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La relevancia de la moral política: se vienen los 50 años del inicio de la catástrofe. Por Alex Ibarra Peña

El valor político de la democracia popular chilena fue cortado violentamente por un Golpe de Estado y una larga dictadura realizada por políticos de derecha, amarillos y la dominación externa de la ideología imperial occidental con sede en Washington. Esto en el contexto de la llamada Guerra Fría que propiciaba un orden mundial hasta entonces no globalizado.

El daño a la democracia con soberanía popular fue herido rotundamente instalándose un relativismo y escepticismo político que cedió el poder a los partidos políticos responsables de crear una crisis social que tuvo como consecuencia el llamado estallido social del 2019. Estos hechos de manifestación de soberanía popular parecían encontrar la posibilidad para un cambio de orden político por la vía democrática de una nueva Constitución que se alejaba del interés de los partidos políticos. Poco a poco las mismas fuerzas políticas que causaron el Golpe de Estado, principalmente los partidos de derecha y los amarillos lograron fortalecer su dominio y frenar el proceso de cambio del orden político. Otra vez frenaron a los movimientos populares, manteniendo el orden político que favorece a los privilegiados.

Se van a cumplir 50 años del quiebre del mayor proceso de democratización popular que representó la llamada vía del «socialismo a la chilena» que marcaba diferencias frente al proceso revolucionario cubano. En el «socialismo a la chilena» fue protagónica la figura del líder político Salvador Allende, también se cumplirán 50 años de su muerte. Fiel testimonio de esa clase de figuras políticas que son capaces de dar su vida por las ideas que abrazan sus creencias más profundas en función del colectivo y no de los intereses personales.

Viendo el contexto de los parlamentarios y el Gobierno, dada su escasa calidad de moral política no son los principales llamados a conmemorar la memoria popular. El Gobierno está lejos de los ideales que estimulaban la vocación política de Allende, por ejemplo, no han defendido la libertad política retrasando los indultos de los presos políticos del estallido y avalando la continuación de la militarización del walmapu. Tampoco han sido claros en el apoyo a una América Latina unificada, ya que fueron tibios y traidores con la democracia peruana. Finalmente hoy apoyan una reforma a la Constitución política de Pinochet en acuerdo con los partidos políticos del Congreso, alejándose de la soberanía popular.

Se viene un año que recuerda un momento cruel de nuestra historia y la pérdida del poder popular. La memoria histórica debe ser encarnada por los movimientos sociales que tienen una mayor calidad moral y política. Para el Gobierno y el Congreso queda abierta una posibilidad para acercarse a una agenda que retome el fortalecimiento de una democracia social y popular que se encarnó en ese proyecto político que fue vencido por ideologías y fuerzas traidoras que operan con determinación en nuestra débil democracia.

Alex Ibarra Peña.
Dr en Estudios Americanos.

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