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La peste blanca en la historia de Chile, “Crónica de una muerte anunciada”. Por Álvaro Vogel, Erich Mühlhausen y Fernando Lopetegui

Este artículo tratará sobre los efectos sociales de la Tuberculosis en la evolución histórica de Chile. Antes de iniciar el trabajo debo agradecer la cooperación amable y desinteresada de dos eminentes médicos que son además los coautores de este escrito. Sin sus orientaciones no habría sido posible contextualizar parte de la historia de esta enfermedad que ha estado presente desde la aurora de nuestra nación cobrando no pocas vidas, entre ellas la de uno de los presidentes más queridos y emblemáticos de la clase media - Pedro Aguirre Cerda - a quien dedicaremos parte del trabajo. Hoy se registran poco más de dos mil casos anuales para una población cercana a los veinte millones. Esta milenaria dolencia no ha logrado ser erradica y la resistencia de sus cepas indica que su desaparición no será fácil.

La pobreza estructural de América latina ha generado perpetuamente un desafío social y la implementación de importantes políticas sanitarias globales cuando, felizmente en Chile, gracias al desarrollo estatal y a la labor de heroicos doctores ha dado un paso significativo para atenuar los casos de tuberculosis. Esperamos con ansias que las futuras generaciones de médicos logren concretar un tratamiento más sencillo e idealmente soñar con el fin de la enfermedad. Esbozaremos dos tesis, desmitificar que haya sido una enfermedad exclusiva de la población de menos recursos – aunque lo padecieron de forma masiva sin lugar a dudas - y, por otro lado, confirmar que las alzas de contagios a fines del siglo XIX y parte del siglo XX estaban asociadas a la modernidad de las ciudades y asentamientos humanos concluyendo con esto que el avance del país nunca ha sido transversalmente equitativo ni justo para todos los sectores sociales lo cual decantó en una gran ironía pues fue el momento histórico donde más ganancias tuvo chile producto de la extracción del salitre.

La tuberculosis es tan antigua como las primeras polis mesopotámicas e indoeuropeas. Por ejemplo, en tiempos de Moisés (1400 a.c) podemos leer que esta dolencia ya tenía una connotación negativa en la biblia. Con todo, varios arqueólogos de las culturas andinas de América del sur han encontrado la enfermedad en los restos óseos (columna vertebral) de algunas momias bien conservadas. Estos hallazgos no dejan margen de dudas. Con estas pesquisas el debate se centra en cuándo y en qué lugar del globo se origina la “tisis”, al ser las momias más antiguas que la llegada de los europeos a tierras americanas, la conjetura indica que esta bacteria pudo transitar por el estrecho de Bering siguiendo la lógica del poblamiento americano.

Era un hecho que la tuberculosis fue común en la colonia, sin embargo, no fue una epidemia en aquel entonces. En realidad, al inicio de la emancipación y promediando la era del salitre, Chile era socialmente un país sin mayores cambios si lo comparamos con su pasado metropolitano, es decir, fue una nación pobre, mayoritariamente rural y dispersa a lo largo del territorio. Las estructuras de poder estaban circunscritas en torno a los latifundios con relaciones implícitas no escritas pero aceptadas entre el patrón, los inquilinos y con peor suerte los peones. Una analogía perfecta de lo que pasaba sería trasladar todo este contexto al sistema feudal europeo de fines de la edad media.

En cuanto a los déficits, Chile es tristemente comparable con algunos países actuales del cuerno de África. En suma, cualquier enfermedad infecciosa va a repercutir en una sociedad que no contaba con educación – a menudo le creían más a un charlatán que a un doctor -, sin dinero para medicinas pues la mayoría de los campesinos recibía pago en especias y sin adelantos en infraestructura sanitaria como bien señala el Historiador Cristian Gazmuri (Historia de Chile) “El agua se sacaba a veces de una noria, pero frecuentemente de una acequia donde más arriba había un compadre defecando y otro orinando…. (luego señala) …entre los sectores urbanos bajos la higiene era muy precaria… en los campos se seguía practicando medicina artesanal con resultados precarios y esto valía para todos…” (Gazmuri, 2012).

Una vez consolidada la independencia y cuando los sectores de poder evolucionaron formando los primeros partidos políticos con tímidas bases filosóficas, la nueva preocupación fue dotar a chile de una economía consistente. El sistema adoptado por liberales y conservadores sin contrapeso fue el liberalismo económico que se acomodaba perfectamente a sus aspiraciones. Por cierto, todo se sustentó en las materias primas – como hoy lo son el litio y el cobre - y dados nuestros poco más 4000 mil kilómetros de cordilleras, la actividad minera concito todo el esfuerzo nacional.

Aunque las ganancias del oro blanco en su mayoría llenaban los bolsillos privados de capitales extranjeros, el Estado a través del cobro de aranceles enriqueció sus arcas como nunca en su historia. Este imán irresistible desencadenó la primera migración considerable hacia las ciudades que no contaban con la infraestructura necesaria para recibir a sus nuevos habitantes. Ya sea en un campamento minero, en un cite capitalino, un conventillo o en un cuarto redondo, la tuberculosis se propagó con cifras nunca antes vistas, llegando a ser una de las principales causas de muerte. Violeta Parra en el “Rin del Angelito” nos hace reflexionar sobre la mortalidad infantil

En definitiva, al estallar la revolución industrial en chile, se disparan las cifras letales de esta estigmatizadora dolencia. Incluso en los pases más desarrollados, desde 1882 este bacilo tuberculoso descrito por Koch presenta una tasa de mortandad de un 50% en pacientes de 2 a 5 años. “En la actualidad, Es una enfermedad de complejo y largo tratamiento, con 5 medicamentos orales disponibles en nuestro país, que se asocian según cada necesidad y que deben ser recibidos bajo supervisión estricta de enfermería para asegurar su recepción por todo el tiempo indicado, con una fase intensiva de tratamiento inicial diario por 2 meses con 4 de los fármacos y luego distanciamiento de las dosis a 3 veces por semana con 2 de ellos por 4 meses más a lo menos. Siempre bajo supervisión médica y de enfermería, labor que desarrollan los funcionarios de salud de atención primaria en todo el país “(Mühlhausen 2024).

Promediando el siglo XX con la introducción de la vacuna y los esfuerzos del estado, las tasas de mortalidad bajaran de forma significativa. Hoy, aunque no está erradicada, la tuberculosis tiene un nivel acotado de contagios y casi no se registran muertes. No obstante, no fue una enfermedad exclusiva de la pobreza; la sufrieron miembros de la aristocracia, escritores, músicos e incluso cobró la vida de un destacado presidente. Dentro de los tratamientos usuales de la elite, incluía recluirse en paisajes tan hermosos como los Alpes pues según un médico alemán el aire cordillerano era muy beneficioso para los pulmones. En Chile, se replica la idea en el Sanatorio de San José de Maipo –que se mantiene aún en pie y que se puede visitar en el día del patrimonio cultural – sobre este lugar presento una jocosa anécdota relatada por un doctor en 1933, “Pues bien, señor –receta el especialista en pulmones–, váyase usted a Chile, busque un pueblecito que se llama San José de Maipo y, si en ese clima no se mejora, péguese usted un tiro” (Revista Zig – Zag 1933). Una lectura que puede contextualizar el tema en cuestión es la Montaña mágica de Thomas Mann.

Un homenaje a “Don Tinto”

Antes de presentar a este gran hombre “El presidente de los pobres” que murió en pleno mandato producto de la peste blanca tras quince días de agonía, es necesario contextualizar. El candidato llamado a ganar las elecciones de 1938 era el “Mago de la economía” ex ministro de hacienda del León de Tarapacá, Gustavo Ross quien logró un repunte económico considerable luego de la fatal crisis del jueves negro que dejo a Chile como el segundo país más afectado del globo. Tan fuerte fue el golpe que el presidente Ibáñez Del Campo terminó renunciando. Sin embargo, el gobierno de Alessandrí culminó con una carga moral enorme a sus espaldas, “La matanza del Seguro Obrero”, dejando a Ross sin opciones electorales marcando el fin de la era Alessandrista.

Con el advenimiento de la mesocracia, no existía un partido político capaz de concentrar el poder ni menos los votos, por ende, las alianzas – tal como hoy – estaban al orden del día. El frente popular, en definitiva, apoyó a quien quizás fue el presidente más representativo de la clase media chilena, un profesor de enseñanza básica y secundaria de baja estatura con rasgos sencillos y con un aura de sabiduría por excelencia, tolerante, gentil y miembro del conglomerado radical.

Gobernar es educar pregonaba Aguirre Cerda. Haciendo eco real de su eslogan, concentró sus mayores esfuerzos en la educación del pueblo, pues pensaba que la gente podía vivir mejor si lograba mayor acceso a la enseñanza de calidad. Edificó unas 500 nuevas escuelas, el nivel de matrículas aumento a 60.000 nuevos alumnos, además de su estrecha amistad con Gabriela Mistral, formuló el proyecto de ley para el premio nacional de literatura.

Don tinto (por sus viñas), tenía una cercanía con el pueblo quienes comprendieron su discurso pedagógicamente sencillo llenando el frontis del palacio de la moneda cuando se dirigía a la nación. Dentro del circulo político dio cátedra de lealtad y franqueza en todos los cargos que le toco asumir. Cuando fue diagnosticado de tuberculosis, la asumió en completo silencio y al morir partió dejó su última enseñanza, “TRABAJAR”. Tras fallecer, su esposa preparó un velorio masivo que se difundió a los minutos por las radioemisoras de la época. Su traslado al congreso fue escoltado por 12 compañías de bomberos quienes junto con los marinos repletaron la calle Morandé y tras varias cuadras de séquito mortuorio venían personas con 125 coronas de flores. Una infinidad de muchedumbre guardó silencio marcial mientras pasaba la cureña con sus restos.

En la década donde murió Don Pedro, fallecían como promedio 11.400 personas por tisis al año. Su cónyuge – Juana Aguirre Luco – le manifestó a Lucila Godoy, “murió sin sufrimiento físico pese a que todos los esfuerzos de la ciencia fueron inútiles”. Uno de los cabecillas de la república socialista de doce días, el ex candidato presidencial el Senador Marmaduke Grove en un sentido discurso de despedida señaló: “Se ha ido un gran Presidente. Tenemos, ahora, el deber nacional de cumplir con su ejemplo. Él nos mostró el camino, sigámoslo”. De Forma transversal los senadores del partido conservador se sumaron a los homenajes.

La tuberculosis cobró la vida de cientos de chilenos anónimos, sin embargo, tras cada individuo común hay una historia que puede llegar a ser potencialmente parte de un imaginario colectivo. La historia oficial, política y tradicional no siempre sirve para otorgar un contexto global. Los miles de obreros muertos en las salitreras por tuberculosis, los inquilinos que llegaban exhaustos luego de una jornada de trabajo a una pieza sin ventilación más que la puerta de entrada donde vivían hacinados, fueron víctimas no solamente de la enfermedad, fueron también perjudicados por parte de un Estado timorato sin leyes de trabajo y ausencia en materias de salud pública, no obstante, ese mismo Estado va a dar un giro en materias sociales desde Alessandri hasta nuestros días.

En la actualidad la tuberculosis es un mal recuerdo, la puede adquirir cualquier persona sin importar la condición social, está prácticamente erradicada y es muy raro que nos topemos con algún caso. Con todo, pese a la preocupante corrupción transversal de la clase política, a la abundante cantidad de platas mal habidas por funcionarios estatales de todos los rangos y colores políticos y al desfalco millonario de muchas más instituciones públicas, el Estado invierte casi el 9% del PIB en salud. Nos encontramos frente a un panorama muy distinto en comparación con el siglo anterior.

Consagramos esta columna a los cientos de médicos anónimos en conjunto con las enfermeras y personal de salud que han luchado sin claudicar por los enfermos del país -sobre todo en la última pandemia “El Covid-19”. Dedicamos también estas líneas a la memoria del profesor Pedro Aguirre Cerda Ex Presidente de Chile por apoyar algo tan esencial como lo fue y sigue siendo la educación; que a estas alturas debería ser gratuita y de calidad a nivel escolar, secundario y universitario pues el aprendizaje es un derecho humano y no un bien de consumo. Teniendo un país educado e invirtiendo dinero en nuestros hijos y jóvenes saldremos del subdesarrollo.

Álvaro Vogel Vallespir Historiador
Coautores:
Dr. Erich Mühlhausen Muñoz Pediatra U de Chile.
Dr. Fernando Lopetegui Cáceres Radiólogo U de Chile.

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