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La historia marcada por la desconfianza. Por Luis Osorio

Algo ineludible de la época a nivel país es la sensación de desconfianza, y a la vez se torna en una situación de riesgo futuro el no revertirla. La historia marcada por la política puede llegar a ser sana y beneficiosa, bajo la condición que su práctica se entienda como un cúmulo de ideas que provienen del pensamiento y que su ejercicio debería estar rodeado de una gran participación, poniendo de relieve la credibilidad y el valor de una democracia sustentada en el bienestar de mayorías sin dejar nada de lado para que ello ocurra.

Se debe erradicar el posicionamiento de los supuestos aventajados que se sienten con la potestad de determinar asuntos no menores como lo es la visión de una sociedad de cambios, cuando la convivencia ha llevado a la segmentación, la desigualdad acentuada, y el no ponerse en el lugar del otro, cuando se impone un modelo marcado por el individualismo y una convivencia irracional que acentúa las injusticias de larga data. Es el ejercicio y el tiempo para el pensamiento lo que se ha postergado, mucho de aprendizaje basado en problemas, pero poco de resultados basados en las soluciones provenientes de espacios amplios de desarrollo no excluyentes.

Lo anterior, ha sido el preámbulo para colocar de relieve que en un país con 50 años de coexistencia con un modelo ideado desde antes de iniciada la dictadura y sigilosamente estructurado, representa una construcción ex profeso y el resultado final, ni más ni menos, lo que es. La percepción centrada en las oportunidades de unos y las grandes postergaciones de otros, una polarización impuesta por la construcción de una desigualdad extrema que lleva a una estratificación transversal, en diferentes ámbitos de la vida. Progresivamente, se fue aceptando lo existente y la no consideración de la transformación progresiva, que a estas alturas habría tenido grandes y sustantivos resultados, requisito fundamental era la proyección de largo plazo, saltarse los límites de los gobiernos de turno y entender que el no haber procedido así, sitúa al país bajo el dominio de un sector político, aquel que nunca va a firmar acuerdos de ninguna naturaleza, si es que no pasa por los filtros que ellos imponen a como dé lugar.

Detenerse un momento y no escribir, postergar las palabras, no es signo de un agotamiento temático, sino se trata de una pausa reflexiva, de observación y nuevas conclusiones que se fortalecen. Se ha desarrollado también en lo que va de avanzado del año 2023, la necesidad de escuchar. Consecuencia de lo expresado, nos encontramos en un período crítico para quienes soñaban en las transformaciones, con las esperanzas un tanto opacadas.

La primera lección que debería haber quedado y sus efectos, se ha ignorado flagrantemente, ello es la acción para recuperar confianzas dejando de lado la soberbia, y una mal llamada democracia que opera de manera protegida. Estaríamos en democracia si la estructura social proveniente del gobierno cívico militar ya hubiese sido reemplazada por una diametralmente opuesta. El tiempo develará las verdades sobre ese 18 de octubre de 2019, en que se produce el estallido social como una reacción de rabias acumuladas por 30 años. Pero lo que sigue de inmediato, es el acuerdo por la paz del 15 de noviembre firmado en horas de la madrugada y del cual eran parte los defensores de la Constitución del 80, firmas de quienes nunca han pensado en una nueva Constitución o de los que por años obstaculizaron cambios de esta magnitud.

Ese acuerdo ya es parte de una historia, en que los detalles se empezaron a vivir desde ese día hasta el triunfo del rechazo el 4 de septiembre de 2022, y no vale la pena entrar a detallarlos, sino que sólo indicar la coincidencia de hechos en sucesivos análisis de los momentos que se fueron sucediendo uno tras otro, y que los hechos iban dando la razón. A propósito de eso es que una vez más se explica el efecto de la desaparición de medios de comunicación escritos durante el período de la concertación y que jugaban un rol importante por lo que había que aniquilarlos, a lo que se suma las influencias de los poderes económicos siempre en favor de sus intereses y el ejercicio en momentos claves de llevar adelante campañas del terror para amedrentar, un escenario para mantener el control de la propiedad y los fines doctrinarios.

Otro aspecto de la historia actual, que es muy gravitante para el futuro tiene relación con el gobierno actual, no con respecto a lo que ha efectuado o no ha realizado en menos de un año de mandato, más bien es la observancia de un juego de estrategias que se deben tener presentes en el devenir de la historia futura, y que resulta fácil de comprender cuando se es de la generación, que hace 50 años vio truncados sus sueños siendo espectadores de un tiempo considerable de un statu quo intencionado.

Cuando aparece como fuerza política gravitante el Frente Amplio, luego del resultado obtenido en las elecciones del año 2017, vienen años al interior de este conglomerado en que expresaban como algo para un tiempo muy cercano, la frase de “cuando seamos gobierno”, expresión que representa un sentido optimista, pero siempre como elemento que se repite en los sectores llamados progresistas, nos topamos con la mirada de largo plazo y hoy nos deberían llevar a pensar en cómo nos imaginamos los 50 años que vienen, lo cual para otros es un tema ya resuelto y proyectado. Ahí es donde hay un punto débil que siempre pasa la cuenta y la historia vuelve a repetirse.

La carencia principal es la ausencia de estrategias, pero estas requieren de condiciones fundamentales como es un horizonte de convencimiento común con prolongación en el tiempo, en el cambio significativo del cual puede aportar. La otra condición es no dar a conocer la estrategia, al menos en lo político, en analogía con el ajedrez, si un jugador pone en conocimiento de su adversario, las próximas cinco jugadas que tiene en mente, la estrategia de juego ya no existe.

Sin embargo, manteniendo en silencio las características de la estrategia en su fase de elaboración, al momento en que se está ejecutando ya es visible y después de un tiempo se observan sus consecuencias. Y así viene otro período de elaboración en forma paralela cuando lo precedente ya está en implementación y va retroalimentando escenarios venideros que incorporen elementos correctivos.

Transcurridos ya casi 33 años desde el término de la dictadura, no cabe duda de que, en el estado actual del país, hay responsables de quienes se negaron al cambio estructural en función del modelo que les otorgó granjerías, y supieron aprovecharlas y no las quieren perder, esa es la verdad. Pueden acudir a una defensa política que los haga aparecer de manera diferente, que nunca logrará eximirlos del abandono de la consecuencia y del no haberle rendido un homenaje en los hechos a los caídos en dictadura, no nos podemos quedar en que en algún momento Pinochet entrega el mando, era un desafío mayor lo que debería haber existido.

Lo anterior, es algo que determina una estrategia en desarrollo elaborada por el poder dominante y que les va dando resultados.

Algo basal es que la concertación no acepta su responsabilidad en el estallido social, y por el contrario han sido ofendidos al no reconocer su gran obra. Llegan en este estado a las elecciones del 2021, condición propicia para idear la ruta de la estrategia desde los sectores de la derecha.

Observo la existencia de primarias en una coalición, como un espacio en que sus adherentes por convicción, militantes o simpatizantes definen algo crucial como lo es su representante en elecciones tan relevantes en que se determina la presidencia de la república. Sin embargo, en la decisión de Apruebo Dignidad, hubo un acto de intervención no ilegal, sino que ético ejercido por personas que nunca tuvieron un mínimo acercamiento con ese sector.

Ya en plena disputa presidencial, sabiendo en que se avizoraba un período difícil de gobernabilidad, se articulan los acontecimientos de tal manera que se ponga en competencia la extrema derecha, pero bajo el convencimiento que el período de interés por gobernar para la derecha es realmente el que comienza el 2026. Tiempo en que el recambio generacional en el poder será mayor, garantizando proyección futura.

Con este panorama, y como algo inédito de segundas vueltas anteriores en que resulta electa la concertación, se ponen más elementos condicionantes al presidente Boric, como lo es el desembarco de sectores de la concertación en el gobierno y que lucen la vestimenta de oficialistas, sabiendo que gran componente del voto era y es detractor de su paso por gobiernos pasados. Esto también es parte de esa estrategia que está en curso.

En nada de esto hay intenciones de asumir responsabilidades pasadas, y con gran claridad que el tema de recuperar confianzas no les interesa, ha sido la práctica de gobernar en que la participación es irrelevante, por generarse una suerte de competencia en posiciones laborales en las cuales no todos tienen cabida, y así va operando la estrategia, con un factor de aglutinamiento.

Surgen otros elementos sustanciales que giran alrededor de lo mismo, parlamentarios elegidos con una participación efectiva de voto de alrededor del 50% del electorado, determinan un nuevo proceso constituyente envolvente a través del voto obligatorio. Pero en esta ocasión reluce la letra grande, que impone bordes y formas de representación distanciadas de la ciudadanía, la cual por cierto no importa. Se sigue fomentando la desconfianza, desde la estrategia y el poder, eso ha dado buenos resultados para quienes tienen intereses comprometidos, se vislumbra en medio de esto un grado de influencia soterrada por medio de una infiltración transversal, sobre lo cual estratégicamente nunca se sabrá quienes la ejercen, pero puede estar distribuida por todos lados. Al mismo tiempo en que la derecha no firma acuerdos si no les interesa, también resulta extrañas algunas firmas que se traslucen como algo inconsistentes no apegadas a principios y sin fundamento que las avale.

Nuevamente se levanta la duda y la desconfianza, que es inherente a la idiosincrasia país no de un año, sino de cincuenta años. Este es el Chile actual, y los poderes dominantes que trascienden la intencionalidad con la que puede partir un gobierno, sometidos a fuerzas internas y externas que van por otro camino, desde el cual se consagraban inicialmente como ganadores de un gobierno, experiencias de períodos gubernamentales con dos almas no dan resultado, si no hay convicción común de una sociedad diametralmente diferente, sólo se genera una respuesta al momento dentro de una nebulosa y queda en la conclusión final, la interrogante con una respuesta que debería darse a todo el país, de cuál era la transformación que unía y si en algún momento la proyectaban por al menos unos 20 años, reconociéndonos herederos de 16 años de dictadura y 34 post dictadura, cifras claramente no menores, entonces ¿confiar o desconfiar?

17 de enero de 2023

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