. Antes de desarrollar dichos puntos, y a manera de prolegómeno, es necesario contextualizar al objeto de análisis: José Antonio Kast Rist: Ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad Católica en el año 1984, al año siguiente fue electo secretario del centro de alumnos de Derecho, y conoció a Jaime Guzmán, quien influyó decisivamente en su ingreso a la Unión Demócrata Independiente (UDI). El año 1985 se repuso la elección universal en la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) dejando atrás años de designación de los dirigentes estudiantiles donde el movimiento gremial tuvo protagonismo y liderazgo. En los años 1986 y 1987 fue representante estudiantil ante el Consejo Superior de la Universidad Católica. Estas experiencias iniciales le propiciaron su candidatura a la presidencia de la FEUC en 1987 donde fue derrotado en segunda vuelta representando al gremialismo. En estos años se le recuerda como tímido y con pocas habilidades de expresión oral (Marton, Amanda; González, Felipe: Kast. La ultraderecha a la chilena. 2025, Ediciones B, sello de Penguin Random House.). En el año 1988 apareció en la franja del plebiscito respaldando la opción del SI que promovía la continuidad del régimen encabezado por el dictador Augusto Pinochet. Su trayectoria política ha permanecido estrechamente asociada a la tradición gremialista de la derecha chilena, horizonte doctrinario que más tarde se proyecta en el Partido Republicano. Desde esta perspectiva, Kast no expresa una corriente libertaria contemporánea, sino más bien la reformulación de una matriz ideológica gestada en la derecha de los años ochenta, caracterizada por un marcado anticomunismo, una defensa del legado del régimen militar y una identidad católica conservadora, dimensión reforzada además por su pertenencia al Movimiento Apostólico de Schoenstatt, lo que permite comprender su figura como la actualización de una tradición política previamente consolidada en la historia reciente de Chile.

Dicho lo anterior, en estos primeros días han emergido ciertos actos de fuerte carga simbólica, los pasamos a detallar:

(1) Uno de los más significativos ha sido el alineamiento explícito de Chile con la administración de Donald Trump. Incluso a pocos meses de la devastación provocada por los incendios en la región del Biobío, el gobierno de José Antonio Kast ha concretado un acuerdo con Estados Unidos respecto de la explotación de minerales de tierras raras. Al día siguiente de asumir el mandato presidencial Kast firmó junto al subsecretario de Estado de Estados Unidos, Cristopher Landau, con presencia del embajador de ese país Brandon Judd firman un acuerdo que establece un mecanismo de consultas sobre minerales críticos y tierras raras, abriendo un intenso debate acerca de algo que ya se había manifestado como controversial en la búsqueda de una explicación sobre el origen e intencionalidad de los incendios en la zona de Penco/Lirquén con trágicas consecuencias de 20 personas fallecidas casi 300 personas lesionadas y más de 7 mil damnificados. Se trata de un asunto que ya había despertado inquietudes en la diplomacia estadounidense incluso durante el período en que los incendios se encontraban en desarrollo. Finalmente, Kast suscribe dicho acuerdo con Washington, lo cual constituye un ejemplo elocuente de una constante histórica en las derechas chilenas y latinoamericanas, caracterizada por una relación estructuralmente asimétrica con Estados Unidos.

No debe olvidarse que el propio Kast había participado anteriormente en un encuentro en Estados Unidos junto a Donald Trump, un gesto que puede interpretarse como señal de alineamiento político con una potencia que intenta recuperar su hegemonía geopolítica frente al avance de China en la región.

En alguna columna anterior señalábamos también ciertas limitaciones de la presencia china en América Latina. A diferencia de otras experiencias históricas de expansión geopolítica, China ha privilegiado una estrategia eminentemente comercial, evitando proyectar una influencia ideológica sistemática asociada al modelo de socialismo chino. Esa ausencia de proyección doctrinal podría estar comenzando a tener consecuencias en el continente, particularmente frente al renovado activismo estadounidense que ha tenido expresiones de violencia e injerencia inusitada en Venezuela.

(2) En este contexto, el simbolismo nacionalista desplegado por José Antonio Kast mediante el énfasis en la bandera, el escudo o la ritualidad asociada a la banda presidencial parece adquirir un carácter más performativo que sustantivo. Se trata de un tipo de patriotismo característico de las derechas latinoamericanas históricamente, donde los emblemas nacionales operan principalmente como dispositivos retóricos al servicio de la defensa del gran capital, la propiedad privada, la familia tradicional y la preservación de la hegemonía social de las élites económicas, enfatizando cuestiones de carácter emocional en torno a los emblemas patrios que despiertan la sensación urgente de la defensa de un supuesto origen común y de unidad en torno a dichos emblemas.

Desde esta perspectiva, el nacionalismo presente en estas corrientes resulta particularmente singular. No corresponde propiamente a un nacionalismo nativista como el que se observa en diversas ultraderechas europeas. Allí aparece una distinción analítica interesante, como la que propone el politólogo neerlandés Cas Mudde, quien identifica tres rasgos constitutivos de las derechas populistas radicales contemporáneas. El nativismo, el autoritarismo y el populismo. En el caso chileno, el primer componente no se manifiesta. En su lugar emerge con mayor centralidad el discurso de la seguridad, enaltecido en el periodo de campañas políticas presidenciales donde la retórica de la campaña de Kast usó recursos discursivos tales como anunciar la cantidad de días que les quedaban a los migrantes para retirarse de Chile.

Queremos subrayar este aspecto porque, de manera general, las corrientes de ultraderecha manifiestan una oposición sistemática a la inmigración. Tal resistencia se fundamenta en la convicción de que la hibridación racial, expresada entre comillas, o la llegada de sujetos portadores de matrices culturales distintas a la tradición local provocaría un proceso de decadencia social. Este imaginario de decadencia constituye un elemento recurrente tanto en las ultraderechas europeas como en sus equivalentes chilenas. En Chile puede identificarse una tradición intelectual vinculada a este pensamiento que insiste precisamente en la tesis según la cual la mezcla racial o la inmigración desencadenarían dinámicas de degradación nacional. Resulta ilustrativo recordar a autores como Francisco Antonio Encina, Jaime Eyzaguirre y Nicolás Palacios, cuyas reflexiones se insertan dentro de un horizonte ideológico nacionalista, corporativista y de inspiración católica coherentes con esta idea expresada en los discursos y propuestas de José Antonio Kast en el periodo de campañas presidenciales.

Tal como ha sostenido el profesor Luis Corvalán Márquez (Nacionalismo y autoritarismo durante el siglo XX en Chile. Los orígenes, UCSH, 2009), esta corriente de pensamiento se encuentra presente en Chile al menos desde 1903 y ha atravesado diversas transformaciones hasta la actualidad. Su influencia ha experimentado momentos de debilitamiento, aunque alcanzó una particular visibilidad durante el contexto político asociado al Golpe de Estado en Chile de 1973. Lo relevante para los lectores de Le Monde Diplomatique consiste en advertir que, dentro de la matriz doctrinal de la ultraderecha, la inmigración aparece concebida como un factor de decadencia. En esa tradición ideológica chilena emerge además una narrativa cíclica según la cual a un período de decadencia debería suceder un momento de restauración o apogeo nacional, proceso que suele atribuirse a la irrupción de una figura de carácter salvífico. En el escenario político contemporáneo, esa expectativa redentora tiende a proyectarse sobre la figura de José Antonio Kast, cuestión así percibida por sus votantes.

Ahora bien, precisamente en relación con este punto aparece otro elemento llamativo. Para la ceremonia de cambio de mando, José Antonio Kast invitó a la dirigenta venezolana María Corina Machado, figura destacada de la oposición al gobierno de Nicolás Maduro. La presencia de Machado fue reforzada simbólicamente cuando el alcalde de Santiago, Mario Desbordes, le entregó las llaves de la ciudad.

Este gesto introduce una tensión política interesante. Una parte significativa del electorado que respaldó a Kast lo hizo motivada por la expectativa de una política migratoria mucho más restrictiva, especialmente orientada a la expulsión de inmigrantes asociados en el imaginario público con fenómenos de criminalidad organizada, entre ellos ciudadanos venezolanos o colombianos. Surge entonces una interrogante evidente. ¿Cómo conciliará el nuevo gobierno ese discurso con el reconocimiento político otorgado a una figura emblemática de la oposición venezolana y con el respaldo que parte de la diáspora venezolana ha manifestado hacia Kast?

Aquí aparece una de las primeras tensiones estructurales del nuevo gobierno. Kast enfrenta la presión de un electorado que espera medidas drásticas en materia migratoria, particularmente en la frontera norte, cuestión que se ha impulsado bajo en nombre “Escudo Fronterizo” que ha llevado a iniciar una serie de trabajos que incluyen zanjas y rejas en una zona comprendida entre Colchane y Chacalluta, esto acompañado de la movilización de personal de las Fuerzas Armadas y Carabineros a la zona. Sin embargo, la dimensión política internacional del conflicto venezolano introduce complejidades adicionales. Si esa expectativa no se satisface, es plausible que una fracción de ese electorado busque alternativas aún más radicalizadas. En ese escenario podría fortalecerse la figura del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, quien ha desarrollado un discurso más duro y explícito en materia migratoria.

Este fenómeno conecta con una hipótesis que hemos planteado en otras ocasiones respecto de la creciente derechización de ciertos segmentos de la sociedad chilena. Más que el recuerdo del Estallido social en Chile de 2019, el factor que parece haber influido con mayor intensidad en las percepciones sociales es la transformación del escenario migratorio en la última década. La llegada masiva de migrantes, particularmente en condición irregular, ha generado tensiones en la convivencia cotidiana y ha modificado percepciones de seguridad, lo que ha favorecido electoralmente a actores políticos que prometen políticas de expulsión o control más severo.

(3) Finalmente, existe otro elemento que ha suscitado controversia en estos primeros días de gobierno. Kast ha abierto la posibilidad de indultar a carabineros y militares condenados por delitos cometidos durante el estallido social. Uno de los casos mencionados corresponde al capitán del Ejército José Santiago Faúndez, condenado a 15 años de prisión por el delito de violencia innecesaria con resultado de muerte tras los hechos ocurridos el 20 de octubre de 2019 en la ciudad de La Serena, donde falleció el ciudadano ecuatoriano Romario Veloz Cortés, estudiante y trabajados de 26 años que vivía desde los 8 años en nuestro país.

También se ha mencionado la eventual revisión de otros casos relacionados con el mismo período, entre ellos el del ex carabinero Patricio Maturana, condenado por dejar ciega a la actual senadora Fabiola Campillai al disparar una bomba lacrimógena directamente a su rostro. Recordemos que el entonces candidato Kast visitó a Maturana en la cárcel en medio de su campaña presidencial.

La situación es compleja para las víctimas y sus familias porque durante la campaña presidencial Kast había asegurado que no contemplaría indultos. Sin embargo, apenas iniciado su mandato, la posibilidad comienza a instalarse en la agenda pública cambiando radicalmente su discurso de campaña señalando que dichos eventuales amnistiados protegían la patria, precisamente en declaraciones a canales de televisión (Canal 13, nota de prensa 13 de marzo 2026) señaló "… diría que Chile vivió un momento de violencia extrema que terminó con algunas personas indemnizadas por daños físicos y otras personas presas porque cumplieron con su deber, mandatado por el Estado.”

De este modo, se revela una posible disonancia entre promesas de campaña y decisiones iniciales de gobierno. La cuestión migratoria, especialmente respecto de los ciudadanos venezolanos, podría transformarse en un foco significativo de tensión política. Si las expectativas generadas durante la campaña no se materializan, es probable que se produzca un fuerte proceso de desilusión entre sectores relevantes de su electorado.

Ahora bien, convendría concluir planteando una interrogante adicional acerca de la eventual relación entre el movimiento político de José Antonio Kast y el nuevo escenario ideológico que el filósofo español Carlos Fernández Lira [https://www.youtube.com/watch?v=k8myIb2srCg] ha caracterizado mediante la noción de transhumanismo, entendido como la cosmovisión emergente de una élite tecnológica encabezada por Peter Thiel, Elon Musk y Marc Andreessen, quienes impulsan la superación de los límites biológicos de la especie humana mediante la inteligencia artificial, la integración entre humano y máquina y la expansión hacia el espacio exterior. En este marco surge la cuestión de cómo podría articularse un eventual gobierno vinculado al proyecto de Kast con dicho horizonte doctrinal, puesto que, a primera vista, ese proyecto político no parece converger plenamente con el ethos libertario radical que caracteriza a varios de estos actores tecnológicos, muchos de los cuales han manifestado cercanía con el entorno político de Donald Trump, donde además se ha difundido una sensibilidad aceleracionista que concibe la energía nuclear, la innovación extrema y la asunción del riesgo como vectores del progreso histórico, en contraste con perspectivas que enfatizan el decrecimiento o la cautela frente a la expansión tecnológica. Parte de este imaginario intelectual ha sido promovido particularmente por Peter Thiel, figura influyente dentro del ecosistema político y empresarial asociado al trumpismo, lo que vuelve pertinente interrogarse acerca de cómo se relacionaría el proyecto político de Kast con corrientes como la llamada ilustración oscura o con ciertas variantes del anarco-capitalismo. En principio, podría sostenerse que el componente empresarial presente en ese espacio político conserva rasgos vinculados al chicago-gremialismo junto con elementos corporativistas de raíz católica que moderan la radicalidad libertaria, circunstancia que establecería cierta distancia respecto del ideal anarco-capitalista más extremo, cuyo horizonte normativo imagina una sociedad sin Estado estructurada únicamente por individuos y corporaciones privadas que operan al margen de cualquier legislación estatal o regulación internacional, quedando por dilucidar hasta qué punto estas matrices ideológicas podrían converger o entrar en tensión dentro de un escenario político concreto.

Fabián Bustamante Olguín. Doctor en Sociología, Universidad Alberto Hurtado. _ Académico del Instituto de Ciencias Religiosas y Filosofía, Universidad Católica del Norte, Coquimbo.

Javier Romero Ocampo. Doctor en Estudios Americanos, especialidad Pensamiento y Cultura.

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